Aportaciones en enfermedades infecciosas (I)
Infecciones urinarias

 

PIELONEFRITIS AGUDA EN LA MUJER

Motivo de consulta

La paciente M.R.R de 30 años de edad acude a nuestra consulta por presentar fiebre alta, de 24 horas de evolución, escalofríos, y mialgias.


Diagnóstico diferencial

Delante de un cuadro clínico de estas características, es preciso profundizar en la anamnesis y realizar una exploración física exhaustiva. Existen múltiples patologías de etiología infecciosa, ya sea viral o bacteriana, que pueden cursar con una clínica parecida.

Los síntomas urinarios, ya se trate de disuria o polaquiuria, pueden no estar siempre presentes.

Asimismo, puede haber náuseas y/o vómitos, e importante afectación del estado general.


Diagnóstico clínico

Hablamos de pielonefritis aguda cuando existe una inflamación de la pelvis renal.

Los síntomas de la pielonefritis aguda se desarrollan con rapidez. En la exploración física, se detecta dolor intenso a la puño-percusión lumbar, debido a la distensión de la cápsula renal por el edema intersticial que se produce en la infección aguda.


Manejo terapéutico

El médico de familia puede atender entre dos y cinco pielonefritis agudas por año, de las que el 50 por ciento son de menor gravedad y pueden ser tratadas de forma ambulatoria.

Es preciso saber reconocer las formas complicadas, o con peligro de sepsis, que producen una morbi-mortalidad nada despreciable, a pesar del tratamiento.

Delante de una clínica y exploración física compatible con un proceso infeccioso de vías urinarias altas, es precisa la realización de un urocultivo (Figura 4).

El diagnóstico bacteriológico se realiza mediante el aislamiento en la orina del uropatógeno en un recuento igual o superior a 100 UFC/ml, aunque la mayoría de veces los contajes son más altos.

En un 20-30 por ciento de los casos el hemocultivo es positivo.

Ante una paciente con pielonefritis aguda no complicada, debemos tener en cuenta los antecedentes patológicos, las enfermedades de base, y los criterios de gravedad de la propia infección para decidir el tratamiento. Así pues, las pacientes que cursan sin vómitos y presentan escasa gravedad pueden ser tratadas de forma ambulatoria. Si existen vómitos o criterios de gravedad que requieran tratamiento y rehidratación parenteral, será preciso el ingreso hospitalario (Tabla 8).

El tratamiento se realizará durante 14 días vía oral. De manera empírica, podemos utilizar:

- Amoxicilina-ácido clavulánico: 500/125 mg/8 horas.
- Cefuroxima axetil: 500 mg/12 horas.
- Cefixima: 400 mg/24 horas.

También se pueden utilizar quinolonas fluoradas con precaución, debido a que la tasa de resistencias a E. coli y Enterobacter spp se encuentra alrededor del 20 por ciento.

Otra opción, si la clínica lo requiere, sería la administración de un aminoglucósido durante 2-3 días, vía intramuscular (gentamicina 240 mg/24 horas, tobramicina 200 mg/24 horas) o cefonicida 1 g/24 horas. Pasaremos a la vía oral una vez que conozcamos el antibiograma (B-III). (Figura 4).

Así mismo, será preciso asegurar una hidratación adecuada y un tratamiento sintomático.


Evolución
y seguimiento

Es preciso un seguimiento evolutivo estricto a las 48-72 horas. Si el paciente no ha respondido al tratamiento en este período, debemos pensar en que se ha producido una complicación o existe una resistencia del germen al antibiótico utilizado y será necesaria la derivación hospitalaria.

Se recomienda realizar un cultivo a la semana de finalizar el tratamiento. No obstante, esta práctica está sometida a debate. A las pocas horas del inicio del tratamiento antibiótico, si la evolución es correcta, la orina se esteriliza, aunque puede persistir una leucocituria aséptica durante 2-3 semanas sin traducción patológica.

En la mayoría de mujeres jóvenes que han sufrido una pielonefritis aguda no complicada no se evidencia ni alteraciones de la vía urinaria, ni daño renal por la propia pielonefritis. Por tanto, en un primer episodio no será preciso realizar un estudio urológico posterior. Sólo en caso de un segundo episodio, hematuria persistente o antecedentes de litiasis reno-ureteral, éste sí estaría indicado (radiografía de abdomen y ecografía renovesical).


 

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