Aportaciones
en enfermedades infecciosas (I)
Infecciones urinarias
PROSTATITIS
CRÓNICA
Motivo de consulta
Paciente
de 55 años, fumador e hipertenso, que refiere disuria, tenesmo y polaquiúria
desde hace dos días. En el último año, ha sido diagnosticado
de cistitis en tres ocasiones y ha seguido en todas ellas un tratamiento correcto.
A veces refiere dolor al eyacular, que puede hacerse tan intenso que llega a inhibir
la propia eyaculación. En dos ocasiones ha constatado hemospermia.
Diagnóstico
clínico
La causa más frecuente de ITU
recurrente en el hombre es la prostatitis crónica bacteriana. La "clínica
guía" es la presencia de infecciones urinarias de repetición
causadas siempre por el mismo germen. Entre episodio y episodio, el paciente puede
estar asintomático o bien presentar síntomas leves de polaquiúria,
disuria, tenesmo y disconfort suprapúbico, cuyo origen es la irritabilidad
vesical. En cuadros muy evolucionados encontramos síntomas obstructivos.
En la esfera sexual no es infrecuente la hemospermia y el dolor en la eyaculación.
Al tratar las sucesivas cistitis se cura la infección vesical y se esteriliza
la orina, pero la infección persiste en la próstata (la virulencia
bacteriana queda posiblemente debilitada). Al cabo de un tiempo, los gérmenes
refluyen a la orina a través de la uretra prostática y provocan
de nuevo cistitis. En cada episodio de cistitis hemos de recoger muestra de orina
para cultivar. Los gérmenes implicados son los mismos que en la prostatitis
aguda, y así, E.coli se aísla en el 60-80 por ciento de los cultivos,
seguido de Proteus y Klebsiella. El tacto rectal entre los distintos episodios
suele ser anodino y la prueba de la leucocitoesterasa-nitritos y los urocultivos
también resultan negativos.
Diagnóstico diferencial
El
diagnóstico diferencial lo realizaremos con el síndrome de dolor
crónico pélvico o prostatitis crónica abacteriana, entidad
predominante en varones de 30-50 años y 8 veces más frecuente que
la prostatitis crónica bacteriana. El síntoma guía y diferenciador
de los otros trastornos miccionales es el dolor sin infección ni bacteriuria
(al menos detectable con los métodos convencionales). Clínicamente
puede haber también disuria, polaquiúria, dificultad para iniciar
la micción y goteo postmiccional, pero sobre todo destaca el dolor en la
zona suprapúbica, pene, testículos o periné. Aunque el cultivo
urinario sea negativo, sí hay evidencias de inflamación prostática
en numerosos casos. La causa de la inflamación es objeto constante de estudio
y especulación. De hecho, la etiología es desconocida y se apuntan
como causas posibles la infecciosa (infección oculta producida por gérmenes
infrecuentes y no detectables con métodos habituales), autoinmune, neurológica
o incluso psiquiátrica. (Tabla
9).
Diagnóstico definitivo
El
diagnóstico definitivo se realiza demostrando la infección de la
próstata a través de las pruebas de localización. En el cultivo
fraccionado de Stammey-Meares (Tabla 10) se procesan cuatro muestras secuenciales
de orina, así como muestra de fluido prostático y de semen y posmasaje
prostático. En la prostatitis crónica bacteriana, la bacteriuria
en la muestra de orina posterior al masaje prostático es 10 veces superior
a la bacteriuria de la muestra inicial de orina, siempre que el germen sea el
mismo. En el síndrome del dolor crónico pélvico no se detecta
bacteriuria. La ecografía prostática transrectal puede mostrar una
próstata de tamaño normal o ligeramente aumentado con zonas hiperecoicas
distribuidas irregularmente. A veces se detecta la presencia de abscesos o cálculos
intraprostáticos, que pueden perpetuar la infección.
Manejo
terapéutico
Para el tratamiento hemos de escoger
antibióticos que penetren bien en el tejido prostático. Los antibióticos
que mejor cumplen estas condiciones son las quinolonas (norfloxacino 400 mg/12h,
ofloxacino 400 mg/12h, ciprofloxacino 500/12h) o el cotrimoxazol 320/1600 mg/12h.,
debiendo mantener el tratamiento durante 2-3 meses (B-III). La tasa de curaciones
es del 60-90 por ciento.
Evolución
y seguimiento
Muchos pacientes suelen recurrir a pesar
de haber realizado un tratamiento correcto. En ellos está indicado mantener
una pauta supresora de antibióticos durante 6 meses (cotrimoxazol 80/400mg/día,
nitrofurantoina 100 mg/día, ciprofloxacino 250 mg/día, ofloxacino
200 mg/ día), la extracción de litiasis (el germen queda acantonado),
inyección intraprostática de antibióticos, resección
transuretral (con el objetivo de eliminar todos los focos infecciosos), o la inmunoterapia.
El tratamiento empírico del síndrome de dolor crónico pélvico
puede realizarse con antibióticos (quinolonas durante 4 semanas y si responden
continuar durante 4 semanas más), bloqueantes alfa-adrenérgicos
(finasteride, amitriptilina, o ablación transuretral). No hay, de hecho,
un tratamiento realmente efectivo y ninguno de los anteriores tiene una evidencia
científica.
Criterios de
derivación
Es aconsejable la derivación
al especialista en caso de no poder demostrar la etiología bacteriana,
ya que el tratamiento antibiótico es largo. Hay autores que aconsejan,
de todas maneras, el tratamiento empírico. También se ha de derivar
al enfermo cuando tengamos dudas diagnósticas, no obtengamos una respuesta
favorable al tratamiento, reaparezcan los síntomas una vez finalizado el
mismo o se tengan que valorar terapias alternativas.
Nuestro enfermo fue
tratado con ciprofloxacino 500 mg/12h durante 15 días y posteriormente
fue derivado a un servicio especializado para el estudio de una posible prostatitis
crónica bacteriana.
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