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Tema 2. Interacciones medicamentosas
Interacciones farmacodinámicas
Las interacciones farmacodinámicas son las que se producen
sobre el mecanismo de acción de un fármaco. Son
extraordinariamente difíciles de clasificar dada la gran
variedad de mecanismos de acción que existen y a que
muchos fármacos pueden ejercer su efecto a través
de varios mecanismos de acción. Esta gran diversidad
conduce también a que su desconocimiento, salvo los casos
muy claros, es importante. Existe la sospecha muy fundada de
que se desconocen muchas más interacciones de este tipo
de las que se conocen. Por lo tanto la gran mayoría de
las interacciones farmacodinámicas pueden encuadrarse
dentro del concepto de inesperadas.
La mayor parte de las interacciones farmacodinámicas
se manifiestan por una modificación en la respuesta del
órgano efector.
Estas interacciones pueden producirse en: los receptores farmacológicos,
en los procesos moleculares que se ponen en marcha tras la interacción
del fármaco con el receptor o por la activación
o depresión de los sistemas fisiológicos sobre
los que actúan los fármacos que participan en
la interacción.
Muchas de las interacciones farmacodinámicas se producen
por interferencias en el mecanismo de acción en: sistemas
de transmisión, canales de iones, regulación hormonal
o regulación de la homeostasis. A continuación
se citan algunos ejemplos que pueden ser demostrativos.
a) Sistemas de transmisión. Por ejemplo en las sinapsis:
noradrenérgicas, dopaminérgicas, serotoninérgicas,
colinérgicas o gabérgicas.
El ejemplo más típico de una interacción
en la sinapsis noradrenérgica es el enmascaramiento que
hacen los b-bloqueantes de la clínica producida por la
hipoglucemia debida a dosis excesivas de insulina o de antidiabéticos
orales. En realidad lo que hacen estos fármacos es bloquear
en los receptores adrenérgicos la sobrecarga catecolamínica
que ha producido la hipoglucemia.
En la sinapsis dopaminérgica se manifiesta la interacción
de vitamina B6 con L-Dopa al incrementar la piridoxina la decarboxilación
de la L-Dopa y por lo tanto reducir la cantidad de este fármaco
que llega al sistema nervioso central (SNC).
En receptores serotoninérgicos el ejemplo más
frecuente es el de la interacción de anfetaminas o del
éxtasis que estimulan la salida de la serotonina mientras
que la cocaína, dextrometorfano, petidina y los inhibidores
selectivos de recaptación de la serotonina bloquean el
transporte hacia la terminación nerviosa de la serotonina.
La asociación de dos componentes de cada uno de estos
dos grupos puede dar lugar a un síndrome serotoninérgico.
En los receptores colinérgicos las interacciones más
típicas son las que se producen con los bloqueantes de
los receptores muscarínicos (atropina, carbamazepina,
clorpromacina, imipramina, ipatropio) que dan lugar a efectos
de sumación.
Los fármacos que actúan facilitando la transmisión
gabérgica como: benzodiazepinas, barbitúricos,
anestésicos generales, gabapentina, progabide, vigabatrina
y probablemente el alcohol, interaccionan entre ellos potenciando
su acción depresora sobre el SNC con riesgo importante
de depresión del centro respiratorio. El flumazenil actúa
como antagonista en los receptores de las benzodiazepinas y
su administración puede provocar crisis convulsivas en
pacientes epilépticos que estén siendo tratados
con carbamazepina. Las quinolonas, b-lactámicos, flumazenil,
picrotoxina y algunos tipos de insecticidas bloquean la transmisión
gabérgica y pueden provocar estimulación excesiva
del SNC produciendo, en caso extremo, convulsiones.
b) Canales de iones
Canales del Na. Los antiarrítmicos de clase I bloquean
los canales del Na y la administración concomitante de
dos antiarrítmicos con distintas propiedades, uno de
clase Ia y otro de clase Ib pueden dar lugar a una interacción
beneficiosa. Por ejemplo, mexiletina (clase Ib) y quinidina
(clase Ia) utilizados en asociación son más eficaces
que cada uno de ellos administrado por separado, además
se pueden utilizar en la asociación dosis más
bajas y evitar así la aparición de reacciones
adversas. La utilización conjunta de b-bloqueantes (clase
II) con antagonistas del calcio como verapamil o diltiazem (clase
IV) produce una potenciación de la depresión de
la conducción AV debido a un efecto directo (el bloqueo
de los canales del calcio en el sistema nodal) e indirecto el
bloqueo de la actividad simpática producido por los b-bloqueantes.
Los canales de K son muy sensibles a los cambios de concentración
de K en plasma y por ello la hipokaliemia que producen distintos
tipos de diuréticos puede tener un efecto sinérgico
con los antiarrítmicos de clase Ia y precipitar la aparición
de una arritmia ventricular letal como es la "torsade de
pointe". El mismo efecto sinérgico y con las mismas
consecuencias lo puede producir la asociación de antiarrítmicos
de la clase I y de la clase III o de cualquiera de ellos con
fármacos que prolonguen la repolarización. El
sinergismo de este tipo puede darse ente dos fármacos
que prolonguen el espacio QT por eso no se pueden administrar
conjuntamente mefloquina y halofantrina por más que la
potenciación de su efecto terapéutico sea buena
cosa.
c) Regulación hormonal
El efecto metabólico de los corticoides reduciendo el
consumo de glucosa en tejidos periféricos produce una
tendencia a la hiperglucemia que antagoniza el efecto de la
insulina o de los antidiabéticos orales. Los mineralocorticoides
con su efecto ahorrador de sodio agravan la hipokaliemia inducida
por los diuréticos de asa o las tiazidas. Los corticoides
pueden también antagonizar la respuesta inmune a las
vacunas. Hay muchos fármacos que pueden producir interacciones
en el metabolismo de la glucosa, como es el caso ya citado de
los b-bloqueantes, o el de los salicilatos que a dosis altas
pueden disminuir la glucemia por producir un incremento en la
secreción de insulina.
d) Regulación de la homeostasis
El flujo renal puede estar reducido por fármacos que
inducen la perdida de Na como son los diuréticos, en
estas circunstancias los fármacos que reducen la síntesis
de prostaglandinas, que tienen un papel importante en la regulación
de la perfusión renal, pueden precipitar la aparición
de una insuficiencia renal. Este es el caso de los AINEs, excepto
el sulindac que no reduce la síntesis de prostaciclina
en el riñón.
Por un mecanismo similar los AINEs, al inducir la retención
de Na, pueden disminuir la eficacia de prácticamente
todos los fármacos antihipertensivos. En este sentido
el piroxicam sería el más peligroso y el sulindac
y la aspirina los que menos interacción producen.
Todas las tiazidas y los diuréticos de asa aumentan la
excreción renal de K dando lugar a hipokaliemia y como
ya se sabe la disminución de K en sangre potencia la
sensibilidad de la fibra miocárdica a los digitálicos
y aumenta el riesgo de arritmias graves sobre todo durante el
tratamiento con antiarrítmicos. La administración
de suplementos de potasio o de diuréticos ahorradores
de potasio junto con los fármacos que actúan sobre
el eje renina-angiotensina, como los IECAs y los ARA II, tiene
el riesgo de producir hiperpotasemia por interacción
de mecanismos de acción.
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