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Programa de Formación Continuada Acreditada para médicos de Atención Primaria desarrollado para la Revista EL MEDICO y EL MEDICO INTERACTIVO, diario electrónico de la sanidad

Elaborado en colaboración con la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria

 



Aspectos prácticos del abordaje de la tuberculosis

Formas clínicas

La tuberculosis se suele clasificar en pulmonar y extrapulmonar. La TB pulmonar constituye un 65-75 por ciento de todas las formas de tuberculosis, seguida de las formas pleurales y ganglionares (Tabla 3). Los pacientes con infección por VIH presentan una afectación extrapulmonar en el 25-66 por ciento de los casos, su frecuencia se correlaciona con el grado de inmunodepresión y cifras bajas de CD4. En estos pacientes son más frecuentes las formas miliares, ganglionares y meníngeas. En la forma de presentación clínica de la TB influirán varios factores relacionados con el huésped y el germen (Tabla 4).

Manifestaciones sistémicas de tuberculosis

Los síntomas suelen ser inespecíficos y de duración variable, en función de la agudeza e intensidad de los mismos. La fiebre es la más fácilmente cuantificable, se presenta en el 37-80 por ciento de los casos. La media de duración de la fiebre después del comienzo del tratamiento es de 10 días. Otros síntomas como pérdida de apetito, pérdida de peso, debilidad, sudoración nocturna son comunes, pero difíciles de cuantificar. Las alteraciones hematológicas más comunes son la leucocitosis ligera (se han descrito en ocasiones reacciones leucemoides) y anemia. Están presentes en el 10 por ciento de los pacientes con TB aparentemente localizada, aunque la anemia es común en las formas generalizadas. Leucopenia, trombocitopenia, monocitosis y eosinofilia son otros hallazgos que nos podemos encontrar. Se ha descrito presencia de hasta un 11 por ciento de casos con hiponatremia en algunas series de enfermos. En muchos pacientes la TB se asocia a otras enfermedades como infección por VIH, alcoholismo, insuficiencia renal, diabetes mellitus, enfermedades neoplásicas y otras. Los signos y síntomas de estas enfermedades y sus complicaciones pueden enmascarar o modificar los de la TB produciendo un retraso diagnóstico considerable o errores diagnósticos durante períodos largos de tiempo, especialmente en el caso de pacientes con infección por VIH.

Tuberculosis Pulmonar

El primer contacto del bacilo tuberculoso con el individuo suele provocar la infección tuberculosa, que sólo podemos detectar con la obtención de una prueba de la tuberculina significativa. En la mayoría de los casos las defensas del organismo son suficientes para detener en este punto el avance de los bacilos, pero en ocasiones, tras la infección se produce la enfermedad tuberculosa primaria. Esta forma se observa con frecuencia en niños y se localiza a menudo en zonas periféricas de los lóbulos pulmonares medios e inferiores, acompañada de adenopatía hiliar o paratraqueal. Sin embargo, la forma más frecuente de aparecer la enfermedad es la TB secundaria, también llamada postprimaria o de reactivación, propia del paciente adulto y debida a una reactivación endógena de una infección latente. Suele localizarse en segmentos apicales y posteriores de los lóbulos superiores y en segmentos apicales de lóbulos inferiores. La extensión de la lesión es variable, desde un infiltrado pequeño a formas consolidativas (neumonía tuberculosa), formas cavitadas o con diseminación broncógena. En las formas extensas puede haber afectación simultánea de laringe, faringe y/o epiglotis.
En la TB pulmonar, además de las manifestaciones sistémicas, el síntoma más común es la tos. En las fases iniciales puede ser seca y después hacerse productiva con esputos de cuantía y características variables, en ocasiones hemoptoicos o con hemoptisis masiva. Puede existir dolor torácico de tipo muscular con tos persistente o pleurítico por irritación pleural y en las formas extensas la disnea no es infrecuente. En los casos de afectación de vías respiratorias altas pueden darse disfonía, ronquera y/o disfagia dolorosa. La exploración física puede ser completamente normal o evidenciar estertores (roncus, subcrepitantes, etc), sonidos anfóricos en las áreas con grandes cavitaciones. Cuando hay afectación pleural, la semiología es la típica del derrame: matidez a la percusión, ausencia de vibraciones vocales, disminución o abolición del murmullo vesicular, soplo pleural, etc.

Tuberculosis Extrapulmonar

Tuberculosis pleural
Suele ser una forma de tuberculosis primaria en personas jóvenes, propia de zonas de alta incidencia de enfermedad. Se debe realizar toracocentesis para el diagnóstico: el líquido suele tener un color pajizo, en ocasiones con un componente hemorrágico, con características bioquímicas de exudado, con glucosa normal o algo disminuida, un pH superior a 7,2, presencia de leucocitos entre 500-2,500 µl de predominio mononuclear, una determinación de enzima adenosina desaminasa (ADA) superior a 45 U/l, una elevación de interferón gamma, deshidrogenasa láctica (LDH) y un cociente lisozima pleura/plasma mayor de 1,2. La baciloscopia del líquido suele ser negativa y el cultivo positivo en un 35 por ciento de los casos. Dada la alta sensibilidad y especificidad de ADA para el diagnóstico de pleuritis tuberculosa, en un paciente joven se acepta el diagnóstico a partir de una prueba de tuberculina positiva, cuadro clínico y bioquímica de liquido pleural sugestivas con un valor de ADA elevado.

Tuberculosis ganglionar
La TB ganglionar es más frecuente en los niños, mujeres y pacientes VIH positivos. Suele presentarse como un bultoma indoloro, de meses de evolución y crecimiento variable, de localización cervical y/o supraclavicular, aunque en pacientes VIH es frecuente la afectación de mediastino o retroperitoneo. La punción aspiración con aguja fina puede ser suficiente para obtener el diagnóstico, aunque con frecuencia es preciso proceder a la exéresis del ganglio para estudio microbiológico y anatomopatológico.

Tuberculosis genitourinaria
Debe sospecharse ante la existencia de un sedimento urinario alterado (piuria, hematuria) o infecciones urinarias de repetición, no documentadas por urocultivo y que no se resuelven con tratamiento antibiótico. Predominan los síntomas como disuria, hematuria y dolor en flanco. El diagnóstico vendrá dado por el cultivo para micobacterias en tres muestras de orina recogidas por la mañana en tres días distintos, que puede ser positivo hasta en el 90 por ciento de los casos. En las mujeres, la tuberculosis puede ser causa de esterilidad, dolor pélvico y alteraciones menstruales. En el hombre lo habitual es la presencia de una epididimitis, orquitis y/o prostatitis.

Tuberculosis osteoarticular
Se afectan con frecuencia decreciente columna vertebral dorsolumbar, caderas y rodillas. La tuberculosis de huesos largos suele asentar en la región epifisaria, por su alta vascularización, y es más frecuente en los niños. Es característica la afectación del disco intervertebral y de los cuerpos vertebrales adyacentes con destrucción de los mismos. Pueden existir afectación de partes blandas con formación de abscesos paravertebrales. Se precisa establecer diagnóstico diferencial con otras espondilitis.

Tuberculosis miliar
Se produce por una diseminación hematógena de los bacilos tuberculosos que en niños y en pacientes VIH puede ser expresión de una infección reciente y en otros pacientes adultos puede ser debida a una reactivación de una infección remota. Suelen predominar los síntomas sistémicos de fiebre, sudación nocturna, astenia, anorexia y adelgazamiento, con clínica ocasional de afectación pulmonar. En la exploración física pueden objetivarse hepatomegalia, esplenomegalia y adenopatías. En el estudio de fondo de ojo pueden visualizarse tubérculos coroideos en un 30 por ciento de los casos. En la analítica son más frecuentes la anemia, leucopenia, trombocitosis, y en casos de afectación hepática, datos de colostasis con aumento de fosfatasa alcalina y gammaglutamiltranspeptidasa. La prueba de la tuberculina suele ser negativa hasta en el 50 por ciento de los casos y para confirmar el diagnóstico puede ser necesario recurrir a la broncoscopia con realización de lavado broncoalveolar y/o biopsia transbronquial, al estudio de biopsia hepática si predominan alteraciones de colostasis o de médula ósea si lo que predominan son las alteraciones hematológicas.


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