FORMACIÓN ACREDITADA

 

 



16,80 Créditos



Solicitada acreditación

PATROCINADO POR
FERRER INTERNACIONAL

Programa de Formación Continuada Acreditada para médicos de Atención Primaria desarrollado para la Revista EL MEDICO y EL MEDICO INTERACTIVO, diario electrónico de la sanidad

Elaborado en colaboración con la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria

 



Aspectos prácticos del abordaje de la tuberculosis

Diagnóstico

El diagnóstico de la enfermedad tuberculosa se realiza a través de criterios clínicos y radiológicos confirmándose mediante medios microbiológicos y, a veces, anatomo-patológicos

La infección tuberculosa es la situación en la que el bacilo tuberculoso está presente en el individuo sin producir síntomas clínicos de enfermedad. Se diagnóstica a través de la positividad de la prueba de la tuberculina, una vez excluida la enfermedad tuberculosa.

TÉCNICAS DE IMAGEN

La tuberculosis, tanto la pulmonar como la extrapulmonar, no presenta ningún signo radiológico patognomónico. Así, aunque existan lesiones radiológicas altamente sugestivas de TB y se acompañen de una situación epidemiológica favorable, nunca se debe admitir el diagnóstico de esta enfermedad con un simple estudio radiológico, y éste sólo indicará que se deben realizar estudios microbiológicos. La tuberculosis primaria, cuando se manifiesta radiográficamente, suele ser como infiltrado alveolar, con o sin adenopatías hiliares o mediastínicas, o bien como afectación ganglionar sin lesión parenquimatosa. Además, también se pueden encontrar radiografía de tórax normal, consolidación pulmonar, adenopatías (generalmente unilaterales), cavitación (rara y de forma aislada), derrame pleural (más frecuente en jóvenes y adolescentes) e, incluso, atelectasia de determinados lóbulos por compresión de adenopatías mediastínicas (más frecuente en niños y adolescentes).

En el caso de la tuberculosis postprimaria o de reactivación, la afectación parenquimatosa pulmonar es un hallazgo constante en esta fase de la enfermedad y se localiza, con mayor frecuencia, en los segmentos apical y posterior de los lóbulos superiores o en el apical del inferior. También pueden encontrarse tuberculomas (nódulos de diferente tamaño) con variaciones en su morfología y de localización preferente en los lóbulos superiores. La cavitación (Fig. 1) es frecuente (45-60 por ciento) así como la diseminación broncógena a otras áreas del pulmón. El derrame pleural también es frecuente.
Es importante señalar que en ocasiones la radiografía puede poner de manifiesto una consolidación parenquimatosa indistinguible de una neumonía de otra etiología, hecho que puede conllevar un retraso diagnóstico, sobre todo si la presentación es brusca.



El patrón radiológico de la tuberculosis miliar (Figs. 2 y 3) típico lo constituyen múltiples nódulos finos, de tamaño inferior a 3 mm, generalmente más profusos en lóbulos inferiores y para cuya visualización es de gran utilidad la identificación del espacio retrocardíaco en la radiografía lateral.

DIAGNÓSTICO MICROBIOLÓGICO

Las técnicas microbiológicas disponibles para el diagnóstico de la tuberculosis actualmente son las siguientes:

- La observación microscópica de las micobacterias tras tinción específica de extensiones realizadas a partir de muestras clínicas.
- El aislamiento por cultivo e identificación.
- Detección de fragmentos específicos de ADN o ARN mediante diferentes técnicas de amplificación genética.
- De forma complementaria, existe el estudio de la susceptibilidad in vitro a los fármacos antituberculosos.

Tinción y examen microscópico
La observación de las micobacterias tras la tinción especifica de Ziehl-Nielsen (antes de una hora) o su equivalente de tinción con fluorocromos-auramina (antes de 24 horas) permiten poder realizar un diagnóstico de presunción rápido, en menos de una hora, de más de la mitad de los pacientes tuberculosos. Para la correcta realización e interpretación de los resultados de un examen microscópico directo deben tenerse en cuenta los siguientes hechos:



- La ácido-alcohol resistencia es una propiedad común a todas las especies del género Micobacterium y no sólo de M. tuberculosis.
- La no observación de bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAR) en una muestra clínica no descarta el diagnóstico de tuberculosis, ya que es una técnica de sensibilidad limitada. Se estima que la concentración más baja de microorganismos que se puede detectar mediante examen microscópico es de 104 ml de muestra.
- Al informar los resultados del examen microscópico, el microbiólogo debe proporcionar al clínico una estimación aproximada del número de BAAR detectados. La reducción del número de bacilos emitidos por el enfermo orienta sobre la eficacia del tratamiento siempre que se acompañe de una mejoría de sus síntomas clínicos.
- Cuando los pacientes bacilíferos son tratados con regímenes de primera elección suelen negativizar sus esputos a partir de las 2-3 semanas de tratamiento. No obstante, en algunos pacientes se negativizan antes los cultivos que las baciloscopias, esto es debido a que los bacilos que se siguen eliminando están lo suficientemente lesionados por el tratamiento para que no sean capaces de desarrollarse en los cultivos. Esto da lugar a la presencia de falsos positivos de la baciloscopia. A pesar de la positividad de la baciloscopia, estos pacientes no suelen tener capacidad contagiante.
En los casos de TB pulmonar se deben remitir tres muestras de esputo de buena calidad, de primera hora de la mañana, en días distintos (Tabla 5). La baciloscopia es positiva en un 65 por ciento de los casos cuando se procesan tres esputos (en las formas cavitadas en hasta un 95 por ciento) frente a un 30 por ciento con una muestra aislada. Si el paciente no tiene expectoración puede ser necesario realizar un esputo inducido o aspirados gástricos a primera hora de la mañana en ayunas, o proceder incluso a realizar una broncospia con broncoaspirado, lavado broncoalveolar o biopsias de las lesiones endobronquiales, o transbronquial en caso de sospecha de TB miliar.

Cultivo de micobacterias
Todas las muestras clínicas sospechosas de contener micobacterias se deben sembrar (tras su adecuada digestión y descontaminación, si fuera necesario) en medios de cultivo adecuados por las siguientes razones:



- Los cultivos son mucho más sensibles que los exámenes microscópicos, al punto que pueden detectar una cantidad tan pequeña como 10 bacterias por ml de muestra clínica digerida y concentrada.
- El aislamiento en cultivo puro es necesario para poder identificar la especie de las cepas aisladas.
- Si la baciloscopia es un índice de la eficacia del tratamiento, el cultivo permite asegurar la negativización y curación del paciente. Los medios de cultivo disponibles se detallan en la tabla 6. La utilización combinada de un medio sólido y un medio líquido se considera actualmente lo más idóneo buscando una sensibilidad óptima y rapidez en la detección. El bacilo de la tuberculosis suele crecer habitualmente en 3-4 semanas en medios sólidos y su crecimiento suele detectarse en 1-3 semanas en la mayoría de medios líquidos. En condiciones habituales los cultivos deben incubarse a 35-37ºC en una atmósfera enriquecida con un 5 por ciento de CO2 durante 6-8 semanas.

Técnicas de amplificación genética
Durante la última década se han desarrollado una serie de técnicas de biología molecular que permiten la amplificación de secuencias de ADN y ARN específicas de M. tuberculosis. Esta tecnología ha logrado solucionar, al menos en parte, los principales problemas inherentes a las técnicas microbiológicas convencionales, permitiendo establecer diagnósticos rápidos (entre 2 y 8 h), y mejorar la sensibilidad de las técnicas clásicas. Esto es particularmente importante en las muestras clínicas de origen extrarrespiratorio en las que el inóculo micobacteriano es habitualmente bajo. Debido a la óptima sensibilidad y especificidad de estas técnicas de amplificación (cercana al 100 por cien) cuando son aplicadas a muestras con baciloscopia positiva (tanto respiratorias como extrarrespiratorias), un valor positivo de amplificación establecería el diagnóstico de TB. En este tipo de muestras, un valor negativo de amplificación aseguraría la presencia en la muestra de una micobacteria no perteneciente al complejo M. tuberculosis. En muestras con baciloscopia negativa, y debido a la excelente especificidad de estas técnicas, un valor positivo de la amplificación establecería con relativa seguridad un diagnóstico de TB. Por último, un valor negativo de amplificación obtenido en muestras con baciloscopia negativa no descarta en ningún caso el diagnóstico de TB.

DIAGNÓSTICO ANATOMOPATOLÓGICO

En ocasiones la TB se diagnostica por la existencia de granulomas tuberculosos en muestras obtenidas mediante diversas técnicas de biopsia. En general se trata de casos de difícil interpretación con bacteriología repetidamente negativa o ante la sospecha de enfermedad neoplásica.

El diagnóstico se basa en la observación de granulomas caseificantes. Por regla general, el anatomopatólogo practica tinciones para identificar bacilos ácido-alcohol resistentes (tinción de Kinyoun) cuando observa granulomas en el examen histológico.

PRUEBA DE LA TUBERCULINA

La prueba de la tuberculina es el procedimiento habitual para establecer el diagnóstico de infección TB. La prueba de la tuberculina o PPD (derivado tuberculínico purificado) se obtiene del antígeno tuberculínico, medido en unidades internacionales. Se utilizan 2 Unidades de PPD RT-23, estabilizado con Tween-80, equivalentes a las 5 Unidades de PPD-S, que se emplean en otros países.

Se lleva a cabo según la técnica de Mantoux. Se inoculan 2UT de RT-23, que se contienen en 0,1 ml, por vía intradérmica, con una aguja de calibre 27 de bisel corto. No se debe limpiar la piel con alcohol. Se aplica de abajo a arriba, en la cara ventral del antebrazo. Se verifica que la inyección fue correcta por la aparición de un habón (con aspecto de piel de naranja).

Lectura
Se debe leer a las 72 horas, aceptándose de 48 a 96 horas. Se mide el diámetro de induración, de manera transversal al eje mayor del antebrazo, mediante una regla flexible y se registra en mm.

Efectos secundarios
Son siempre de tipo local. Puede aparecer en el sitio de la inoculación, dolor, prurito, vesiculación, ulceración y a veces necrosis.

Indicaciones
En la práctica clínica, debe realizarse sólo a las personas de riesgo de estar infectados o de desarrollar la enfermedad tuberculosa. Los grupos de riesgo en los que está indicada son:


- Sospecha de enfermedad tuberculosa.
- Personas con radiología de tórax compatibles con tuberculosis antigua.
- Personas pertenecientes a cualquiera de los grupos de riesgo de tuberculosis con alta probabilidad de infección tuberculosa con/sin enfermedad (Tabla 7).
- Protocolo de despistaje pediátrico en poblaciones infantiles de riesgo.

Contraindicaciones
La única contraindicación de la prueba de tuberculina son las lesiones cutáneas extensas que no permitan escoger un área de piel indemne en la zona de elección. No está contraindicada durante el embarazo ni en pacientes inmunodeprimidos, aunque estos casos pueden dar falsos negativos.

Interpretación
Es preciso considerar el tamaño de la reacción tuberculínica, junto con la edad, los antecedentes vacunales o de TB y la presencia de inmunodepresión (Tabla 8). El punto de corte de positividad del PPD varía según los organismos y el grupo de personas a los que se refiere:


- En España y considerando el beneficio para el paciente, se considera que toda reacción mayor o igual de 5 mm podría considerarse como positiva en los grupos de riesgo, independientemente del estado vacunal, salvo en ocasiones en las que se considere que se debe a una reacción cruzada con la vacuna BCG o la sospecha de una infección por otra micobacteria atípica.

- En los vacunados con BCG, tradicionalmente se ha considerado que ha de ser mayor de 14 mm, aunque las reacciones entre 5 y 14 mm deben valorarse siempre de forma individual. En caso de contacto estrecho con TB, no debe tenerse en cuenta el hecho de la vacunación y se considera positivo a partir de 5 mm.

- En cuanto a los inmigrantes, las recomendaciones son muy variables. Organismos como la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) no hacen distinción entre autóctonos e inmigrantes, mientras que otros como los Center for Diseases Control (CDC) consideran positivo en inmigrantes un PPD = 10 mm.

Se considera conversión al aumento de la reacción tuberculínica igual o superior a 6 mm en los sujetos no vacunados, y de más de 15 mm en los vacunados de BCG, en los últimos dos años.

Debe tenerse presente en la valoración de la prueba de la tuberculina el fenómeno booster o empuje. La sensibilidad a la tuberculina en pacientes con infección previa con alguna micobacteria o vacunados de BCG puede disminuir al cabo de los años, incluso hacerse negativa. La realización al cabo del tiempo de un segundo Mantoux en estas personas puede favorecer la reacción a la tuberculina (efecto de empuje) de modo que pudiera parecer que se han transformado de negativas a positivas por infección reciente (conversión), cuando lo que ha ocurrido es que se ha manifestado una reactividad previa que en el primer PPD estaba amortiguada.

El debilitamiento de la sensibilidad por infección tuberculosa natural puede darse a cualquier edad, aunque es más frecuente en edades avanzadas (más de 55-65 años). En los vacunados de BCG, la sensibilidad tuberculínica puede debilitarse ya desde el primer momento en todas las edades. Por ello, cuando se realice la prueba de tuberculina en individuos mayores de 55-65 años, y en todos los vacunados de BCG, si ésta resulta negativa, debe repetirse la prueba una semana después para evidenciar el posible fenómeno booster. Es conveniente hacerlo en todos los pacientes en los que se vaya a hacer un seguimiento a lo largo de los años, pero sólo al inicio del seguimiento (primera vez que se pone el Mantoux), para así etiquetarle como reactor o no-reactor al inicio.

En los pacientes donde no existe hipersensibilidad a la tuberculina, la práctica de repetidos Mantoux no induce la sensibilidad tuberculínica.


Falsos positivos
y negativos

Existen distintas situaciones en las que la prueba puede resultar errónea, principalmente por falta de experiencia en la inoculación y lectura (Tabla 9).

Actitud ante la utilización del Mantoux como prueba diagnóstica
Como se ha indicado, en la práctica clínica se debe realizar la prueba de la tuberculina sólo a pacientes incluidos dentro de los grupos de riesgo, con la intención de prevenir una infección tuberculosa o detectarla rápidamente como ocurre en los Estudios de Contactos y Convivientes, o para detectar pacientes infectados y con alta probabilidad de desarrollar enfermedad tuberculosa -grupos de riesgo de enfermar- (Fig. 4).


En el caso de los inmigrantes, la actitud varía en función del país de procedencia y el tiempo transcurrido desde la llegada. Además, aunque organismos como los CDC indican que debe valorarse como positivo un Mantoux = 10 mm, recomiendan realizar una Rx de tórax en caso de que la medida sea = 5 mm (Fig. 5).


figura 5



indice



© Copyright EL MEDICO INTERACTIVO - Capitán Haya, 60 28020 Madrid (España)
elmedico@medynet.com