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FERRER INTERNACIONAL

Programa de Formación Continuada Acreditada para médicos de Atención Primaria desarrollado para la Revista EL MEDICO y EL MEDICO INTERACTIVO, diario electrónico de la sanidad

Elaborado en colaboración con la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria

 



Recomendaciones para la detección, diagnóstico y tratamiento de la disfunción eréctil

MANEJO DE LA DISFUNCIÓN ERÉCTIL EN ATENCIÓN PRIMARIA

Los pasos claves en el abordaje de esta patología son:

Paso 1: Identificación del problema:

o Pregunta directa.
o Cuestionarios de cribado (p. ej: SHIM)
Paso 2: Diagnóstico:
o Historia clínica (médica, sexual y psicosocial).
o Examen físico.
o Pruebas de laboratorio.
o Pruebas diagnósticas especializadas.
o Preferencias y expectativas de paciente y pareja.
Paso 3: Intervención:
o Educación del paciente y de la pareja.
o Consejo sexual.
o Terapias orales.
o Terapias locales.
o Aparatos de vacío.
o Cirugía.
Paso 4: Seguimiento:
o Comunicación y educación.
o Reevaluaciones diagnósticas y psicosociales.
o Ajustes de la medicación.
En el ámbito de la Atención Primaria, donde es importante la prevención y la educación en salud, el abordaje de los problemas sobre la salud sexual incluiría estos cuatro pasos, en muchos de los cuales debería participar la enfermería.
Cada uno de estos pasos será explicado a continuación.


PRIMER PASO: IDENTIFICACIÓN

El primer paso y más esencial es la necesidad de incluir la pregunta sobre la existencia de problemas con la sexualidad de forma rutinaria en las anamnesis de los pacientes, en el momento de la primera visita y apertura de historia o cuando fuera apropiado por determinadas circunstancias: tras una hospitalización, la aparición de una nueva enfermedad (relacionada con la DE), introducción o ajuste de un medicamento, ante eventos vitales mayores (p.ej.: divorcio, nacimiento de nuevo hijo, etc.).

El tipo de pregunta y la extensión en hablar sobre el tema debe ser individualizado en función de las características del paciente y del tipo de visita. Una simple pregunta (p. ej: "¿tiene usted alguna preocupación o duda sobre su vida sexual?") puede ser suficiente en algunas ocasiones. Existen diversos cuestionarios sobre calidad de vida que introducen la pregunta sobre sexualidad; de cualquier forma, lo más importante es el estilo y la delicadeza al abordar los problemas atendiendo a los condicionamientos religiosos, morales o étnicos.

Además de una pregunta general sobre sexualidad, se debería preguntar a todos los varones de 50 años o más, acerca de su capacidad para conseguir y mantener una erección. La DE puede ser un síntoma de diabetes, enfermedades cardiacas, depresión y de otras condiciones patológicas. Es también una fuente de estrés personal, de problemas con la pareja y, en suma, de algo que afecta de forma importante a la calidad de vida del paciente.

Con independencia de la posibilidad de detectar la DE, realizar alguna de las siguientes preguntas puede romper el hielo para el abordaje de otros problemas o dudas relacionadas (anticoncepción, enfermedades de transmisión sexual, cambios de ánimo, etc.).


Preguntas para identificar DE

o Algunos hombres con diabetes (enfermedades cardiacas, etc.) notan cambios en sus erecciones. ¿Le pasa esto a usted?
o ¿Es usted sexualmente activo? ¿Tiene alguna dificultad en conseguir o mantener las erecciones?
o ¿Cómo es la relación física con su pareja?


Cuestionarios para cribado de DE

o Cuestionario SHIM en la Tabla 4 y el IIEF en la Tabla 5. El SHIM (Sexual Health Inventory for Men) es un cuestionario breve que constituye una versión reducida del IIEF, el índice internacional de la función eréctil. Contiene cuatro preguntas del dominio función eréctil, además de una pregunta sobre satisfacción sexual. Está validado en varios países y sirve para el cribado de DE, sobre todo en presencia de patologías donde ésta es prevalente. Su carácter autoadministrado hace que sea más fácil para aquellos pacientes que puedan sentirse incómodos en una entrevista directa con el médico.
La puntuación máxima obtenida a las cinco preguntas sobre la función eréctil en los seis meses previos es de 30. Las puntuaciones por debajo de 21 detectan con elevada especificidad y sensibilidad una DE. El cuestionario IIEF sirve para diagnosticar y estratificar respecto a la severidad del cuadro la disfunción eréctil y también se utiliza para valorar la eficacia de los tratamientos.


SEGUNDO PASO: DIAGNÓSTICO

El diagnóstico debe siempre comenzar con una cuidadosa consideración sobre las expectativas y preferencias del paciente (esto debería realizarse en todos los campos de la Medicina). Los pacientes pueden variar respecto al estrés que produce la DE, respecto al nivel de aceptación del problema, en la necesidad de información y en su motivación para el cambio con un tratamiento.

Es importante la colaboración de la pareja, aunque puede haber pacientes que se nieguen a esto. Algunos no querrán pasar por determinadas pruebas diagnósticas, otros tendrán razonamientos morales o religiosos para una opción u otra, y en algunos el papel de la pareja en la relación sexual es determinante para la aparición del problema. Cuando sea posible, la pareja debería estar incluida en esta primera valoración.

Una vez aceptado el proceso diagnóstico comenzaremos por una historia clínica completa desde el punto de vista médico, sexual y psicosocial.


Historia clínica

En la historia médica se debe descartar la presencia de diabetes, endocrinopatías, enfermedades neurológicas, cardiovasculares, etc., todas aquellas contempladas en el apartado de etiopatogenia. También valoraremos la posibilidad de un efecto secundario debido a algunas medicaciones que pueda estar tomando el paciente. Así mismo, los traumatismos pelvianos, perineales y del pene y los antecedentes quirúrgicos, como cirugías radicales pélvicas y pene-escrotales, deben ser investigados.

Una historia sexual detallada nos ayudará a identificar el problema eréctil diferenciándolo de un problema eyaculatorio o de disminución de líbido (un problema eréctil puede acabar disminuyendo el deseo y una eyaculación prematura puede estar enmascarando una incapacidad para mantener la erección en el tiempo). También al valorar la forma de presentación de la disfunción, su evolución en el tiempo y el contexto en el que se produce (siempre o en algunas situaciones) podremos inclinarnos hacia un origen psicógeno u orgánico del trastorno. Si el paciente refiere incurvación peneana o dolor durante la erección deberíamos descartar una enfermedad de Peyronie (Tablas 6 y 7).

Una historia psicosocial investiga también las condiciones personales, de pareja y laborales que precedieron o acompañan el cuadro clínico.

La historia médico-sexual es la herramienta más importante para el diagnóstico de la disfunción eréctil.


Exploración física

Debe incluir una exploración genital, descartando placas fibrosas en el pene, una valoración de los caracteres sexuales secundarios, testículos (consistencia, tamaño y situación), estigmas de endocrinopatías como un bocio, ginecomastia, disminución del vello corporal y estudio genitourinario.

También debe hacerse una exploración cardiovascular con toma de la tensión arterial, valoración de soplos y pulsos pedios, poplíteos y femorales. Es importante, sobre todo en el diabético, la exploración neurológica de la sensibilidad perineal, reflejo bulbocavernoso y tono del esfínter anal. En los diabéticos la DE, si es de causa neurogénica, podremos encontrarla en un contexto de síntomas acompañantes de neuropatía autonómica, como hipotensión postural, disfunción vesical, disminución de la sudoración en miembros inferiores, disminución de sensibilidad testicular y del reflejo cremastérico.

Pruebas básicas de laboratorio

Hay dos razones fundamentales para la realización de las siguientes determinaciones de laboratorio:

o Evaluar las posibles causas sistémicas o endocrinas que causan la DE del paciente.
o Identificar las posibles co-morbilidades como diabetes, dislipemia, etc.

Dada la fuerte asociación con estas enfermedades, se deberían realizar estas determinaciones siempre que no se hayan realizado en los seis meses previos (colesterol HDL, LDL, triglicéridos, glucemia, creatinina, función hepática).

Si no tenemos una determinación previa de microalbuminuria en un diabético se deberá realizar con el fin de detectar una disfunción endotelial que fuera la causa del fallo eréctil en estos pacientes.

La determinación androgénica se debería realizar cuando nos encontremos ante una disminución del deseo en menores de 50 años y, siempre en los mayores de esta edad, se determinará la testosterona (preferentemente la fracción libre o la fracción biodisponible y por la mañana). Si la testosterona está baja haremos entonces una determinación de prolactina y LH.

La TSH debe ser determinada para descartar un hipo e hipertiroidismo como causa de la disfunción.

Un electrocardiograma sería recomendable en un paciente con DE y la presencia de varios factores cardiovasculares, si todavía no lo tiene realizado.

En la Tabla 8 se reflejan las evidencias de estas recomendaciones.


Test diagnósticos especializados

Los procedimientos diagnósticos, como el registro de rigidez y tumescencia nocturna, el eco-dopler peneano dinámico, la cavernosometría dinámica, y otros procedimientos para la valoración vascular o neurogénica tienen su papel en casos muy seleccionados. Por ejemplo, estos procedimientos tendrían su valor en jóvenes con traumatismo pélvico o de pene candidatos a una reconstrucción vascular quirúrgica o cuando sospechemos una causa hormonal o psicógena para iniciar un tratamiento etiológico y cuando no son eficaces los tratamientos orales.

Estas exploraciones se realizaban de rutina en unidades de urología en el pasado. En la actualidad se utilizan mucho menos desde la aparición de los tratamientos orales, disminuyendo de forma importante el coste del diagnostico del paciente. Sin embargo, tienen valor al identificar causas orgánicas en las que una intervención quirúrgica es el tratamiento apropiado. También por razones médico-legales, o cuando el paciente desea saber la causa exacta de su DE antes de ser tratado o en el caso de hallarnos ante una disfunción eréctil primaria.


Valoración vascular

El test de inyección intracavernosa de fármacos vasoactivos consiste en la inyección de prostaglandina E1 a una dosis de 10-20 microgramos, en el cuerpo cavernoso del pene valorando la respuesta a los 10, 20 y 30 minutos.

Permite una diferenciación inicial entre causas psicógenas (respuesta erección normal) y orgánicas de origen vascular arterial o veno-oclusiva, en las que se obtendría una respuesta negativa. Aunque un excesivo tono adrenérgico por ansiedad puede dar una respuesta negativa en una causa psicógena y en una causa vascular, podía darse una respuesta positiva en el caso de una lesión vascular que responde a la prostaglandina. Así que en pacientes jóvenes con antecedentes de traumatismo es conveniente seguir el proceso diagnóstico vascular. Con este test podremos también evaluar la posible eficacia de tratamientos intracavernosos para los pacientes candidatos (Figura 3 y Tabla 9).

El eco-dopler-duplex combina la realización de una ecografía con un dopler pulsado, poco invasivo. Mide el diámetro de las arterias cavernosas, la velocidad del flujo en el pico sistólico y el final de la diástole y la resistencia periférica. Previamente se ha tenido que realizar una inyección de prostaglandina intracavernosa para lograr una adecuada relajación del músculo liso. Nos da una buena información sobre el componente arterial, pero no es totalmente fiable para el estudio del componente veno-oclusivo, cosa que sí hace la cavernosometría dinámica. Esta es una prueba invasiva que requiere un aparataje complicado y debe reservarse para casos muy específicos, igual que la arteriografía selectiva de pudenda interna que se realizará en jóvenes con sospecha de traumatismo arterial y tributarios de tratamiento de reconstrucción quirúrgica.


Valoración neurológica

La biotensometría peneana mide la percepción sensorial vibratoria y tiene utilidad en el diagnóstico de polineuropatías. Los potenciales evocados somatosensoriales nos permite una valoración de las aferencias sensoriales. Los potenciales evocados sacros miden el tiempo de latencia del reflejo bulbosacro; es decir, valoran el estado del arco reflejo sacro S2-S3.

El único estudio que permite valorar la vía eferente o el componente neurológico autonómico es la electromiografía cavernosa, pero sus resultados no son muy fiables.

Técnicas de monitorización
de la erección

El rigidómetro de inflexión digital mide la rigidez axial y el tiempo de rigidez útil. El paciente puede medir de una forma objetiva su erección en el domicilio; tiene su utilidad para comprobar la eficacia de los tratamientos. Rigiscan y neva miden los incrementos radiales, en longitud y volumen, y los episodios de tumescencia nocturna. Ambos se utilizan durante el sueño para poner en evidencia las erecciones que se producen en la fase REM (Figura 4).


Test de estimulación visual

Ante un estímulo sexual se monitoriza la actividad eréctil. Ante una respuesta positiva descartaría un defecto orgánico, aunque la negativa no diferenciaría entre causa orgánica y psicógena.

Todos estos test nos proporcionan más información, pero no deben valorarse aisladamente, sino como pruebas complementarias de las básicas y con otras especializadas.


TERCER PASO: INTERVENCIÓN
Y TRATAMIENTO

Una vez completado el paso anterior, el médico debe haber identificado y definido el tipo de disfunción eréctil y saber valorar la necesidad de pruebas adicionales en una unidad de uro-andrología (en los supuestos mencionados anteriormente), o haber detectado un problema de posible origen endocrinológico que se beneficiaría de un tratamiento etiológico (la hipotestosteronemia se trata de manera fácil con reemplazamiento hormonal, las diabetes de manejo complicado y los trastornos tiroideos), para lo cual deberemos derivar al endocrinólogo.

Del mismo modo, pacientes con problemas psicológicos importantes o con problemas de pareja tienen que ser remitidos a un psicólogo o a un terapeuta de pareja. Por último, pacientes con riesgo cardiovascular moderado-alto (Consenso de Princeton, Tabla 10) asociado a la actividad sexual deberían ser valorados por un cardiólogo antes de recibir un tratamiento para la disfunción eréctil.

Las necesidades, expectativas y prioridades del paciente son un elemento esencial en este proceso diagnóstico y existe una gran variabilidad individual respecto a la aceptación del tratamiento para su disfunción en cada paciente. Por eso es muy importante establecer una alianza previa a la terapia con el paciente y a poder ser con su pareja y esto último aunque no se consiga en la primera visita sí debería ser un objetivo a lo largo de las siguientes.

La disfunción eréctil sucede dentro de un contexto, que es la relación sexual con la pareja, los problemas de relación y las disfunciones sexuales de la misma (falta de lubricación, deseo hipoactivo, dispareunia) son variables esenciales a tener en cuenta en cualquier tratamiento del problema y también candidatas a ser diagnosticadas y tratadas.

Con la aparición de los tratamientos orales ha cambiado totalmente el manejo de la enfermedad. El efecto positivo es que muchos pacientes y sus parejas buscan tratamiento para el problema; el efecto menos deseable es que el uso fácil de estos tratamientos no va siempre acompañado de un adecuado diagnóstico y educación del paciente.


Importancia de la educación

A pesar de la vasta información sobre la sexualidad en nuestra sociedad, muchos pacientes y sus parejas no tienen una adecuada información sobre la función y disfunción sexual. Los pacientes tienen dudas sobre la anatomía y fisiología de la erección, las causas de DE y los riesgos y beneficios de cada tratamiento. Los pacientes deben ser informados sobre el rol del flujo vascular en la erección, la necesidad de una adecuada estimulación sexual, los cambios inherentes al envejecimiento y los efectos negativos sobre la erección del alcohol, de otras drogas y de fármacos. A veces asocian el problema con "la próstata" o "es normal para mi edad". La pareja, por otro lado, puede pensar que la falta de erección es la consecuencia de su pérdida de atractivo.


Consejo sexual

El consejo sexual engloba no solamente la información anterior, sino que nos permite una orientación básica al paciente sobre el rol que supone el estrés o los estilos de vida (p. ej: el abuso del alcohol y tabaco), problemas de pareja, efectos de la medicación, y otras posibles causas reversibles de DE. Aunque es muy recomendable la intervención sobre la pareja, es importante también hablar con cada uno por separado cuando se aborden cuestiones íntimas dentro de la esfera de los sentimientos y esto dependerá de la preferencia del paciente.

La importancia de una comunicación y una adecuada estimulación sexual debe ser enfatizada sobre todo en pacientes mayores; en personas que no responden a una simple orientación o consejo, o que tienen problemas más severos o crónicos de relación sexual, está indicada la derivación a un terapeuta sexual o psicólogo. El consejo individual tiene también su valor en la educación que proporciona al paciente sobre los mecanismos de acción, riesgos y beneficios de las diversas opciones de tratamiento para su DE.

Debemos contestar a las preguntas que se formule el paciente a cerca de si "esta medicación solucionará mi problema", "necesita saber mi pareja que estoy tomando la medicación", "es segura esta medicación", "qué pasa si la medicación no funciona", "necesito tomar esta medicación el resto de mi vida", "hay algo más que yo pueda hacer para solucionar mi problema".


Modificar los factores de riesgo

Al abordar el tratamiento de la disfunción eréctil si en la evaluación inicial hemos detectado la existencia de patologías como diabetes mellitus, hipercolesterolemia, HTA, deberemos primero controlarlas adecuadamente. Si, además, existen factores de riesgo como sedentarismo, alcohol, drogas, tabaco, debemos intentar modificarlos. El control de estas patologías y la modificación de los hábitos de riesgo por sí solo no harán recuperar una función eréctil deteriorada. La única recomendación que ha demostrado su eficacia en la prevención de la DE es la práctica regular de ejercicio físico.
Muchos medicamentos (alrededor de unos 200) utilizados habitualmente en nuestras consultas han sido asociados con disfunción sexual en el hombre y en la mujer.

Los antihipertensivos y los antidepresivos son los fármacos más estudiados en su relación con la producción de disfunciones sexuales (disfunción eréctil, eyaculatoria y alteraciones en la líbido).

Se han publicado estudios relacionando las tiazidas con la producción de DE, aunque la dosis empleada en los estudios era de 50 mg/día de hidroclorotiazida superior a la de 12,5 mg/día que es la más utilizada. Los estudios que relacionan los beta-bloqueantes con la aparición de DE se realizaron con propanolol y no se ha demostrado este efecto adverso con los fármacos más selectivos de este grupo. Existen estudios con inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina y con los ARA II cuyos resultados sugieren que estos hipotensores no producen, como los anteriores, DE y en concreto los ARA II por su efecto de remodelado endotelial supondrían una buena alternativa en los pacientes hipertensos con DE. Son necesarios más estudios al respecto.

El gemfibrozilo para el tratamiento de la hipertrigliceridemia también puede producir DE.

Dentro de los antidepresivos, los tricíclicos alteran la libido y la función eréctil. Los nuevos inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) provocan disfunción eréctil y retardo en la eyaculación y anorgasmia. De todos ellos el que con mayor frecuencia se asocia a DE según los estudios es la paroxetina.

A la hora de plantearnos el tratamiento de una DE presumiblemente causada por un fármaco, en primer lugar debemos estar muy seguros de la relación causa efecto; es decir, la coincidencia en el tiempo de la instauración de tratamiento con ese fármaco y la aparición de una DE que no existía con anterioridad, que no coincidan otros desencadenantes, etc. El cambio de la medicación debe ser contemplado con prudencia valorando los riesgos-beneficios para la salud del paciente y teniendo en cuenta que en la mayoría de las veces la retirada del fármaco por sí sola no revertirá una DE. De cualquier forma, si decidimos retirarlo, vigilaremos una posible respuesta positiva en el transcurso de las 2-3 semanas siguientes.
En el caso de los ISRS hay que tener en cuenta que la depresión puede ser causa de DE y también de una disminución de la libido. El paciente deprimido, cuando se está recuperando del cuadro depresivo, es normalmente cuando acusa más el problema eréctil. En estos casos es más recomendable asociar un tratamiento oral (inhibidores de la 5 fosfodiesterasa a dosis bajas), pues corremos el riesgo de un abandono prematuro del tratamiento antidepresivo con una indeseable recaída del cuadro. Dentro de los antidepresivos, la trazodona es una buena alternativa para los pacientes con DE.


Tratamientos etiológicos

Aparte de los anteriores, los tratamientos basados en la etiología de la DE son:

o Psicoterapia: Indicada en algunos casos en los que eventos vitales como problemas de pareja, el divorcio, la muerte de la pareja, la ansiedad, el fracaso profesional, la pérdida de salud propia o de la pareja son los causantes directos de una DE, aunque en casos de etiología psicógena con causantes remotos y de largo tiempo de evolución es menos efectiva.
o Tratamiento hormonal: Cuando hayamos demostrado una deficiencia de testosterona el tratamiento será la administración de esta hormona. Este tratamiento debe ser realizado por el uro-andrólogo, valorando previamente el estado de la próstata, por el posible riesgo incrementado de patología grave prostática asociada al reemplazo con testosterona. En el resto de pacientes en los que no se haya demostrado déficit testosteronémico nunca se debe emplear este tratamiento, porque no ha demostrado su eficacia en la disfunción eréctil de otro origen.

Los suplementos de testosterona pueden ser administrados en forma de inyecciones intramusculares y en forma transdérmica, consiguiendo ésta última niveles de testosterona más fisiológicos. Son parches de aplicación diaria que mantienen unos niveles adecuados en la mayoría de los pacientes. Su efecto secundario más frecuente es la irritación local de la piel. El paciente debe ser controlado con analítica y valoración prostática cada seis meses.

o Tratamiento quirúrgico: La microcirugía de revascularización peneana, si se demuestra insuficiencia arterial aislada (con sistema córporo-veno-oclusivo indemne), obtiene buenos resultados en jóvenes con antecedentes de traumatismos perineales.

Tratamiento sintomático

La mayoría de los pacientes necesitarán un tratamiento de tipo sintomático. Normalmente este tratamiento se realiza de una forma escalonada de menos a más agresivo (Tabla 11).


Tratamientos sintomáticos de primera línea

Tratamientos orales

Fármacos inhibidores de la 5 PDF

El tratamiento de la DE ha cambiado sustancialmente con la aparición en el mercado de los fármacos inhibidores de la 5 PDF, enzima presente en el tejido del pene. Sildenafilo, comercializado en 1998, y los dos nuevos inhibidores comercializados en el 2003, vardenafilo y tadalafilo, completan un abanico terapéutico interesante para el manejo de la DE. La elección entre los tres vendrá marcada por la preferencia del paciente.

La estimulación sexual produce una liberación de óxido nítrico en el músculo liso peneano, como hemos visto en la fisiología de la erección. El óxido nítrico activa la producción de GMP-c y las concentraciones elevadas de éste último pondrán en marcha una cascada cuya última consecuencia será la disminución de la concentración de calcio intracelular, que es la base de la relajación del músculo liso cavernoso, y de la erección. La fosfodiesterasa es la enzima encargada de la degradación de GMP-c. Al inhibirla estos fármacos consiguen potenciar la respuesta natural del organismo, facilitando la obtención y mantenimiento de la erección. De este mecanismo de acción se deduce un requisito básico para la eficacia de estos fármacos; es decir, la producción de óxido nítrico gracias al estímulo sexual, sin el cual no tienen efecto.

Sildenafilo se presenta en comprimidos de 25, 50 y 100 mg; vardenafilo y tadalafilo, en comprimidos de 10 y 20 mg.
La administración de los tres es a demanda y existen diferencias en su perfil farmacocinético. Sildenafilo y vardenafilo alcanzan sus concentraciones máximas en plasma aproximadamente a la hora de su administración y tadalafilo, a las dos horas. La vida media de sildenafilo y vardenafilo es alrededor de cuatro horas, frente a una vida media de 17,5 horas del tadalafilo. El alcohol y los alimentos influyen disminuyendo la absorción de sildenafilo y vardenafilo, no en la de tadalafilo.
Los tres han demostrado ser eficaces en lograr una mejoría de la función eréctil, en múltiples estudios donde se analiza la eficacia de cada fármaco comparado con placebo, tanto en población general como en subpoblaciones de diabéticos, operados de próstata, enfermos medulares (sildenafilo), etc. Los rangos de eficacia expresados como porcentaje de coitos exitosos (erección tras la toma de fármaco que permite una relación sexual que incluya penetración y eyaculación) en población general oscilan entre un 60-72 por ciento comparado con un resultado con placebo de 16-23 por ciento. Los estudios realizados en diabéticos y sobre todo en intervenidos de próstata revelan eficacias más bajas.

La diferencia obtenida en los estudios en cuanto a la eficacia de los tres fármacos por separado no concluye en diferencias clínicamente relevantes. No existen hasta el momento estudios comparativos de eficacia entre estos fármacos.
Los tres son muy bien tolerados y presentan efectos adversos de carácter leve. Los más frecuentes, según los ensayos clínicos, son la cefalea (16 por ciento), el rubor facial (diez), dispepsia (siete), congestión nasal (cuatro), alteraciones visuales leves y transitorias (tres), que en el caso de sildenafilo pueden consistir en discromatopsia verde/azul, mayor percepción de la luz o visión borrosa y dolor de espalda lumbar descrito en el caso de tadalafilo (2,8 por ciento).

Ante un paciente con DE tras una completa historia médico sexual, habiendo valorado que no es un caso susceptible de ser derivado a especializada (casos referidos anteriormente), tras realizar una valoración cardiovascular sobre la existencia o ausencia de riesgo de la actividad sexual para el paciente y contemplando sus expectativas y preferencias de tratamiento, iniciaremos el mismo con sildenafilo 50 mg, o vardenafilo 10 mg o tadalafilo 10 mg en dos intentos. Si el paciente refiere éxito terapéutico seguiremos con estas dosis; si no, subiremos a dosis máxima de cada uno (100 mg, 20 mg y 20 mg, respectivamente). Si el tratamiento es eficaz lo mantendremos a demanda del paciente, sin sobrepasar una dosis diaria y si no, plantearemos otras opciones.

En diabéticos o pacientes con cirugía radical prostática se comenzará directamente con la dosis máxima y en estos últimos no será prudente comenzar el tratamiento para la DE hasta que haya transcurrido un año de la cirugía, porque la irritación de las fibras nerviosas producida por la cirugía puede hacer ineficaz el tratamiento con los inhibidores de la fosfodiesterasa durante ese período.

Los inhibidores de la 5 fosfodiesterasa y los nitratos (y otros donadores de óxido nítrico) por activación todos de la vía del GMP-c si se administran de forma simultánea pueden inducir una vasodilatación que produciría una intensa hipotensión.

Por esta razón, la toma de nitratos (permanente o intermitente) contraindica de forma absoluta la toma de estos fármacos. Tampoco deben emplearse en pacientes con insuficiencia hepática severa, o en el caso de sildenafilo en pacientes con retinitis pigmentaria (por inhibir también la 6 fosfodiesterasa, que se encuentra en la retina).

No existe riesgo cardiovascular asociado a los inhibidores de la 5 fosfodiesterasa; no obstante, están contraindicados en pacientes en los que se desaconseja la actividad sexual por angor inestable, insuficiencia cardiaca grave o infarto reciente. En pacientes con tratamiento con inhibidores de las proteasas, debe darse la dosis mínima y con un intervalo de 48 h entre cada dosis (ver algoritmo diagnóstico-terapéutico).

Paciente cardiovascular

La toma de nitratos, la medicación cardiovascular concomitante y la valoración del riesgo cardiovascular que entraña la relación sexual son aspectos que trataremos a continuación.

Ante un tratamiento con nitratos se debería sugerir al paciente una alternativa de tratamiento para su disfunción sexual diferente a estos fármacos orales; también se podría valorar por el cardiólogo la estricta necesidad del tratamiento con nitratos y no otras alternativas terapéuticas. Los expertos del Colegio Americano de Cardiología sugieren que se puede administrar nitratos tras 24 horas de la toma de un inhibidor de 5 fosfodiesterasa (importante en el caso de necesidad de este tratamiento de forma urgente), y que estos fármacos para el tratamiento de la DE se podrían prescribir tras una semana de la supresión de nitratos de larga duración, tan pronto como el estado del paciente esté estable y controlado.

También se debería avisar al paciente de que no tenga nitratos en su casa por el riesgo de una toma por error.

Existen muchos estudios controlados en los que se demuestra que la asociación de los inhibidores de la 5 fosfodiesterasa con hipotensores (betabloqueantes, diuréticos, antagonistas del calcio, alfa-antagonistas, IECA, ARAII, etc.) no producen cambios en las cifras tensionales que supongan riesgo para la salud del paciente.

La disfunción eréctil y la enfermedad cardiovascular tienen en común los mismos factores de riesgo y con frecuencia coexisten en el paciente. La DE en pacientes por otro lado asintomáticos puede ser un marcador de enfermedad coronaria oculta y de arteriopatía periférica. No existe evidencia en los estudios de que estos inhibidores de la fosfodiesterasa 5 añadan riesgo cardiovascular en pacientes con o sin enfermedad cardiovascular. La mayoría de los pacientes con riesgo cardiovascular bajo o moderado (según el Consenso de Princeton) pueden ser tratados por el médico de familia. El tratamiento para los pacientes de alto riesgo debería ser iniciado tras la valoración del estado cardiovascular por el cardiólogo y si éste considera la situación del paciente como estable para el mantenimiento de la actividad sexual.

La actividad sexual supone una demanda energética de oxígeno para el corazón de 2-3 METs, comparable a la requerida en otro tipo de ejercicio físico, como cargar pesos, caminar 1,8 km. con desnivel en 20 minutos, jugar al golf, etc. Existe un pequeño riesgo cardiovascular asociado a la actividad sexual (y a estos otros ejercicios), que no aumenta significativamente en pacientes con historia de enfermedad cardiovascular estable. El riesgo basal de sufrir un infarto agudo de miocardio (IAM) durante la vida normal diaria es extremadamente bajo, alrededor de un caso por millón a la hora; en el caso de pacientes con enfermedad previa cardiovascular sería de diez casos por millón y hora. Se ha calculado que el riesgo relativo de que suceda un IAM en las dos horas siguientes a una actividad sexual se incrementa en 2,5 veces el basal en pacientes no cardiovasculares y en tres veces en pacientes con enfermedad cardiovascular previa.

Como conclusión: los pacientes con características para ser incluidos en la categoría de bajo o intermedio riesgo deberían ser tratados de su disfunción eréctil sin la necesidad de estudios adicionales ni de ser referidos al cardiólogo. Por el contrario, en el otro lado del espectro, aquellos por cuyas características se encuentren dentro del grupo de alto riesgo deberían en primer lugar ser referidos al cardiólogo. El manejo de la DE en pacientes cardiovasculares debería ser secundario a la estabilización de la enfermedad cardiovascular y a la optimización de los síntomas cardiovasculares con los tratamientos destinados para ello.

Agonistas dopaminérgicos: clorhidrato de apomorfina

La apomorfina es un agonista dopaminérgico (D1;D2) que actúa a nivel central en la vía del óxido nítrico. Su administración es sublingual, colocándose debajo de la lengua se disuelve en 7-8 minutos (hay que beber agua para humedecer la mucosa oral) y a los 20 minutos puede tener eficacia. Por su mecanismo de acción también necesita estímulo sexual para actuar. No interacciona con alcohol y alimentos, aunque la ingesta excesiva de alcohol puede provocar hipotensión.

Se comercializó en el 2001, en dosis de 2 y 3 mg. En los ensayos clínicos realizados para valorar su eficacia frente a placebo se obtienen eficacias expresadas en porcentaje de coitos exitosos de 48 por ciento frente a 34 por ciento con placebo con las dosis de 3 y 4 mg (la dosis de 2 mg tiene muy baja eficacia) en pacientes con DE de cualquier causa. Los efectos secundarios más frecuentes son náuseas (siete por ciento), bostezos (ocho por ciento) y mareos (6,5 por ciento).

Con la dosis de 4 mg es algo más eficaz (52 por ciento), pero aumenta la frecuencia de efectos secundarios.

Está contraindicada su administración en los pacientes en los que se desaconseje la actividad sexual (Consenso Princeton) y en aquellos con alergia o intolerancia al fármaco. No existe contraindicación absoluta en el caso de la toma de nitratos, pero se debe dar con precaución a estos pacientes, por la posible hipotensión. Se debería comenzar con la dosis de 2 mg e ir subiendo si no funciona a 3 mg. Hay estudios que sugieren mantenerlo por lo menos en seis intentos antes de retirarlo si no es eficaz. La eficacia no es alta, sobre todo comparada con los inhibidores de fosfodiesterasa, pero podría tener su campo de actuación en pacientes jóvenes con disfuncion leve-moderada, de corta evolución, de origen preferentemente psicógeno, o cuando el paciente toma nitratos.

Otros tratamientos orales

Ninguno de los siguientes tratamientos ha demostrado su eficacia en ensayos controlados con placebo, pero se describen porque alguno de ellos se utilizaba con anterioridad para el tratamiento de la DE y con el fin de aclarar dudas.

o Clorhidrato de yombina: es un antagonista alfa adrenérgico con efecto central y periférico y como tal produce vasodilatación y aumento de flujo vascular. En DE de origen orgánico no es eficaz y en el resto su uso es cuestionable. Los efectos secundarios más frecuentes son palpitaciones, aumento de la tensión arterial, temblores y náusea.
o Ginseng rojo: puede mejorar la disfunción endotelial en HTA con DE incrementando la producción de óxido nítrico, pero se necesitan estudios serios para corroborar estos datos; por lo tanto, no hay que aconsejarlo.
o Pentoxifilina: es un vasodilatador periférico utilizado en la arteriopatía periférica. En una serie de pacientes con arteriopatía y DE, utilizando el eco-dopler se observaba indicios de mejoría de DE de origen arterial, aunque estos datos necesitan ser corroborados con estudios que aporten más evidencia.

Aparatos de vacío y anillos
El sistema de vacío produce erecciones atrayendo el flujo de sangre por el efecto de vacío, y el anillo constrictor que se coloca en la base del pene atrapa el flujo sanguíneo. Es seguro, tiene una eficacia media de un 80 por ciento y en casi todos los casos de DE (en operados de cirugía radical de la próstata tiene una eficacia del 100 por cien y de 80 por ciento en diabéticos). Los anillos no se deben mantener más de 30 minutos, necesita de un adiestramiento previo, es caro, y no permite mucha espontaneidad en la relación sexual, por lo que su uso no está muy extendido en España. Los efectos secundarios más frecuentes son dolor peneano, equimosis y eyaculación retrógrada (Figura 5).


Tratamiento sintomático de segunda línea

Los tratamientos inyectables, intrauretrales o tópicos constituyen la segunda línea de tratamiento de la disfución eréctil, y están indicados cuando ha habido fallo, respuesta insuficiente o efectos adversos con las alternativas de primera línea o cuando el paciente expresa su preferencia por estos tratamientos. Consisten en la aplicación intracavernosa o intrauretral de alprostadil (PDE1).

Inyecciones intracavernosas
Se han asociado con una eficacia variable según las poblaciones, con altas tasas de abandonos, pero pueden ser una alternativa terapéutica muy eficaz para algunos pacientes con una adecuada información e instrucciones para su correcto uso. El alprostadil (PGE) produce un aumento de AMP-c que conduce a la rigidez peneana sin la necesidad de estímulo sexual. La eficacia es alrededor del 70-80 por ciento en la DE de origen orgánico. Las complicaciones más frecuentes son dolor, erección prolongada y fibrosis. Tiene una tasa de abandonos del 41-46 por ciento.

Están contraindicadas en varones con hipersensibilidad al alprostadil, en enfermedades en las que aumenta el riesgo de priapismo (estados de hipercoagulabilidad, drepanocitosis) y en pacientes en tratamiento con inhibidores de la monoaminooxidasa. No se debe administrar más de 60 microgramos (la mayoría responde a dosis inferiores a 20 microgramos), ni superar la dosis diaria ni más de tres dosis semanales.

Tratamiento intrauretral
No está comercializado en España. El alprostadil se administra intrauretralmente con la forma de un microsupositorio. La eficacia, de un 35-50 por ciento, es menor que con las inyecciones. Los efectos secundarios más frecuentes son dolor, escozor uretral y molestias inespecíficas vaginales en la pareja sexual.

Tratamientos tópicos
Gel tópico de alprostadil, nitratos tópicos, sildenafilo tópico y minoxidil tópico están actualmente en fase de experimentación.

TRATAMIENTO SINTOMÁTICO
DE TERCERA LÍNEA

La tercera línea la constituyen los procedimientos quirúrgicos y la prótesis de pene. El implante de prótesis de pene debe considerarse como la última opción terapéutica en un paciente con DE. Es una opción eficaz cuando han fallado las opciones previas (tratamientos de primera y de segunda línea); debe evaluarse correctamente al paciente y explicarle el procedimiento. A pesar de requerir cirugía, los pacientes operados expresan una satisfacción del 80-90 por ciento. Las prótesis hidráulicas son las mejores pero también las más caras (Figura 6).

Las cirugías indicadas en casos de reconstrucción anatómica (enfermedad de Peyronie, traumatismos peneanos, vasculares) son otros procedimientos considerados en este apartado.


CUARTO PASO: SEGUIMIENTO ACTIVO
Y REEVALUACIÓN

El abordaje de la DE debe incluir un programa de visitas sucesivas y control del paciente (y a poder ser, la pareja). Existen muchos estudios que reflejan la alta tasa de abandonos de estos tratamientos y también el aumento de eficacia de los mismos si existe un seguimiento por parte del médico.

Los pacientes pueden necesitar consejo para valorar de qué forma el tratamiento de otras patologías concomitantes puede influir en su DE.

El seguimiento permite realizar también un control de los factores cardiovasculares.


Aspectos a valorar
en el seguimiento

o Aspectos de comunicación-educación: El paciente y su pareja pueden tener dudas de como emplear el tratamiento, surgidas después de haber probado éste; la pareja puede manifestar problema de disfunción sexual; información sobre nuevas alternativas terapéuticas, etc.
o Medicación-ajuste de dosis.
o Las visitas de seguimiento también servirán para ajustar y modificar dosis, para sustituir por otra alternativa terapéutica si la anterior no ha sido eficaz o dar opciones al paciente que desea reevaluar su preferencia de tratamiento. Se puede orientar al paciente de como utilizar bien el tratamiento, valorar la eficacia de los mismos, efectos secundarios, etc. Si toda esta información de da en la primera y única visita es muy probable, al igual que pasa con tratamientos para otras patologías, que el paciente tenga muchas dudas y no haya entendido todo correctamente.
o Reevaluación de salud general y psicosocial: Los pacientes pueden experimentar cambios en su salud general y en sus circunstancias psicosociales. Los cambios de medicación deberían ser evaluados, así como los potenciales nuevos riesgos para la actividad sexual, los hábitos (tabaco, alcohol), etc. (Figura 7).










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