Trastornos respiratorios agudos y crónicos:
Manejo de situaciones urgentes en patología respiratoria

 

REVISIÓN TEóRICA


Disnea aguda

Introducción

Es uno de los síntomas más frecuentes por los que el paciente demanda atención urgente al médico de Atención Primaria, y muchas veces requiere la asistencia en el propio domicilio.

Definición
Disnea es la sensación consciente y subjetiva de dificultad respiratoria. Se considera patológica cuando aparece en reposo o tras un grado de actividad que no debiera producirla. Su intensidad es variable y depende de la sensibilidad del paciente. Se considera "disnea aguda" aquella de menos de una semana de evolución. La cuantificación de la disnea se basará en la cantidad de ejercicio físico necesario para producirla.

Etiología
Las tres causas de disnea más prevalentes son la insuficiencia cardiaca, los problemas respiratorios y la ansiedad. Pero pueden ser múltiples (Tabla 1).


Diagnóstico

Anamnesis
Aunque a veces la situación es tan urgente (Tabla 2) que requiere de medidas diagnósticas y terapéuticas inmediatas, si es posible se realizará una anamnesis que incluya:

- Momento de inicio, intensidad y duración.
- Posible causa, tipo de actividad o postura que la desencadena.
- Otros síntomas acompañantes: tos, expectoración, dolor torácico.
- Antecedentes de alergias, uso de fármacos, tabaquismo o profesión.

Exploración física
Siempre debe determinarse en primer lugar:
- Grado de disnea.
- Nivel de consciencia.
- Frecuencia respiratoria y cardiaca.
- Presencia de cianosis, sudoración, pulso paradójico, uso de musculatura accesoria.
- Auscultación pulmonar y cardiaca.
A continuación puede realizarse una orientación diagnóstica basándose en los síntomas y signos que presenta el paciente (Tabla 3).

Pruebas complementarias
Dependerán de la aproximación diagnóstica realizada. Las más importantes, atendiendo a la frecuencia en que se presentan, serán la radiografía de tórax, el electrocardiograma y las pruebas de funcionalismo pulmonar. En otras ocasiones se solicitarán gasometría arterial, gammagrafía pulmonar, hemograma, broncoscopia, TAC,…


Manejo terapéutico

Deben distinguirse dos grupos fundamentales:
o Pacientes con signos de riesgo vital inminente (Tabla 2) que requerirán de una actuación inmediata para estabilizarle en Atención Primaria y un rápido traslado a un hospital. Su manejo se resume en la Figura 1.
o Pacientes sin evidencia de signos de riesgo vital inminente. El tratamiento de estos pacientes se realizará, según la etiología, siempre que sea posible en Atención Primaria y se derivará si cumple alguno de los criterios de derivación hospitalaria.

Criterios de derivación

o Presencia de signos de riesgo vital inminente.
o Entidades que requieren tratamiento específico hospitalario o que conllevan un riesgo añadido: neumotórax, tromboembolismo pulmonar, aspiración de cuerpo extraño, infarto agudo de miocardio o neumonías graves (nosocomiales, aspirativas, pacientes inmunodeprimidos o con empeoramiento en las primeras 48-72 horas).
o Pacientes con factores de alto riesgo asociado que hagan sospechar difícil manejo.
o Imposibilidad de tratamiento ambulatorio o no estar capacitado para su manejo.
o Inadecuada respuesta al tratamiento.


Puntos clave

o Lo más importante ante un paciente con disnea aguda es distinguir si existe riesgo vital o no y actuar en consecuencia.
o Las principales herramientas del médico de familia son la historia clínica (que en caso de verdadera urgencia puede ser muy breve) y una buena exploración física para hacer una orientación diagnóstica.
o No pasar por alto la anamnesis. Los acompañantes pueden aportar importante información, como el antecedente de aspiración de un cuerpo extraño, traumatismo torácico..., que puede ir preguntando algún compañero mientras se atiende al paciente si éste requiere actuación urgente.


Dolor torácico agudo

Introducción
Es una de las causas más frecuentes de consulta urgente en todos los centros de Atención Primaria.

Etiología
Puede ser muy diversa (Tabla 4), pero en su abordaje inicial lo primero a descartar deberán ser las causas de origen cardiovascular. Se puede originar por procesos localizados tanto en tórax como en abdomen. Los dermatomas D1 a D6 reciben estímulos de dolor visceral profundo que refieren a las zonas retrosternal, precordial, parte anterior del cuello y cara anteromedial de brazos, antebrazos y manos.


Diagnóstico

Anamnesis
Aspectos importantes a tener en cuenta al realizar la anamnesis de un paciente con dolor torácico son la localización (Figura 2), la intensidad, la irradiación (cuello, mandíbula, brazos, espalda, abdomen), el comienzo gradual o brusco y su patrón temporal, los factores desencadenantes y aliviadores, los antecedentes de enfermedades previas o de episodios similares y otros síntomas que pueden acompañar al cuadro (disnea, sudoración, vómitos, dispepsia, síncope, cefalea, tos, fiebre, cefalea).

Exploración física
Los signos exploratorios más importantes y las técnicas que los revelan son:

o Auscultación cardiaca: auscultación normal o con soplo sistólico y/o con cuarto tono en el infarto agudo de miocardio (IAM); roce pericárdico en la pericarditis; soplo diastólico en la disección de aorta.
o Auscultación pulmonar: disminución del murmullo vesicular en el neumotórax y en la neumonía; soplo tubárico en la neumonía; estertores crepitantes en la neumonía y en la insuficiencia cardiaca asociada a dolor de causa cardiaca.
o Palpación de pulsos centrales y periféricos y medida de tensión arterial en los cuatro miembros: útil cuando se sospeche disección aórtica.
o Fiebre: en neumonía y en pericarditis.
o Piel: lesiones eritematovesiculosas en el herpes zoster.
o Miembros inferiores: signos de trombosis venosa o de insuficiencia venosa en la embolia pulmonar.
o Abdomen: dolor en determinadas zonas, según el origen.

Pruebas complementarias
La exploración complementaria básica en nuestro ámbito es el electrocardiograma (ECG). Fácilmente accesibles son la radiografía de tórax y el análisis de sangre elemental. En la Tabla 5 se presentan otras técnicas disponibles y las situaciones en que pueden ser útiles.

El ECG es fundamental cuando el cuadro presenta un perfil isquémico. Si se dispone de radiografía de tórax se puede establecer el diagnóstico de una neumonía, de un neumotórax, de una fractura costal (radiografía de parrilla costal) o de un neumoperitoneo (tórax en bipedestación), signo este último que indicaría perforación de víscera hueca y necesidad urgente de valoración en cirugía.
Manejo terapéutico

En todo paciente que consulta por dolor torácico agudo se debe reunir la información suministrada por la anamnesis, la exploración física, el ECG y, si está disponible, la radiografía de tórax. Con estos datos puede orientarse el diagnóstico hacia alguno de los grupos de entidades antes señalados y decidir la actitud más adecuada.

Un paciente en el que se sospecha dolor de origen isquémico debe ser derivado al hospital para valorar lo antes posible la necesidad de procedimientos como el tratamiento trombolítico o la angioplastia. Esta derivación se realizará, a ser posible, en UVI móvil, siempre que la disponibilidad de ésta no retrase la llegada al hospital. Mientras el paciente es preparado para el traslado al hospital, en el centro de salud se pueden tomar las siguientes medidas:

o Preparación del desfibrilador por si fuese necesario: la mayor parte de muertes extrahospitalarias por IAM se deben a fibrilación ventricular.
o Administración de 160 a 325 mg orales de ácido acetil salicílico.
o Administración de nitroglicerina sublingual: se pueden dar hasta tres dosis de 0,4 mg en intervalos de 5 minutos. No utilizar si la presión arterial sistólica es menor de 100 mmHg o cuando el IAM es de ventrículo derecho (inferior).
o Administración de morfina: 2 a 4 mg intravenosos cada 5 minutos hasta aliviar el dolor. Si se produce hipotensión asociada a su empleo, se debe elevar los miembros inferiores y administrar suero salino. Si bradicardia o bloqueo cardiaco asociado a su empleo (sobre todo en IAM posteroinferior) se administran 0,5 mg intravenosos de atropina.
o Oxígeno: sólo si se sospecha hipoxemia.

Si el dolor sugiere origen pleuropericárdico, la derivación o no al hospital dependerá de la gravedad del cuadro. Una neumonía o una pericarditis pueden cursar sin criterios de gravedad y ser atendidas sin problemas a nivel ambulatorio o pueden requerir ingreso hospitalario.

La sospecha de tromboembolismo pulmonar o de disección aórtica requiere la derivación al hospital para la confirmación diagnóstica y el tratamiento.

El reflujo gastroesofágico y el espasmo esofágico pueden ser tratados a nivel ambulatorio.

Un dolor torácico con hematemesis requerirá la realización de una gastroscopia urgente para descartar síndrome de Mallory-Weiss, ulcus péptico u otras causas menos frecuentes de sangrado digestivo alto.
La costocondritis y el herpes zóster torácico no suelen presentar dificultades para su diagnóstico clínico y son fácilmente abordables a nivel ambulatorio.

Los trastornos de ansiedad que producen dolor torácico se diagnostican y tratan habitualmente en Atención Primaria, especialmente si el ECG en el episodio de dolor es normal y el paciente es conocido por el médico.


Puntos clave

o Un ECG normal o sin cambios respecto a otros previos no descarta la causa isquémica. Nunca se debe retrasar el traslado al hospital de un paciente en el que se sospeche una causa isquémica de dolor torácico.
o Los antecedentes personales y los factores de riesgo previos son datos orientativos muy útiles en el diagnóstico del dolor torácico agudo, pero deben unirse al resto de la información clínica (anamnesis precisa y exploraciones complementarias) y no precipitar el diagnóstico.
o Los cambios electrocardiográficos agudos son muy útiles para el diagnóstico de causas cardiacas de dolor torácico agudo. Por tanto, en todo paciente con factores de riesgo cardiovascular es fundamental disponer de un ECG basal con el que poder comparar.


Crisis de asma

Introducción

El asma se caracteriza por ser una enfermedad crónica de tipo inflamatorio, que afecta a las vías aéreas de individuos susceptibles de manera que se estrechan fácilmente en respuesta a gran variedad de estímulos (hiperreactividad bronquial), produciendo obstrucción bronquial, generalmente reversible y de intensidad variable, que puede causar tos, disnea, sibilancias y presión en el pecho.
Las crisis asmáticas deben ser atendidas con rapidez; nunca debe subestimarse la gravedad de una agudización de la enfermedad.

Definición
Las crisis de asma son episodios agudos o subagudos de aparición o de empeoramiento de los síntomas mencionados, que se acompañan habitualmente de un deterioro de la función pulmonar. Su gravedad es variable, desde agudizaciones muy leves que interfieren poco en la actividad cotidiana hasta crisis que ponen en peligro la vida del paciente. Las exacerbaciones suelen instaurarse en días, horas y, ocasionalmente, pueden desarrollarse con gran rapidez (nivel de evidencia 2 ++).

La morbimortalidad de las crisis de asma se asocia en gran medida a la infravaloración de su gravedad y/o a una inadecuada actuación inicial al realizar un tratamiento poco enérgico o incorrecto (nivel de evidencia 2 ++).

Etiología
Las causas más importantes son las reflejadas en la Tabla 6. Es importante recordar, por su frecuencia y gravedad, que fármacos como los b2 bloqueantes, los antiinflamatorios no esteroideos o algunos antibióticos pueden desencadenar crisis de asma.


Diagnóstico

Anamnesis
La clínica que refiere el paciente se caracteriza por el empeoramiento de alguno o de todos los síntomas de asma. Cuando un paciente acude a la consulta y se sospecha que puede estar comenzando a sufrir una crisis de asma se debe investigar sobre los siguientes signos y síntomas:

o Tos, especialmente si es nocturna.
o Aumento de la disnea habitual.
o Peor tolerancia al esfuerzo.
o Mayor utilización de medicación de rescate.
o Disminución del FEM.
La anamnesis debe ser rápida, precisa y dirigida a confirmar que el paciente es asmático, a determinar la gravedad, y a averiguar aspectos que se relacionan con mayor riesgo, como son:
o Asma inestable.
o Duración y evolución de la crisis; frecuencia de ellas.
o Uso habitual de corticoides orales y abuso de beta-2 agonistas inhalados.
o Ingresos previos en hospital y UCI por asma.
o Incapacidad del paciente para valorar la gravedad de la crisis.
o Inadecuada infraestructura para el seguimiento ambulatorio de la crisis.
o Paciente que no cumple el tratamiento.
o Nivel psicosocial bajo.

Exploración física
Se dirigirá a evaluar el nivel de conciencia, el grado de agitación, la dificultad para hablar, la auscultación, la frecuencia y dificultad respiratoria, el pulso, la coloración de piel y mucosas. El objetivo de la anamnesis y de la exploración física es reconocer lo antes posible los ataques severos y los que suponen un riesgo para la vida (Tabla 7).

Pruebas complementarias
La medición del FEM mediante el medidor de pico flujo, junto con los criterios clínicos, constituyen los fundamentos para valorar la gravedad de una crisis de asma (nivel de evidencia 2+).

En caso de compromiso vital lo más urgente es la derivación (Figura 3).

La espirometría forzada no es una prueba de urgente realización.

La pulsioximetría permite una monitorización continua del paciente.

La radiografía de tórax se realizará ante posibles complicaciones (sospecha de neumomediastino, neumotórax, infiltrado), o de una mala respuesta al tratamiento correctamente administrado; su realización inicial no aporta ningún criterio que varíe la actuación inmediata para resolver la agudización.


Manejo terapéutico

El manejo de las crisis asmáticas se basa fundamentalmente en una valoración adecuada de la gravedad y en el empleo de b2-agonistas de acción rápida (Figura 3) (nivel de evidencia 1++, grado de recomendación A).

Si el paciente presenta signos de riesgo de parada respiratoria (Tabla 7) se pedirá una UCI móvil para traslado urgente al hospital y se administrarán oxígeno, b2-adrenérgicos inhalados y corticoides parenterales hasta la llegada de la misma.

Cuando el paciente se presenta clínicamente estable, se comenzará valorando su situación mediante la determinación del FEM. Si es >70 por ciento y los demás datos clínicos también apuntan hacia la consideración de tratarse de una crisis leve se administrarán 4-6 inhalaciones en cámara espaciadora de un b2-adrenérgico de corta duración y se hará una nueva valoración clínica y funcional pasados 20 ó 30 minutos. Si el FEM sigue siendo >70 por ciento se dará el alta al paciente con un tratamiento con b2-adrenérgicos inhalados a demanda y corticoides inhalados, se indicará al paciente que realice mediciones seriadas del FEM en domicilio y se le citará para una nueva valoración unos días después. Este tipo de intervención educativa, reduce la morbilidad de la crisis y las tasas de fracaso del tratamiento (nivel de evidencia 1++).

Si el FEM a la llegada del paciente o durante la evolución de la crisis se encuentra entre el 50 y el 70 por ciento, se administrarán 4-6 inhalaciones de un b2-adrenérgico de corta duración en cámara y alrededor de 1 mg/Kg de peso de prednisona o dosis equivalente de otro corticoide por vía oral, realizándose una nueva valoración 20 a 30 minutos después. Si al cabo de este tiempo el FEM fuese >70 por ciento, se dará el alta al paciente con b2-adrenérgicos inhalados a demanda, dosis alta de corticoides inhalados, una pauta corta de corticoides orales y mediciones seriadas del FEM en domicilio, realizándose una nueva valoración en consulta el día siguiente.

Si el FEM al cabo de los 20 ó 30 minutos continúa por debajo del 70 por ciento, se administrará nuevamente 4-6 inhalaciones en cámara de un b2-adrenérgico de corta duración y se hará una nueva valoración 20 minutos después, tras los cuales, si el FEM ha llegado a superar el 70 por ciento, se dará de alta al paciente como en el caso anterior, y si objetiva cifras inferiores al 70 por ciento, se remitirá el paciente al hospital (nivel de evidencia 2+).

Es muy importante la lectura evolutiva del algoritmo, en la que se valore no sólo las cifras orientativas del FEM, sino su tendencia hacia la mejoría o hacia el empeoramiento, así como la progresión de los síntomas. Esto hace más flexible y más acertada la toma de decisiones, que debe tener en cuenta, además, la experiencia del equipo.

Se debe recordar que los corticoides sistémicos, importantes en las exacerbaciones moderadas o graves, inician su acción 4-6 horas después de administrarlos, aunque mejoran el resultado final de la crisis (evidencia 1++, grado de recomendación A). Son igualmente eficaces administrados tanto en comprimidos como en inyectable (nivel de evidencia 1++, grado de recomendación A). Cuando son necesarios se utilizarán dosis de 1 mg/kg de prednisona ó 0,8 mg/kg de metilprednisolona.

A diferencia de ellos, el efecto terapéutico de los b2-adrenérgicos de corta duración es casi inmediato, lo que les convierte en el tratamiento de elección en las crisis de asma, administrados a través de cámara espaciadora (nivel de evidencia 1++, grado de recomendación A).

Los corticoides inhalados no han demostrado beneficio en el tratamiento inicial de la crisis de asma (nivel de evidencia 1++).

Su combinación con bromuro de ipratropio en nebulización puede producir mayor broncodilatación si la respuesta a b2-adrenérgicos de corta duración sólos es incompleta (nivel de evidencia 1++, grado de recomendación A).

La administración subcutánea de b2-adrenérgicos o la intravenosa de aminofilina no presenta ventajas respecto a la vía inhalada y los efectos secundarios son mayores (nivel de evidencia 1++).

Los nebulizadores pueden ser prácticos en crisis muy severas en las que la inhalación es difícil, y para las agudizaciones en niños menores de dos años. Se debe tener en cuenta que al administrar dosis más elevadas pueden aumentar los efectos secundarios. En las crisis el uso de una cámara de inhalación resulta tan útil como los nebulizadores (nivel de evidencia 1++).

La prescripción rutinaria de antibióticos en las crisis de asma no está indicada (cuando la infección es la causa precipitante de la crisis, suele ser vírica), (nivel de evidencia 1++, grado de recomendación B).

El tratamiento de una crisis de asma no finaliza en el momento del alta. Será necesario adaptar la pauta de tratamiento que el paciente realizaba. Siempre será necesario realizar un control posterior para comprobar la resolución de la agudización y la revisión del tratamiento. Es recomendable aconsejar unas normas generales en el seguimiento del paciente tras una crisis:

o Controlar los síntomas y realizar un registro domiciliario del FEM en los días siguientes al alta.
o Consultar rápidamente si hay un empeoramiento de los síntomas o del FEM.
o Ajustar el tratamiento (con frecuencia es necesario intensificar el tratamiento de fondo o de mantenimiento del asma).
o Aprovechar la ocasión para reforzar la educación sanitaria: evitar el incumplimiento, revisar las normas de evitación de desencadenantes y las técnicas de inhalación y de medida del FEM, enseñar a reconocer nuevas crisis, y elaborar un plan de autocontrol con el paciente y darlo por escrito.


Criterios de derivación

La derivación a un servicio de urgencias hospitalario no debe demorarse cuando aparecen los siguientes criterios:

o Presencia de signos y síntomas de extrema gravedad.
o Instauración o deterioro rápidos de la crisis.
o Falta de respuesta a un tratamiento correcto.
o Sospecha de complicaciones.
o Imposibilidad de seguimiento adecuado.
o Falta de experiencia del equipo
o Saturación de oxígeno inferior a 92 por ciento.
o FEM<33 por ciento del mejor recordado o del teórico 15-30 minutos una vez iniciado el tratamiento de la crisis.


Puntos clave

o Toda crisis asmática es un acontecimiento potencialmente grave que debe ser siempre atendido con rapidez.
o El diagnóstico precoz por el profesional y la correcta educación del paciente asmático y de su familia, que permita reconocer el inicio de una agudización y adoptar las primeras medidas terapéuticas, son la mejor estrategia para la prevención y el tratamiento de las crisis.
o Es necesario reconocer los indicadores precoces de las agudizaciones porque del diagnóstico rápido depende un abordaje precoz, lo que mejora el pronóstico sustancialmente.
o Una mala respuesta inicial al tratamiento o una progresión muy rápida otorgan mayor gravedad a la exacerbación.


Caso clínico

Paciente con disnea y dolor torácico
Varón de 45 años de edad, fumador de 20 cigarrillos al día desde hace 26 años (26 paquetes-año), con antecedente de hipercolesterolemia moderada y transportista de profesión. El padre sufrió un IAM con 52 años de edad.

Cuadro clínico
Un día, mientras trabaja, sufre un episodio agudo de sensación de falta de aire acompañada de opresión torácica. Es llevado a urgencias de un hospital próximo. Tras la valoración apropiada, el paciente es remitido asintomático a su domicilio.

Al día siguiente acude a la consulta de su médico de familia, presentándole el informe de urgencias, en el que destacan los siguientes datos:

o Anamnesis: Disnea y sensación de opresión torácica de dos meses de evolución. Inicio del episodio por el que acude a urgencias mientras descargaba unos paquetes de su furgoneta, con una duración de los síntomas, que el propio paciente calculaba, de unos 15 minutos.
o Analítica general (hemograma y bioquímica elemental): Normal.
o Exploración general: Normal (eupneico).
o Rx de tórax: Normal.
o ECG: Normal.

A la vista de los datos, su médico considera que el paciente puede tener una cardiopatía isquémica, por lo que fue remitido con urgencia al cardiólogo, quien solicitó una ergometría, que se realizó unos días después.

Ante un cuadro que puede responder a varias etiologías es preciso establecer una valoración de probabilidades y, en función de éstas y de la magnitud y necesidad de abordaje rápido, priorizar la lista de procesos a descartar.

La ergometría fue considerada No valorable, por no alcanzarse la frecuencia cardiaca submáxima teórica antes de acabar la prueba, que debió finalizarse por la aparición de síntomas (opresión torácica y disnea), siendo eléctricamente negativa.
A continuación se realizó una prueba de esfuerzo con Talio-201, que fue claramente negativa.

Llegados a este punto, el paciente es enviado por el cardiólogo a su médico de familia para que reoriente el caso.
En primer lugar, el médico de familia reunió todos los datos obtenidos hasta el momento:

o Anamnesis: Disnea y sensación de opresión torácica de dos meses de evolución. Episodio agudo de inicio rápido y autolimitado coincidiendo con esfuerzo laboral.
o Exploración general normal.
o Hemograma y bioquímica elemental, radiografía de tórax, ECG, y prueba de esfuerzo con Talio-201 normales. Ergometría no valorable.

Con todos estos datos parece razonable por tanto, que en el estudio inicial se comenzase por descartar la cardiopatía isquémica. Tras ello, conviene buscar otras causas de disnea aguda (Tabla 1) y de dolor torácico (Tabla 5). El médico decide profundizar más en la anamnesis.

Tras esta primera parte de la anamnesis, el médico de familia intentó encuadrar los síntomas del paciente en alguno de los patrones clínicos más habituales de dolor torácico. Finalmente el médico decidió seguir con la anamnesis, centrándola especialmente en otras causas de disnea diferentes de las de origen cardiovascular.

Tras la anamnesis completa, conoce más datos:

o Episodios agudos de dolor torácico desde hace unos dos meses.
o El más intenso de los episodios es el más reciente
o Episodios recortados, de 10 a 15 minutos de duración del dolor, relacionados siempre con situaciones que han precisado esfuerzo físico.
o La disnea presente en los episodios también es recortada, con una duración algo mayor que la del dolor, pero también de carácter agudo.
o No otros síntomas asociados, salvo disnea y sibilancias.
o Siempre ha trabajado como transportista.
o El paciente no tiene antecedentes familiares ni personales de atopia.
o No presenta otro tipo de antecedentes patológicos.
o No convive con animales.
o Ha cambiado de domicilio y de trabajo hace 6 meses.
o Ha pasado de vivir en el norte de España durante toda su vida, a vivir en los últimos seis meses en Sevilla.

Aunque en la exploración en urgencias no se había encontrado ningún dato destacable y en este momento el paciente estaba asintomático, el médico de familia realizó la exploración física general del paciente. En esta ocasión tampoco se encontró nada de particular, y no consideró necesario repetir ninguna de las pruebas realizadas, puesto que no había aparecido otro nuevo episodio y el paciente seguía asintomático desde el último.

Si bien el paciente no ha manifestado tos, los otros posibles síntomas de asma sí los ha presentado, de forma más o menos evidente, por lo que el médico piensa en la posibilidad de una crisis de asma como causa etiológica.

Para confirmar la sospecha de asma es esencial la realización de una espirometría con prueba broncodilatadora (PBD) (Figura 4). La prueba cutánea del prick test no es esencial pero puede ser útil si sospechamos una sensibilización a algún alérgeno habitual. Las pruebas de provocación bronquial pueden ser útiles en una segunda fase diagnóstica.

La espirometría es normal (FVC y FEV1= al 80 por ciento de su teórico; por cientoFEV1/FVC = al 70 por ciento -87 por ciento-) y la PBD es negativa puesto que la ganancia del FEV1 es menor del 12 por ciento y de 200 ml (6 por ciento y 150 ml). La PBD positiva es muy sugerente de asma cuando la sospecha clínica es alta; la PBD negativa no excluye el asma.
Las pruebas cutáneas fueron positivas para polen de Olea europaea (olivo).

Las pruebas cutáneas positivas indican que el paciente está sensibilizado, en este caso al olivo, no indicando necesariamente que esta sensibilización tenga que tener expresión clínica. En el paciente, hasta el momento al menos, esta sensibilización no le había producido ningún síntoma.

Los tests de provocación bronquial con histamina o con el esfuerzo son muy útiles cuando se pretende el diagnóstico de asma y la espirometría es normal y la PBD negativa, pero son exploraciones que deben realizarse en un laboratorio de pruebas funcionales respiratorias.

En este paciente, ante los datos de la espirometría, el registro domiciliario del FEM (RDFEM) es muy útil para establecer la presencia de variabilidad, que es una de las características funcionales que definen el asma.

El resultado del RDFEM (Figura 5) de este paciente durante dos semanas se aprecia la variabilidad (trazado inferior, eje vertical derecho), que es el porcentaje respecto a la media de la diferencia de las medidas registradas cada día, por la mañana y por la tarde o la noche. Si dicho porcentaje es superior al 20 por ciento, la variabilidad es positiva ese día. La detección de variabilidad positiva una mayoría de días, como en el caso de este paciente, confirma la existencia de asma.

El diagnóstico de asma (Figura 6) en este caso no requiere del uso imprescindible de una prueba de provocación positiva puesto que dicho diagnóstico ya está establecido al haber demostrado la variabilidad. No obstante, dicha prueba serviría para confirmar más sólidamente el diagnóstico.

Durante la evolución del paciente, es probable que presente alguna nueva agudización de los síntomas, en la que se producirá cierto grado de obstrucción, ahora no presente, en el seno de la cual la PBD puede resultar positiva. En el siguiente algoritmo se muestra la forma en que se ha llegado al diagnóstico.
Hemoptisis

Introducción

Este término incluye desde esputos manchados con sangre hasta la hemoptisis masiva.

Definición
La hemoptisis se define como la emisión de sangre por la boca, acompañando a la tos, procedente del árbol traqueobronquial. Según el volumen de sangre emitido se establecen tres categorías:

1. Hemoptisis leve o expectoración hemoptoica. La cantidad de sangre expectorada es menor de 20 ml, y está mezclada con el esputo.
2. Hemoptisis moderada o franca. Cantidad de sangre mayor de 20 ml, pero sin compromiso hemodinámico ni cardiorrespiratorio.
3. Hemoptisis grave, amenazante o masiva. Supone un riesgo para la vida del paciente; depende de la capacidad funcional respiratoria del sujeto y del volumen y velocidad del sangrado, por lo que habitualmente se considera aquella que cumple uno de los siguientes criterios:

o Hemorragia superior a 600 ml. en 24-48 horas.
o Velocidad de sangrado superior a 150 ml por hora.
o Episodio único con más de 200 ml.
o Existe compromiso respiratorio y/o hemodinámico.

Etiología
Las principales causas se describen en la Tabla 8 (las más frecuentes son las infecciones -50-60 por ciento-). El foco más común de sangrado es el árbol tráqueo-bronquial, especialmente por inflamación (bronquitis aguda o crónica, bronquiectasias, tuberculosis) o por una neoplasia pulmonar. En no pocas ocasiones no se consigue el diagnóstico etiológico. Es importante separar las hemoptisis en dos grupos según tengan la radiografía de tórax normal o no, pues cuando existen alteraciones radiológicas las neoplasias son la principal causa; pero, cuando es normal, la más frecuente es la bronquitis crónica.


Diagnóstico

El manejo de la hemoptisis exige una evaluación clínica que incluya la confirmación del sangrado subglótico, la cuantificación de la cantidad emitida, el diagnóstico etiológico, si es posible, y la localización del sangrado, mediante una adecuada historia clínica, una exploración física minuciosa y las adecuadas pruebas complementarias (Figura 7).

Anamnesis
Incluirá antecedentes familiares de hemopatías y antecedentes personales sobre hábitos tóxicos (alcohol, tabaco), enfermedades neumológicas, cardiovasculares, digestivas o hematológicas previas o actuales, traumatismos, práctica de técnicas diagnósticas agresivas, profesión, anticoagulación y episodios previos de hemoptisis. Es importante la situación sanitaria del país de origen del paciente, pues la incidencia, por ejemplo, es mucho mayor en lugares con gran número de población tuberculosa o donde la enfermedad bronquiectásica es más frecuente.

Debe evaluarse la historia del problema actual para confirmar que la sangre expectorada no procede de fosas nasales, faringe o laringe superior, ni de tubo digestivo. Es importante estudiar las características de la hemoptisis, como el momento de aparición, el aspecto, la duración, la cuantía, los factores desencadenantes y los síntomas acompañantes (síndrome constitucional, fiebre, dolor torácico, pirosis,…).

Exploración física
En primer lugar se valora el compromiso respiratorio provocado por la cuantía de la hemoptisis mediante la frecuencia respiratoria, la presencia o no de cianosis, o el uso de la musculatura accesoria de la respiración o el tiraje supraclavicular.

La situación hemodinámica se determina mediante la frecuencia cardíaca, la tensión arterial o la perfusión periférica que muestra el paciente. Por inspección pueden verse signos físicos que orientan hacia la posible causa de la hemoptisis. La exploración otorrinolaringológica es imprescindible para descartar puntos de sangrado.

La auscultación pulmonar puede ayudar a determinar la causa: el estridor inspiratorio sugiere obstrucción de la vía aérea extratorácica, zonas de matidez con disminución o ausencia de murmullo hacen pensar en derrame pleural u obstrucción bronquial que produce un colapso pulmonar; sibilancias espiratorias y espiración alargada sugieren obstrucción bronquial funcional; o sibilancias fijas la existencia de una estenosis localizada (por tumor o cuerpo extraño endobronquial).
Exploraciones complementarias

Iniciales
- Análisis de sangre, que incluya hemograma completo, bioquímica con ferritina, CPK, LDH y coagulación.
- Radiografía de tórax. Es la prueba más útil en la toma de decisiones. En el 20-30 por ciento de los casos es normal (falsa hemoptisis, alteración vascular pulmonar, lesiones endobronquiales benignas, alteraciones de la coagulación,…), y cuando es anormal puede ser por algún problema crónico, por lo que debe contrastarse con cambios en la historia clínica o con las propias alteraciones radiológicas previas.
- Electrocardiograma.

Posteriores
- Estudio microbiológico del esputo, si se sospecha tuberculosis.
- Gasometría, ante la sospecha de insuficiencia respiratoria.
- Broncoscopia: Debe practicarse a todos los pacientes en los que no se conoce la etiología de la hemoptisis y en todos los casos de hemoptisis masiva, se conozca o no la causa, pues determina el lugar de la hemorragia y permite la aplicación de medidas terapéuticas locales para detenerla.
- TAC torácico

Actualmente la fibrobroncoscopia y la TAC son las exploraciones complementarias más valiosas en el hospital. Además se complementan en el estudio del paciente con hemoptisis al mejorar la rentabilidad diagnóstica frente a muchas de las posibles causas.


Manejo terapéutico

Debe adaptarse a la gravedad de la hemoptisis.

Generalmente la hemoptisis es escasa, deteniéndose de forma espontánea sin necesidad de tratamiento farmacológico. Se debe recomendar reposo domiciliario y tratamiento postural: decúbito lateral del lado del que se sospecha proviene el sangrado, beber abundante líquido, antitusígenos (10 mg/8 h de codeína), así como el tratamiento de la enfermedad causal. No es preciso trasladar al paciente al servicio de urgencia.

Cuando la hemoptisis es franca, es fundamental tranquilizar al paciente, y cuando es amenazante, mantener la vía aérea permeable. En ambas situaciones se precisa atención hospitalaria urgente, donde se realizarán las medidas de soporte oportunas (reposo absoluto en cama, suero salino, tratamiento postural, dieta absoluta, oxígeno, codeina, ansiolíticos si el enfermo está muy inquieto y la hemoptisis es muy importante). En el hospital se realizará tratamiento endoscópico de la hemoptisis masiva mediante fibrobroncoscopia rígida bajo anestesia local.

Criterios de derivación

La derivación depende, como se ha mencionado, de la cuantía y velocidad de la hemorragia, de la causa desencadenante y de la situación cardiorrespiratoria del paciente. Cuando el sangrado es importante (hemoptisis franca o amenazante), se debe trasladar el paciente al hospital lo antes posible. También debe derivarse a neumología al paciente con hemoptisis leve cuando, una vez realizadas las exploraciones complementarias, no se alcanza un diagnóstico que explique el sangrado.

Puntos clave

o Los episodios recurrentes de hemoptisis no deben atribuirse a un diagnóstico realizado anteriormente pues puede estar ocasionado por otra causa, en ocasiones grave pero potencialmente tratable.
o Es necesario vigilar las hemorragias de escasa cuantía cuando se acompañan de deterioro de la función pulmonar.
o El tratamiento de la hemoptisis debe ser siempre sintomático y etiológico. No hay que alarmarse, intentando tranquilizar al paciente y asegurando la permeabilidad de la vía aérea en situaciones graves.
o Se debe valorar adecuadamente un esputo manchado con sangre en un paciente no fumador o en un jóven, pues estos también pueden tener un problema grave como causa de hemoptisis.


Neumotórax

Introducción

Definición
El neumotórax (N) se define como la presencia de aire dentro de la cavidad pleural, que pasa de ser virtual a real, despegando ambas superficies serosas (pleura visceral y pleura parietal) y provocando el colapso pulmonar del tejido subyacente, y por tanto, pérdida de volumen pulmonar y disminución de la capacidad ventilatoria.

Etiología
Las causas pueden ser múltiples, y sirven para clasificar los distintos tipos:

- Espontáneo (NE):

o Primario o idiopático: por rotura de bullas apicales del tejido pulmonar. Más frecuente en jóvenes entre 20 y 40 años de edad, varones, altos, delgados y fumadores en la mayoría de los casos. La incidencia es difícil de precisar porque muchos casos son asintomáticos.
o Secundario: existe una base lesional pulmonar previa conocida. Más frecuente en pacientes mayores de 50 años.

- Traumático:

o Heridas abiertas o cerradas: Resulta de una lesión traumática en el tórax, que puede ser penetrante (por herida con arma blanca o arma de fuego), o por un accidente automovilístico.
o Barotraumas: variedad de neumotórax traumático en pacientes con ventilación mecánica relacionado con el uso de volúmenes corrientes elevados.

- Yatrogénico: como complicación de una maniobra instrumental diagnóstica y/o terapéutica.


Diagnóstico

Anamnesis
Los síntomas dependen principalmente del tamaño del neumotórax y de la reserva funcional del paciente y, por tanto, de la presencia o no de enfermedades predisponentes. Debido a que muchos de ellos son de pequeño tamaño y suceden en pacientes sin patología pulmonar previa, pueden no provocar síntomas (5-10 por ciento).

El dolor torácico y la disnea son los síntomas más frecuentes. El dolor es ipsilateral al neumotórax, de comienzo agudo, de tipo pleurítico con sensación de punzada en el costado o en la espalda. A las 48-72 horas el dolor pasa a ser más sordo e incluso puede desaparecer aunque persista el neumotórax. La disnea puede ser de intensidad variable, más acusada cuanto mayor es el neumotórax y menor la reserva funcional, o cuando existan enfermedades pulmonares previas. En algunos casos pueden existir manifestaciones vegetativas u otro tipo de síntomas como tos seca, hemoptisis, síncope y debilidad de miembros superiores.

Exploración física
Disminución o abolición del murmullo vesicular en el hemitórax afectado, percusión timpánica y disminución de las vibraciones vocales. La frecuencia respiratoria suele ser normal, pero puede haber taquipnea. La frecuencia cardiaca y la tensión arterial suelen ser normales.

Pruebas complementarias
El diagnóstico de certeza se establece mediante radiografía posteroanterior de tórax al identificar la línea del margen de la pleura visceral, separada de la pleura parietal, que permanece pegada a la pared torácica, existiendo entre ambas un espacio aéreo hiperclaro sin trama vascular (Figura 8). Así mismo, el tejido pulmonar se observa más denso debido a la disminución de gas en su interior. En caso de duda, se puede realizar radiografía posteroanterior de tórax en espiración forzada.

Existe una situación que por su gravedad exige un diagnóstico y tratamiento inmediatos, el neumotórax a tensión. Se debe sospechar cuando el paciente presenta disnea severa progresiva, taquipnea, cianosis, taquicardia, hipotensión, diaforesis y distensión de las venas del cuello. En la radiografía de tórax se observa desplazamiento de la tráquea y del mediastino contralateralmente, y depresión del hemidiafragma ipsilateral. Se debe a un mecanismo valvular que permite la entrada de aire, pero no la salida del mismo, colapsando progresivamente el pulmón de ese lado, desplazando la tráquea y el mediastino hacia el lado contrario, comprimiendo el corazón, y por tanto, dificultando el retorno venoso y disminuyendo el gasto cardíaco.


Manejo terapéutico

El tratamiento variará dependiendo de diversos factores: tamaño del neumotórax, enfermedad pulmonar previa, causa, síntomas, recidiva, tratamientos previos, profesiones de riesgo, etc. (Figura 9).

Debe cumplir dos objetivos:

o evacuar el aire de la cavidad pleural y
o conseguir una reexpansión pulmonar estable y duradera que evite las recidivas (menores cuanto más invasivo es el tratamiento).
Los diferentes tipos de tratamiento son:
o Reposo y observación clínica: en régimen de ingreso hospitalario o en domicilio cuando es el primer episodio de un NE primario, menor del 20 por ciento y asintomático.
o Drenaje pleural: indicado en el primer episodio de los NE primario mayores del 20 por ciento y en todos los NE secundarios. El drenaje aspirativo con trócar es el sistema normalmente empleado, colocando el trócar a través del 2º espacio intercostal línea clavicular media o del 5º espacio intercostal a nivel axilar anterior o medio.
o Drenaje pleural de pequeño calibre: utiliza un catéter fino, más fácil de colocar, provoca menos molestias al paciente, permite una movilización más rápida y acorta la estancia.
o Pleurodesis: tiene como objetivo conseguir la sínfisis pleural utilizando distintos agentes farmacológicos (talco, clorhidrato de tetraciclina, bleomicina, y últimamente colas biológicas), que se introducen mediante el drenaje pleural o por toracoscopia.
o Cirugía: se realiza una toracotomía pequeña con pleurectomía parietal parcial o abrasión mecánica.
o La cirugía vídeo-toracoscópica (CVT) obtiene resultados similares a la cirugía convencional, pero es menos agresiva y tiene un periodo postquirúrgico más corto y confortable.

El neumotórax a tensión es una emergencia, y ante su sospecha debe iniciarse la administración de oxígeno y proceder a equilibrar las presiones sin esperar la confirmación radiográfica. Para ello se inserta una aguja de calibre grueso en el 2º espacio intercostal, línea medioclavicular. La salida de aire confirma el diagnóstico. Debe dejarse abierta y derivar al paciente con asistencia médica a un servicio de cuidados intensivos.


Criterios de derivación

Solamente los neumotórax espontáneos primarios, menores del 20 por ciento del hemitórax afectado, asintomáticos o con mínimos síntomas y sin evidencia radiológica de progresión son susceptibles de tratamiento ambulatorio en domicilio con reposo relativo, evitando esfuerzos físicos. En todos los demás casos, hay que derivar el paciente al hospital.


Puntos clave

o Sospechar neumotórax a tensión cuando existe disnea severa progresiva, hipotensión, taquicardia, distensión de las venas del cuello, sudoración y palidez.
o Todos los neumotórax mayores del 20 por ciento del hemitórax afectado, con síntomas o en pacientes con patología pulmonar crónica, deben ser derivados al hospital.
o El diagnóstico de certeza se rea-
liza mediante radiografía posteroanterior de tórax en inspiración o, en caso de duda, en espiración forzada.
o La mayoría de los neumotórax son idiopáticos, y un 5-10 por ciento son asintomáticos. Los síntomas dependen principalmente del tamaño del neumotórax y de la reserva funcional del paciente.


Neumonía adquirida en la comunidad

Introducción

Definición
Es la infección aguda del parénquima pulmonar, acompañada de infiltrado en la radiografía de tórax, con la presencia de alguno de los signos y síntomas de infección aguda, que se presenta en un paciente no hospitalizado (vive en la comunidad), o a partir de los 2 días posteriores al ingreso en el hospital.

Epidemiología
Es la sexta causa más frecuente de muerte y la primera por enfermedad infecciosa en los países industrializados. La incidencia es variable, entre 2-6 casos por 1.000 habitantes y año, siendo menor en adultos y más elevada en niños menores de un año, personas mayores de 60 años y durante el invierno. Basándose en los datos epidemiológicos disponibles en nuestro país, un médico de familia con un cupo medio de 2.000 pacientes, deberá diagnosticar en su consulta de 4 a 12 neumonías al año, y al menos deberá tratar de forma ambulatoria el 75 por ciento de ellas.

Etiología
En la mayoría de los casos el agente causal no llega a identificarse, especialmente en las neumonías tratadas ambulatoriamente, donde no se suele realizar diagnóstico etiológico. Además, la incidencia de los diferentes gérmenes es muy variable, en función de la edad, el área geográfica, la institucionalización del paciente, la situación basal de su función pulmonar y la comorbilidad. Parece que el Streptococo pneumoniae (pn) es el agente más habitual en el medio hospitalario (responsable además de dos terceras partes de las bacteriemias por este proceso infeccioso), y que gérmenes atípicos (Clamydia pn o Mycoplasma pn), son los agentes etiológicos más frecuentes en el medio ambulatorio, seguido de Streptococo pneumoniae.


Diagnóstico

Anamnesis
Ningún síntoma o signo es atribuible a un agente infeccioso, pero es interesante en Atención Primaria poder discernir, cuando es posible, la presentación de una neumonía típica y distinguirla de la forma atípica.

La neumonía típica cursa habitualmente con un cuadro de fiebre elevada, de instauración brusca, con escalofríos, tos productiva de aspecto purulento e incluso hemoptoico (esputo herrumbroso) y, en algunas ocasiones, dolor de características pleuríticas y herpes labial.

En el síndrome atípico los síntomas iniciales son más inespecíficos, con dolor de garganta, tos seca, malestar general, mialgias, evolucionando de forma gradual. Predominan los síntomas extrapulmonares frente a los pulmonares.

En la práctica clínica es muy frecuente (quizá lo más habitual) que esta diferenciación entre síndrome típico y atípico no sea tan evidente, lo que se catalogaría como "síndrome indeterminado".

En los ancianos, una neumonía puede presentarse con síntomas poco específicos, sin síndrome febril ni escalofríos ni disnea, y es más frecuente la presencia de hipotermia, alteraciones de la conciencia y otros signos inespecíficos. La neumonía de los lóbulos inferiores se puede presentar con dolor abdominal, simulando una patología infecciosa abdominal o urinaria.

Exploración física
Típica: muchas veces precedida por una infección viral de las vías respiratorias altas. Pueden encontrarse signos de condensación pulmonar como estertores crepitantes; si la neumonía se complica con un derrame pleural habrá hipofonesis y matidez a la percusión.

Atípica: habitualmente es un proceso leve y autolimitado, cuyas manifestaciones exploratorias suelen ser anodinas y, cuando aparecen, dependen del germen causal (Legionella pn: inicialmente fiebre, en ocasiones bradicardia y deposiciones diarreicas, y algunas veces manifestaciones neurológicas. M. pneumoniae afecta habitualmente las vías aéreas superiores y la piel, pudiendo causar una faringitis no exudativa, una otitis media, una otitis bullosa o un eritema multiforme).

Pruebas complementarias

Radiología de tórax
El diagnóstico exige la realización de una radiografía de tórax siempre que sea posible, aunque en las primeras horas de evolución puede ser normal.

Típica: infiltrado alveolar, lobar, con broncograma.

Atípica: patrón intersticial, multilobular, de predominio en lóbulos inferiores, aunque a veces puede observarse también un patrón alveolar.

Otras exploraciones
Se consideran opcionales en pacientes de bajo riesgo, los que se tratan habitualmente en Atención Primaria. Algunos autores propugnan la recogida de esputo, hemocultivos y serologías con la intención de mejorar el conocimiento epidemiológico local de los patógenos implicados. La serología puede ser útil a posteriori para valorar la causalidad de virus, Mycoplasma, Clamydia o Coxiella. El estudio de orina permite conocer la presencia de antígenos de Legionella, serotipo I, o de neumococo.


Manejo terapéutico

Es obligado utilizar antibióticos siempre. Se debe intentar realizar un diagnóstico etiológico basado en los datos epidemiológicos y clínicorradiológicos, para administrar el tratamiento antibiótico empírico lo más dirigido posible (aún hoy sigue representando el gran desafío). Es necesario considerar los patrones locales de sensibilidad de los gérmenes más frecuentes a los antibióticos disponibles para evitar la sobreutilización de éstos sin aumentar el riesgo de morbimortalidad Sí parece claro que cuanto más precozmente se inicie el tratamiento, mayor será la supervivencia.

Ante un paciente con neumonía típica, sin alergia a la penicilina, el tratamiento de elección debe ser una aminopenicilina administrada a dosis altas para intentar cubrir el 90 por ciento de las cepas neumocócicas y evitar el posible fracaso terapéutico observado cuando se administran dosis inadecuadas. La mejor opción sigue siendo la amoxicilina a dosis de 1 g/8 horas durante 10 días. Se priorizará la asociación de amoxicilina y ácido clavulánico, también a altas dosis (2.000-125 mg/12 horas y 10 días de duración), en caso de sospecha de infección por H. influenzae.

En pacientes con síndrome atípico se recomienda un macrólido. Telitromicina y las nuevas fluoroquinolonas son eficaces frente a dichas bacterias, incluida L. pneumophila, por lo que constituyen alternativas válidas en Atención Primaria. La ausencia de actividad de amoxicilina (incluida la combinación con ácido clavulánico) frente a dichos microorganismos atípicos hace que no esté indicada su utilización en estos pacientes.

En un cuadro clínico indeterminado se pueden recomendar dos abordajes:

1. El primero sería utilizar un solo antibiótico, telitromicina o una fluoroquinolona respiratoria, que ofrecen una excelente cobertura frente a los gérmenes típicos y atípicos.
2. El segundo consistiría en iniciar tratamiento con amoxicilina a dosis altas (o la asociación de amoxicilina y ácido clavulánico en caso de sospecha de infección por H. influenzae), realizando un seguimiento estricto en 48-72 horas, comprobando evolución favorable (Tabla 9).


Criterios de derivación

La valoración inicial en la consulta de Atención Primaria debe incluir la clínica (constantes vitales), la edad y los antecedentes del paciente (comorbilidad). Estos datos ayudan a decidir si el paciente puede ser tratado en su domicilio o si reúne factores de riesgo que aconsejan la derivación al hospital (predicción clínica de mortalidad a corto plazo de Fine) (Figura 10).

Los pacientes son clasificados en cinco tipos de gravedad. El tipo I indica una edad inferior a 50 años sin comorbilidad (neoplasia, hepatopatía, insuficiencia cardiaca congestiva, enfermedad cerebrovascular o nefropatía), con constantes vitales y estado mental normales. Los pacientes no incluidos en este grupo son clasificados en tipos II-V, basándose en la puntuación de tres variables: factores demográficos (edad, sexo y vivir en residencia de ancianos), comorbilidad y hallazgos radiológicos y de laboratorio. Los pacientes incluidos en los tipos I-II no requieren habitualmente hospitalización, los de tipo III pueden necesitar un periodo de ingreso breve y los de tipo IV y V precisan ingreso hospitalario. La aplicación del modelo predictivo de riesgo de Fine ha demostrado una reducción de un 26 por ciento a 31 por ciento en el número de hospitalizaciones, reduciendo el total de días de ingreso hasta en un 13 por ciento a 19 por ciento. Este sistema puede ser útil para seleccionar a aquellos pacientes con bajo riesgo que pueden seguir tratamiento ambulatorio, pero sólo está validado como predictor de mortalidad y no como método de clasificación de los pacientes con neumonía.

En 2003, la British Thoracic Society recomienda utilizar 5 variables que pueden aplicarse para estratificar a los pacientes según el riesgo de mortalidad. Se trata de la escala CURB65: Confusión, Urea (nitrógeno ureico = 7 mmol/l o 20 mg/dl), Frecuencia respiratoria (Respiratory rate) = 30 y Tensión arterial (Blood pressure) (sistólica < 90 mm Hg o diastólica < 60 mm Hg) y edad = 65 años. Actualmente los autores proponen una baremación sin la urea (CRB65), intentando que el modelo pueda basarse únicamente en variables clínicas y se pueda aplicar perfectamente en Atención Primaria. Esta nueva herramienta debe validarse. A pesar de ello, se está introduciendo en el ámbito de la Atención Primaria en muchos países, ya que se trata de una regla muy sencilla y no requiere de la solicitud de pruebas complementarias. La avalan cada vez más sociedades científicas (Figura 11).


Puntos clave

o La Neumonía adquirida en la comunidad es una causa importante de mortalidad. La exploración física no es suficiente para su diagnóstico: es necesario hacer una radiografía de tórax.
o Parece que el Streptococo pneumoniae (pn) es el agente más habitual en el medio hospitalario, y que gérmenes atípicos (Clamydia pn o Mycoplasma pn), son los agentes etiológicos más frecuentes en el medio ambulatorio.
o Para valorar qué pacientes pueden tratarse en Atención Primaria se tendrá en cuenta la edad, la presencia de comorbilidad, el estado mental y las constantes vitales.
o La presentación en formas "típicas" o "atípicas" no es constante: hay formas intermedias. Su determinación es muy importante, pues de ella dependerá el tratamiento antibiótico recomendado.
o Para administrar el tratamiento antibiótico empírico lo más dirigido posible es necesario considerar los patrones locales de sensibilidad de los gérmenes más frecuentes a los antibióticos disponibles. Cuanto más precozmente se inicie el tratamiento, mayor será la supervivencia.


Tromboembolismo pulmonar

Introducción

Es una de las urgencias respiratorias más frecuentes y causa de una elevada mortalidad. Los problemas que genera el diagnóstico de este cuadro, incluso en el medio hospitalario, convierten al médico de familia en la pieza clave para establecer una sospecha diagnóstica mediante una buena anamnesis, que identifique los pacientes de riesgo, y un uso adecuado de las pruebas complementarias a su alcance.

Tiene una incidencia elevada, diagnosticándose en el medio hospitalario entre 25-100 casos por 100.000 habitantes y año, incidencia equiparable a la de cuadros más estudiados, como el infarto agudo de miocardio.

Definición
Consiste en la oclusión aguda de alguna rama de la arteria pulmonar por émbolos trombóticos generados en otros territorios venosos. Produce falta de irrigación del parénquima pulmonar dependiente de esa rama, originando un cuadro agudo de mayor o menor magnitud, según el calibre de la rama afectada. Se trata de una complicación de la trombosis venosa profunda.

Etiología
Se produce por un desequilibrio entre factores pro y anticoagulantes sanguíneos, un estasis venoso mantenido o alteraciones en el endotelio vascular, que pueden precipitar la formación de trombos en el sistema venoso profundo. Los territorios que actúan con más frecuencia como focos embolígenos son la vena poplítea y la femoral común.

Se encuentra al menos un factor de riesgo (Tabla 10) hasta en el 90 por ciento de los pacientes con tromboembolismo pulmonar (TEP).


Diagnóstico

Anamnesis
La presencia de disnea de aparición súbita, con o sin dolor torácico asociado, y taquipnea, es muy sugestiva, especialmente si coexiste con alguno de los factores de riesgo mencionados. Una frecuencia respiratoria >20/min es el hallazgo más frecuente (más del 90 por ciento de los pacientes con TEP). Su ausencia hace muy improbable el diagnóstico.

Pruebas complementarias
Las que se realizan habitualmente en Atención Primaria no tienen valor diagnóstico definitivo. Se solicitan básicamente para el diagnóstico diferencial con procesos de clínica similar. Los cambios electrocardiográficos son inespecíficos. Todo paciente con disnea aguda e hipoxia cuya radiografía de tórax sea normal, debería ser estudiado por la posibilidad de TEP. Hasta el 61 por ciento se presentan con radiología torácica normal.

Las pruebas hospitalarias para el diagnóstico son: gammagrafía de ventilación/perfusión, arteriografía pulmonar, dímero D, TAC helicoidal con contraste, RNM con galodinio.


Manejo terapéutico

Es hospitalario. La profilaxis y el tratamiento de la trombosis venosa profunda ya instaurada se pueden realizar ambulatoriamente. El mejor tratamiento del TEP es una adecuada prevención de los factores de riesgo tromboembólico (Tabla 10). El uso de las heparinas de bajo peso molecular para anticoagulación postquirúrgica, o en pacientes inmovilizados o con otros factores de riesgo, se debe realizar sistemáticamente en Atención Primaria.


Criterios de derivación

Siempre que se sospecha un TEP, es obligado actuar con rapidez y enviar inmediatamente al paciente a un servicio de urgencias hospitalario.


Puntos clave

o La ausencia de taquipnea hace muy improbable el diagnóstico.
o La sospecha diagnóstica precoz es fundamental para un correcto manejo posterior de los enfermos en el hospital.
o Los factores predisponentes se presentan hasta en el 90 por ciento de los casos, sobre todo la inmovilización mayor de una semana, la cirugía reciente, las fracturas de extremidades inferiores y pelvis, o la historia de tromboembolismos previos.


Traumatismo torácico

Introducción

Constituyen un problema de gran importancia debido a la gran morbimortalidad a la que se asocian, sobretodo por la estrecha relación que presentan hoy en día especialmente con los accidentes de tráfico y, en general, con el paciente politraumatizado (explosiones, accidentes laborales, caídas, deportes de riesgo, agresiones, heridas por arma blanca o de fuego).

La gran mayoría de ellos son evitables actuando mediante la educación sanitaria de la población (seguridad vial y prevención del consumo de tóxicos). El médico de Atención Primaria posee un papel fundamental en la prevención (educador) y en la asistencia inicial al paciente politraumatizado.

Diagnóstico

Los traumatismos torácicos pueden presentar un amplio abanico de manifestaciones clínicas (Tabla 11):

Las entidades que más a menudo se manejan en Atención Primaria son las siguientes

Contusión y fractura costal
Son las lesiones más habituales. Se manifiestan como dolor intenso a la palpación que aumenta con la tos y los movimientos respiratorios. El paciente adopta una ventilación rápida y superficial con el consiguiente peligro de acúmulo de secreciones y atelectasias, con un incremento del riesgo de infección. Se pueden encontrar también hematomas y crepitación (signo de la tecla) en el foco de fractura.

Las fracturas de la 1ª y 2ª costillas pueden asociarse a lesiones internas (tronco subclavio, plexo braquial y estructuras traqueopulmonares). Las de las costillas flotantes, en especial de la 9ª, 10ª y 11ª, deben hacer sospechar lesiones de órganos internos (hígado, bazo, riñón y diafragma).


Volet costal
Se debe a la doble fractura en tres o más niveles adyacentes creando una porción de pared flotante que se mueve independientemente y en sentido contrario o paradójico al resto del tórax (Figura 12).


Enfisema subcutáneo
La presencia de aire en el tejido subcutáneo puede ser originado por heridas penetrantes, rotura del árbol bronquial o esófago, o por la maniobra de Valsalva. Presenta un crujido característico con la presión, y en ocasiones puede ser la expresión de un neumotórax hipertensivo. La mayoría de ellos se reabsorben de manera espontánea.


Pruebas complementarias
En el centro de salud se deben realizar las exploraciones posibles hasta el traslado del paciente al hospital, según la clínica y gravedad del cuadro.

Una radiografía de tórax puede informar de fracturas, de una posible contusión pulmonar, neumo y/o hemotórax, enfisema subcutáneo y/o mediastínico, rotura diafragmática, taponamiento cardíaco, etc. Hay casos en los que es importante descartar hematuria mediante un sedimento urinario. Es fundamental la monitorización de los pacientes graves con vigilancia estrecha del ECG. Se realizarán mediciones periódicas de la tensión arterial y, si es posible, del nivel de saturación de oxígeno del paciente.

Manejo terapéutico

La mayoría de los traumatismos torácicos en Atención Primaria son contusiones leves. Requieren analgésicos orales, incluso derivados opiáceos débiles, y fisioterapia respiratoria (hidratación abundante, reposo relativo, inspiraciones profundas y mantenidas...). Los dolores condrocostales pueden persistir durante varias semanas.

Ante un traumatismo torácico grave (inestabilidad hemodinámica, insuficiencia respiratoria, alteración neurológica, evidencia o sospecha de lesión de órganos internos), se debe actuar como ante un politraumatizado, trasladando urgentemente al paciente. La mitad de las muertes se producen antes del ingreso hospitalario y el 60 por ciento en las primeras 4 horas, por lo que el manejo inicial del paciente es crucial para su pronóstico (Tabla 11).

Criterios de derivación

o Ante alteraciones en el ECG, hipotensión, disnea, desaturaciones o alteraciones neurológicas.
o En caso de fracturas costales múltiples o fractura de la 1ª, 2ª, 9ª, 10ª, 11ª ó 12ª costilla, para descartar lesiones internas.
o Todo paciente politraumatizado debe ser valorado en un centro hospitalario.

Puntos clave

o Ante todo traumatismo torácico considerar al paciente como politraumatizado.
o Manejar siempre al enfermo sospechando una posible lesión cervical.
o Valorar en los traumatismos superiores del tórax una posible lesión de grandes vasos, plexos nerviosos o estructuras traqueopulmonares; en los bajos, un traumatismo abdominal subyacente, y en los posteriores valorar siempre la posible afectación renal.
o Ante la duda, derivar siempre al paciente a un centro hospitalario para una completa valoración.

 

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