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Tema8. Manejo de los factores de riesgo cardiovascular Tabaquismo
Dentro del capitulo factores de
riesgo ligados a estilos de vida, es el tabaquismo sin duda el más representativo,
ya que es un factor ligado a la vida cotidiana moderna. La obviedad del diagnóstico
no debe relajarnos en el esfuerzo de la detección de este factor de riesgo
con la búsqueda y el consejo sistemático.
La guía
europea de prevención cardiovascular insiste en la necesidad de que todos
los pacientes fumadores, independientemente de edad y riesgo, deben de recibir
consejo profesional para abandonar definitivamente cualquier tipo de consumo de
tabaco. Las estrategias para ayudar a conseguir este objetivo pueden resumirse
en 5 puntos:
1. Averiguar de forma sistemática que pacientes fuman. 2.
Conocer el grado de adicción y su disposición al abandono. 3.
Aconsejar con firmeza a todos los pacientes que lo dejen. 4. Ayudar en la planificación
y estrategia para conseguir el objetivo apoyándose en técnicas conductuales
y en la terapia farmacológica y sustitutiva. 5. Hacer coparticipe al
paciente mediante visitas de apoyo y control. Detección ¿Fuma
Usted? Los profesionales sanitarios debemos preguntar siempre a los pacientes
sobre su hábito tabáquico. Consideramos fumador a toda persona que
contesta afirmativamente a la pregunta mencionada. Se ha prodigado en este sentido,
reservar una casilla para la respuesta a esta pregunta, dentro de la historia
clínica de Atención Primaria. Abordaje del problema del
tabaquismo
El abandono del tabaco es el resultado final de un proceso
personal y de relación con el mundo que nos rodea. El modelo más
ampliamente difundido, que permite explicar este proceso es el modelo espiral
de las etapas de cambio. Dicho modelo define cinco etapas:
1. Precontemplación.
La principal característica es la resistencia a reconocer el problema.
2. Contemplación. Se es consciente del problema y se considera resolverlo.
3. Preparación. Se presentan pequeños cambios de comportamiento.
4. Acción. Incluye a las personas que han dejado de fumar. 5. Mantenimiento.
Las personas trabajan para prevenir una recaída y consolidar los resultados.
La
primera labor del médico que aborda el tabaquismo en un paciente, es averiguar
en que etapa de las mencionadas esta el paciente, y de acuerdo con ello desarrollar
una estrategia personalizada para conseguir el objetivo terapéutico.
Según
la OMS, el tratamiento para la dependencia del tabaco incluye la intervención
básicamente en dos facetas: Actividades psicológicas o conductuales
que induzcan a cambiar el comportamiento, y utilización de fármacos.
Intervenciones
para modificar el comportamiento:
Se han utilizado prácticamente
todas las técnicas:
- Materiales de auto-ayuda. - Consejo breve. -
Asesoramiento. - Educación.
o Análisis de motivaciones,
asociaciones y situaciones de riesgo. o Aprendizaje de afrontamiento de las
situaciones conflictivas y búsqueda de apoyo social.
- Apoyo social
durante el tratamiento y fuera del mismo. - Apoyo grupal. - Métodos
psicoterápicos: técnicas de reestructuración cognitiva, de
reducción progresiva, de aversión-saciedad. Farmacoterapia: Se
han utilizado múltiples productos - Tratamiento con sustitutivos de
nicotina (TSN): chicle nicotina, inhalador de nicotina (no disponible en nuestro
país), spray nasal de nicotina, parche de nicotina y comprimidos de nicotina. -
Fármacos Inespecíficos:
o Fármacos que actúan
sobre las manifestaciones desagradables del síndrome de abstinencia nicotínico:
clonidina. o Fármacos que actúan sobre los cambios de humor asociados
al síndrome de abstinencia nicotínico: antidepresivos (bupropion,
nortriptilina y doxepina).
- Agonistas o antagonistas de los receptores
nicotínicos: lobelina y mecamilamina. - Aversiva: acetato de plata. Intervención
para el abandono del tabaco
Una vez diagnosticado el paciente fumador
(¿fuma usted?), es necesario conocer si el paciente ha pensado o quiere
dejar de fumar, es decir esta en fase precontemplativa, o ha pasado a cualquier
de las siguientes fases.
Para las personas no dispuestas a dejar de fumar,
se recomienda una intervención motivacional que pudiera incluir los siguientes
puntos:
1. Personalizar. Se trata de animar al paciente a dejar de fumar
a la vez que se le indican situaciones personales por las que le conviene dejarlo.
2. Riesgos. Identificar las consecuencias potencialmente negativas del
consumo de tabaco y señalar las que le puedan interesar más.
3.
Beneficios. Identificar los beneficios potenciales de dejar de fumar intentando
subrayar los que parecen más importantes para el paciente.
4. Barreras.
Investigar las dificultades o impedimentos para dejar de fumar y tratarlos.
5.
Repetición. Se deben repetir intervenciones motivadoras en pacientes desmotivados
y a los que recaen de anteriores intentos se les debe decir que la mayoría
hacen intentos repetidos antes de dejarlo.
Para los pacientes que estén
en alguna de las etapas posteriores y que por lo tanto van adquirir un cierto
grado de compromiso en el abandono del tabaco, deberemos establecer una estrategia
de actuación:
Motivar al paciente: el paciente debe de desarrollar
por si mismo los motivos por los que aborda el problema como consecuencia de un
proceso de toma de decisiones. Así podemos recordar al paciente que abandona
el tabaco por:
- Mejorar la salud y calidad de vida. - Miedo a la enfermedad. -
Mejora autoestima. - Ahorro económico. - Aprobación familiar. -
No molestar a los demás (hijos...). - Razones estéticas.
Conocer
la magnitud de la adicción. Para llevar a cabo esta tarea se han desarrollado
múltiples encuestas que cuantifican la adicción, y por lo tanto
nos dan una idea de la dificultad que vamos a encontrar, probabilidades de éxito,
así como indicar el tratamiento farmacológico idóneo que
hemos de asociar. De alguna forma todos ellos evalúan:
o El grado
de dependencia tanto física como psicológica y social
- ¿Cuántos
cigarrillos fuma Vd. al día? - ¿Cuánto tiempo, desde que
se despierta, tarda en encender su primer cigarrillo? Respuestas de 20 o más
cigarrillos/día y de 30 minutos respectivamente orientan a la existencia
de una alta dependencia física. - Cuándo intentó dejar
de fumar en el pasado: ¿qué le ayudó y qué no le ayudó? -
¿Cuáles serán las situaciones más difíciles
después de dejar de fumar? ¿Cómo piensa manejarlas? -
¿Quién le podría ayudar durante los momentos difíciles?
o
El grado de motivación:
- ¿Por qué quiere dejar de
fumar? - ¿Sería capaz de poner una fecha para dejarlo en las
próximas semanas? - ¿Por qué cree que lo podría
dejar?
o Actividades a realizar: Una vez tomada la decisión del
abandono hemos de:
- Potenciar la capacidad de resistir la tentación
de fumar. - Pedirle que establezca metas. - Prepararse para dejar de fumar: -
Dejarlo. - Hacer un seguimiento del paciente. Tratamiento farmacológico Existe
consenso generalizado en que la utilización de fármacos en el tratamiento
del tabaquismo es una terapia de apoyo a todo el conjunto de actividades que hemos
desarrollado, y nunca un tratamiento aislado.
Igualmente existe consenso
en que la indicación de tratamiento farmacológico asociado es universal,
es decir a todas las personas que intentar dejar de fumar, se les debe ofrecer
fármacos eficaces, salvo que haya contraindicaciones.
Como hemos
señalado en el listado de intervención farmacológica previa,
se han utilizado muchos tipos de fármacos con este fin. Sin embargo, los
dos únicos productos que tienen evidencia de su eficacia son la nicotina
en sus diferentes formas y el bupropion. Esto es así hasta el punto de
que las administraciones sanitarias van progresivamente asumiendo los costes de
estas terapias en la misma medida que otros tipos de tratamientos. Las siguientes
directrices clínicas generales a la hora de tomar decisiones sobre utilización
o no de fármacos, y cuáles puede ser utilizados, quedan reflejadas
en la Tabla 11. Tratamiento con sustitutivos de nicotina (TSN): Se
asume que todas las presentaciones de nicotina comercializadas en nuestro medio
son eficaces, aunque lógicamente hay más experiencia con unos que
con otros. Esta es la efectividad evaluada de cada forma (Tabla 12).
Su
uso debe dirigirse preferentemente a fumadores con dependencia alta de la nicotina.
Existe poca evidencia en cuanto al papel que pueden tener en fumadores de menos
de 10 cigarrillos/día. En estos casos, si se usan, es aconsejable utilizar
dosis más bajas.
Las contraindicaciones comunes a todos los preparados
de nicotina son:
- Hipersensibilidad a la nicotina o a cualquier componente
de la formulación. - Fumadores ocasionales o no fumadores. - Enfermedades
cardiovasculares graves: infarto agudo de miocardio, angina de pecho inestable,
arritmias cardíacas graves, insuficiencia cardíaca avanzada, accidente
cerebrovascular reciente. - Embarazo. - Lactancia. - Niños. Bupropion: El
bupropión es el primer fármaco no nicotínico aprobado por
la FDA como tratamiento del tabaquismo. Es un antidepresivo que usado como medicación
para dejar de fumar triplica las probabilidades de éxito respecto al placebo.
Puede usarse en fumadores con baja, moderada o alta dependencia, no precisando
ajuste de dosis. Se presenta en comprimidos de 150 mg. Al tratarse de un fármaco
que precisa un tiempo de impregnación al igual que el resto de antidepresivos,
el inicio del tratamiento ha de ser anterior al abandono del tabaco, lo que obliga
a una correcta planificación de todo el proceso.
La posología
recomendada es de 150 mg. al día durante los seis primeros días
y seguir con 150 mg. dos veces al día (con al menos ocho horas de separación).
El tratamiento se mantiene durante 7-9 semanas. El tratamiento se inicia mientras
el paciente fuma, debiendo establecerse la fecha para dejar de fumar durante la
segunda semana de tratamiento. Es eficaz también a dosis de 150 mg./día,
debiendo seguirse esta pauta en el caso de personas mayores de 65 años,
insuficiencia hepática, insuficiencia renal, o en caso de efectos adversos.
Las
reacciones adversas más frecuentes son: fiebre, sequedad de boca, alteraciones
gastrointestinales incluyendo náuseas y vómitos, dolor abdominal,
estreñimiento, insomnio, temblor, alteración de la concentración,
cefalea, mareo, depresión, agitación, ansiedad, "rash",
prurito, sudoración, reacciones de hipersensibilidad tales como urticaria
y alteraciones del sentido del gusto.
No está indicado su uso en
menores de 18 años, ni en el embarazo o lactancia. Está contraindicado
en pacientes con trastornos bipolares, anorexia nerviosa, bulimia, tumor cerebral
o fármacos IMAO. No debe usarse en pacientes con antecedentes convulsivos,
en proceso de deshabituación alcohólica, retirada de benzodiacepinas,
cirrosis o insuficiencia hepática grave.
Debe usarse con precaución
en pacientes con factores que predisponen la aparición de convulsiones:
abuso de alcohol, historia de traumatismo craneal, uso de estimulantes, anorexígenos,
diabetes tratada con hipoglucemiantes orales o insulina y en pacientes que toman
medicación que disminuye el umbral convulsivo: antimaláricos, antipsicóticos,
antidepresivos.
Como se ha indicado en las directrices generales, está
especialmente indicado en el caso de fumadores que han fracasado con TSN, en los
que tienen antecedentes de depresión o alcoholismo y en los que están
preocupados por el aumento de peso. Nuevos indicadores de riesgo Aún
no existe evidencia del papel de los médicos de Atención Primaria
sobre estos nuevos indicadores. Analizamos algunos de estos indicadores a continuación
de manera breve. Homocisteína Los pacientes con
homocisteinuria, un defecto infrecuente del metabolismo, tienen concentraciones
plasmáticas muy elevados de homocisteína y desarrollan enfermedad
vascular precozmente.
Numerosas investigaciones han confirmado la relación
entre la hiperhomocisteinemia y complicaciones del embarazo, defectos del tubo
neural en niños, trastornos neuropsiquiátricos y trastornos cognitivos
en los ancianos. Si bien la hiperhomocisteinemia severa (>100 µmol/L)
es infrecuente, la forma leve ocurre en aproximadamente el 5 a 7 por ciento de
la población.
Por lo general, en los pacientes con elevaciones
moderadas de homocisteína la aterosclerosis comienza a manifestarse en
la tercera o la cuarta década de la vida con la presencia de enfermedad
coronaria prematura y episodios de trombosis venosa o arterial recurrente. En
pacientes con enfermedad vascular aterosclerótica sintomática, la
prevalencia de hiperhomocisteinemia oscila del 13 por ciento al 47 por ciento.
El mecanismo fisiopatológico a través del cual la homocisteína
induce el daño vascular aún no se ha dilucidado. La presencia de
disfunción endotelial se confirmó en sujetos sanos hiperhomocisteinémicos.
La elevación moderada de homocisteína en la sangre puede
producirse como consecuencia de uno o más factores modificables en el estilo
de vida, como el hábito de fumar, una ingesta alimenticia de vitaminas
baja, un consumo alto de alcohol o de café y una actividad física
escasa. En varios estudios se ha encontrado una asociación positiva entre
homocisteinemia y la edad.
Una dieta pobre en frutas frescas y vegetales
puede conducir a una deficiencia de folatos, mientras que una dieta vegetariana
estricta puede generar déficit de vitamina B12, ya que sólo los
alimentos de origen animal contienen esta sustancia. Se demostró que los
niños alimentados con una dieta vegetariana duplican el nivel de homocisteína
en sangre respecto de los controles.
Detección y manejo de la
hiperhomocisteinemia No se recomienda en la actualidad su detección
masiva debido a su alto coste y la poca evidencia que existe hasta el momento.
Algunos investigadores consideran razonable la determinación de
la homocisteinemia en ayunas en pacientes de "alto riesgo", por ejemplo
aquellos con historia familiar de aterosclerosis prematura o enfermedad arterial
oclusiva, particularmente en ausencia de otros factores de riesgo.
Una
vez confirmada la alta concentración plasmática de la homocisteína,
corresponde evaluar el estado vitamínico. No existe actualmente una base
firme para recomendar una concentración de homocisteinemia óptima
inferior. Más aun, el riesgo parece asociarse en forma continua a través
de la distribución total de la homocisteinemia.
Existe, no obstante,
cierta evidencia de que un nivel de homocisteína en plasma <10 µmol/L
parecería que es un objetivo terapéutico en los sujetos de "alto
riesgo", más que el valor "normal".
Un estudio reciente
demostró que el riesgo de muerte en 587 pacientes con enfermedad coronaria
se asoció con las concentraciones basales de homocisteína; luego
de un período de seguimiento de 4,6 años, la mortalidad entre los
que presentaban concentraciones > 15 µmol/L fue del 24,7 por ciento en
comparación con el 3,8 por ciento para los que tenían < 9 µmol/L. Test
de sobrecarga con metionina Los niveles de homocisteína tras una
sobrecarga con metionina, pueden ser cuantificados en pacientes de alto riesgo
con concentraciones normales de la misma en condiciones basales. La prueba consiste
en la medición de la homocisteína antes y después de la ingesta
de 100 mg/kg. de metionina disuelta en zumo de naranja.
La cuantificación
a las 2 horas, ha sido extensamente validada. Esta prueba permite desenmascarar
a un 39 por ciento de los sujetos con riesgo de enfermedad cardiovascular y niveles
normales de homocisteína basal. La diferencia entre los valores basales
y post-carga con metionina puede ser reducida en un 22 por ciento con 50 mg/d
de vitamina B6 y no con ácido fólico. Esta aplicación
es usada por el momento solo con el fin de investigación. Lipoproteína
(a) Los datos con respecto al papel de la lipoproteína (a) [Lp(a)]
en el desarrollo de enfermedad coronaria no son concluyentes. En el Physicians
Health Study, estudio que incluyó a 14.916 hombres sanos que fueron seguidos
durante 60 meses, la presencia de Lp(a) elevada no resultó ser una variable
de riesgo independiente. En contraposición, los investigadores del Framingham
Offspring Study destacaron que el aumento de esta lipoproteína fue un factor
de riesgo independiente para enfermedad coronaria en hombres menores de 55 años
y en mujeres. La magnitud del riesgo atribuible fue similar al aportado por la
presencia de hipercolesterolemia (9.3 por ciento y 10.3 por ciento respectivamente).
Varios
estudios caso-control sugieren que la presencia de Lp(a) elevada es un factor
de riesgo independiente para enfermedad coronaria.
Las concentraciones
superiores a 30 mg/dl son consideradas anormales.
Con respecto a las medidas
terapéuticas disponibles, la dieta y el ejercicio físico no modifican
los niveles de Lp(a). No se dispone de trabajos randomizados que hayan evaluado
el impacto sobre eventos vasculares de disminuir las concentraciones de esta lipoproteína.
Las investigaciones publicadas han enfocado el tema sobre la eficacia en reducir
su nivel plasmático y demostraron que fármacos útiles en
disminuir los niveles de LDLcolesterol como la colestiramina y las estatinas no
son efectivas. El empleo de fibratos aportó datos contradictorios. En contraposición
podrían ser de utilidad en empleo de estrógenos y el ácido
nicotínico a dosis elevadas, 3-4 gramos diarios. No se dispone de trabajos
aleatorizados que hayan evaluado el impacto causado por la disminución
de esta lipoproteína sobre eventos vasculares. Fibrinógeno El
fibrinógeno (F), es una glicoproteína sintetizada por el hígado,
y almacenada en los gránulos plaquetarios, cuya vida media es de alrededor
de 100 horas. Está constituida por tres pares de cadenas de aminoácidos,
cuya síntesis está codificada a nivel del cromosoma 4.
Entre
sus funciones principales se destacan intervenir en la formación del trombo
de fibrina y como cofactor en la agregación plaquetaria.
Existen
cuatro mecanismos a través de los cuales el aumento del F puede promover
la enfermedad arterial: la aterogénesis, la agregación plaquetaria,
la formación de trombos de fibrina y el aumento de la viscosidad plasmática.
El
F es una de las proteínas de fase aguda que aumentan en caso de heridas
traumáticas, cirugía, infecciones agudas o infarto agudo de miocardio.
En
pocas horas se incrementa su síntesis hepática debido a estimulación
de los hepatocitos por parte de los productos de degradación de la fibrina
y/o por los monocitos activados (productores de citoquinas), provenientes de los
tejidos dañados. Las concentraciones plasmáticas aumentan hasta
alcanzar un pico a los 3-5 días volviendo a los valores basales con la
resolución del proceso inflamatorio. En las enfermedades inflamatorias
crónicas y neoplásicas las concentraciones de F se encuentran elevadas
crónicamente.
Las concentraciones plasmáticas promedio de
fibrinógeno que se presentan en los estudios epidemiológicos fluctúan
considerablemente (entre 230 y 350 mg/dl) debido, entre otros factores, al empleo
de diferentes metodologías y a las distintas poblaciones estudiadas. Sin
embargo, el aumento en el riesgo relativo de sufrir un evento cardiovascular en
cada tercilo de los niveles plasmáticos de fibrinógeno es similar
en todos los estudios prospectivos primarios. El uso cada vez más frecuente
del estándar internacional en la medición de las concentraciones
de F permitió establecer que las concentraciones plasmáticas de
F> 300 mg/dl podrían utilizarse para definir un riesgo cardiovascular
aumentado. Como ocurre con otros factores de riesgo, se aconseja realizar tres
mediciones de las concentraciones de F, a fin de establecer de forma precisa los
valores basales.
Las concentraciones elevadas de F se encuentran asociadas
a: edad (aumento de 10-20 mg/dl por década), sexo femenino, tabaquismo,
índice de masa corporal, diabetes, menopausia, uso crónico de anticonceptivos
orales, existiendo, al parecer, una relación inversa con el tratamiento
sustitutivo estrogénico. Mientras que la actividad física, el consumo
moderado de alcohol y de aceites de pescado se relacionan con valores más
bajos.
Los fármacos que disminuyen las concentraciones plasmáticas
de F actúan a través de la reducción de su síntesis
hepática como los esteroides anabólicos, la ticlopidina, la pentoxifilina
y los hipolipemiantes del grupo de los fibratos. Estos fármacos como el
bezafibrato, el ciprofibrato, el clofibrato y el fenofibrato, (no así el
gemfibrozil), disminuyen las concentraciones de F en un 10-20 por ciento.
Con
respecto al tratamiento no existen estudios prospectivos que consideren la reducción
del F y su valor en la disminución de eventos cardiovasculares; esto puede
deberse a la falta de disponibilidad de un fármaco que module exclusivamente
sus concentraciones. Proteína C reactiva Las
concentraciones plasmáticas de proteína C reactiva (PCR)
se elevan durante la reacción de fase aguda y es considerada un marcador
de inflamación inespecífico pero sensible. Sus efectos biológicos
están involucrados en diversos estadios de iniciación y/o progresión
de la lesión aterosclerótica. En el estudio MRFIT se observó
una fuerte correlación entre concentraciones de PCR y muerte por enfermedad
coronaria en personas sanas, los datos obtenidos del estudio MONICA confirmaron
la relevancia pronóstica de la PCR en esta población.
Diversas
investigaciones prospectivas demostraron una asociación directa entre las
concentraciones de PCR y el riesgo de enfermedad vascular (infarto de miocardio,
ACV y enfermedad vascular periférica), que es independiente de otros factores
de riesgo coronario según surge del análisis multivariado. Concentraciones
elevadas de PCR identifican hijos de pacientes con infarto de miocardio en forma
independiente de otros factores de riesgo. Además se han descrito correlaciones
positivas con otros factores de riesgo como tabaquismo, los fumadores tienen el
doble de PCR que los no fumadores, diversos parámetros lipídicos,
la obesidad, la concentración plasmática de fibrinógeno y
la homocisteína; así como correlación negativa con el ejercicio
físico regular. Inclusive se ha observado que los mayores valores de PCR
se encuentran en pacientes con varios FRCV.
La presencia de concentraciones
elevadas de esta proteína incrementa el valor predictivo del perfil lipídico
(colesterol total y HDL) para determinar el riesgo de un primer infarto de miocardio.
La
evidencia de inflamación tras un infarto se asocia con mayor riesgo de
eventos coronarios recurrentes. La PCR ayudaría a la estratificación
de riesgo post-infarto, así como a la de los pacientes que serán
sometidos a revascularización miocárdica (RM), ya que altas concentraciones
prequirúrgicas se asocian a un peor pronóstico a mediano y largo
plazo (1 a 6 años post RM).
Milazzo y col observó un alto
valor predictivo negativo, ya que la sobrevida libre de eventos fue excelente
en pacientes con concentraciones normales de PCR (<3 mg/L) mientras que la
recurrencia de eventos en los que tenían concentraciones > 3 mg/L al
alta fue mayor independientemente de que el paciente hubiera sido revascularizado.
Con
respecto al tratamiento, hasta el presente no se dispone de fármacos que
reduzcan específicamente las concentraciones de PCR. Bibliografía
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