Aspectos
prácticos del abordaje de la tuberculosis
TRANSMISIÓN
de Mycobacterium tuberculosis
La tuberculosis se transmite
de persona a persona por vía aerógena, a través de de la
inhalación de bacilos tuberculosos contenidos en pequeñas partículas
de 1 a 5 milimicras capaces de alcanzar el alveolo pulmonar, cuando personas con
tuberculosis pulmonar o laríngea hablan, cantan, ríen, estornudan
y sobre todo tosen. Una vez que las secreciones respiratorias se expelen desde
la nariz o la boca, su contenido acuoso se evapora muy rápidamente, dejando
tan sólo un pequeño residuo de material sólido, el núcleo
goticular, en cuyo interior existen muy pocos microorganismos infectantes. Estos
núcleos pueden mantenerse y transportarse por el aire durante un largo
período de tiempo. Un único bacilo en un diminuto núcleo
goticular es más peligroso que un gran número de bacilos en una
partícula aerógena de mayor tamaño, porque estas partículas
no permanecen aerosolizadas y, si se inhalan, se depositan en las paredes de la
tráquea y del resto de la vía aérea superior. Allí
son atrapadas en la capa de moco y eliminadas hacia la orofaringe, desde donde
bien son deglutidas, o bien expectoradas. Los microorganismos depositados en la
piel o en las mucosas intactas no invaden los tejidos y, por tanto, no son infectantes.
La
probabilidad de transmisión de M. tuberculosis depende fundamentalmente
de varios factores: número de bacilos de la fuente de infección
(los pacientes con baciloscopia positiva son los más infectantes), severidad
y frecuencia de la tos, carácter y volumen de las secreciones, estado inmunitario
de los individuos expuestos y uso de quimioterapia (después de 2 semanas
de tratamiento, se produce una reducción en el número de bacilos
cercana al 99 por ciento). Además, existen otros factores que también
pueden influir en la transmisión como son los factores ambientales (ventilación
de la habitación del enfermo, uso de mascarillas por el paciente, etc),
y los condicionantes de la exposición (cercanía al enfermo y tiempo).
Además
de la vía aerógena existen otros infrecuentes mecanismos de transmisión
como son la vía digestiva (fundamentalmente en la enfermedad por Mycobacterium
bovis y Mycobacterium avium-intracellulare), la vía urogenital, la vía
cutaneomucosa y la rara vía transplacentaria.
Cuando una persona
se infecta por M. tuberculosis desencadena en su organismo una respuesta inmunitaria
mediada por células que se desarrolla en un tiempo que oscila entre 2 -12
semanas. Los macrófagos en primera instancia y los linfocitos T después,
consiguen en la mayor parte de los casos detener la multiplicación de los
bacilos. En un pequeño porcentaje de infectados (5 por ciento) esta inmunidad
será insuficiente para impedir el desarrollo de la enfermedad y se producirá
la denominada TB primaria. Además, aún en el caso de que se consiga
controlar la infección inicial, no todos los bacilos de la población
inicial son destruidos, sino que algunos de ellos son capaces de persistir intracelularmente
en estado de latencia y, por ello, en otro 5 por ciento de los infectados, tras
el paso de meses o años, se producirá la enfermedad por reactivación
endógena o TB postprimaria. El riesgo de reactivación es mayor en
los 2 años siguientes a la infección, periodo en el que aparecerán
la mitad de los casos de enfermedad. No todas las personas infectadas tienen el
mismo riesgo de desarrollar enfermedad tuberculosa. La silicosis, diabetes mellitus,
y enfermedades asociadas a inmunodepresión como el VIH se asocian a mayor
riesgo de enfermedad tuberculosa (Tabla 2).
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