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Programa de Formación Continuada Acreditada para médicos de Atención Primaria desarrollado para la Revista EL MEDICO y EL MEDICO INTERACTIVO, diario electrónico de la sanidad

Elaborado en colaboración con la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria

 



Recomendaciones para la detección, diagnóstico y tratamiento de la disfunción eréctil

FISIOPATOLOGíA

La erección es una respuesta fisiológica en la que participan complejos mecanismos vasculares, neurológicos y endocrinos. Se inicia mediante estímulos sensoriales que se generan en órganos genitales y/o estímulos psicógenos, visuales, auditivos, etc., que se trasladan hacia el cerebro.

Se han identificado varias regiones del cerebro que son claves en el proceso de la erección del pene. Los centros cerebrales que integran toda la información son fundamentalmente el núcleo preóptico medial y el núcleo paraventricular del hipotálamo. Estos centros, a su vez, están conectados con el rinencéfalo y la corteza cerebral. Hay varios neurotransmisores involucrados en estas vías, entre los que se encuentran la dopamina, serotonina, oxitocina y noradrenalina.

Desde el hipotálamo se genera un nuevo mensaje que, a través de la médula espinal, se conecta con el centro simpático toraco-lumbar (D10-L2) y con el centro parasimpático sacro (S2-S4). Estas conexiones pueden modular el flujo de la información, facilitando o inhibiendo la erección refleja. Finalmente, a través de los nervios erectores llegan hasta las terminaciones nerviosas de los cuerpos cavernosos, donde se produce la liberación de óxido nítrico que pone en marcha la erección, al aumentar los niveles de nucleótidos cíclicos AMPc, GMPc.

Las vías parasimpáticas son erectógenas, mientras que las simpáticas originan el reflejo inhibitorio. Ambas llegan al plexo pélvico, de donde se originan los nervios cavernosos, que inervan el tejido eréctil del cuerpo esponjoso, arterias helicinas y la uretra peneana. El pene también está inervado por los nervios peneanos dorsales, ramas de los nervios pudendos y el nervio ilioinguinal. Estas ramas transmiten impulsos sensoriales del glande y la piel del pene.

En las trabéculas y paredes de arteriolas cavernosas hay terminaciones nerviosas, fibras postganglionares simpáticas y parasimpáticas que juegan un papel fundamental en la regulación de la tumescencia y detumescencia.
La sangre arterial es transportada al pene a través de las arterias pudendas, las cuales tienen su origen en las arterias iliacas internas o hipogástricas. Debe existir una buena perfusión de estas arterias para que no exista interferencia con la potencia.


ERECCIÓN

La erección se inicia por un estímulo parasimpático, cuando las terminaciones nerviosas y el endotelio liberan sustancias que relajan la musculatura lisa peneana. El músculo liso está sometido a la influencia de múltiples mediadores de origen neural y endocrino. La relajación del músculo liso es la clave que condiciona la erección peneana.

Las prostaglandinas E sintetizadas por el músculo cavernoso tienen un papel relajante del mismo, promoviendo la erección por este mecanismo directo. De modo indirecto, reducen el tono simpático al inhibir la liberación de noradrenalina de los nervios adrenérgicos, lo que facilita la erección.

El óxido nítrico liberado por las terminaciones nerviosas y del endotelio de los cuerpos cavernosos es el principal neurotransmisor que participa en este proceso. En el músculo liso el óxido nítrico origina un incremento del GMP-c, que activa una proteina kinasa específica que abre los canales de potasio (K) y ocasiona una hiperpolarización de la membrana de las células musculares. Esto ocasiona un secuestro del calcio (Ca) intracelular dentro del retículo endoplásmico y un bloqueo de la entrada de Ca por la inhibición de los canales de Ca. La disminución de la concentración del Ca citoplasmático origina la relajación del músculo liso.

Entre las células musculares lisas existen canales intercelulares que permiten la transmisión de corrientes iónicas (Ca y K) y de mensajeros intracelulares (AMP-c, GMP-c, IP3). El deterioro de estos canales puede condicionar una alteración en la erección. La iniciación y mantenimiento de la erección está condicionado por la presencia de los niveles de Ca en el citoplasma (Figuras 1 y 2).

El balance de todos los factores neuroendocrinos determina la intensidad de mensajeros celulares, que, a su vez, dependen del nivel de Ca citoplasmático. De este modo se origina la dilatación arterial, que aumenta el flujo sanguíneo hasta cinco veces y la presión de perfusión a los espacios lacunares. La relajación del músculo liso cavernoso dilata los espacios lacunares que se rellenan de sangre, lo que origina un aumento del tamaño del pene. La presión arterial sistémica que se transmite a través de las arterias peneanas dilatadas condiciona que los plexos venosos, que transcurren pegados a la túnica albugínea, van a ser comprimidos entre dicha túnica y la expansión de los sinusoides. Esto provoca un mecanismo eficaz de acúmulo de sangre en los cuerpos cavernosos, por oclusión completa del drenaje venosos, que condiciona un incremento del volumen y rigidez del pene, con una presión intracavernosa de aproximadamente 100 mm de Hg.

La presión de oxígeno durante la erección se eleva, debido al aumento de flujo durante la vasodilatación de las arterias peneanas, por lo que la sangre del cuerpo cavernoso se arterializa. El oxígeno es necesario para la síntesis de óxido nítrico, que actúa sobre la relajación del músculo trabecular. Por ello, la presión de oxígeno ejerce un papel en la regulación del tono de dicho músculo.

Así, en el estado de tumescencia peneana se establece un nuevo equilibrio hemodinámico con un alto aporte arterial y bajo drenaje venoso. La contracción adicional de los músculos estriados isquiocavernoso y bulboesponjoso eleva aún más la presión intracavernosa, que puede llegar a exceder a la arterial.


DETUMESCENCIA

La detumescencia peneana ocurre con la contracción del músculo liso peneano. Esta se origina por el cese de la liberación de neurotransmisores (fundamentalmente noradrenalina), bloqueo de los segundos mensajeros por las fosfodiesterasas (se hidroliza GMP-c a GMP) y la descarga simpática durante la eyaculación.

La contracción del músculo liso depende del aumento, relativamente rápido, de la concentración intracelular de calcio libre, que debe mantenerse por encima de los niveles basales para el sostenimiento del tono contráctil. Para ello, se activan mecanismos que favorecen la entrada de Ca.

Al contraerse el músculo liso, el flujo sanguíneo a los cuerpos cavernosos disminuye, colapsándose los espacios lacunares, causando la descompresión de las vénulas de drenaje de los cuerpos cavernosos. Las arterias helicinas están contraídas, los sinusoides colapsados y la resistencia al flujo de salida venoso es muy baja.

La presión de oxígeno en el estado de flaccidez es similar a la que existe en sangre venosa. El sistema venoso está abierto, sin existir ningún tipo de resistencia. Esto facilita la vuelta al estado de flacidez, cuya presión intracavernosa es de unos 10 mm de Hg.

Cuando existe afectación arterial, el llenado incompleto de los cuerpos cavernosos origina una disminución de la rigidez peneana con retraso o imposibilidad para alcanzar la presión intracavernosa necesaria.









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