Aportaciónes en enfermedades infecciosas (II)
Seguimiento del paciente VIH por Atención Primaria

EL DIAGNÓSTICO
DE LA INFECCIÓN

 

El diagnóstico de la infección VIH-1 sólo puede establecerse de modo definitivo por métodos de laboratorio, ya que las manifestaciones clínicas, aunque sugerentes, son inespecíficas en cualquier estadio de la enfermedad.

Las pruebas de laboratorio utilizadas para reconocer las infecciones por retrovirus humanos pueden clasificarse en directas e indirectas según si persiguen demostrar la presencia del virus o de sus constituyentes (proteínas o ácidos nucleicos) o bien la respuesta inmunitaria (humoral o celular) del huésped.

Entre las pruebas indirectas (o serológicas), existen diferentes tipos de pruebas para la detección de anticuerpos frente al VIH-1. El diseño de algunas de ellas permite realizar gran número de análisis a la vez. Son las denominadas pruebas de screening. Por el contrario, otras son de realización más compleja aunque proporcionan mayor especificidad.

La seropositividad se define mediante la demostración de anticuerpos frente a las proteínas virales, con reactividad repetida en las pruebas de screening y, además, con alguna de las pruebas de confirmación.

Entre las pruebas de screening, la más utilizada es el enzimoinmunoanálisis (EIA). Los antígenos provienen del lisado viral de un cultivo (EIA de primera generación) o bien corresponden a proteínas recombinantes o péptidos sintéticos (EIA de segunda generación), que reproducen epitopos del virus. Los EIA de segunda generación son más sensibles y, sobre todo, más específicos que los de primera. En general, las pruebas aprobadas por los bancos de sangre gozan de excelente sensibilidad, superior al 99 por ciento.

Entre las pruebas de confirmación, el Western blot (WB) es el método más empleado para la confirmación de resultados obtenidos con pruebas de screening. Permite discriminar frente a qué antígenos virales se dirigen los anticuerpos presentes en la muestra problema.

Existe un patrón evolutivo de los diferentes marcadores serológicos de infección por VIH-1. Tras la exposición al retrovirus, en unos 10-30 días de promedio, alrededor del 50 por ciento de los pacientes desarrollan un cuadro pseudogripal que se sigue, a las pocas semanas, de la aparición de anticuerpos dirigidos frente al virus. El método de WB detecta en primer lugar el anti-p24 y poco después anti-gp160. Por el contrario, otras técnicas como la RIPA detectan inicialmente anti-gp 160. El resto de los anticuerpos aparece de modo progresivo en las semanas siguientes. Antes de la aparición de los anticuerpos frente a proteínas del VIH-1 puede detectarse antigenemia en más de la mitad de los casos durante 2-6 semanas. Se han descrito casos de persistencia de antigenemia tras la seroconversión en pacientes que presentaron un rápido deterioro clínico. Los anticuerpos dirigidos contra el VIH-1 pueden detectarse en suero a partir de las 3-6 semanas después de la exposición al retrovirus. En general, la caída de los anticuerpos anti-p24 coincide con una elevación de la antigenemia por VIH-1.

En la mayoría de los casos, las metodologías serológicas son suficientes para establecer el diagnóstico de la infección. Sin embargo, presentan el inconveniente de depender no sólo de la capacidad de respuesta del sistema inmune sino también de la variabilidad antigénica del virus.

Entre las pruebas directas tenemos la antigenemia, que son pruebas de EIA para el reconocimiento de antígenos (básicamente p24) de VIH-1 en el plasma y otros líquidos biológicos. Las aplicaciones más importantes de la detección de antigenemia p24 son:

- La monitorización de la respuesta a antirretrovirales.
- El diagnóstico precoz de la infección aguda por VIH-1.
- El diagnóstico de la infección por vía vertical.
- La identificación de individuos seropositivos con elevada infectividad.
- El reconocimiento de la replicación viral en cultivo celulares.

Para el diagnóstico de la infección por el VIH una prueba de EIA reactiva en una ocasión para Ac frente al VIH-1 debe ser repetida en la misma muestra antes de ser valorada como tal. Todas las muestras con EIA repetidamente reactivo deben ser analizadas mediante una prueba de confirmación, sobre todo el WB. Diversos estudios han demostrado que la sensibilidad y especificidad de las pruebas de EIA comerciales son superiores al 98 por ciento.


CLASIFICACIÓN
DE LA INFECCIÓN VIH Y CRITERIOS DE DEFINICIÓN DE SIDA

La clasificación actualmente vigente de la infección VIH-1 y que entró en vigor en enero de 1993 (Tabla 4) se basa en el número de CD4+ y la existencia de distintas situaciones clínicas que se incluyen en dos categorías B (Tabla 5) y C (Tabla 6).

La categoría clínica A se aplica a la infección primaria y a pacientes asintomáticos aunque presenten un cuadro linfadenopático persistente (LGP).

La categoría clínica B se aplica a pacientes que presenten o hayan presentado síntomas debidos a enfermedades no pertenecientes a la categoría C, pero relacionados con la infección por el VIH o cuyo manejo y tratamiento pueden verse complicados debido a la presencia de la infección por el VIH. La categoría clínica C se aplica a pacientes que presenten o hayan presentado alguna de las complicaciones ya incluidas en la definición de sida.


El papel del médico de familia en la población seropositiva para el VIH

El papel del médico de familia en la población seropositiva para el VIH, tiene una serie de consideraciones preventivas, que ya las hemos comentado, y de manejo terapéutico que lo haremos después. Sabemos que se trata de un individuo que está infectado por el VIH, pero en la mayoría de los casos, desconocemos el momento en que se infectó y por tanto, el momento de la historia natural de la infección VIH/sida con el que nos encontramos. Cerca de un 35-40 por ciento de personas conocen su infección cuando ya cumplen criterios definitorios de caso de sida. Hay que realizar los esfuerzos necesarios para conseguir realizar un diagnóstico más precoz de la infección como se ha explicado anteriormente. Así podemos diferenciar tres tipos de actuación: la actuación preventiva, la valoración inicial del enfermo infectado y el tratamiento.

Valoración inicial
del paciente infectado por el VIH

Para valorar el momento de la infección en el que se encuentra el paciente y establecer un plan diagnóstico-terapéutico debemos hacer:

Anamnesis completa por aparatos (Tabla 7): es preciso una detallada historia clínica para investigar síntomas y signos consecueentes de la propia infección por el VIH, de posibles infecciones y/o neoplasias oportunistas y de otras enfermedades coadyuvantes.

Exploración física completa (Tabla 8): junto con la completa anamnesis y en espera de la situación inmunológica del paciente, nos permitirá clasificar el estadio del mismo.

Petición de pruebas complementarias (Tabla 9): la necesidad de saber el estado inmunológico del paciente infectado por el VIH obliga a realizar una consulta/derivación al segundo nivel, para realizar un estudio tanto de las subpoblaciones linfocitarias como para cuantificar la carga viral, cuyos resultados serán determinantes para establecer el plan terapéutico adecuado.

Valoración psico-social (Tabla 10): es una valoración fundamental para todo el proceso, y casi seguro que requiera de una intervención multidisciplinar: médico de familia, enfermera, trabajadora social, psiquiatra y/o psicólogo. Ya se empiezan a disponer de datos que confirman que un mayor apoyo social repercute en una mejor calidad de vida para los enfermos infectados por el VIH.








 

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