Aportaciones en enfermedades infecciosas (I)
Infecciones urinarias

 

CISTITIS EN LA MUJER

Motivo de consulta

La paciente ARC de 35 años de edad acude a nuestra consulta refiriendo que desde ayer nota escozor al orinar. No tiene fiebre, es la primera vez que presenta una clínica así y no tiene antecedentes personales de interés.

La disuria en la mujer es un motivo de consulta frecuente en Atención Primaria y en general las pacientes lo refieren como sensación de escozor con la micción.


Diagnóstico diferencial

Ante una mujer con disuria y sin fiebre, el diagnóstico diferencial (Tabla 6) se deberá realizar fundamentalmente entre una cistitis, una vulvovaginitis, una uretritis por gérmenes de transmisión sexual (gonococo, Chlamydia sp, Ureaplasma sp, herpes) y una pielonefritis subclínica. Otros diagnósticos posibles, aunque menos frecuentes, son una litiasis vesical, una vaginitis de causa no infecciosa, traumatismos vaginales, procesos neoplásicos de la vía urinaria, patología psiquiátrica, etc.

Deberemos, en primer lugar, preguntar a la paciente sobre los antecedentes personales, las características de la disuria, la presencia de leucorrea y los hábitos sexuales.

Clínicamente, la cistitis se caracteriza por disuria, generalmente intensa, de inicio agudo, que se puede acompañar de polaquiúria, tenesmo vesical y molestias suprapúbicas. A veces puede aparecer febrícula. En aproximadamente un 40 por ciento de ocasiones, puede haber hematuria macro o microscópica y su presencia no añade carácter de gravedad al cuadro.

En la vulvovaginitis las molestias urinarias se presentan tanto con la micción como sin ella y suele acompañarse de prurito externo y leucorrea.

La uretritis en la mujer es de difícil diagnóstico y la sospecharemos sobre todo en la paciente joven con un inicio de la disuria gradual de una intensidad leve y ante la existencia de promiscuidad sexual o un cambio de pareja sexual en las dos últimas semanas.

Podemos sospechar la posibilidad de una pielonefritis subclínica, es decir, la existencia de afectación de la vía urinaria superior, pero con sintomatología que indica afectación de la vía baja ante la presencia de algunos factores de riesgo que deberemos recoger en la anamnesis:

- Síntomas de más de 7 días de duración.
- Recaídas.
- Infecciones urinarias en la infancia.
- Diabetes mellitus.
- Anomalías de la vía urinaria.
- Antecedentes de pielonefritis aguda en el último año.
- Inmunosupresión.
- Instrumentalización reciente de la vía urinaria.
- Edad mayor de 65 años.

Estas pacientes requerirán un manejo clínico como si tratase de una pielonefritis aguda.

Nuestra paciente refería escozor sólo con la micción, polaquiúria, no tenía leucorrea y tenía una pareja sexual estable.


Diagnóstico clínico

La combinación en una paciente de los síntomas disuria, polaquiúria y ausencia de leucorrea establece una sospecha clínica muy elevada de que estamos ante una cistitis. Sin embargo, en diferentes trabajos se ha objetivado que ante la presencia de síntomas que indican la posibilidad de una cistitis, en el 50 por ciento de casos el urocultivo es negativo.

Esto hace que sea muy aconsejable utilizar alguna técnica complementaria que nos ayude a asegurar más el diagnóstico y así prescribir menos tratamientos antibióticos innecesarios. Así, ante una mujer con síntomas sugerentes de cistitis, debemos realizar una tira reactiva en orina (Figura 1). Esta prueba nos dará información sobre la presencia de leucocitúria, hematuria y nitritos en orina. La prueba de la leucocitoesterasa tiene un valor predictivo positivo del 97 por ciento y un valor predictivo negativo del 85 por ciento. La presencia de nitritos en orina es poco sensible pero muy específica, así su ausencia no descartará el diagnóstico, pero su presencia nos indicará que con mucha probabilidad se tratará de una cistitis.

En general, ante una mujer con disuria, no está indicado realizar un urocultivo previo al tratamiento antibiótico (B), ya que no nos aporta información significativa. La tira reactiva nos ofrece una buena sensibilidad y especificidad y podemos sospechar con bastante seguridad qué germen la estará causando y conocer previamente a qué antibióticos será sensible. Sin embargo, hay algunos casos donde sí está indicada la realización de un urocultivo previo al tratamiento:

- Gestantes.
- Pacientes con cistitis recurrentes.
- Pacientes con sospecha de una pielonefritis subclínica.
- Sintomatología de infección urinaria sin leucocitúria en la tira reactiva.
- Infección urinaria sintomática en una paciente con sonda urinaria.

En estos casos, valoraremos la presencia de bacteriuria significativa en orina, así como el resultado del antibiograma que nos indicará si el tratamiento antibiótico que hemos iniciado de manera empírica es correcto.

En el caso de nuestra paciente, se detectó una leucocitúria intensa en la tira urinaria, no había nitritos ni sangre. No se cursó urocultivo y se inició un tratamiento antibiótico empírico.


Manejo terapéutico

Las guías de terapéutica realizadas en otros países no son aplicables a nuestro medio, ya que las sensibilidades de sus gérmenes a los antibióticos son bastante diferentes a las nuestras. Es interesante conocer cuáles son las resistencias a los antibióticos de los uropatógenos más habituales en nuestra zona, para poder decidir cuál es la pauta más idónea y llevar a cabo un uso responsable y congruente de estos fármacos.


El tratamiento de elección ante una mujer con una cistitis simple es una pauta antibiótica corta (3-5 días). Con ésta se consigue un porcentaje de curaciones similar a la de un tratamiento más largo, sin más recurrencias, pero con un mejor cumplimiento y menor número de efectos secundarios.

El tratamiento con monodosis tiene un 20 por ciento de fallos terapéuticos y una mayor frecuencia de recurrencias (A-Ia).

En el caso de utilizar esta opción terapéutica, tan sólo se aconseja fosfomicina trometamol 3 gr.

El tratamiento empírico se aconseja realizarlo con uno de los siguientes antibióticos, valorando la utilización de otros (cefalosporinas de primera generación, ácido pipemídico, etc.) en función de las resistencias de nuestra zona:

- Amoxicilina- ácido clavulánico 500 mg/8 h/5 días.
- Norfloxacino 400 mg/12 h/3 días (A-Ib).
- Ciprofloxacino 250 mg/12 h/3 días (A-Ib).
- Ofloxacino 200 mg/12 h/3 días (A-Ib).
Otras alternativas son:
- Fosfomicina 500 mg/8 h/7 días.
- Nitrofurantoina 50 mg/6 h/7 días (B-III).

En el caso de cistitis en una paciente gestante se seguirá la misma pauta que se describe en el tratamiento de la bacteriuria asintomática durante el embarazo.

A nuestra paciente se le prescribió tratamiento de con norfloxacino 400 mg/12 h/3 días, indicándole que si los síntomas desaparecían no era necesario volver a control.


Evolución
y seguimiento

En las pacientes que clínicamente se encuentran asintomáticas al acabar el tratamiento, no es necesario realizar un urocultivo de control. Si no es así, deberemos reevaluarla y realizar un urocultivo. Las causas más probables del fracaso terapéutico son la existencia de un germen resistente al tratamiento utilizado, el que en realidad no se trate de una cistitis (vaginitis, uretritis), que no haya habido un cumplimiento terapéutico correcto o que se trate de una pielonefritis subclínica.

En la paciente en la que persisten los síntomas y el urocultivo es positivo, prescribiremos tratamiento durante 10 días. Si es negativo, valoraremos la posibilidad de una uretritis, cursando un cultivo uretral o bien realizando un tratamiento empírico de la posible uretritis. Ante la presencia de una piúria estéril, también hemos de valorar la posibilidad de una tuberculosis renal.

No está indicado el estudio de la vía urinaria en el caso de cistitis simple en la mujer, ya que habitualmente no encontraremos ninguna alteración.



 

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