Recomendaciones
para la detección, diagnóstico y tratamiento de la disfunción
eréctil
EPIDEMIOLOGíA
El
primer estudio epidemiológico fue el de Kinsey en 1948 y desde entonces
se han hecho numerosas investigaciones. Sin embargo, la comparación entre
los resultados es difícil: diferentes definiciones de DE, diferentes estratos
de edad, sesgos en la selección de pacientes, distintas metodologías
e instrumentos de medida. De todos los realizados hasta ahora, los de mayor calidad
atendiendo a la validez externa e interna son: EDEM (España 1997), Survey
Boxmeer (The Netherlands 2001) y el MMAS (EE.UU. 1994).
Los resultados
de prevalencia obtenidos en el EDEM en una muestra de 2.480 varones entre 25-70
años y utilizando el cuestionario validado IIEF son de un 19 por ciento
(16 por ciento mínima, dos por ciento moderada y uno por ciento severa)
que aumenta con la edad (8,6 por ciento en varones de 25 a 39 años, 13,7
por ciento de 40 a 49 años, 24,5 por ciento entre 50 y 59 años y
49 por ciento entre los 60 y 70 años). Esta prevalencia supondría
que aproximadamente dos millones de varones españoles tienen algún
grado de DE según el censo del año 1991.
Las prevalencias
globales y estratificadas por edad y severidad obtenidas en el Survey Boxmeer
en 1.233 varones entre 40-79 años son similares a las del EDEM; el estudio
MMAS, sin embargo, presenta cifras de prevalencia de 52 por ciento en 1.290 varones
de 40-70 años; las cifras de prevalencia para los casos de DE moderada
y severa son considerablemente más altas que en el EDEM, aunque hay que
tener en cuenta que el MMAS utiliza una pregunta simple no validada frente al
cuestionario IIEF, con el que sí se puede estratificar objetivamente la
patología por severidad.
La edad, como ya hemos comentado, es el
factor de riesgo más fuertemente asociado a la DE, así como las
variedades moderada y severa de la enfermedad son más frecuentes por encima
de los 60 años.
La diabetes incrementa la prevalencia de DE en tres
veces respecto a los no diabéticos de la misma edad. Se han encontrado
prevalencias de DE del seis por ciento en varones diabéticos entre 20-24
años y del 52 por ciento en diabéticos entre 55-59 años.
La presencia de factores asociados cardiovasculares, el aumento de hemoglobina
glicosilada y un mal control metabólico influyen en un aumento de la prevalencia
en pacientes diabéticos, haciendo que la mitad de éstos desarrollen
una DE a los cinco años de enfermedad.
La prevalencia de la enfermedad
cardiovascular es directamente proporcional a la prevalencia de DE en una comunidad.
La incidencia de DE en pacientes cardiovasculares y con factores de riesgo supera
el 80 por ciento, según el MMAS. En este sentido, la DE podría comportarse
como un marcador de riesgo cardiovascular. La medicación que reciben los
pacientes cardiovasculares también supone un riesgo para la aparición
de DE. En el grupo de diabéticos del MMAS, los pacientes tratados por enfermedad
cardiaca o hipertensión arterial (HTA) presentaban una asociación
con DE de 1,96 y 1,52 OR respecto a la población sin tratamiento. La prevalencia
de DE en el grupo que tomaba medicación cardiovascular era del 28 por ciento.
En
el MMAS los fumadores presentaban una prevalencia de DE del 24 por ciento frente
al 14 que se obtenía en el grupo de no fumadores (ajustando por edad y
covariables, P<0,001). En un estudio de Mirone et al. (Europ Urologi 2002;
41: 294-297), el tabaco estaba asociado a la DE en pacientes sin historia de enfermedad
cardiovascular, cardiopatía, HTA, diabetes o neuropatía y no en
aquellos que presentaban estas enfermedades, sugiriendo que una vez que está
presente la injuria vascular, el tabaco no añadiría riesgo; es decir,
se comporta como un riesgo independiente.
Los trastornos afectivos como
la ansiedad y la depresión se presentaban asociados en el MMAS a la aparición
de DE y la prevalencia de esta enfermedad en la depresión grave alcanzaba
el 90 por ciento.
Una asociación entre insuficiencia renal crónica
y DE ya se estableció desde 1975; en esta enfermedad se alcanzan prevalencias
superiores al 50 por ciento de los pacientes.
El estilo de vida es un fuerte
determinante de la prevalencia de DE, según varios estudios. Los hombres
separados, divorciados o viudos presentan con más frecuencia DE que los
casados (MMAS, Akkus E, Prevalence and correlates of erectile function in Turkey
e Urology 2002; 298; Lauman EO Sexual dysfunction in the United States Jama 1999;
281: 537-544). El nivel de educación parece tener un efecto positivo sobre
la función eréctil; también un elevado nivel de estudios
(MMAS). Puede deberse a que estas circunstancias suelen ir asociadas a un mayor
cuidado y atención hacia la salud.
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