COMUNICACIÓN MÉDICO PACIENTE:
Mejora de la capacidad empática

introducción


"No existen consejos para los sentimientos ni recomendaciones para la ira, la tristeza o el miedo, sólo la compañía y la comprensión".
J.Weisberg

La masificación de nuestras consultas, así como la tendencia hacia la especialización y tecnificación de la medicina, ha decantado los elementos de cordialidad, trato personal y empatía que caracterizan una medicina humana. Hay dos protagonistas de excepción a destacar: por un lado, el profesional sanitario que, por lo general, no recibe un entrenamiento específico en el manejo de sus emociones, lo que le conduce a una defensa psicológica ante situaciones o pacientes que él cree difíciles y, por otro lado, ante pacientes cuya queja más habitual es sobre el trato que reciben.
Creemos que el manejo adecuado del tono emocional y las habilidades comunicacionales del entrevistador pueden reintroducir el factor humano en la relación clínica asistencial. También creemos que la calidad de la comunicación entre profesionales sanitarios y pacientes es crítica para los resultados en salud de nuestras consultas. La comunicación eficaz mejora el recuerdo de la información, la adherencia al tratamiento, la satisfacción, el bienestar piscológico y los resultados biomédicos del paciente, a la vez que protege de las reclamaciones por malpraxis a los médicos.

Cada persona, cada paciente, antes de dirigirse a un profesional de la salud, experimenta una situación peculiar que incluye varias fases: inicialmente el paciente nota "algo raro" (dolor, tristeza, malestar, sensación desconocida) referente a su propia salud que le preocupa. Le cuesta discernir qué síntomas son importantes y cuáles no, y decide consultar con un profesional sanitario.

Cuando por fin se encuentra frente al profesional (médico o enfermero) se inicia una "relación clínica" en la que van a influir multitud de factores. El grado de conexión que se establezca entre ambos, hará que la información fluya fácilmente, o bien, se creará un camino de obstáculos que dificultará la información y la comunicación. Los datos que
"realmente" el paciente va a transmitir sobre su malestar (el qué, cómo, cuándo y dónde) dependerá de las oportunidades que tenga de hacerlo. Puede omitir información por pensar que no es relevante, o simplemente porque en el curso de la visita se le olvide, o bien, puede "explicarlo mal" y sugerir un diagnóstico que no es el correcto. Es pues el profesional, quien con sus habilidades y actitudes, debe facilitar y orientar al paciente para obtener unos datos de calidad.

El paciente espera una respuesta que difícilmente va a discutir por respeto al profesional, al menos en su presencia, y que escuchará con más o menos atención, según el grado de confianza que se cree. En cualquier caso, rara será la ocasión en que el paciente solicite aclaraciones (por respeto al gurú).

No obstante, es labor del profesional sanitario anticiparse a estas y otras situaciones y estar preparado para detectarlas y reaccionar del modo adecuado. En este sentido, la entrevista clínica no puede reducirse al mero cumplimiento de un protocolo, al interrogatorio de un síntoma o de un signo, a una serie de preguntas y respuestas concatenadas.

La comunicación no puede ser nunca sustituida por un algoritmo clínico de decisión, ya que es un fenómeno que sucede entre dos o más personas. El problema del paciente no está sólo en su enfermedad o en su dolencia, sino en la vivencia que de ella se desprende. En algunos casos, podríamos tratar su enfermedad con una máquina, con la tecnología, pero nunca podremos entender su experiencia sin participar: "compartiendo" esas emociones.

Es necesario que el profesional sanitario intente comprender al paciente para profundizar en el problema que le está planteando, y a la vez, es necesario también, que el paciente se sienta comprendido y respaldado por unos profesionales en los que debe depositar su confianza respecto a su bien más preciado: su salud.

De nada sirve tener unos conocimientos sofisticados sobre un tema, si no somos capaces de detectar a tiempo un determinado síntoma. Pero tampoco sirve conocer todos los síntomas de un paciente sin unos conocimientos técnicos adecuados. Así pues, conocimientos técnicos y habilidades en comunicación son necesarios para nuestra práctica profesional.

En adelante, para referirnos a la relación terapéutica utilizaremos la expresión profesional sanitario-paciente (PS-P) entendiendo que incluye a todos los profesionales de la salud, y al "paciente" entendido como usuario o cliente, enfermo o sano.

Los objetivos del capítulo son los siguientes:

1. Conocer el significado y la importancia de la empatía
2. Reconocer situaciones de nuestra práctica que dificultan la relación PS-P.
3. Descubrir técnicas sencillas que facilitan la mejora continua de la empatía.







 

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