Comunicación médico-paciente
Habilidades de comunicación para mejorar la gestión del tiempo en las consultas de Atención Primaria

EL USO DEL TIEMPO DENTRO DE LA ORGANIZACIÓN SANITARIA


Recursos y demanda

La patología aguda es difícilmente previsible, aunque se puede minimizar desde la prevención o la promoción de la salud (vacunas, control de accidentes en carretera, etc...). Las epidemias, por ejemplo la gripe, colapsan nuestro sistema una vez al año y, aunque podemos mejorar los circuitos de recepción de estos pacientes, el exceso puntual de trabajo nos dificulta la gestión del tiempo.

"Es la 1 de la tarde y estoy cansado. Me he retrasado en la consulta. En lugar de tomarme el café me "he comido el tiempo del café" y voy ya tarde a ver a los pacientes domiciliarios. Cuando estoy con el maletín en la mano a punto de salir, me llaman desde administración porque hay un paciente que solicita "visita urgente"... No puedo más… ¿es que no puede esperar?, parece que se han puesto de acuerdo todos en que les vea hoy,… además el administrativo le podía comentar lo cansado que me encuentro… Y la enfermera... dónde estará… No sé cómo lo hacen los demás, pero creo que yo soy el que más trabajo de mi centro…" (Figura 3).

Algo que no teníamos previsto y nos "pilla" de improviso es generalmente lo que más nos crispa porque en ese momento se nos exige readaptarnos y "renunciar" a nuestros planes inmediatos. Las urgencias o, mejor dicho, "las mal llamadas urgencias o excedentes" se deben gestionar con negociación, con educación y con previsión. Planificar con antelación lo que podemos hacer en estos casos puede minimizar esta dificultad de adaptación. En estas ocasiones el trabajo de equipo, es de gran ayuda. La colaboración de los administrativos es básica en la organización de las visitas. Todos (médicos, enfermeras y administrativos) debemos saber qué hacer con la visita urgente, con la "fuera de hora", para no desperdiciar nuestra energía en enfados entre los miembros del equipo ni con nuestros pacientes. Además, como la memoria es frágil, conviene que todo proceso de atención sea detallado en un documento interno que sea aplicado por el equipo de atención con la flexibilidad conveniente.

Si los casos de "excedentes" dejan de ser una excepción y se convierten en habituales, merece la pena que nos paremos a pensar en cómo tenemos organizada nuestra agenda y que posibilidades de adaptarnos a la nueva situación tenemos como verdadero equipo de trabajo. Los administrativos o personal del "Área de atención al cliente", que conocen las agendas y las formas de trabajo de otros compañeros, pueden ser de gran ayuda en aportarnos ideas de organización.

También analizaremos la organización de la patología crónica, que es, y cada vez lo será más, la patología más prevalenciente y la que "consume" en gran manera nuestro tiempo.

"Mucha demanda y pocos recursos", es el pensamiento extendido entre los médicos de Atención Primaria. Mucho y poco son términos inespecíficos que no ayudan a resolver problemas. ¿Cuánto es mucho? ¿Cuánto es poco? Mejor hablar de recursos suficientes o insuficientes. Los recursos humanos de los que dispone el sistema, es decir, nosotros, deben gestionar su tiempo de tal forma que den la mayor cantidad posible de salud y de satisfacción en el menor tiempo posible. Si hablamos de patología crónica, debemos entender que el objetivo clínico, es la "estabilidad del enfermo".

Cuando existe estabilidad, no se requiere intervención, sino control. Una de las bases de la gestión es ayudar a los pacientes a comprender cuándo hay estabilidad y cuándo reagudización donde la intervención es precisa.

La entrevista clínica ha de aprovecharse para ayudar al paciente en el conocimiento y manejo de su enfermedad. Un paciente que confía en los profesionales que le atienden y que conoce su proceso, es un paciente más autónomo, responsable con su enfermedad, mejor controlado y menos frecuentador. Si la entrevista es siempre rápida, si no nos paramos alguna vez (lo que para algunos sería perder el tiempo), nunca conoceremos a aquella persona y viceversa, el paciente no llegará a tener la confianza necesaria en quienes le atienden para poder optimizar el número de visitas.

Invertir el tiempo en conocer a nuestros pacientes, sus ideas sobre el proceso, las repercusiones que éste tiene sobre su vida, las soluciones intentadas, nos ayuda a atenderles más personalizadamente. Esta actitud favorece la utilización de sus propios recursos de autocuidado. Generalmente, las personas cuando conocen mejor las situaciones (por ejemplo su enfermedad) tienden a implicarse más.

Nuestro ideal es atender a una población madura, poco dependiente, capaz de resolver sus pequeños problemas de salud y sus descompensaciones habituales. Algunos profesionales, bien por inseguridad o porque necesitan el cariño de sus pacientes, desarrollan un estilo de atención que favorece la dependencia; otros sólo quieren verlos lo mínimo imprescindible, y los hacen independientes, es decir, "aterrorizados, con miedo a venir". Estos pacientes acuden a consulta si es estrictamente necesario o urgente. Otros consiguen que sus pacientes sean interdependientes, es decir, confiados para acudir a su médico o a su enfermera cuando lo necesiten o cuando tengan dudas, pero maduros para controlar su proceso con medidas lógicas, con la medicación crónica y capaces para resolver contratiempos. Nuestro uso del tiempo debe ir enfocado en esta dirección.

Con frecuencia realizamos consultas repetitivas que no aportan nada nuevo: Siga igual y venga de aquí tres meses... y sigue igual de mal controlado. ¡Qué pérdida de tiempo y de dinero!

"Lo mejor, enemigo de lo bueno" nos recuerda el saber popular. Esta idea refleja el conformismo en el sentido de "menos es nada". Si tomamos esta rutina, podemos caer en la mediocridad, en la omisión y en el error diagnóstico. No debemos justificarnos constantemente en la falta de tiempo para hacer "lo justo", para salir del paso.

Peligros "que justificamos con la falta de tiempo":

- No registrar en las historias clínicas.
- No realizar exploración física.
- No realizar actividades preventivas.

La famosa "presión asistencial", que es cierta, en ocasiones es aliada de los perezosos y los desorganizados, que encuentran en ella la justificación perfecta para situarse en "mínimos". "Los que peor emplean su tiempo son los que más se quejan de su escasez" (La Bruyére).

Por otra parte, en muchas ocasiones hacemos volver y volver al paciente porque lo dice el protocolo, sin saber si ello le aporta beneficios a su salud o solamente le supone faltar repetidamente a su trabajo para acudir a controlarse en el médico.

Planificar conjuntamente con el paciente el seguimiento de su enfermedad puede ayudarnos a gestionar mejor su tiempo y el nuestro.





 

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