EL MÉDICO DE FAMILIA Y EL ADOLESCENTE
La entrevista clínica
Mejora
de la accesibilidad
Durante los últimos años parece
existir un aumento de la complejidad de los problemas de salud
de los jóvenes. No es extraño que aparezcan en prensa
titulares sobre enfermedades propias de estas edades, o bien,
el aumento de prevalencia de factores y conductas de riesgo.
A menudo los adolescentes tienen dificultades para acceder a los
servicios sanitarios.
Mientras que aumenta la sensibilización de los profesionales
a las problemáticas de los jóvenes, nuestros sistemas
organizativos no han facilitado el acceso de éstos a los
servicios de promoción de la salud y en concreto a los
centros de Atención Primaria.
Analizaremos algunas de las barreras que los adolescentes o jóvenes
pueden encontrar en un centro de Atención Primaria. Sólo
intentamos remarcar las dificultades de accesibilidad de los centros,
que por las características propias de los jóvenes,
son vividas de una forma peculiar. No intentamos criticar las
diferentes organizaciones necesarias para el funcionamiento de
los equipos, sólo queremos reflexionar sobre las dificultades
que estas organizaciones pueden representar en la accesibilidad
de los jóvenes a los sistemas sanitarios:
– Teléfonos que comunican y que obligan al joven
a llamar más de una vez para poder citarse.
– Dificultad en adaptarse a los horarios de visita de su
médico. Han de compaginar estas visitas con su horario
de estudios y/o trabajo.
– Listas de espera para poder visitarse con su médico
de cabecera.
– Colas para pedir información en la unidad de atención
al usuario, debido a que ésta se encarga de infinidad de
gestiones administrativas complejas: recetas de crónicos,
citas de especialistas…
– Las salas de espera se han de compartir o con niños
pequeños (en pediatría) o bien con ancianos (en
Medicina de familia). Estas salas, según el momento del
día, pueden estar llenas de pacientes, algunos de ellos
conocidos de sus familias.
– Retraso de los profesionales en atender a los pacientes
citados, que puede llevar a largas esperas.
– Miedo a que el profesional que atiende al joven explique
a sus padres el motivo de consulta.
– Profesionales sanitarios más próximos a
sus padres que a ellos.
La mayoría de los jóvenes no conocen a su médico
de familia. La demanda de visita del joven, extrañamente
puede esperar: por las características de las patologías
(se trata de cuadros de vías respiratorias altas o traumatismos
leves) y las características propias de los jóvenes,
precisan ser atendidos rápidamente. Esto lleva a que muchos
jóvenes utilicen servicios de urgencia para evitar las
diferentes barreras que antes enumerábamos.
Hemos de aprovechar cualquier contacto del joven con las consultas
de Atención Primaria, sobre todo las primeras visitas,
para informarle de cómo utilizar los servicios que le ofrece
nuestro centro. Los adolescentes no son usuarios habituales de
los servicios sanitarios, de manera que necesitan ser informados
sobre cuestiones que la mayoría de adultos conocen. A continuación,
enumeramos algunas propuestas que permiten mejorar estos primeros
contactos y la posterior relación con el centro y su médico
de referencia:
– Las unidades de atención a los usuarios han de
participar de la política de facilitar la accesibilidad
y confidencialidad de los jóvenes, ya que son la puerta
de entrada de nuestros centros.
– Explicar cómo funciona el centro y presentarnos
(no sería la primera vez que un adolescente es visitado
por una doctora joven y cree que ha sido visitado por una enfermera).
El joven ha de poder identificar a la persona con la que ha hablado,
de esta manera podrá volver si tiene alguna duda.
– Si acude de urgencias y no somos su médico de referencia,
hay que explicarle quien es y su horario de visitas.
– Han de sentirse acogidos y escuchados: su centro de Atención
Primaria es el lugar donde se pueden consultar los problemas y
dudas relacionados con la salud.
– Se pueden aprovechar estos contactos
para completar la historia clínica y detectar y prevenir
riesgos propios de estas edades. Cuando citamos a un joven para
que vuelva y para tener más tiempo para visitarlo, siempre
corremos el riesgo que precisamente los de mayor problemática
sean los que no vuelvan a estas visitas.
– Los equipos habrían de realizar
actividades comunitarias orientadas a darse a conocer y colaborar
con los centros de la zona. Esto es más complejo de realizar
en grandes ciudades, pero en el ámbito rural es altamente
gratificante para los profesionales.
Pese a todas estas barreras y posibles dificultades, la realidad
es que una vez en la consulta lo que valora el joven es cómo
el médico que tiene delante habla con él y lo trata.
Desde algunos medios especializados en Medicina del adolescente,
se defiende la existencia de consultas especializadas para atender
a este grupo de edad. Desde la Medicina de familia, consideramos
que hemos de defender una atención al joven desde la consulta
de Atención Primaria: son individuos sanos que no necesitan
un especialista. Si algo tenemos los médicos de cabecera
es que representamos la puerta de acceso al sistema sanitario:
nuestro trabajo se basa en la longitudinalidad de la atención
y la accesibilidad. Estos han de ser dos pilares sobre los que
basar la atención al adolescente.
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