Situaciones de urgencia cardiológica
Actuación urgente del médico de familia ante las arritmias

RITMOS RÁPIDOS TAQUICARDIA


ÚLTIMAS NOVEDADES

Actualmente, la fibrilacion auricular (FA) es la arritmia que más derivaciones hospitalarias provoca desde Atención Primaria, además es una enfermedad grave, ya que duplica la mortalidad y posee una elevada morbilidad, relacionada fundamentalmente con el desarrollo de insuficiencia cardíaca y de tromboembolismo arterial. Así, el riesgo de ictus es cinco veces superior, con mayor mortalidad, discapacidad residual y recurrencias que los accidentes isquémicos de otras etiologías.

Al mismo tiempo, es conocido que la probabilidad de terminar esta arritmia y de recuperar el ritmo sinusal es mayor cuanto más precoz es la actuación terapéutica. Por todo ello, es evidente la importancia de estrategias de manejo adecuadas y eficaces en el tratamiento de dicha arritmia. No obstante, existe una gran heterogeneidad en el manejo de la FA en nuestro medio, tanto en su tratamiento como en la profilaxis de las complicaciones. De ahí la aparición de guías clínicas consensuadas por las sociedades científicas implicadas con el fin de minimizar la variabilidad de la practica clínica en estos casos.

Se han producido importantes avances en el diagnóstico de las taquiarritmias, mediante la introducción de catéteres de registro y estimulación dentro del corazón, que permiten la obtención de la actividad local eléctrica. Dichos catéteres constan de una estructura plástica flexible y móvil, y en la punta llevan adheridos unos electrodos de registro. La introducción de los mismos se lleva a cabo por vía percutánea, mediante la punción de la vena femoral o yugular. Es un procedimiento en general sencillo, rápido y muy fiable en el estudio de cada una de las arritmias cardíacas.

En cuanto al tratamiento, se buscan continuamente alternativas al tratamiento médico antiarrítmico, dada la elevada tasa de resistencias. La ablación de arritmias por catéter con radiofrecuencia resulta un procedimiento invasivo razonablemente seguro para el control de ciertos tipos de arritmias pero conlleva siempre un riesgo de complicaciones graves y muerte.

En función de ello, parece prudente limitar su utilización a aquellos casos en que existe consenso respecto a su efectividad y cuando existan síntomas que pongan en peligro la vida y que no puedan ser controlados con medicación.
Aunque es cierto que la ablación por radiofrecuencia brinda la valiosa posibilidad de eliminar focos y circuitos arritmogénicos hasta hoy inexistente, debe recordarse que la técnica es relativamente novedosa. Esto hace que para la mayoría de las arritmias existan pocos o nulos datos sobre seguimiento a largo plazo, comparando la recurrencia, complicaciones o mortalidad versus tratamientos con fármacos antiarrítmicos.

De manera general, las situaciones en las que las técnicas de ablación resultarán apropiadas son aquellas en las que pueda identificarse el sitio específico cuya ablación interrumpirá la arritmia de manera permanente, y en las que la tecnología disponible permita esperar una intervención exitosa.

Este éxito dependerá entonces del mecanismo de generación y mantenimiento de la arritmia, de la localización anatómica de los circuitos a ablacionar y de la existencia de instrumentos capaces de realizar el procedimiento de manera segura.
El riesgo de complicaciones es variable de acuerdo al tipo de arritmia, la extensión del procedimiento y a la localización anatómica de la zona a intervenir (mayor riesgo en cavidades izquierdas o en cercanías de los sistemas fisiológicos de conducción).

Además, tanto la tasa de éxitos como la de complicaciones dependen de manera crítica del grado de entrenamiento de quien lleva a cabo la práctica.

El desfibrilador automático implantable (DAI) es una opción de tratamiento para el paciente con riesgo arrítmico, pero el empleo de esta herramienta plantea más dudas en la prevención primaria del paciente. Está indicado en pacientes con antecedentes de muerte súbita, taquicardia ventricular (TV) polimorfa durante el estrés, historia familiar de muerte súbita o episodios sincopales. También está indicado en caso de TV refractaria al tratamiento antiarrítmico y de intolerancia al tratamiento farmacológico. Está por definir la utilidad del screening genético como método de identificar a pacientes con alto riesgo de muerte súbita, que se benefician de la implantación de un DAI.

CASO CLíNICO
Y REVISIÓN TEÓRICA

Paciente mujer de 45 años, exfumadora desde hace tres años y sin antecedentes patológicos de interés, que acude al centro de salud por cuadro clínico de seis horas de evolución de palpitaciones y sensación de mareo e inestabilidad. No refiere dolor torácico, disnea ni ortopnea y se objetiva una frecuencia cardíaca de 180 lpm.
Introducción

Se define taquicardia como una frecuencia cardíaca superior a 100 lpm. Esta aceleración de los latidos cardíacos, puede ser fisiológica, por ejemplo, cuando se realiza una actividad física intensa, ingesta de café, alcohol u otros excitantes o bien estar asociada a procesos patológicos, como la anemia, las hemorragias, hipertiroidismo, tromboembolismo pulmonar, fiebre o shock. En otras ocasiones, se debe a alteraciones en la conducción con o sin cardiopatía asociada.

Motivo de consulta

Las arritmias cardíacas tienen formas muy diversas de presentación. Unas son asintomáticas, otras producen pequeñas molestias y otras resultan incapacitantes o mortales. Muchas arritmias no producen síntomas y son un hallazgo casual al tomar el pulso a un paciente o realizar un electrocardiograma por cualquier causa. En otras ocasiones, se pueden producir palpitaciones (latidos anormales en el pecho), mareo o síncopes, disnea (cuando la arritmia desencadena una insuficiencia cardíaca, al impedir el vaciado normal de sangre del corazón) y angina de pecho (por el aumento de necesidad de oxígeno del corazón y la reducción de la circulación coronaria, que ocurren simultáneamente en muchas arritmias rápidas). Las molestias y la ansiedad que provocan en distintos paciente el mismo tipo de arritmia pueden ser muy variables.

En nuestro caso, la paciente acude a nuestra consulta por palpitaciones. Hablamos de palpitaciones en relación con la percepción molesta del latido cardíaco que el paciente suele notar a nivel precordial, cuello o epigastrio.

Pueden estar relacionadas con un aumento del volumen del latido, como ocurre en pacientes con un estado de circulación hipercinético, o en la insuficiencia aórtica, aunque en la mayoría de los casos las palpitaciones se traducen en alteraciones del ritmo y/o de la frecuencia cardíaca.

Con el fin de orientar el diagnóstico, es preciso interrogar por las siguientes características: frecuencia del pulso durante las crisis, regularidad de los latidos, forma de inicio y terminación, síntomas que provoca (disnea, dolor torácico, mareo, poliuria), duración de la crisis y frecuencia de presentación y situación desencadenante (ejercicio).

Diagnóstico clínico

La valoración inicial del paciente en el caso de las taquiarritmias pasa por su valoración hemodinámica. El objetivo fundamental es determinar la tolerancia hemodinámica de la arritmia, que depende de la duración de la crisis, la frecuencia cardíaca, la existencia o no de cardiopatía y el tipo de taquicardia.

Se debe monitorizar al paciente, siempre que sea posible, con la toma de constantes vitales: tensión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, temperatura y saturación basal de oxígeno. Procederemos a la canalización de la vía venosa de acceso periférico. Se procederá a una exploración física básica buscando signos de insuficiencia cardíaca y realizaremos una anamnesis sencilla sobre la existencia de síntomas graves como sincope, dolor torácico, disnea, etc.

El ECG, a ser posible con 12 derivaciones, nos permitirá confirmar la existencia o no de una arritmia. El electrocardiograma es la principal prueba diagnóstica para detectar las arritmias y proporciona una representación gráfica de las mismas.

Una vez que el estado hemodinámico del paciente lo permita, se debe realizar una historia clínica detallada, profundizando en antecedentes personales de cardiopatía, comorbilidad asociada o antecedentes familiares directos de enfermedades cardiológicas (miocardiopatía hipertrófica, QT largo o síndrome de Brugada). Hay que recoger información sobre el episodio agudo, como factores que la desencadenan (ejercicio, ansiedad, etc.), inicio y final de la crisis (brusco o paulatino), regularidad o irregularidad de los latidos y frecuencia cardíaca (rápida o lenta).

El interrogatorio concluirá con una revisión de las causas más frecuentes de arritmias. Debe investigarse sobre la ingesta de estimulantes (café, té, alcohol), de fármacos como los betadrenérgicos o digital, el uso/abuso de sustancias psicotropas (anfetaminas, cocaína, éxtasis...).

Después de la exploración física inicial, deberemos buscar signos que puedan desencadenar la arritmia como fiebre o anemia. Se deberá realizar una exploración más detallada por aparatos, haciendo especial hincapié en la búsqueda de soplos carotídeos o ingurgitación yugular en la auscultación cardiopulmonar considerando la existencia de soplos cardíacos, signos de broncoespasmo o insuficiencia cardíaca asociada. La exploración abdominal nos permitirá descartar masas pulsátiles compatibles con aneurismas abdominales. Deberemos confirmar la existencia de pulsos periféricos así como la existencia o no de edemas maleolares.

En nuestro caso, la paciente no tenía antecedentes de interés, ni seguía tratamiento alguno. Por otra parte, la exploración era estrictamente normal, sin objetivarse signos de insuficiencia cardíaca, soplos ni otros hallazgos compatibles con cardiopatía estructural. Se realizó ECG. (Figura 5).

Diagnóstico diferencial

Una vez objetivada la taquicardia deberemos realizar un diagnóstico diferencial de las taquiarritmias:
Arritmias supraventriculares

Extrasístole supraventricular
Las extrasístoles auriculares se producen como latidos cardíacos adicionales en las personas sanas y sólo en raras ocasiones causan síntomas.

Son latidos anticipados (complejos prematuros) originados en un foco diferente del nodo sinusal. La fisiopatología es por reentrada. En el ECG: Ondas P prematuras, no sinusales. (Figura 6).

La clínica son palpitaciones aisladas, asociadas o no a cardiopatía, extremadamente frecuentes y en ocasiones desencadenan otras arritmias.

Los factores desencadenantes son el consumo de alcohol y la administración de preparados para el resfriado común que contienen fármacos que estimulan el sistema nervioso simpático (como la efedrina o la seudoefedrina) o de fármacos que se usan para tratar el asma.

Taquicardia sinusal
Fisiopatología: activación del nodo sinusal a frecuencia > 100/min. Aumento del automatismo.

ECG: Ritmo sinusal a > 100/min. Figura 7.

Clínica: palpitaciones con inicio y fin gradual. Generalmente hay un factor desencadenante: fiebre, ejercicio, stress, hipertiroidismo. Mecanismo compensador para aumentar el gasto cardíaco en pacientes con insuficiencia cardíaca.

Tratamiento: corrección de las causas desencadenantes. En circunstancias puntuales, pueden ser útiles los betabloqueantes como el atenolol o el esmolol.

Taquicardia supraventricular paroxística
La taquicardia auricular paroxística es una arritmia de frecuencia cardíaca uniforme, rápida (de 160 a 200 lpm) que acontece de modo repentino y se inicia en las aurículas. Figura 8.

Existen varios mecanismos que producen las taquicardias auriculares paroxísticas. La frecuencia rápida puede deberse a que un latido auricular prematuro envía un impulso a través de una vía anómala hacia los ventrículos.

Esta frecuencia cardíaca rápida suele tener un inicio y un fin repentinos y puede durar desde pocos minutos a varias horas. Se experimenta en la mayoría de los casos como una palpitación molesta y a menudo se acompaña de otros síntomas, como la debilidad. Generalmente, el corazón es normal y estos episodios son más desagradables que peligrosos.

Flutter auricular
Fisiopatología: macroentrada auricular.
ECG: figura 9, ausencia de P y de línea isoeléctrica. Ondas "F" 300/min. positivas en II, III, aVF; "diente de sierra". QRS igual al sinusal, generalmente regular, con habitual bloqueo 2:1 (150/min).

Sospechar flutter ante cualquier taquicardia regular QRS estrecho a 150. Frecuentemente evoluciona a FA.

Clínica: frecuentemente indica cardiopatía estructural. Presentación paroxística (sin cardiopatía) o crónica (cardiopatía).

Tratamiento: en general, el flutter suele tener una mala respuesta a la cardioversión farmacológica, aunque pueden ser útiles antiarrítmicos del grupo III como la amiodarona. En pacientes con cardiopatía subyacente o alteración hemodinámica es de elección la cardioversión eléctrica y suelen ser suficientes energías entre 50 y 100 julios.

A menudo, el flutter aparece en el contexto de otras patologías como EPOC y TEP, y el tratamiento de estas enfermedades es clave en la corrección de la taquiarritmia.

Aunque el riesgo cardioembólico es menor que en fibrilación auricular, se recomienda anticoagulación en pacientes con cardiopatía o período pericardioversión.

Fibrilación auricular
La FA es una arritmia auricular que se caracteriza por la presencia de un ritmo cardíaco totalmente irregular, asociado a síntomas que van desde la situación totalmente asintomática hasta las situaciones de insuficiencia cardíaca. Los síntomas más frecuentes son palpitaciones de reposo y/o esfuerzo, disnea, dolor torácico o mareo-síncope. Desde el punto de vista hemodinámico, la FA se caracteriza por la ausencia de sístole auricular coordinada, expresada en el ecocardiograma por la ausencia de la onda A del movimiento valvular mitral.

Debemos destacar el elevado número de complicaciones secundarias a esta arritmia: aumento del riesgo de tromboembolismo sistémico y descompensación de una cardiopatía orgánica estable.

ECG: no se observa una actividad auricular clara (impulsos desordenados) y la respuesta ventricular es generalmente muy irregular, 160-200 lpm en ausencia de medicación bloqueadora del nodo AV (Figura 10).
Clasificación de FA:

o Paroxística, con duración inferior a 48 horas y que revierte espontáneamente.
o Prolongada o persistente, que dura más de 48 horas, no revierte espontáneamente y precisa cardioversión farmacológica o eléctrica.
o Permanente o crónica, con ritmo estable en fibrilación auricular y que es imposible o no está indicado pasar a ritmo sinusal.
o De reciente comienzo, cuando estamos ante el primer episodio sintomático o asintomático.
Según la etiología puede ser solitaria, asociada a cardiopatía estructural, asociada a factores desencadenantes (hipertiroidismo, alcohol, postoperatorio…) y asociada a trastornos eléctricos (WPW, enfermedad del seno).

Síndrome de Wolff-Parkinson-White
El síndrome de Wolff-Parkinson-White es una arritmia cardíaca en la que los impulsos eléctricos son conducidos a lo largo de una vía accesoria desde las aurículas a los ventrículos, lo que provoca episodios de taquicardia. (Figura 11). El síndrome de Wolff-Parkinson-White es el más frecuente de los trastornos que afectan a vías accesorias.

Los primeros episodios pueden producirse entre los 10 y los 25 años en forma de palpitaciones. Los episodios típicos comienzan de modo repentino, a menudo durante un ejercicio. Pueden durar sólo unos pocos segundos o persistir durante varias horas, raramente más de doce horas. En una persona joven y, por lo demás, con un buen estado de salud, los episodios producen pocos síntomas, pero las taquicardias son molestas y estresantes y pueden causar desvanecimiento o insuficiencia cardíaca. La taquicardia se transforma a veces en fibrilación auricular. Esta última es particularmente peligrosa en alrededor del uno por ciento de las personas que padecen el síndrome de Wolff-Parkinson-White, debido a que la vía accesoria puede conducir los impulsos rápidos hacia los ventrículos con mayor eficacia de lo normal.

En el trazado de ECG visualizamos: intervalo PR corto (<0.12 segundos), onda delta y complejo QRS ancho. Al existir dos vías de conducción, puede aparecer reentrada dando lugar a dos posibles tipos de arritmias:

o Taquicardia ortodrómica, el estímulo va de aurícula a ventrículo por el nodo A-V y de ventrículo a aurícula por el haz anómalo. Produce un QRS estrecho, una onda P negativa en cara inferior e inmediatamente detrás del QRS.
o Taquicardia antidrómica, el estímulo va de aurícula a ventrículo por el haz anómalo y de ventrículo a aurícula por el nodo A-V. Produce un QRS estrecho.

Arritmias ventriculares

Extrasístoles ventriculares
Una extrasístole ventricular (contracción ventricular prematura) es un latido cardíaco causado por la activación eléctrica de los ventrículos antes del latido cardíaco normal (Figura 12).

Este tipo de arritmia es frecuente y no indica ningún peligro cuando no existe una cardiopatía asociada. Sin embargo, cuando se manifiestan con frecuencia en una persona que sufre insuficiencia cardíaca, estenosis aórtica o que ha tenido un infarto, pueden representar el inicio de arritmias más peligrosas, como una fibrilación ventricular y producir la muerte repentina.

Ritmo idioventricular acelerado (RIVA)
Se caracteriza por tres o más complejos QRS anchos y extravagantes que se presentan con una frecuencia similar a la frecuencia sinusal, siendo casi siempre inferior a 100 lpm. Es particularmente frecuente después del infarto de miocardio sobre todo después de infarto inferior (Figura 13).

Ritmo de la unión o ritmo nodal
Se produce en el fascículo de His cuando dejan de llegar impulsos procedentes del nodo sinusal. Frecuencia ventricular entre 40-60 lpm siendo regular. Los complejos QRS son iguales en el ECG que cuando existe ritmo sinusal (Figura 14).

Taquicardia ventricular (TV)
Se define como la presencia de tres o más extrasístoles ventriculares secuenciales a una frecuencia que oscila entre 120-150 lpm (Figura 15).

Es una arritmia peligrosa por su propensión a degenerar en fibrilación ventricular. Cuando la TV dura más de 30 segundos o causa un colapso hemodinámico que requiere su terminación se denomina TV sostenida. La TV no sostenida dura menos de 30 segundos y se detiene espontáneamente. Lo más frecuente es que se manifieste varias semanas o meses después de un infarto de miocardio.

Fibrilación ventricular
Contracciones ventriculares descoordinadas, ineficaces y muy rápidas, causadas por múltiples impulsos eléctricos caóticos (Figura 16).

En la fibrilación ventricular, los ventrículos simplemente se estremecen y no llevan a cabo contracciones coordinadas.

Debido a que el corazón no bombea sangre. La fibrilación ventricular es una forma de paro cardíaco y es mortal, a menos que sea tratada de inmediato.

Las causas de la fibrilación ventricular son las mismas que las del paro cardíaco. La causa más frecuente es un flujo insuficiente de sangre al músculo cardíaco, a causa de una enfermedad de las arterias coronarias o de un infarto. Otras causas son el shock y las concentraciones muy bajas o altas de potasio en la sangre. La fibrilación ventricular provoca la pérdida de consciencia en pocos segundos.

Torsade de pointes
Se trata de una taquicardia ventricular asociada con un intervalo QT prolongado (más de 0.50 segundos) que comienza con una frecuencia de ciclo largo-corto, hay polaridad cambiante de QRS. La taquicardia puede ser paroxística (deteniéndose y comenzando de nuevo), pudiendo el paciente estar consciente (Figura 17).

Diagnóstico definitivo

El diagnóstico definitivo vendrá determinado por la asociación de la alteración electrocardiográfica con la sintomatología del paciente.

Manejo terapéutico

Independientemente del diagnóstico por ECG, es fundamental en el manejo inicial de la taquiarritmia identificar la repercusión hemodinámica de la misma sobre el paciente. Posteriormente y una vez considerado este primer punto, estableceremos su correlación electrocardiográfica, el riesgo potencial de dicha arritmia y el proceso etiopatogénico de la arritmia.

Debemos tener en cuenta que no todas las taquiarritmias precisan tratamiento: a la hora de decidir qué hacer con ellas, es importante valorar la enfermedad cardíaca de base (si existe), la situación clínica en que se presenta y el efecto que tiene sobre la calidad de vida del paciente.

Así la actitud inicial ante una taquiarritmia desde Atención Primaria vendrá determinada por establecer la estabilidad hemodinámica del paciente y la tolerancia de la misma. Posteriormente, deberemos reconocer por ECG la morfología del QRS para saber si estamos ante una taquicardia con QRS ancho o estrecho (Figura 18).

En nuestro caso, la paciente refiere palpitaciones pero no se objetivan signos de bajo gasto ni insuficiencia cardíaca y se encuentra hemodinámicamente estable. Tras la realización de un ECG, se objetiva una taquiarritmia de QRS estrecho en paciente hemodinámicamente estable, por lo que si disponemos de monitorización y medicación, se puede iniciar tratamiento médico, previa canalización de vía de acceso periférico. En el caso de que existiera inestabilidad hemodinámica procederíamos a la estabilización del paciente y se contactaría de inmediato con los dispositivos de emergencia para su traslado a un servicio de urgencias hospitalario con ambulancia medicalizada.

Con respecto al tratamiento específico de las taquiarritmias, dependerá del tipo de arritmia y del estado hemodinámico del paciente, precisando tratamiento farmacológico o cardioversión electrica.

Taquicardias QRS estrecho (origen supraventricular)

Extrasístole supraventricular
No suelen precisar tratamiento farmacológico ya que no traducen patología cardíaca asociada.

Taquicardia sinusal
El tratamiento consiste en la corrección de las causas desencadenantes. En circunstancias puntuales, pueden ser útiles los betabloqueantes como el atenolol o el esmolol. No cede con maniobras vagales o ATP.

Taquicardia supraventricular paroxística
Se pueden iniciar maniobras de valsalva o masaje carotídeo, teniendo en cuenta que antes de iniciarlo debemos auscultar las carótidas para descartar la existencia de soplos, en cuyo caso estaría contraindicado. Nunca debe ser bilateral. Si fracasa, utilizaremos adenosina endovenosa en bolos cada 2 minutos: 6, 12, 12 y 12 mg. La alternativa es verapamil,1 ampolla/5 ml suero glucosado (a pasar en 30-60 segundos). Todo ello se realizará con el paciente monitorizado y siempre teniendo en cuenta los efectos secundarios y contraindicaciones de los fármacos utilizados.

Flutter auricular
En general el flutter suele tener una mala respuesta a la cardioversión farmacológica, aunque pueden ser útiles antiarrítmicos del grupo III como la amiodarona. En pacientes con cardiopatía subyacente o alteración hemodinámica es de elección la cardioversión electrica y suelen ser suficientes energías entre 50 y 100 julios. A menudo el flutter aparece en el contexto de otras patologías como EPOC y tromboembolismo pulmonar, y el tratamiento de estas enfermedades es clave en la corrección de la taquiarritmia. Aunque el riesgo cardioembólico es menor que la fibrilación auricular, se recomienda anticoagulación en pacientes con cardiopatía o período de pericardioversión.

Fibrilación auricular
Las estrategias terapéuticas serán la cardioversión farmacológica o eléctrica, el control de la frecuencia cardíaca con tratamiento médico en la fibrilación auricular crónica, la prevención de recurrencias con fármacos antiarrítmicos (una vez en RS) y el tratamiento antitrombótico. La primera pregunta que nos planteamos ante un paciente con FA es si debemos restaurar el ritmo sinusal o no en función del estado clínico del paciente y el tiempo transcurrido desde la instauración de la arrítmia. Si existe inestabilidad hemodinámica o esta asociada a condiciones de riesgo vital, como la presencia de WPW, esta indicada la cardioversión. Si estamos ante un paciente hemodinámicamente estable deberemos individualizar el tratamiento. Será recomendable la cardioversión en pacientes con FA recurrente paroxística, en pacientes con FA persistente con edad <65 años, que presentan mal control de la frecuencia ventricular con medicación, con importante sintomatología o con deterioro clínico o funcional de una cardiopatía orgánica asociada a la caída en FA. En cambio, en casos de FA persistente de varios años de evolución, con múltiples recaídas tras restaurar el ritmo sinusal o enfermos de edad avanzada (>65 años) con FA de reciente diagnóstico, asintomáticos u oligosintomáticos con cardiopatía estructural conocida, será mas adecuado el control de la frecuencia cardíaca.

Cardioversión eléctrica: en la fibrilación auricular suele ser electiva, por lo que se recomienda siempre
realizarla a nivel hospitalario. Si se trata de un paciente hemodinamicamente inestable se procederá a la estabilización del mismo y se solicitará traslado a un servicio de urgencias con ambulancia medicalizada.

Los fármacos útiles para la cardioversión farmacológica son los del grupo IA (quinidina, procainamida), grupo IC (propafenona, flecainida) y grupo III (amiodarona, ibutilide, dofetilide). (Tabla 1).

Ninguno de estos fármacos demostró ser muy superior a los demás, por lo que su elección se basa en criterios clínicos de seguridad, eficacia y tolerancia. De acuerdo con estos criterios, las recomendaciones son: en los pacientes sin cardiopatía utilizaremos flecainida, 300 mg VO (3 comprimidos) ó 2 mg/Kg IV (1 ampolla) en 15-20 minutos o propafenona 600 mg VO ó 2 mg/Kg IV.

Si existe cardiopatía el más indicado es la amiodarona, en dosis de 300 mg IV (2 amp) en 20 minutos, hasta máximo 1200 mg en 24 h.

Mantenimiento ritmo sinusal post cardioversión: el problema que se plantea con los pacientes con FA recurrente es la alta tasa de recurrencias espontáneas (70 por ciento en un año) y la baja eficacia de los tratamientos profilácticos (38-61 por ciento de recurrencias). (Figura 19).

Los fármacos útiles son los del grupo IC (propafenona, flecainida) y los del III (amiodarona y sotalol). En estudios controlados, la eficacia de la propafenona, flecainida y sotalol es muy similar; la amiodarona parece ser algo más efectiva, su efectividad se debe contrastar con los efectos secundarios a largo plazo. La elección del fármaco debe tener en cuenta sus propiedades farmacodinámicas y la presencia de cardiopatía estructural Si hay ausencia de cardiopatía orgánica utilizaremos propafenona o flecainida, siendo la amiodarona de segunda elección. Ante la sospecha de cardiopatía, si el paciente tiene hipertensión arterial asociada, estará indicada la amiodarona a dosis de 200-400 mg cada 24 horas, si hay insuficiencia cardíaca también la amiodarona será de elección y si es un paciente con antecedentes de cardiopatía isquémica podremos utilizar amiodarona a las dosis anteriormente comentadas o el sotalol.

Control de frecuencia cardíaca (Figura 20): estará indicada en pacientes con FA recurrente (paroxística o persistente) sin tratamiento con fármacos antiarrítmicos para control de la respuesta ventricular durante los episodios paroxísticos, en pacientes con FA persistente o de reciente diagnóstico con respuesta ventricular rápida mientras se completa el tiempo de anticoagulación reglada para realizar cardioversión eléctrica programada y en pacientes con FA crónica y respuesta ventricular rápida.

Los fármacos a utilizar dependerán fundamentalmente de la existencia o no de signos de insuficiencia cardíaca en la fase aguda. Si no se objetivan signos de insuficiencia cardíaca utilizaremos preferentemente betabloqueantes o calcioantagonistas y si a pesar de ello no se consigue controlar la frecuencia cardíaca añadiremos digoxina. En el caso de que existieran signos de insuficiencia cardíaca, iniciaremos digitalización y si no se consigue un control de la frecuencia cardíaca asociaremos calcioantagonistas preferiblemente diltiazen. En la Tabla 2 presentamos las dosis de fármacos utilizados en el control de la frecuencia cardíaca.

Tratamiento antitrombótico: en pacientes con FA asociada a cardiopatía reumática, se recomienda tratamiento profiláctico con dicumarínicos, manteniendo un INR entre 3 y 4 por el alto riesgo embolígeno. En pacientes con FA no asociada a cardiopatía reumática, se han realizado varios estudios que determinan el riesgo-beneficio de la anticoagulación en estos pacientes. Estos estudios permiten establecer las líneas generales de tratamiento antitrombótico en los pacientes con FA:

o Se consideran factores predoctores de riesgo embolígeno: edad > 65 años, existencia de insuficiencia cardíaca o disfunción VI (FE <30 por ciento), hipertensión arterial con inadecuado control, diabetes mellitus, trombos intracavitarios, embolismo previo, cardiopatía isquémica crónica e hipertiroidismo.
o Paciente por debajo de 60 años y sin factores de riesgo no precisan anticoagulación. Entre 60 y 75 años, si no hay factores de riesgo, se valorará la posibilidad de antiagregación o anticoagulación según las características individuales del paciente. En pacientes por encima de 75 años o con algún factor de riesgo, independientemente de la edad, se iniciará anticoagulación.
o No precisan profilaxis antitrombótica los pacientes con episodios de FA de menos de 48 horas de evolución.
o Precisan profilaxis antitrombótica los pacientes con FA de más de 48 horas de evolución o de duración desconocida, que van a ser sometidos a cardioversión, sea esta farmacológica o eléctrica.
o Pautas de anticoagulación: acenocumarol (INR 2-3) durante 3 semanas antes y al menos 4 semanas después de la fecha de la cardioversión. Mientras no se completen las tres semanas de anticoagulación, no se deben dar fármacos con capacidad de realizar cardioversión.

Síndrome de Wolff-Parkinson-White
El tratamiento del episodio agudo si hay compromiso hemodinámico severo es la cardioversión eléctrica. Se pueden utilizar maniobras vagales para disminuir la frecuencia cardíaca. Estas maniobras producen mejores resultados cuando se efectúan apenas comienza la arritmia. Si no surten el efecto deseado, se administran fármacos como el ATP o la adenosina por vía endovenosa para detener la arritmia. También se pueden usar antiarrímicos del grupo IC o procainamida. Se debe evitar el uso del verapamilo. La prevención de recurrencias pasa por la destrucción de la vía accesoria mediante la ablación con catéter (suministro de energía de radiofrecuencia mediante un catéter insertado en el corazón) y resulta eficaz en más del 95 por ciento de los casos. El riesgo de muerte durante el procedimiento es menor a 1 de cada 1000 personas. La ablación con catéter es particularmente útil en los pacientes jóvenes, ya que, de lo contrario, tendrían que afrontar un tratamiento indefinido con fármacos antiarrítmicos.

Si en nuestra consulta de Atención Primaria detectamos un paciente con trazado eléctrico compatible con SWPW, deberemos derivarlo a un servicio de urgencias hospitalario.

Taquicardias de QRS ancho

Extrasístoles ventriculares
En principio, el único tratamiento es la disminución de las causas de estrés y evitar el consumo de alcohol y de preparados para el resfriado de venta libre que contengan principios activos que estimulan el corazón. Por lo general, sólo se prescribe un tratamiento farmacológico si los síntomas son intolerables o cuando el trazado del ritmo cardíaco sugiere algún peligro. Dada su relativa seguridad, los betabloqueadores son la primera opción. Los fármacos antiarrítmicos suprimen las extrasístoles ventriculares, pero también pueden aumentar el riesgo de una arritmia mortal. En consecuencia, deben ser utilizados con precaución en pacientes seleccionados después de haber realizado estudios cardíacos sofisticados y la correspondiente evaluación de los riesgos.

Taquicardia ventricular (TV)
Debe tratarse cualquier episodio de taquicardia ventricular que produzca síntomas y aquellos que duran más de 30 segundos, incluso si son asintomáticos. Cuando los episodios provocan un descenso de la presión arterial por debajo de los valores normales, es necesario realizar una cardioversión. Si hay compromiso hemodinámico, se debe realizar cardioversión eléctrica sincronizada urgente. En las taquicardias ventriculares bien toleradas, el tratamiento farmacológico dependerá del contexto clínico, aunque en general los fármacos más recomendados son la procainamida y la amiodarona.

En cualquier caso, el diagnóstico de una taquicardia ventricular nos obliga a la evacuación al servicio de urgencias más cercano.

Fibrilación ventricular
Se debe emplear la desfibrilación eléctrica como tratamiento de primera elección lo más tempranamente posible desde el inicio de la FV. Un retraso hace más dificultosa la reversión del ritmo a sinusal.

Evolución y seguimiento

El seguimiento de pacientes con taquiarritmia se basa en el control de la reaparición de sintomatología, así como de los procesos etiopatogénicos, haciendo especial referencia a la administración de fármacos. En el caso de inicio de tratamiento anticoagulador, se establecerán los controles pertinentes.

Criterios de derivación

o Deberán ser remitidos aquellos pacientes con una probabilidad racional de necesitar una intervención puntual durante las horas iniciales. Esto incluye pacientes en los que existe un diagnóstico de sospecha de cuadros potencialmente graves o aquellos en los que en la valoración inicial no se ha podido llegar a un diagnóstico cierto.
o En general, todo paciente hemodinámicamente inestable también deberá ser remitido al servicio de urgencias hospitalaria de referencia.
o Ausencia de diagnóstico a pesar de la valoración adecuada en el medio extrahospitalario y que necesite exámenes complementarios disponibles a nivel hospitalario.
o Imposibilidad de hacer valoración electrocardiográfica en el medio extrahospitalario.

Condiciones previas a la derivación hospitalaria

o Mantener reposo absoluto.
o Valorar la permeabilidad de las vías aéreas.
o Control de constantes vitales: presión arterial, frecuencia respiratoria y cardíaca.
o Canalización de una vena periférica con trocar de buen calibre (16G), por la que pueda administrarse medicación endovenosa.
o Monitorización electrocardiográfica continua.
o Apoyo psicológico al enfermo, para intentar disminuir la ansiedad acompañante al cuadro doloroso.





 

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