FORMACIÓN ACREDITADA

 

 



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Solicitada acreditación

PATROCINADO POR
FERRER INTERNACIONAL

Programa de Formación Continuada Acreditada para médicos de Atención Primaria desarrollado para la Revista EL MEDICO y EL MEDICO INTERACTIVO, diario electrónico de la sanidad

Elaborado en colaboración con la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria

 


EL MÉDICO DE FAMILIA Y EL ADOLESCENTE
La entrevista clínica

Mejora
de la accesibilidad

Durante los últimos años parece existir un aumento de la complejidad de los problemas de salud de los jóvenes. No es extraño que aparezcan en prensa titulares sobre enfermedades propias de estas edades, o bien, el aumento de prevalencia de factores y conductas de riesgo.

A menudo los adolescentes tienen dificultades para acceder a los servicios sanitarios.

Mientras que aumenta la sensibilización de los profesionales a las problemáticas de los jóvenes, nuestros sistemas organizativos no han facilitado el acceso de éstos a los servicios de promoción de la salud y en concreto a los centros de Atención Primaria.

Analizaremos algunas de las barreras que los adolescentes o jóvenes pueden encontrar en un centro de Atención Primaria. Sólo intentamos remarcar las dificultades de accesibilidad de los centros, que por las características propias de los jóvenes, son vividas de una forma peculiar. No intentamos criticar las diferentes organizaciones necesarias para el funcionamiento de los equipos, sólo queremos reflexionar sobre las dificultades que estas organizaciones pueden representar en la accesibilidad de los jóvenes a los sistemas sanitarios:

– Teléfonos que comunican y que obligan al joven a llamar más de una vez para poder citarse.

– Dificultad en adaptarse a los horarios de visita de su médico. Han de compaginar estas visitas con su horario de estudios y/o trabajo.

– Listas de espera para poder visitarse con su médico de cabecera.

– Colas para pedir información en la unidad de atención al usuario, debido a que ésta se encarga de infinidad de gestiones administrativas complejas: recetas de crónicos, citas de especialistas…

– Las salas de espera se han de compartir o con niños pequeños (en pediatría) o bien con ancianos (en Medicina de familia). Estas salas, según el momento del día, pueden estar llenas de pacientes, algunos de ellos conocidos de sus familias.

– Retraso de los profesionales en atender a los pacientes citados, que puede llevar a largas esperas.

– Miedo a que el profesional que atiende al joven explique a sus padres el motivo de consulta.

– Profesionales sanitarios más próximos a sus padres que a ellos.

La mayoría de los jóvenes no conocen a su médico de familia. La demanda de visita del joven, extrañamente puede esperar: por las características de las patologías (se trata de cuadros de vías respiratorias altas o traumatismos leves) y las características propias de los jóvenes, precisan ser atendidos rápidamente. Esto lleva a que muchos jóvenes utilicen servicios de urgencia para evitar las diferentes barreras que antes enumerábamos.

Hemos de aprovechar cualquier contacto del joven con las consultas de Atención Primaria, sobre todo las primeras visitas, para informarle de cómo utilizar los servicios que le ofrece nuestro centro. Los adolescentes no son usuarios habituales de los servicios sanitarios, de manera que necesitan ser informados sobre cuestiones que la mayoría de adultos conocen. A continuación, enumeramos algunas propuestas que permiten mejorar estos primeros contactos y la posterior relación con el centro y su médico de referencia:

– Las unidades de atención a los usuarios han de participar de la política de facilitar la accesibilidad y confidencialidad de los jóvenes, ya que son la puerta de entrada de nuestros centros.

– Explicar cómo funciona el centro y presentarnos (no sería la primera vez que un adolescente es visitado por una doctora joven y cree que ha sido visitado por una enfermera). El joven ha de poder identificar a la persona con la que ha hablado, de esta manera podrá volver si tiene alguna duda.

– Si acude de urgencias y no somos su médico de referencia, hay que explicarle quien es y su horario de visitas.

– Han de sentirse acogidos y escuchados: su centro de Atención Primaria es el lugar donde se pueden consultar los problemas y dudas relacionados con la salud.

– Se pueden aprovechar estos contactos para completar la historia clínica y detectar y prevenir riesgos propios de estas edades. Cuando citamos a un joven para que vuelva y para tener más tiempo para visitarlo, siempre corremos el riesgo que precisamente los de mayor problemática sean los que no vuelvan a estas visitas.

– Los equipos habrían de realizar

actividades comunitarias orientadas a darse a conocer y colaborar con los centros de la zona. Esto es más complejo de realizar en grandes ciudades, pero en el ámbito rural es altamente gratificante para los profesionales.

Pese a todas estas barreras y posibles dificultades, la realidad es que una vez en la consulta lo que valora el joven es cómo el médico que tiene delante habla con él y lo trata.

Desde algunos medios especializados en Medicina del adolescente, se defiende la existencia de consultas especializadas para atender a este grupo de edad. Desde la Medicina de familia, consideramos que hemos de defender una atención al joven desde la consulta de Atención Primaria: son individuos sanos que no necesitan un especialista. Si algo tenemos los médicos de cabecera es que representamos la puerta de acceso al sistema sanitario: nuestro trabajo se basa en la longitudinalidad de la atención y la accesibilidad. Estos han de ser dos pilares sobre los que basar la atención al adolescente.





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