Aportaciónes en enfermedades infecciosas (II)
Seguimiento del paciente VIH por Atención Primaria

TRATAMIENTO
Y PROFILAXIS
DE LAS INFECCIONES OPORTUNISTAS
EN PACIENTES POSITIVOS AL VIH


Las infecciones oportunistas han sido la principal causa de morbilidad y mortalidad de los pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) desde el inicio de la epidemia.

La instauración de pautas eficaces de profilaxis primaria y secundaria frente a las principales infecciones oportunistas (IO) supuso el primer gran avance terapéutico para los enfermos infectados por VIH y permitió un significativo descenso de mortalidad ya antes de la era del tratamiento antirretroviral de gran actividad (TARGA). En los últimos años con la introducción del TARGA hemos asistido a un notable cambio en la evolución de la infección por el VIH, con una importante reducción de la mortalidad y de la incidencia de las IO. Sin embargo, se continúan observando casos de IO en varias situaciones: personas que no se sabían infectadas por el VIH y que empiezan con una IO; enfermos que no reciben TARGA por mala tolerancia; por fracaso del TARGA; por problemas de adherencia; etc. Sin ningún género de dudas el TARGA es la mejor estrategia para prevenir las IO. En la práctica clínica la profilaxis continúa siendo necesaria en los países con pocos recursos económicos en pacientes muy inmunodeprimidos hasta que el TARGA consigue sus efectos, en los que no desean o no pueden tomarla o en los que no consiguen recuperar cifras de CD4.

Hay que recordar que la prevención de las IO es un campo donde todavía se lleva a cabo investigación clínica, especialmente en el de la retirada de las profilaxis secundarias. Por este motivo la prevención y el tratamiento de las IO continúan siendo un tema de actualidad en el manejo de pacientes infectados por el VIH (Tablas 11, 12, 13).


TRATAMIENTO ANTIRRETROVIRAL

El tratamiento antirretroviral de gran actividad (TARGA) ha conseguido modificar la historia natural de la enfermedad, convirtiéndola en los países desarrollados en una enfermedad crónica. Sus especiales características (alta toxicidad, efectos secundarios, poli medicación y aparición de resistencias) han hecho variar a lo largo del tiempo tanto su momento de inicio como las combinaciones de los diferentes fármacos. Así de la postura inicial de "golpear duro y cuanto más pronto mejor" se ha pasado a un uso más conservador, de forma que adquiere una gran importancia el conseguir un alto grado de adherencia.

¿Cuáles son las características fundamentales del TARGA?
1. El tratamiento de elección se basa en la combinación de al menos tres fármacos ya que se ha demostrado que esto aumenta la supervivencia, retrasa la progresión clínica, disminuye los ingresos hospitalarios y los costes asociados de la enfermedad.
2. La adherencia al TARGA es fundamental en la duración de la respuesta antirretroviral, ya que se ha confirmado el papel primordial que desempeña ésta en la respuesta antiviral y en variables clínicas como el desarrollo de sida y la mortalidad.
3. La toxicidad a medio y largo plazo de los antirretrovirales es un factor importante que obliga a buscar nuevas pautas que sean igual de efectivas, pero que tengan menos efectos secundarios.
4. La prevención de la infección por VIH es un aspecto fundamental que nunca debe olvidarse en nuestra práctica, tanto en el paciente infectado como en las personas de su entorno, siendo en este aspecto importante la labor de AP.
¿De qué fármacos antirretrovirales disponemos?
En la actualidad disponemos en España de un total de 20 fármacos, además de 2 combinaciones estándar de varios antirretrovirales (Tablas 14, 15, 16, 17, 18 y 19) Existen tres grupos de fármacos antirretrovirales:

1. Inhibidores de la transcriptasa inversa: dentro de ellos se distinguen:
1.1. Análogos de nucleósidos (ITIAN).
1.2. No análogos de nucleósidos (ITINAN): Son un grupo de compuestos de diversa estructura que se unen al sitio catalítico de la transcriptasa inversa del VIH-1. Son bastante específicos y a diferencia de los inhibidores de la transcriptasa inversa análogos de los nucleósidos y nucleótidos, no tienen ninguna actividad contra el VIH-2.
1.3. Análogos e nucleótidos (ITIANt).
2. Inhibidores de la proteasa (IP): Actúan por inhibición de la enzima proteasa del virus, con lo que evitan su multiplicación.
3. Inhibidores de la fusión (IF): Se unen a la proteína gp41 de la envoltura y bloquean los cambios estructurales necesarios para que el virus se una al linfocito CD4 anfitrión, evitando así que el virus penetre, infecte y se duplique dentro del mismo.

¿Cuándo se debe iniciar el TARGA?
Siguiendo las recomendaciones del GESIDA/ PNS de 2004 se debe iniciar el tratamiento en pacientes con infección crónica por el VIH:

1. En todos los enfermos sintomáticos (categorías B y C).
2. En los pacientes asintomáticos el inicio dependerá del nivel de linfocitos CD4 y de la CV (Tabla 20).

¿Qué pautas se deben utilizar?
Como ya se ha mencionado el tratamiento de inicio debe tener al menos tres fármacos. Estas pautas deben incluir dos análogos de nucleósidos/nucleótido (ITIAN/ITIANt) y un no análogo de nucleósido (ITINAN) o bien dos ITIAN más un IP.

Como pauta alternativa se puede utilizar tres ITIAN.

¿Se debe tratar la primoinfección?
En la actualidad no existen suficientes evidencias para recomendar el TARGA en los pacientes con una infección aguda por el VIH, por lo que en estos casos no se recomienda su inicio a no ser que existan manifestaciones clínicas graves o una duración prolongada de los síntomas.

¿Cuáles son los objetivos del TARGA?
En los pacientes que no han recibido TARGA previo, el objetivo debe ser disminuir la CV por debajo de los límites de detección de los métodos comerciales actualmente disponibles, a ser posible medida mediante técnicas ultrasensibles (<20 a <50 copias/ml), durante el mayor tiempo posible. En los pacientes tratados previamente, este objetivo es difícil de obtener y si no se consigue debería intentarse mantener la CV lo más baja posible.

¿Cómo se controla el TARGA?
El recuento de linfocitos CD4+ es el criterio más importante para el inicio del tratamiento ya que es mejor predictor de la progresión clínica, de la mortalidad y beneficio del TARGA que la CV. Se debe efectuar una determinación de linfocitos CD4+ cada 3 ó 4 meses en pacientes asintomáticos.

La CV es el principal parámetro para evaluar la eficacia del TARGA, para definir el fracaso del mismo, y por tanto, para tomar decisiones de cambio de tratamiento. Es conveniente efectuar una determinación de CV a las 4 semanas de haber iniciado el TARGA, como medida de la adherencia y para comprobar la respuesta virológica. Posteriormente debe realizarse esta determinación cada 3-4 meses.

¿Qué problemas tiene el manejo del TARGA?
Los principales problemas son los efectos secundarios de los diferentes fármacos y las interacciones farmacológicas.
Los efectos secundarios son numerosos y condicionan con frecuencia su utilización (Tablas 14, 15, 16, 17, 18 y 19).

Las interacciones farmacológicas (muy frecuentes sobre todo en el uso de los ITIANN y los IP) adquieren especial importancia en la infección por el VIH por varios motivos. En primer lugar, los fármacos utilizados tienen estrechos márgenes terapéuticos y efectos secundarios potencialmente graves y en segundo lugar los pacientes tienen unas características metabólicas (estado de nutrición, deterioro inmunitario, etc.) que los hace especialmente susceptibles a sufrir interacciones farmacológicas, a lo que se añade la ingesta de un número elevado de fármacos (polifarmacia).

¿Qué importancia tiene la adherencia al TARGA?
La falta de adherencia es la principal causa de fracaso terapéutico, y se correlaciona positivamente con el aumento de los ingresos hospitalarios, la evolución a sida y la mortalidad del paciente con infección por el VIH. Además dado el elevado coste del tratamiento (9.500-10.000 euros por paciente y año) es una importante causa de ineficiencia de los recursos públicos.

Se considera que la adherencia es adecuada si se toman más del 95 por ciento de las dosis prescritas. Los estudios realizados en España muestran que entre un 20-50 por ciento de pacientes con TARGA presentan una adherencia inadecuada.

La adherencia se puede definir como la capacidad del paciente para implicarse correctamente en la elección, inicio y control del TARGA que permita mantener el cumplimiento riguroso del mismo con el objetivo de conseguir una adecuada supresión de la replicación viral. La adherencia a corto y largo plazo es el resultado de un proceso complejo que se desarrolla en diferentes etapas: la aceptación del diagnóstico, la percepción de la necesidad de realizar el tratamiento de forma correcta, la motivación para hacerlo, la disposición y entrenamiento de habilidades para realizarlo, la capacidad de superar las barreras o dificultades que aparezcan, y el mantenimiento de los logros alcanzados con el paso del tiempo.

Son numerosos los factores dependientes tanto del paciente, el tratamiento y del personal sanitario que se han relacionado con la falta de adherencia y por ello se deben tener diseñadas diversas estrategias ante las distintas causas de incumplimiento (Tabla 21), de forma que nuestra actuación frente al inicio y continuación del TARGA esté condicionada por el mismo (Figura 1).

¿Cuál es el papel de A. Primaria en el TARGA?
Las características del tratamiento, su complejidad y su difícil control han hecho que éste lo realicen básicamente unidades hospitalarias destinadas a tal fin. Sin embargo, la relación de cercanía y conocimiento del paciente y su entorno que tiene el médico de familia hacen que pueda ser una pieza clave para contribuir a la mejora del cumplimiento del tratamiento, así como detectar la aparición de efectos secundarios e interacciones farmacológicas.

VACUNAS EN PERSONAS INFECTADAS POR VIH

Las personas seropositivas presentan un deterioro de su sistema inmune, lo que les predispone a padecer enfermedades infecciosas. Además, este deterioro de su inmunidad hace que la respuesta a las vacunas sea irregular según su estadio evolutivo, el número de CD4 y la variabilidad individual.

Las vacunas de gérmenes inactivados, toxoides y polisacáridos (difteria, tétanos, tos ferina, polio inyectable, haemophilus influenzae B, neumococo, gripe, hepatitis B) se pueden administrar sin ningún tipo de modificación. Dicha vacunación debe realizarse lo antes posible en el curso de la enfermedad.

Las vacunas con gérmenes vivos atenuados (polio oral, fiebre tifoidea oral, cólera oral, fiebre amarilla, BCG) no deben administrarse ya que pueden persistir activos y comportarse como patógenos. Incluso en el caso de la polio oral tampoco debe administrarse a los convivientes, ya que éstos pueden eliminar el virus por las heces e infectar al paciente seropositivo (Tabla 22).

El calendario vacunal infantil es el mismo.

Vacuna de la gripe. Se recomienda su administración anual en todos los pacientes infectados por VIH, ya que disminuye la incidencia de la enfermedad y evita sus complicaciones. En pacientes con inmunosupresión grave no está clara su utilización (CD4<100), porque su respuesta humoral está disminuida y en algunos casos se ha detectado un aumento de la CV con su administración.

Vacuna Neumococo. Está especialmente indicada debido a la elevada frecuencia de neumonía neumocócica. Se debe administrar en la fase inicial de la enfermedad. En estadios avanzados (CD4<200), es preferible posponer la vacunación hasta mejorar los CD4. Considerar la revacunación a los 5 años.

Vacuna Hepatitis A. Indicada si existe además infección por virus C, por la mayor probabilidad de hepatitis fulminante. Dos dosis con intervalo mínimo de 6 y un máximo de 12-18 meses, dependiendo del preparado utilizado.
Vacuna Hepatitis B. Se recomienda en pacientes con marcadores de hepatitis B negativos (sobre todo en CDVP).

Habitualmente se administran tres dosis según la pauta 0-1-6 meses. Posteriormente hacer una determinación de anti-HBs, considerándose protectores títulos >10mU/ml. Si al cabo de unos años el título desciende, se debe administrar una dosis de refuerzo.

Vacuna Triple vírica y varicela.- Se puede utilizar en adultos VIH positivos pero dependiendo del porcentaje de CD4 (>25 por ciento) respecto al total de linfocitos.

PROFILAXIS POSTEXPOSICIÓN


Profilaxis postexposición ocupacional (PPEO)

Esta profilaxis se plantea en el caso de que un trabajador sanitario se exponga accidentalmente al contagio, bien sea a través de inoculación percutánea (pinchazos, cortes), contacto con piel lesionada (herida abierta, erosiones, dermatitis) o contacto con mucosas en el desarrollo de su actividad laboral.

Su uso está justificado porque la utilización de antirretrovirales en la etapa inicial de la infección podría evitar la replicación del virus y por tanto la infección sistémica. Además hay estudios en que se ha demostrado una disminución de dos tercios de la transmisión materno-fetal con el uso de zidovudina y en otro estudio retrospectivo de casos-controles, la zidovudina administrada después de una exposición percutánea ocupacional en trabajadores sanitarios se asoció a un disminución de 81 por ciento del riesgo de infección por VIH.

Los CDC han clasificado los accidentes laborales en función del riesgo de adquisición de la infección y así establecen las pautas terapéuticas (Tabla 23 y 24).

Además de unas medidas generales a realizar en cualquier tipo de exposición (Tabla 25) se debe iniciar la administración del tratamiento antirretroviral precozmente tras la exposición accidental a sangre u otro fluido que contenga VIH (inicio antes de 6 horas). Se recomienda administrar dos ITIAN (AZT/3TC o d4T/3TC) en el caso de accidentes de riesgo bajo-moderado o de dos ITIAN más un IP (lopinavir-ritonavir o indinavir o nelfinavir) o efavirenz, en el caso de accidentes de riesgo elevado. La duración de la profilaxis no está establecida, pero se considera que debe administrarse durante un periodo de 4 semanas.

Profilaxis postexposición no ocupacional (PPENO)

El riesgo de transmisión del VIH a partir de una fuente infectada es variable según los tipos de exposición (Tabla 26).
Las ventajas de PPENO han sido analizadas por diferentes autores e instituciones con relación a la patogenia de la infección, otras profilaxis (materno-infantil y profilaxis ocupacional) y estudios con animales, hechos que apoyan en mayor o menor grado dicha profilaxis. Los inconvenientes de la PPENO son fundamentalmente dos. En primer lugar, que no está exenta de riesgos y en segundo lugar, se corre el riesgo de que su difusión pueda perjudicar a las estrategias de prevención primaria, en el sentido de que una supuesta "profilaxis para el mismo día" podría relajar la seguridad en las prácticas sexuales o la inyección de drogas.

Hay dos aspectos claves de la PPE: 1) La consulta por parte de una persona solicitando información acerca de la indicación o no de profilaxis con antirretrovirales, después de una exposición de riesgo, es una oportunidad importante para realizar actividades de prevención primaria. Así, la actuación médica no debe ceñirse exclusivamente a valorar la indicación de PPE con antirretrovirales, sino que debe contemplar la oferta de la prueba para el VIH, educación sanitaria para la reducción del riesgo de adquisición del VIH, valoración del riesgo de transmisión de otras infecciones, vacunación si procede (hepatitis B, tétanos) y seguimiento clínico. 2) la decisión de llevar a cabo PPENO con antirretrovirales ha de ser tomada por el médico y el paciente de forma individualizada, valorando sus beneficios y riesgos.

La PPENO se aconsejará únicamente a personas cuya exposición de riesgo sea esporádica y excepcional si se dan las siguientes condiciones: a) instauración precoz (preferiblemente en las primeras 6 h, máximo a las 72 h), b) ausencia de contraindicaciones para la toma de antirretrovirales, y c) garantía de seguimiento clínico y analítico del paciente.

Los CDC aconsejan la profilaxis en función del riesgo de exposición, teniendo en cuenta el estado serológico del paciente "fuente", la vía de exposición y el tiempo transcurrido desde ésta (Figura 2).

Las pautas preferidas para la PPENO según los CDC pueden ser:

1. Basadas en uso ITINN: efavirenz + (lamivudina o emtricitabina) + (zidovudina o tenofovir).
2. Basadas en IP: lopinavir/ritonavir + (lamivudina o emtricitabina) + zidovudina.

La duración del tratamiento debe ser de 4 semanas, debiéndose tomar medidas para facilitar su cumplimentación y observar la aparición de sintomatología compatible con primoinfección, que obligaría a replantearlo.

El seguimiento analítico del paciente expuesto y del paciente fuente, debe incluir además de la determinación de anticuerpos frente al VIH, otros aspectos para descartar otras enfermedades infecciosas, así como la posibilidad de embarazo en las mujeres en edad fértil (Tabla 27).






 

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