Aportaciones
en enfermedades infecciosas (I)
Infecciones urinarias
PROSTATITIS
AGUDA
Motivo de consulta
Se
trata de un varón de 45 años que solicita una visita domiciliaria
por presentar fiebre de 39ºC. El paciente refiere, además, escalofríos,
mal estado general, disuria y dolor perineal de 24h de evolución. No presenta
ningún antecedente patológico de interés.
Diagnóstico
clínico
Clínicamente orientamos el cuadro
como una prostatitis aguda. La prostatitis aguda no complicada es una inflamación
del parénquima prostático de origen bacteriano, sin antecedentes
previos de enfermedad urológica o manipulación de la vía.
Afecta en general a hombres jóvenes, con un pico de máxima
prevalencia entre los 30-40 años. Los gérmenes implicados son las
enterobacterias, destacando E.coli como el agente etiológico responsable
de más del 90 por ciento de los casos.
Parece que la actividad
sexual favorece la colonización vía canalicular ascendente. Los
síntomas se inician de forma brusca y severa, existiendo síntomas
generales (fiebre alta, escalofríos, dolores musculares) y síntomas
locales (disuria, polaquiúria, tenesmo, disminución del chorro de
la orina, dolor perineal o en glande). Si existen dudas diagnósticas, se
aconseja realizar un tacto rectal suave, teniendo en cuenta que el masaje prostático
está contraindicado dado el riesgo de bacteriemia. Al tacto, la próstata
aparece caliente, extremadamente dolorosa e indurada total o parcialmente. Se
recomienda recoger una muestra de orina para cultivar.
Diagnóstico
diferencial
El diagnóstico diferencial lo realizamos
con los otros dos subtipos de infección urinaria del varón, que
cursan con fiebre alta y afectación del estado general: la pielonefritis
aguda y la orquiepididimitis aguda. En nuestro caso, la ausencia de dolor lumbar
y de inflamación testicular y la percusión lumbar no dolorosa apuntan
a considerar la prostatitis aguda como el diagnóstico más probable.
Diagnóstico
definitivo
El diagnóstico definitivo lo aporta
la positividad del cultivo urinario para enterobacterias, en el contexto de una
clínica altamente sugestiva. Hemos de tener en cuenta la posibilidad de
encontrar contajes bajos (<105 UFC/ml.) en el urocultivo, siendo igualmente
válidos para el diagnóstico. Así mismo, el valor de PSA en
suero puede estar elevado, normalizándose después del tratamiento.
Manejo terapéutico
El
tratamiento se ha de iniciar inmediatamente de forma empírica por el riesgo
de urosepsis. Dada la intensa vascularización del parénquima al
inicio del proceso, hay una buena penetración de los antibióticos
en el tejido prostático inflamado, y así se observa una rápida
respuesta clínica. Si no se tolera la vía oral y se quiere mantener
al enfermo en su domicilio, podemos utilizar la vía parenteral los 3-5
primeros días (gentamicina 240 mg/24, cefonicid 1 g/24), pasando a la vía
oral una vez conocidos los resultados del cultivo. Transcurridos los primeros
días de tratamiento, la próstata se va desinflamando y la membrana
basal recupera sus propiedades de barrera. Por lo tanto, los antibióticos
seleccionados en esta segunda fase han de ser capaces de atravesarla, siendo los
más indicados las quinolonas (ciprofloxacino 500 mg/12h, ofloxacino 400
mg/12) y cotrimoxazol 320/1600 mg/12h, siempre de acuerdo con el antibiograma,
durante 4 semanas (B-III), tiempo suficiente para erradicar el germen de la próstata
y evitar las recurrencias. Hay que añadir al tratamiento, medidas de soporte
general, tales como hidratación, AINES y laxantes. Nuestro enfermo fue
tratado con ciprofloxacino 500 mg/12h durante 1 mes.
Evolución
y seguimiento
Es importante constatar que el paciente
queda afebril a las 48-72 h de iniciado el tratamiento. Si la fiebre persiste,
hemos de derivar al paciente a un centro hospitalario para descartar las posibles
complicaciones: absceso prostático, orquiepididimitis, PNA o bacteriemia.
Criterios
de derivación
Consideramos la derivación
previa al tratamiento cuando estemos en presencia de un paciente con alguna de
las siguientes características: >65 años, mal estado general,
vómitos, enfermedad de base o antecedentes de riesgo, es decir, en todas
aquellas situaciones que nos hagan sospechar una mala evolución del proceso
a pesar de seguir un tratamiento correcto.
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