Aportaciones en enfermedades infecciosas (II)
Infecciones de las vías respiratorias bajas

CASO CLÍNICO
Y REVISIÓN TEÓRICA


Etiología

La NAC puede ser causada por una amplia gama de agentes patógenos que incluyen las bacterias, los agentes bacterianos atípicos e intracelulares y virus. Generalmente un pequeño grupo de patógenos son los responsables de la mayoría de casos de NAC (Tabla 3). Es difícil conocer la etiología debido a que en un 40-50 por ciento de los casos, utilizando todas las técnicas diagnósticas disponibles, no se identifica el patógeno responsable de la NAC. Esta rentabilidad diagnóstica de las pruebas microbiológicas es todavía menor en los episodios diagnosticados en AP. Existen pocos estudios sobre la etiología de las NAC en realizados en AP y la mayor parte de los estudios proceden de enfermos hospitalizados o atendidos en servicios de urgencias hospitalarios.

La etiología ha variado en los últimos 10 años dentro en cada grupo de población, aumentando en general la presencia de patógenos atípicos, fundamentalmente Legionella pneumophila, Clamydia pneumoniae y virus. Los patógenos atípicos son responsables del 20-40 por ciento de las NAC, con una amplia variación geográfica. Los virus podrían estar presentes en el 15-25 por ciento de los casos. No obstante, el Streptococco pneumoniae (neumococo) continua siendo el germen más frecuentemente encontrado en los aislamientos de muestras respiratorias y está presente en un 20-60 por ciento de los casos (Tabla 4). Los bacilos gramnegativos (BGN) constituyen el 10 por ciento de los casos. Aunque generalmente la NAC suele tener una etiología monomicrobiana, un 10-15 por ciento de las NAC presentan una etiología mixta (típicos/atípicos).

La frecuencia de determinados patógenos, viene condicionada en muchas ocasiones por una serie de variables dependientes de la situación basal del paciente y de la enfermedad, así como de circunstancias demográficas, ambientales y epidemiológicas (Tabla 5):

1. Gravedad de la enfermedad en el momento de su presentación y ámbito de presentación y manejo de la misma (Tabla 4). En general en los episodios de NAC tratados de forma ambulatoria es más frecuente la presencia de neumococo y de patógenos atípicos. Las cepas de neumococo invasivas, son más comunes en los episodios garves, junto a BGN, legionella sp o S. aureus.
2. Presencia de comorbilidad. Es el factor etiológico más determinante. La presencia de EPOC el factor más frecuentemente implicado y se asocia a infección por H. influenzae, M. catarrhalis y neumococo. La insuficiencia cardiaca congestiva es un factor de riesgo para NAC e infecciones virales. La diabetes aumenta la probabilidad de neumonía neumocócica bacteriémica y por S. aureus (Tabla 5).
3. Factores de riesgo para infecciones resistentes a los antimicrobianos más frecuentemente empleados en infecciones respiratorias altas o por gérmenes poco frecuentes (Tablas 3 y 6).
4. Edad. No condiciona la etiología, excepto la mayor presencia de Mycoplasma pneumoniae en pacientes más jóvenes y la mayor frecuencia de formas severas por neumococo invasivo y legionella de NAC en mayores de 65 años. La edad además aumenta la probabilidad de desarrollar una NAC, en mayores de 75 años aumenta el riesgo relativo de NAC (4,7 veces). No obstante, la edad por sí misma y como factor aislado, no debe de condicionar el ingreso hospitalario.
5. Zona geográfica. Existe una variabilidad geográfica en la distribución de patógenos atípicos. La Coxiella burneti es más frecuente en País Vasco, cornisa Cantábrica y Castilla-León, mientras que la legionella en más común la zona levantina.
6. Existen otros factores relacionados con una mayor frecuencia de determinados patógenos:
a. El alcoholismo es un factor independiente de riesgo de NAC y de gravedad de la presentación. En estos pacientes aumenta la frecuencia de neumonía por aspiración. La aspiración broncopulmonar del contenido orofaríngeo origina una etiología con frecuencia polimicrobiana, con predominio de los anaerobios.
b. El tabaquismo se ha asociado a un incremento de NAC de cualquier etiología. Aumenta la probabilidad de neumonía neumocócica invasiva (4 veces), C. pneumoniae y Legionella spp.
El conocimiento de todos estos factores, supone una información determinante para establecer una sospecha etiológica y seleccionar el tratamiento empírico más adecuado.

Los principales gérmenes responsables de las NAC presentan algunas características diferenciales:

1. Neumococo. Es la causa más frecuente de NAC en pacientes de todas las edades (20-60 por ciento). Produce cuadros leves y también formas bacteriémicas en el 13-40 por ciento de los casos. Es responsable del 70 por ciento de las neumonías bacteriemias y del 65 por ciento de las muertes por neumonía (tasa de mortalidad de 20-30 por ciento). Los casos más graves, se presentan en pacientes con EPOC y diabetes. Es más frecuente en invierno y primavera y es la etiología más común tras la infección gripal. Los factores de riesgo de infección neumocóccica son la edad avanzada, tabaquismo, institucionalización, deterioro cognitivo, EPOC, estados de desnutrición o enfermedades debilitantes. Además, el tabaquismo constituye el factor de riesgo independiente más importante de enfermedad neumocóccica invasiva.
2. Haemophylus influenzae. Es la segunda etiología más frecuente de neumonías bacterianas (3-10 por ciento). Afecta principalmente a pacientes y fumadores, mayores de 65 años y con presencia de comorbilidad, fundamentalmente EPOC. Es menos frecuente en jóvenes sanos, aunque está aumentando en jóvenes con infección VIH.
3. Mycoplasma pneumoniae (14-20 por ciento de los casos). Puede afectar a pacientes de cualquier edad, pero es más frecuente adultos jóvenes (< 50 años), sin patología asociada. Es responsable de brotes epidémicos en ambientes familiares e instituciones cerradas (colegios, cuarteles), con una elevada transmisibilidad (90 por ciento de los contactos).
4. Chlamydia pneumoniae (8-30 por ciento). Es uno de los patógenos cuya incidencia está aumentando en los últimos años (10 por ciento). Ocasiona episodios de NAC esporádicas y también en brotes epidémicos. Afecta a pacientes jóvenes, con síntomas de larga evolución y que en muchas ocasiones han recibido tratamiento antimicrobiano previo. En general, el cuadro clínico es leve y autolimitado, aunque puede ser causa de NAC severa, principalmente en personas de edad avanzada (Tabla 1). Los pacientes con EPOC pueden desarrollar exacerbaciones agudas por este germen. En alguna ocasión puede asociarse a coinfección con neumococo y el pronóstico depende de la infección por este patógeno. Otra especie del grupo, la Chlamydia psittaci, se transmite a los humanos vía aerosol (excrementos o plumas), a partir de las aves domésticas y de corral. Las especies que lo transmiten con mayor frecuencia son los canarios, loros y periquitos. No obstante sólo en un 20 por ciento de las ocasiones se encuentra en antecedente epidemiológico.
5. Legionellas spp (3-13 por ciento). La Legionella pneumophila es una causa frecuente de neumonía con presentación inicial grave, con una tasa de mortalidad entre 5-25 por ciento. La incidencia de legionella está aumentando en España, siendo endémica en determinadas áreas como la mediterránea. Cursa en forma de brotes epidémicos por exposición a aerosoles generados en las torres de refrigeración e instalaciones de agua caliente, pero la mayoría de las ocasiones se presenta como casos aislados. En situación no epidémica supone entre el 1-5 por ciento de los casos de NAC y se presentan en verano e inicio del otoño. Se considera un patógeno oportunista y entre los factores de riesgo para la enfermedad se encuentran la edad avanzada, tabaquismo, EPOC, inmunosupresión, hospitalización y enfermedades graves asociadas. La infección es infrecuente en adultos jóvenes. No obstante un tercio de los pacientes afectados no presenta ningún factor de riesgo.
6. S. aureus. Más frecuente en paciente diabéticos o con insuficiencia renal. Es muy común su actividad ligada a los casos de NAC durante las epidemias de infección por influenza en la comunidad. Es una causa frecuente de NAC severa en el adulto (Tabla 1).
7. Bacilos gramnegativos aerobios entéricos (Klebsiella pneunoniae, Escherichia coli, Proteus spp....). Responsables de NAC en pacientes con enfermedades subyacentes, alcohólicos, EPOC, residentes en instituciones y en aquellos expuestos previamente a antibioterapia. Están presentes en el 10 por ciento de las NAC que precisan hospitalizaciones y aumenta de forma notable en los ingresados en la unidad de cuidados intensivos.
8. Pseudomonas aeruginosa (4 por ciento). Está presente en portadores de alteraciones estructurales de su aparato respiratorio (bronquiectasias, fibrosis quística) y es una causa frecuente de NAC severa.
9. Los virus respiratorios están adquiriendo cada vez más importancia en la etiología de la NAC. En algunos estudios supone el 15-25 por ciento de los casos de NAC, la mayoría de las veces como etiología única. El virus más frecuentemente implicado es el de la gripe. También son frecuentes los casos por el virus respiratorio sincitial. En la mayoría de las veces predisponen a sobreinfecciones bacterianas y ocasionan cuadros de coinfección con cierta gravedad.
10. Moraxella catarrhalis. Es una infección frecuente en pacientes con EPOC e inmunodeprimidos.
11. Los hongos raramente causan neumonías comunitarias, salvo en áreas endémicas.
12. Una causa importante de neumonía por aspiración (3-15 por ciento). La mayoría de las ocasiones deriva en una neumonitis química. En los casos de etiología infecciosa predominan los agentes anaerobios de la boca. Se sospecha su participación cuando hay trastornos de conciencia o de deglución, mala higiene dentaria, periodontitis y/o sinusitis crónica.

Diagnóstico


Diagnóstico sindrómico

Los 2 objetivos principales del diagnóstico en la NAC son la confirmación del episodio de neumonía y establecer la etiología de la misma.
Diagnóstico clínico

Caso clínico
En el mes de noviembre, JLMG, varón de 49 años, acude a consulta por cuadro de 2 días de evolución de disfonía, tos seca y dolor retroesternal con la tos, sin disnea. Es un varón obeso (IMC: 33), bebedor moderado (< 10 gr a la semana), fumador desde los 18 años que actualmente fuma 15 cigarros/día (cuantificación: 22 paquetes-año) y trabaja como conductor de autobuses. No presenta patologías conocidas ni otros antecedentes de interés. No se conocen alergias a medicamentosas. Además de los síntomas descritos refiere malestar general y artromialgias generalizadas con fiebre termometrada (38,2º C), sin escalofríos. En la exploración física se encuentra eupneico, sin cianosis, frecuencia cardiaca de 72 latidos/minuto y normotenso. En la exploración de las vías respiratorias muestra ligera hiperemia orofaríngea, con auscultación pulmonar normal. El primer interrogante que se debe plantear ante un paciente con clínica de infección respiratoria es si nos encontramos realmente ante un episodio de NAC neumonía o se trata de otro episodio de infección respiratoria de las vías bajas o altas.

En Atención Primaria el diagnóstico de neumonía no es siempre fácil. La dificultad del diagnóstico correcto, reside en que el mismo se realizará siempre en términos de probabilidad. La probabilidad de la existencia de un episodio de NAC en un paciente con síntomas respiratorios agudos, depende de la prevalencia de la enfermedad en la zona y de las manifestaciones clínicas que presente. En AP la dificultad es mayor, debido a la menor prevalencia de la enfermedad (3-5 por ciento de los pacientes con síntomas respiratorios) y a la menor gravedad de los episodios (sintomatología menos productiva e indeterminada). Además en este ámbito, la incidencia de episodios de infección respiratoria alta es elevada y su sintomatología no se diferencia en muchas ocasiones de que presentas los pacientes con neumonía.

A pesar de las dificultades existentes, en AP es fundamental realizar un diagnóstico sindrómico de neumonía ante un cuadro clínico de sospecha, pues de éste dependerá la decisión de iniciar precozmente un tratamiento antibiótico empírico. En la neumonía el retraso en la instauración de este tratamiento se asocia a un aumento de la mortalidad. Por otra parte el diagnóstico incorrecto propiciaría la utilización inadecuada de antibióticos lo que facilitaría el incremento de las resistencias bacterianas.

Sindrómicamente la NAC se define por la existencia de un cuadro clínico compatible con infección respiratoria baja y la presencia de un infiltrado (alveolar ó intersticial) en la radiografía de tórax. El diagnóstico clínico precisa por lo tanto de un estudio radiológico para aumentar la seguridad diagnóstica del episodio.

La sospecha clínica diagnóstica de neumonía, fundamentalmente en pacientes jóvenes, debe basarse en la existencia de un cuadro clínico compatible. El cuadro clínico de neumonía, generalmente se caracterizada por la presencia de síntomas respiratorios de las vías bajas(tos de reciente aparición o aumento de la preexistente, acompañada generalmente de otros síntomas respiratorios bajos como la expectoración de instauración reciente o de características cambiantes respecto a la existente previamente, dolor torácico pleurítico y dificultad respiratoria de intensidad variable), acompañado de una afectación del estado general (alteración de constantes clínicas generales como fiebre ó hipotermia con o sin escalofríos, sudoración, taquipnea y taquicardia) y además, presencia de signos focales en la exploración pulmonar (roncus, crepitantes, soplo tubárico, matidez, disminución del murmullo pulmonar, broncofonía y egofonía). En ancianos o inmunodeprimidos la clínica de presentación es con frecuencia extrarrespiratoria e inespecífica (confusión, decaimiento, empeoramiento de enfermedad subyacente, anorexia) y no es rara la ausencia de fiebre, dificultando el diagnóstico de neumonía. Además es frecuente en estos pacientes la presencia de enfermedades crónicas subyacentes, cuya sintomatología dificulta aún más la detección de los signos clínicos clásicos de neumonía.

Ninguno de los síntomas o signos clínicos analizados aisladamente, aumentan de forma significativa la probabilidad de diagnosticar NAC. Tampoco la ausencia de cualquiera de los signos de afectación general (fiebre, taquicardia, taquipnea) o de alteraciones en la auscultación pulmonar, reduce en forma significativa esta probabilidad. Las variables que predicen con mayor probabilidad la presencia de neumonía, es la auscultación anormal, el dolor pleurítico y la disnea. La agrupación de síntomas y signos aumenta la probabilidad diagnóstica. La presencia de tos, fiebre, taquipnea y crepitantes aumenta la probabilidad de NAC hasta un 18-42 por ciento en AP y entre 32-60 por ciento en el medio hospitalario. El dato clínico más sensible es la asociación de fiebre con algún síntoma respiratorio, fundamentalmente tos, aunque el dolor pleurítico es el síntoma más específico.

En nuestro caso el paciente presentaba signos de infección respiratoria aguda (tos, sin expectoración, ni disnea), síntomas de afectación general (fiebre) con auscultación pulmonar normal. Además la época del año, Noviembre, donde existe una mayor incidencia de episodios de infección respiratoria tanto de las vías altas como de las bajas, dificulta el diagnóstico diferencial del proceso. Ante un auscultación normal y una sintomatología respiratoria de vías bajas poco específica, el paciente fue diagnosticado de infección respiratoria alta (probable laringotraqueitis aguda), aconsejándose tratamiento con antitérmicos (Paracetamol 1000 mg/8 horas), reposo relativo, ingesta de líquidos y baja laboral, citándole para la revisión en 3 días.

Las manifestaciones clínicas también pueden tener una importancia para ayudar a establecer el diagnóstico etiológico. Clásicamente se han definido dos síndromes clínico-radiológicos con implicaciones etiológicas, el síndrome típico o neumónico y el atípico o no bacteriano (Tabla 7). No obstante, en la mayoría de los pacientes no existe una buena correlación entre la forma de presentación clínica y el agente causal (Tabla 8). En muchas ocasiones, fundamentalmente en los casos de NAC no severas, esta diferenciación entre síndromes típico y atípico, no puede realizarse al cursar con manifestaciones clínicas inespecíficas. Las formas atípicas en muchas ocasiones se confunden con episodios de infección respiratoria alta. A pesar de las limitaciones, en ciertos casos como los adultos jóvenes sin enfermedades asociadas esta distinción si puede realizarse. Además para facilitar el manejo clínico de los cuadros de NAC, en la práctica clínica, atendiendo a las características clínicas y radiológicas, la neumonía se clasificación en 3 grupos: NAC típica, atípica o indetermina.

A pesar de las limitaciones expuestas, la valoración clínica es obligatoria en todos los pacientes con neumonía, recogiendo también los factores de riesgo clínico y epidemiológico.

Diagnóstico radiológico

Caso clínico
En la revisión realizada 3 días después, persistía la fiebre alta (38,8º) sin escalofrios, tos seca muy persistente sin disnea, con mialgias generalizadas y molestias digestivas inespecíficas (distensión epigástrica, nausea sin vómitos). Continuaba con tos escasamente productiva y dolor retroesternal acompañante. La auscultación pulmonar había cambiado, presentando algunos roncus en campos inferiores, sin otros ruidos añadidos. Estaba eupneico (17 rpm.), frecuencia cardiaca: 70 latido/minuto y TA:135/90. No se existía cianosis ni otros signos de dificultad respiratoria.

La duda que nos plantea el caso es si debemos o no solicitar un estudio radiológico al paciente para confirmar o descarta un episodio de NAC.

La historia clínica y la exploración no tienen la suficiente sensibilidad y especificidad para establecer el diagnóstico de NAC. La mayoría de la Sociedades Científicas recomiendan que en todo paciente con sospecha de NAC sea obligada la realización de radiografía postero-anterior y lateral de tórax. No se aconseja iniciar un tratamiento empírico frente a una NAC, sin disponer de una radiología torácica.

La radiografía de tórax es considerada la prueba de referencia para el diagnóstico de neumonía por los siguientes aspectos:

o Permite confirmar la presencia del infiltrado y establecer el diagnóstico de neumonía.
o Puede ayudar a identificar al patógeno mediante ciertos patrones orientativos (Tabla 9).
o Permite establecer localización, extensión y gravedad del proceso (presencia de complicaciones), con las consiguientes implicancias pronósticas y de manejo.
o Establece la situación basal para evaluar la respuesta al tratamiento, principalmente en pacientes de alto riesgo.
o Facilita le diagnóstico diferencial, evitando el uso innecesario de antibioterapia.
o Es una técnica accesible, con escasa iatrogenia y puede aportar con frecuencia información importante.
Una de sus limitaciones es la incapacidad para discriminar entre una neumonía y otros infiltrados inflamatorios no infecciosos.

Los falsos negativos son infrecuentes. Aunque un 45 por ciento de los pacientes con 4 ó 5 síntomas considerados indicativos de neumonía, tiene un estudio radiológico normal, la coexistencia de varios estos síntomas y/o signos aumenta la probabilidad pre-prueba y el rendimiento diagnóstico de la radiología. La normalidad del estudio radiológico en pacientes con NAC, puede ocurrir en inmunodeprimidos (agranulocitosis) o en las fases iniciales del proceso o infecciones por Pneumocystis carinii (30 por ciento). En estos casos, si se sospecha la infección debe realizarse una nueva placa en 48 horas.

La ausencia de confirmación radiológica o imágenes no concluyentes, en pacientes con sospecha de NAC y afectación clínica importante, no debería reemplazar el juicio clínico y demorar el inicio del tratamiento. Cuando la sospecha clínica de NAC es elevada y no se disponga de la posibilidad de realizar una radiología, debe iniciarse el tratamiento antibiótico lo antes posible.

Los patrones radiológicos son variados e inespecíficos (alveolar, bronconeumonía, intersticial.) y no son útiles la mayoría de las veces para predecir la etiología de la neumonía. No obstante, en ocasiones se pueden establecer algunas diferencias y orientar hacia determinadas etiologías (Tabla 9). La imágenes de consolidación, características de la etiología neumocóccica, son menos frecuentes en los casos de NAC por M. pneumoniae, C. pneumoniae y virus. La presencia de complicaciones radiológicas (afectación multilobar, derrame pleural), son más frecuentes en la infección neumocócica bacteriémica e indican gravedad. La neumonía por Mycoplasma se asocia generalmente a dos tipos de patrones: alveolar con distribución segmentaria o infiltrado retículo-nodular difuso bilateral. La legionela puede suele producir una afectación es unilateral alveolar segmentario-lobar o difuso y parcheado. Los virus suelen cursar con un patrón retículo-nodular y son raras las complicaciones. En la infección por aspiración, son frecuentes las opacidades bilaterales y multicéntricas en hemitórax derecho (principalmente en lóbulo inferior derecho), de localización perihiliar y basal, pero también patrones atípicos. En estos pacientes es alto el riesgo de desarrollar cavitación y abscesos pulmonares.

La dificultad se encuentra en decidir a qué pacientes con síntomas respiratorios agudos se solicita el estudio radiológico.

Como se ha comentado anteriormente la probabilidad de neumonía depende de la prevalencia de la enfermedad y de las manifestaciones clínicas. En AP se aconseja solicitar un estudio radiológico para descartar neumonía en las siguientes circunstancias:

1.- Adultos con un cuadro clínico que implica una elevada sospecha de NAC por la presencia de síntomas respiratorios bajos (tos y expectoración con o sin disnea), junto a algún signo focal de afectación neumónica en la auscultación pulmonar y la afectación del estado general (fiebre, taquicardia y/o taquipnea).
2.- Mayores de 65 años con afectación brusca del nivel de conciencia, anorexia y/o descompensación de una enfermedad crónica de causa desconocida, con o sin síntomas respiratorios, fundamentalmente si se encuentran alteraciones focales en la auscultación pulmonar.
3.- Paciente con comorbilidad importante que presenta síntomas clínicos de infección respiratoria tos, cambios en la expectoración y/o fiebre.

En pacientes con tos y/o fiebre de corta evolución asociados a síntomas de infección respiratoria alta (odinofagia, rinorrea, cefalea frontal, otalgia), en ausencia de signos focales en la auscultación pulmonar, no estaría indicado realizar inicialmente un estudio radiológico.

En nuestro caso, ante los hallazgos clínicos que presentaba el paciente en la revisión que aumentaba la probabilidad de un síndrome neumónico, se solicitó un estudio radiológico de tórax. En la radiografía de tórax se encontró un a condensación neumónica en LID con broncograma. Resto de campos normales, sin derrame pleural. Con estos hallazgos, el cuadro más probable era una NAC.

Diagnóstico de laboratorio
La siguiente cuestión a la que debemos responder ante un caso de neumonía es si es preciso realizar alguna otra prueba complementaria, además del estudio radiológico.

En los casos de neumonía tratados a nivel ambulatorio, con excepción de la radiología, no es necesario realizar ninguna otra prueba complementaria. En pacientes ancianos o con patología cardio-respiratoria crónica, se podría recurrir al pulsioxímetro a nivel ambulatorio para detectar el grado de oxigenación. En varias guías de práctica clínica, recomiendan siempre que sea posible la evaluación en AP de la oxigenación del paciente mediante la pulsioximetría. Niveles de saturación < 90 por ciento obligan a una derivación hospitalaria. Las pruebas de laboratorio (hemograma, bioquímica elemental, gasometría arterial) deben realizarse en todo paciente con neumonía que es valorado en cualquier servicio de urgencia hospitalario, para evaluar su gravedad y posibilidades de ingreso.

La determinación de PCR, no ha demostrado ser útil para el diagnóstico etiológico de los casos de infección respiratoria baja (bacteriana frente a vírica), ni para la valoración de la severidad del proceso.

Nuestro caso no presentaba a priori un cuadro que hiciese pensar en una neumonía grave. No obstante, es obligatorio realizar una valoración de la severidad del cuadro, aunque a priori el juicio clínico nos oriente hacia un cuadro de una gravedad menor.


Diagnóstico etiológico: estudios microbiológicos

Otra cuestión a plantearse tras el diagnóstico de NAC es si podemos conocer la etiología de la infección y si disponemos herramientas rápidas, lossuficientemente sensibles y específicas para efectuar este diagnóstico.

Como en cualquier otro proceso infeccioso, sería ideal conocer el microorganismo responsable. Existe una controversia sobre la necesidad de llegar a un diagnóstico etiológico en la NAC. El motivo fundamental es el pobre rendimiento de las pruebas microbiológicas (baja sensibilidad y especificidad). Aplicando las técnicas diagnósticas microbiológicas adecuadas, únicamente en la mitad de los casos de NAC diagnosticadas en el ámbito hospitalario y en la tercera parte de los casos a nivel ambulatorio, se obtiene un diagnóstico etiológico. La sensibilidad de estas pruebas es especialmente baja en los pacientes que presentan cuadros no severos, de manejo habitual en AP. Además el hecho de conocer la etiología, no se ha demostrado efectivo para modificar el pronóstico de las NAC. Por otro lado, con excepción de la tinción de Gram del esputo y la determinación de antigenurias, el resto de pruebas no suministran una información rápida y puede retrasar el inicio del tratamiento empírico.

Los datos a favor de realizar un diagnóstico etiológico serían la posibilidad de realizar un tratamiento antimicrobiano adecuado frente al germen responsable, identificar a los patógenos de interés epidemiológico, los patógenos nuevos o resistentes a antibióticos y determinar el patrón de sensibilidad de la zona.

Las recomendaciones científicas y guías clínicas actuales, consideran innecesario realizar estudios microbiológicos a todos los pacientes con NAC. En los pacientes tratados en AP, no es necesario recurrir a estas pruebas, excepto en aquellos casos en los que persista algún tipo de sintomatología respiratoria tras el tratamiento (descartar tuberculosis) o por alguna razón epidemiológica. Los estudios microbiológicos se reservan para los pacientes hospitalizados y su extensión depende de la gravedad del proceso y la respuesta al tratamiento. En general, a los pacientes con NAC que acuden a un servicio de urgencia y no precisa hospitalización, se aconseja la realización de un Gram de esputo para orientar inicialmente el tratamiento empírico. A los pacientes hospitalizados (no ingresados en UCI) se aconseja la realización de 2 hemocultivos (medios aerobios y anaerobios), estudio del esputo. La determinación urinaria de antígenos de neumococo y legionella suele realizarse para los casos severos.

No existen estudios que hayan identificado cuáles son las pruebas diagnósticas etiológicos que deben aplicarse en la NAC. Las utilizas con mayor frecuencia son:

Examen bacteriológico de la expectoración: tinción de Gram
y cultivo de esputo


La muestra del esputo debe reunir unas buenas condiciones que asegure que no está contaminada (> 25 leucocitos PMN y < 10 células respiratorias epiteliales, por campo de 10 aumentos). Las muestras obtenidas deben ser remitidas rápidamente al laboratorio (factor limitante para la utilización de esta técnica en AP).

Tinción de Gram y observación directa. Ayuda en la elección inicial de la terapia empírica. Tiene una elevada especificidad (85 por ciento) y baja sensibilidad (60 por ciento) para detectar neumococo. Empleando otras técnicas de tinción también puede identificar otros patógenos como Mycobacterium, Legionella spp (fluoresceína), pneumocistiis carinii. La validez del la prueba disminuye en los pacientes que han recibido tratamiento antibiótico.

Cultivo de esputo. Tiene baja sensibilidad (60 por ciento) y una especificidad variable (14-100 por ciento) y es de menor utilidad que la tinción del esputo. Debe correlacionarse con los resultados de la tinción. Su principal utilidad radica en la posibilidad de documentar la sensibilidad de los distintos gérmenes a los antibióticos. Determinados patógenos frecuentes en las NAC (anaerobios, mycoplasma, chlamydia, Legionella, micobacterias, Pneumocystis) no pueden cultivarse. Un resultado negativo aumenta la posibilidad de estos gérmenes y su negatividad para patógenos como S. aureus y bacilos gramnegativos los descarta. Puede se útil para detectar las cepas de neumococos resistentes a penicilinas.

Hemocultivos
La sensibilidad varía entre el 0,5 y el 20 por ciento dependiendo de la gravedad del cuadro clínico. La prueba tiene una elevada especificidad y su positividad suele considerarse prueba definitiva del agente etiológico de la NAC.

Estudios serológicos
Los estudios serológicos, ayudan a determinar de forma retrospectiva infecciones por patógenos "atípicos" (Chlamydia, Micoplasma, Legionella, virus). Tienen un interés epidemiológico y no se utilizan de forma rutinaria.

Pruebas de detección rápida
Son técnicas en desarrollo, con un uso aún no difundid de forma amplia. Identifican de forma rápida los gérmenes en secreciones o muestras orgánicas mediante la biotecnología de la Reacción en cadena de la polimerasa (Chlamydia, Micoplasma, Legionella) y test rápidos de detección antigénicos urinarios (neumococo, legionella). Estas técnicas no se realizarán de forma rutinaria pero pueden tener un papel en pacientes con cuadros severos.

Pruebas complementarias invasivas
(Aspiración transtraqueal, punción percutánea transtorácica, fibrobroncoscopia, punción pleural, biopsia pulmonar). Quedan restringidas a pacientes inmunodeprimidos o ingresados en unidades de tratamiento intensivo.


Diagnóstico diferencial

El cuadro clínico de la neumonía es tan poco específico que no permite diferenciar con certeza el paciente con NAC de otras patologías o condiciones respiratorias agudas (gripe, bronquitis, EPOC reagudizado, infecciones respiratorias altas) o no infecciosas (embolismo pulmonar, insuficiencia cardiaca congestiva, neoplasia de pulmón, enfermedades inflamatorias pulmonares,…).

Para realizar el diagnóstico diferencial es fundamental aumentar la seguridad diagnóstica de NAC. La tos acompañada de expectoración, con o sin disnea, especialmente si se acompaña de algún síntoma de compromiso del estado general (fiebre, escalofríos, sudoración, mialgias) y de auscultación pulmonar anormal, hacen pensar en una neumonía. La demostración de un infiltrado neumónico en la radiología aumenta la precisión del diagnóstico. En el medio extrahospitalario, la presencia de síntomas respiratorios agudos, sin síntomas y/o signos de afectación vital y auscultación normal, hacen poco probable el diagnóstico de neumonía. Las formas atípicas se confunden en ocasiones con la bronquitis aguda y determinadas formas de infección respiratoria alta.

En todo proceso infeccioso respiratorio de las vías bajas, el diagnóstico diferencial debe hacerse entre NAC, exacerbación infecciosa de la gudización de la EPOC y alguna otras entidad infecciones de las vías latas (gripe, laringo-traqueitis y/o bronquitis aguda). Los procesos respiratorios altos son autolimitados y aunque en ocasiones la neumonía también evoluciona favorablemente sin tratamiento, la no mejoría de la infección respiratoria, además las propias características clínicas de estas entidades pueden ser elementos de apoyo para el diagnóstico diferencial (cefalea, síntomas nasales, óticos o faríngeos acompañantes, artromialgias, pérdida de apetito y tos seca). En la bronquitis aguda además de la tos y la expectoración, no suele estar presente la fiebre, la auscultación pulmonar es normal y no es frecuente la existencia de fiebre. Existe por otro lado un contexto epidemiológico que hacen más probable la etiología vírica del proceso respiratorio, frecuente en los cuadros de vías altas.

En la reagudización de la EPOC, la expectoración suele ser abundante y de contenido purulento. La auscultación es normal (no signos de condensación) y existen antecedentes de enfermedad pulmonar crónica y de alguna reagudización previa.

Otro de los procesos infecciosos que pueden imitar en su presentación a la NAC es la tuberculosis. En estos casos no se suele encontrar una respuesta al tratamiento correcto y persisten síntomas respiratorios e infecciosos (síntomas generales, febrícula, tos productiva, dolor torácico).

En los episodios en los que no existe una respuesta clínico-radiológica al tratamiento inicial, debe replantearse el diagnóstico diferencial con causas no infecciosas como una neoplasia subyacente (fundamentalmente en pacientes con factores de riesgo para neoplasias y deterioro clínico a pesar del tratamiento empírico adecuado) o el embolismo pulmonar. La fiebre y la afectación radiológica no son las manifestaciones frecuentes del embolismo pulmonar. No obstante se debe pensar en esta entidad en pacientes con factores de riesgo (inmovilización, obesidad, cirugía).

Las neumonitis por hipersensibilidad pueden simular un cuadro de neumonía atípica. En este caso es importante la realización de una historia clínica ambiental.


Manejo terapéutico de la NAC

La duda que nos plantea un caso de neumonía diagnosticado en AP es si debemos derivar al paciente al hospital para su manejo más adeudado o por el contrario la derivación es innecesaria y podemos manejarlo con seguridad en nuestro medio, sin que eso suponga un riesgo para el paciente.


Valoración pronóstica
y criterios de derivación e ingreso hospitalarios

La decisión más importante para el tratamiento, es la elección del ámbito de atención del cuadro (ambulatorio, hospitalario o UCI). Para ello se realiza una valoración pronóstica de la severidad del episodio que es obligada en todo paciente con neumonía. La gravedad de la NAC es el principal criterio de ingreso hospitalario. La identificación de los pacientes de alto riesgo ayudaría a decidir la ubicación y la duración óptima del ingreso y reduciría la mortalidad y los costes asociados.

Existe una gran variabilidad entre los profesionales y centros en la toma de decisiones en relación a la hospitalización de los enfermos, con oscilaciones entre el 20 y 65 por ciento en el porcentaje de ingresos. En muchas la decisión se toma únicamente de acuerdo a una impresión clínica subjetiva.

Las herramientas más clásicas utilizadas para determinar la necesidad de ingreso hospitalario, se basan en la presencia de una serie de factores de riesgo que han demostrado estar asociados a una mayor morbimortalidad. Estos factores dependen del propio paciente (edad, comorbilidad grave asociada, factores psicosociales) y del episodio de neumonía (circunstancias clínicas y exploratorias indicadoras de gravedad) (Tabla 10). En la actualidad, para complementar estas herramientas se emplea la información obtenida mediante la aplicación de una serie de escalas pronósticas. Estas reglas han sido validadas a nivel internacional y estiman la probabilidad de muerte de un paciente con NAC. El objetivo de las mismas es incrementar la posibilidad de un seguimiento ambulatorio y disminuir los ingresos innecesarios, mediante la diferenciación entre pacientes con bajo riesgo de muerte (tratamiento ambulatorio) y los de alto riesgo de muerte (hospitalización).

Las escalas están elaboradas con una serie de variables que predicen de forma independiente la mortalidad debida al episodio de neumonía. No obstante es importante aclarar que ningún factor pronóstico aislado es específico y sensible para predecir la mortalidad.

En la actualidad existen 2 escalas de predicción de gravedad, incluidas en distintas guías de tratamiento de NAC:

Pneumonia Severity Index (PSI) y las reglas de la BTS (CURB-65 y CURB). El PSI identifica a los pacientes de bajo riesgo de muerte. Las reglas de la BTS son más simples y permiten identificar a los pacientes con alto riesgo de muerte.

La escala propuesta por Fine y colaboradores, evalúa el riesgo de mortalidad de las NAC, mediante la estratificación de los pacientes en 5 clases de riesgo (I-V). La clasificación en estas clases se realiza utilizando 20 variables de riesgo pertenecientes a las siguientes categorías: edad y sexo, presencia de comorbilidad, hallazgos clínico-exploratorios y resultados de pruebas radiológicas y de laboratorio (Tabla 11). La regla se aplica en dos etapas, en la primera se identifica a los pacientes con riesgo bajo (grado I) y la segunda sirve para asignar al paciente en las clases II-V (Figura 1). El modelo posibilita establecer una clasificación pronóstica cuantitativa y permite establecer comparaciones de resultados. Identifica a los pacientes con una probabilidad de muerte baja y constituye una herramienta para la decisión de tratamiento ambulatorio (Figura 1). En general porcentajes de riesgo inferiores al 3 por ciento son subsidiarios de tratamiento ambulatorio (clases I-III).

La escala clasifica de forma muy precisa la probabilidad de muerte, sobre todo en personas mayores de 65 años, aunque su valor predictivo de ingreso hospitalario menor. Además de no predecir el riesgo de complicaciones, no estima criterios adicionales que pueden motivar el ingreso en clases de riesgo bajo (problemas picosociales, deterioro cognitivo, incapacidad para la administración oral de la medicación), prioriza excesivamente la edad y requiere para su aplicación completa la realización de pruebas complementarias de laboratorio no disponible habitualmente en la consulta del médico de familia.

La regla CURB-65 o la modificada CURB, elaboradas por la BTS, tienen menos variables y se aplica en un solo paso. Identifica correctamente las NAC graves. Además no precisa determinaciones analíticas (CRB-65) y el planteamiento es más operativo que la escala PSI (Figura 2). La valoración de la variable confusión mental se puede realizar mediante un cuestionario simplificado de 10 preguntas o con la valoración de la presencia de desorientación temporo-espacial o personal (Figura 2). La presencia de dos factores se asocia a un aumento del riesgo de muerte de 36 veces mayor (sensibilidad = 83 por ciento, especificidad = 70 por ciento, valor predictivo positivo = 26 por ciento y valor predictivo negativo = 97 por ciento).

Aunque estas escalas facilitan la estratificación inicial del riesgo y ayudan a decidir el sitio mas adecuado de la atención, su gran limitación es que muchos pacientes se encuentran en grado intermedios de gravedad, por lo que la decisión de tratarlos o no en el hospital depende del juicio clínico y en otras consideraciones no clínicas. Por lo tanto, ningún modelo permite una estratificación inequívoca ni debe sustituir al juicio clínico. Las escalas pueden emplearse como apoyo en la toma de decisión en conjunción con dicho juicio clínico. La valoración de cada caso debe ser individualizada, atendiendo también a otras patologías no recogidas en las escalas y a situaciones clínicas (vómitos, incapacidad para la ingesta oral) o psicosociales que puedan comprometer el tratamiento ambulatorio. Ciertas condiciones sociales (drogodependencias, alcoholismo), enfermedades mentales, retraso mental, soporte domiciliario inadecuado (indigencia, asilamiento) o las propias preferencias del paciente, pueden convertirse en factores determinantes que aconsejan la hospitalización de los pacientes, incluso aunque el riesgo clínico sea bajo.

La Infectious Diseases Society of America (IDSA), en sus últimas recomendaciones del año 2003, aconseja una estrategia de 3 pasos:

1º.- Valorar la presencia de alguna condición clínica que comprometa la seguridad de la atención domiciliaria, incluyendo problemas sociales o psiquiátricos que impidan el tratamiento oral, así como la existencia de criterios clínicos indicativos de gravedad.
2º.- Aplicar las reglas predoctoras de mortalidad (Fine).
3º.- Utilizar el juicio clínico para individualizar la aplicación de la clase de riesgo (Tabla 12 y Figura 3).

Durante el seguimiento que se realiza a los pacientes con NAC, además de las características clínicas, deben también comprobarse que no se han modificado las circunstancias personales, psicológicas y socioeconómicas que garanticen el seguimiento de tratamiento prescrito a nivel ambulatorio.

La ausencia de respuesta al tratamiento tras las primeras 72 horas o modificaciones de estos factores que impidan el cumplimiento terapéutico, son considerados criterios de derivación al hospital.

En nuestro caso, en la valoración inicial no existían factores que indicasen una severidad del proceso: edad < 50 años, sin enfermedades crónicas asociadas, complicaciones radiológicas, ni hallazgos clínico-exploratorios de gravedad. Aplicando la escala de Fine, el paciente podría ser incluido en la categoría I, es decir pacientes con bajo riesgo de mortalidad. Además no existían otras situaciones no clínicas que impidiesen realizar correctamente el tratamiento ambulatorio. Efectivamente, la impresión clínica inicial del paciente así lo sugería.


Tratamiento

Después de diagnosticar el cuadro de NAC y una vez tomada la decisión de seguir al paciente en la consulta del médico de familia, la siguiente cuestión que nos debemos plantear es qué tratamiento le vamos a administrar.

El tratamiento antimicrobiano adecuado de los episodios, reduce la duración de la sintomatología y la morbimortalidad asociada.

Aspectos relevantes
del tratamiento en la NAC

1. El tratamiento de la neumonía siempre debe contemplar la administración de un antibiótico.
2. El tratamiento antimicrobiano inicial y en la mayoría de los casos el definitivo, al no poder identificarse el patógeno responsable, será siempre empírico.
3. El tratamiento empírico debe comenzarse de forma precoz, si es posible en las primeras 4 horas desde el diagnóstico de la NAC. El retraso en el comienzo del tratamiento antibiótico por encima de 8 horas, aumenta de forma significativa la morbimortalidad de los casos.
4. Conocer la etiología más probable en cada zona, para utilizar los antibióticos de espectro más adecuado. Este conocimiento mejorará la efectividad del tratamiento y permitirá la disminución del nivel de resistencias a estos antimicrobianos.
5. La elección del antibiótico inicial se basa en la sospecha de etiología, de acuerdo con las características clínico-epidemiológicas, características del paciente (comorbilidad, edad, factores psicosociales), gravedad de la enfermedad.
6. En la elección del tratamiento antibiótico adecuado se debe atender además a los patrones de sensibilidad de los patógenos de la zona y a la presencia de factores de riesgo para gérmenes poco habituales.
7. Desde un punto de vista práctico, para facilitar la elección de la pauta antimicrobiana correcta, es recomendable intentar hacer una aproximación a la etiología de la neumonía, basada en las características mencionadas con anterioridad, diferenciándose tres grupos de tratamiento a nivel ambulatorio: neumonía con sospecha de etiología neumocóccica, con sospecha de patógenos atípicos y neumonías en las que no existe una orientación muy definida clínicamente hacia uno de los grupos anteriores (indeterminada).
8. Para establecer la pauta a emplear se recomienda clasificar a los pacientes en 4 grupos de riesgo: pacientes < de 65 años sin comorbilidad y manejo ambulatorio, pacientes > 65 años y/o con morbilidad de manejo ambulatorio, pacientes hospitalizados y pacientes con cuadro de NAC grave manejados en UCI.
9. Tanto en el tratamiento específico como en el empírico, es necesario reducir al máximo el espectro del antibiótico utilizado. Como norma general se debe elegir el antibiótico de menor espectro, menos tóxico, más fácil administración y más económico.
10. El objetivo principal del tratamiento empírico es emplear un antibiótico activo frente a neumococo. Debido al alto nivel de resistencias de este patógeno en nuestro medio, debe cubrirse siempre durante el tratamiento la posibilidad de la existencia de cepas resistentes o con sensibilidad disminuida a betalactámicos y macrólidos.
11. Los gérmenes atípicos deben considerarse como posibles patógenos asociados a todos los grupos de pacientes con NAC, aunque generalmente producen episodios de menor gravedad. Este aspecto también debe tenerse en cuenta durante la elección del tratamiento.
12. Los monoterapia con macrólidos es efectiva el tratamiento extrahospitalario de la NAC de gravedad leve a moderada en las que existe una elevada sospecha de etiología por gérmenes atípicos en pacientes jóvenes (< 40 años). Si existe la posibilidad de una infección por neumococo, la monoterapia con macrólidos no está indicada.
13. El tratamiento empírico debe mantenerse al menos 72 horas, excepto que se identifique antes el germen o haya deterioro clínico que obligue al cambio.
14. Se puede iniciar un tratamiento por vía parenteral y si la respuesta es buena, después de los 3 primeros días, se proseguirá el tratamiento por vía oral.

Nuevos antimicrobianos

Quinolonas
Las nuevas fluoroquinolonas de 3ª y 4ª generación (levofloxacino, moxifloxacino), denominadas "respiratorias", son activas frente a patógenos Gram (+) y Gram (-) más frecuentemente implicados en las infecciones respiratorias: neumococos incluidos los resistentes a betalactámicos y macrólidos, H influenzae, BGN entéricos, gérmenes atípicos (Legionella spp, C. Pneumoniae, M, pneumoniae). Moxifloxacino es también activo frente a anaerobios (clostridium y bacteroides). Por su amplio espectro de acción, y su buena biodisponibilidad tras la administración oral se pueden emplear en monoterapia.

Para evitar la selección de cepas resistentes se recomienda no emplearlas como primera opción de tratamiento en los cuadros de neumonía leve. Sus indicaciones deberían limitarse a adultos con NAC leve-moderada en los han fallado otros regímenes de tratamiento (betalactámicos, macrólidos), pacientes alérgicos a los fármacos clásicos o infección por neumococos altamente resistentes y NAC hospitalizadas durante un período prolongado o ambulantes con infecciones recidivantes.

Las quinolonas de 1ª y 2ª generación, como el ciprofloxacino, son poco activas frente al neumococo, generando resistencias con frecuencia. Por este motivo no se aconseja su uso en infecciones respiratorias bajas, excepto en los casos de elevada sospecha de Pseumomona spp, donde es considerado de elección.

Telitromicina
Es un antibiótico perteneciente a la familia de los ketólidos, estructuralmente relacionada con los macrólidos (semisintético de la eritromicina A) que alcanza altas concentraciones en el líquido intersticial pulmonar y en los polimorfonucleares. Posee una elevada biodisponibilidad tras su administración oral (57 por ciento).

Su espectro de actividad es mas amplio que el de los macrólidos, con una mayor actividad frente a GRAM (+) y además es eficaz frente a cepas resistentes a los mismos (neumococo resistencia a penicilina y/o eritromicinina). Su actividad se extiende también hasta otros patógenos responsables de las infecciones respiratorias bajas: H. influenzae, Moraxella catarrhalis, gérmenes atípicos o intracelulares (Legionella pneumophila, Chlamydia pneumoniae y Mycoplama pneumoniae), S. pyogenes, S. aureus. Su utilización podría está justificada, en pacientes en pacientes con NAC leve o moderada, siempre como alternativa a los macrólidos, cuando se sospeche la existencia de cepas de neumococo resistente a los mismos o a las penicilinas/betalactámicos en aquellas circunstancias en las que no se puedan emplear dichos fármacos (alergia o riesgo alto de neumococo resistente a penicilinas).

Resistencias a antimicrobianos
Las resistencias a antimicrobianos de los principales patógenos respiratorios (neumococo, H. influenzae,y M. catarrhalis) es un fenómeno creciente, imprevisible y con diferencias geográficas.

La presencia de cepas de patógenos resistentes a antibióticos modifica el tratamiento de la NAC. La elección del fármaco a utilizar para el tratamiento de la NAC debe tener en cuenta patrones geográficos de resistencia a los antibióticos, especialmente importante en lo que se refiere al neumococo.

Las resistencias son consecuencia inevitable del uso de antibióticos. No obstante no es igual para todas las bacterias y además no todos los antibióticos seleccionan de la misma forma la resistencia. España, es uno de los países europeos de mayor consumo de antimicrobianos y de mayores tasas de patógenos respiratorios resistentes, principalmente para betalactámicos y macrólidos.

Resistencias frente a neumococo
En relación con los agentes etiológicos de la NAC, la atención debe ponerse en el neumococo, debido a que el resto presentan un perfil de resistencia más constante. En los últimos 15-20 años ha existido un incremento en la prevalencia de resistencia del neumococo a varios antimicrobianos utilizados habitualmente en el tratamiento de la infección respiratoria: penicilinas, betalactámicos y macrólidos (Tabla 13).

Las tasas de prevalencia de cepas de neumococo no sensibles a penicilinas en España suponen el 40-50 por ciento, el 40 por ciento para cefalosporinas de 1ª y 2ª generación, 30-35 por ciento para macrólidos, 10-15 por ciento para las cefalosporinas de 3ª generación, 5-10 por ciento para amoxicilina a dosis altas y menos del 1 por ciento para fluoroquinolonas y telitromicina.

En las resistencias del neumococo es frecuente la asociación entre consumo de macrólidos y resistencia a la penicilina y entre consumo de betalactámicos y resistencia a la eritromicina (fenómeno de selección de corresistencia).

Penicilinas y betalactámicos
La resistencia de neumococo a penicilinas y betalactámicos, no está mediada por betalactamasas. Su principal mecanismo de resistencia se produce por una mutación cromosómica, que reduce la afinidad de las proteínas fijadoras de la penicilina en la pared celular. Los niveles de resistencia establecidos por el National Committee for Clinical Laboratory Standards (NCCLS) son la sensibilidad intermedia (CMI: 0,12-1 mcg/ml) y elevada (CMI = 2 mcg/ml). No obstante las cepas de mayor relevancia clínica son aquellas con una CMI >4 mcg/ml (alta resistencia), pues se asociarían a un peor pronóstico y suelen presentar también resistencias otros antibióticos (cepas multirresistentes). En España, la frecuencia ha ido aumentado en los últimos años hasta situarse entre el 30-50 por ciento de las cepas de neumococo (28 por ciento intermedia y 22 por ciento resistentes). En la actualidad las cepas con sensibilidad intermedia tienden a estabilizarse y las resistencias de alto grado están disminuyendo. A pesar de estas cifras elevadas, los fracasos clínicos debido a estas resistencias no son frecuentes, probablemente debido a que las penicilinas alcanzan elevadas concentraciones en el tracto respiratorio inferior, suficientes para ser activos contra la mayoría de las cepas. La resistencia de neumococo a betalactámicos con CIM < 4 mcg/ml no se ha asociado a un mayor riesgo de complicaciones y muerte. Esta circunstancia ha motivado recomendaciones para modificar los puntos de corte de la CMI que definen las categorías de actividad de la penicilina frente a neumococo, considerándose resistentes a las cepas con CMI 4 mcg/ml (Drug-Resistant Streptococco Therapeutic Working Group).

Hay ciertos factores de riesgo asociados a mayor probabilidad de encontrar cepas de neumococo resistente a peniclinas, muchos de ellos ligados al uso previo de antibióticos (Tabla 14).

Aunque comparten el mismo mecanismo, las resistencias y el aumento de la CMI no influyen por igual en cada uno de los fármacos betalactámicos. La resistencia tiene una influencia menor en las aminopenicilinas. La amoxicilina es la aminopeniclina oral y más activa, con unos porcentajes de resistencia al neumococo con CMI > 4 mcg/ml inferiores al 5 por ciento. La mayor parte de las cepas con sensibilidad intermedia (CMI < 2 mcg/ml), son sensibles al aumento de la dosis de amoxicilina (1gr cada 8 horas) o asociada a Ac. clavulánico (875/125 mg cada 8 horas ó 2000/125 mg cada 12 horas de liberación retardada). La amoxicilina a dosis elevada es efectiva frente al 95 por ciento de las cepas de neumococo, siendo considerado el tratamiento de primera elección ante la sospecha de NAC por neumococo sensible o con disminución de la sensibilidad.

Las cefalosporinas orales de 1ª y 2ª generación (cefaclor, cefixima, ceftibuteno, cefadroxilo) tienen menor actividad frente a neumococo que la amoxicilina. La cefuroxima es la cefalosparina oral más activa, pero inferior a la amoxicilina. Las cefalosporinas parenterales de 3ª generación (cefotaxima, ceftriaxona), son las cefalosporinas más activas in vitro frente a patógenos Gram-positivos y Gram-negativos respiratorios: neumococo (incluidas cepas de sensibilidad disminuida), S. aureus, H. influenzae, M. catarrhalis.
Macrólidos
En los últimos años se ha producido un importante aumento de las resistencias frente a macrólidos, hasta alcanzar el 30-35 por ciento de las cepas de neumococo. La presencia de resistencia es más frecuente entre las cepas que también lo son a la penicilina, fundamentalmente con las de alta resistencia (CMI > 4 mcg/ml). Comparten los mismos factores de riesgo que los betalactámicos, por lo que son frecuentes las resistencias combinadas. La resistencia es de grupo y se puede producir por dos mecanismos. El mecanismo más frecuente en nuestro país, es el fenotipo constitutivo (93 por ciento de las cepas) y no puede vencerse amentando la dosis del antibiótico como ocurría con los betalactámicos. Aunque los resultados in vitro no tienen una clara correlación con un impacto negativo sobre la eficacia clínica en relación con la morbi-mortalidad, se han descrito fracasos terapéuticos en infección bacteriémica por neumococo resistente a macrólidos. Por este motivo y por la elevad prevalencia en nuestro medio no son considerados como fármacos de elección para el tratamiento de la NAC neumocóccica en España. Las macrólidos si son considerados unos agentes terapéuticos importantes para el tratamiento de la NAC por gérmenes atípicos. No se han descrito resistencias a este antibiótico en entre os patógenos atípicos. Los ketólidos no presentan resistencia cruzada con los macrólidos.

Fluoroquinolonas
Son efectivas en el 98-99 por ciento de las cepas de neumococo, independientemente de su susceptibilidad a la penicilina y al resto de los antibióticos habituales. Desde su aparición en 1998, su uso clínico se ha incrementado de forma importante. En los últimos años se ha observado una disminución de la sensibilidad in vitro de algunas cepas de neumococo a las fluoroquinolonas, que han motivado algunos fracasos terapéuticos. Su nivel de resistencias actuales se encuentran entre el 1-2 por ciento y está aumentando lentamente, llegando al 10-15 por ciento en algunas zonas geográficas (Hong Kong) por su utilización excesiva. Las resistencias se originan por una doble mutación genética que se produce de forma escalonada. La primera mutación origina unas cepas con sensibilidad disminuida, sin repercusión clínica. La segunda mutación producirá cepas con resistencia completa. Los factores de riesgo para la infección por neumococo resistente a fluoroquinolonas son el origen hospitalario de la bacteria, infecciones en instituciones cerradas, exposición previa a quinolonas y pacientes diagnosticados de EPOC. Su utilidad clínica es incuestionable, se aconseja un uso correcto de las mismas, evitando su utilización como primera línea terapéutica en aquellos casos en los que sean efectivos los antimicrobianos clásicos.

Resistencia de Haemophilus influenzae y Moraxella catarrhalis
Entre el 20-35 por ciento de las cepas de H.influenzae y el 90 por ciento de los aislamientos de M. catarrhalis son productores de betalactamasas (Tabla 15). Por este motivo se considera como antimicrobiano de elección la asociación de un betalactámico con un inhibidor de betalactamasas (Ac. clavulánico). También son efectivas las cefalosporinas de segunda o tercera generación, fluoroquinolonas y telitromicina. Entre el 20-30 por ciento de las cepas de H. influenzae presentan resistencia a macrólidos, principalmente frente a claritromicina, sin que se hayan encontrado cepas resistentes azitromicina. La eritromicina sólo es activa frente al 3-15 por ciento de las cepas de H. influenzae.

Pautas de tratamiento empírico
de las NAC

Se dispone de pocos estudios sobre pacientes con NAC tratados con los diferentes antibióticos que puedan aumenta la evidencia sobre las pautas más adecuadas a cada situación clínica. Existen muchas recomendaciones científicas de diferentes instituciones nacionales e internacionales en las que no se ha conseguido una uniformidad de los contenidos.
Los cuadros de menor gravedad, se tratan de forma ambulatoria y el tratamiento se dirige fundamentalmente a cubrir el neumococo sensible y con sensibilidad disminuida a la penicilina y en ocasionalmente será necesario cubrir los agentes atípicos (Tabla 16). En esta categoría de manejo extrahospitalaria, se incluyen 2 grupos de pacientes, los < 65 años sin comorbilidad y > 65 años con comorbilidad específica y una orientación etiológica entre síndromes típico o neumococcico, atípico e indeterminado. Si se sospecha una etiología bacteriana neumococcica, el tratamiento de elección es la amoxicilina a dosis altas (al menos 1 g cada 8 h). La amoxicilina globalmente es eficaz en más del 60 por ciento de los casos de NAC, es activa contra neumococo con sensibilidad intermedia y anaerobios orales, dejando sin cubrir los agentes atípicos, BGN entéricos y los productores de betalactamasas. Si existe una sospecha de presencia de H. influenzae (pacientes > 65 años, fumadores, EPOC), se utilizará la asociación de amoxicilina a dosis alta con ácido clavulánico, para vencer la resistencia mediada por betalactamasas. Esta asociación estaría indicada cuando existe alguna de las siguientes situaciones: > 65 años sanos o con morbilidad no grave asociada, pacientes institucionalizados en residencias, pacientes con EPOC leve-moderado y NAC en fumadores activos. La alternativa a betalactámicos en casos de hipersensibilidad son la telitromicina o las fluoroquinolonas respiratorias (levofloxacino ó moxifloxacino, vía oral). Cuando no existe una clara orientación etiológica, es necesario cubrir también la posibilidad de microorganismos atípicos. En estos casos podría considerarse de elección la telitromicina o las fluoroquinolonas respiratorias, esta últimas cuando exista mayor riesgo de etiología no habitual. Siempre que se pueda realizar un seguimiento de los pacientes, también estaría indicada la amoxicilina (o amoxixilina-ácido clavulánico) a dosis altas y valorar la respuesta clínica en 48 horas, actuando en función de la misma. Si ésta no se obtiene de forma favorable se puede optar por cubrir también la posibilidad de gérmenes atípicos (asociando un macrólido o cambiando a la monoterpia con telitromicina o fluoroquinolonas). La combinación amoxicilina oral (amocilina/clavulánico) a dosis altas con macrólido es muy utilizada en el ámbito hospitalario pero en AP, es preferible la monoterapia (beltactámico, telitromicina o fluoroquinolona) por su efectividad, comodidad de administración y posibilidad de generar menos resistencias del neumococo.

La monoterapia con macrólidos podría plantearse en el tratamiento extrahospitalario empírico de NAC de gravedad leve a moderada, en paciente jóvenes (< 40 años), con bajo riesgo de NAC por BGN y/o con alta sospecha etiológica de gérmenes atípicos, no sometidos a antibioterapia en los 3 meses previos.

Si el contexto epidemiológico sugiere etiología por C. burnetii o Chlamydia spp, el tratamiento de elección sería la doxiciclina.

En los pacientes ancianos institucionalizados, no existe una clara evidencia sobre una distribución de patógenos diferentes a los pacientes de su mismo grupo de edad no institucionalizados. El tratamiento debe tener en cuenta las recomendaciones generales establecidas para los pacientes que viven en la comunidad. No obstante en este grupos de población es frecuente la existencia de factores de riesgo para patógenos poco habituales y de gérmenes resistentes a antimicrobianos.

En pacientes con NAC que son hospitalizados por la gravedad clínica, el neumococo sigue siendo el patógeno más frecuente, con alta probabilidad de cepas resistentes a antimicrobianos. También aumenta la posibilidad de BCGN y Legionella spp. Se recomienda la asociación de un betalactámico (amoxicilina-clavulánico o cefalosporina de 3ª generación parenteral) con un macrólido asociado. Esta asociación se ha demostrado superior a la administración del betalactámico solo, en la disminución de la mortalidad de la NAC grave. La monoterapia con fluoroquinolonas, ha demostrado una eficacia similar a la asociación, principalmente en casos no severos y podría ser una alternativa aunque se necesita mayor evidencia científica (Tabla 17).

En los cuadros de NAC muy grave, requiere tratamiento en una unidad de cuidados intensivos. El tratamiento debe ser activo frente a S. pneumoniae, L. pneumophila, H. influenzae, S. aureus y BGN entéricos, mediante cefalosporinas de 3ª ó 4ª generación o un carbapenem, asociadas a un macrólido o a una fluoroquinolona.

Los principales patógenos relacionados con la neumonía por aspiración son anaerobios estrictos (Bacteroides sp, Prevotella melaninogenica, Fusobacterium sp, Peptostreptococcus sp), asociado con frecuencia a patógenos aeróbicos (neumococo, S. aureus, H. influenzae y BGN entéricos). Se recomienda cubrir BGN entéricos, sin que se estime necesario el uso de agentes antimicrobianos específicos. Ante la sospecha de participación de anaerobios se pueden emplear amoxicilina/clavulánico, cefalosporinas de 3ª generación (cefotaxima o ceftriaxona) o fluoroquinolonas (moxifloxacino).

La asociación con los antibióticos antianaeróbicos como la clindamicina estaría indicada ante la presencia de una cavitación o absceso pulmonar (Tabla 16).

En el caso presentado, existían una serie de datos clínicos, radiológicos, demográficos y epidemiológicos que no podrían orientar el diagnóstico etiológico: paciente joven, fumador importante y de larga evolución, sin comorbilidad. No tenía contacto con animales y vivía en una comunidad abierta. El cuadro de presentación era leve y tenía un patrón radiológico de condensación con broncograma. Con los datos obtenidos de la anamnesis y la información radiológica, la etiología más probable es un infección por un germen típico: neumococo o probablemente H. influenzae debido a su condición de fumador crónico durante más de 30 años. En este caso el tratamiento recomendado sería la administración de amoxicilina-ácido clavulánico con dosis altas de amoxicilina (875/125 ó 2000/125) durante 7 días. Además se aconsejaría el abandono del hábito tabaquito.


Duración

Existen pocos datos que definan la duración óptima del tratamiento antibiótico de la NAC. En general, la duración vendrá condicionada por la gravedad del cuadro por el agente etiológico responsable y en menor medida por la severidad del proceso y la situación del paciente.

El tiempo medio para las NAC bacterianas que no requieren ingreso es de 7-10 días en el tratamiento con betalactámicos y de 10 días si se emplean fluoroquinolonas o macrólidos. Los episodios de NAC por patógenos atípicos varía en función del antibiótico empleado: eritromicina ó doxiciclina (14-21 días), claritromicina (10-14 días), azitromicina 5 días. También la etiología influye en la duración del tratamiento: Mycoplasma o Chlamydia (10-14 días), Legionella (14-21 días). La NAC que requiere ingreso debe tratarse entre 10 a 14 días, prolongándose hasta 14-21 días en los casos debidos a Legionella spp, S. aureus o BGN y 4 semanas en la neumonía por anaerobios.


Seguimiento

A las 48-72 horas debe comprobarse la evolución favorable que viene definida por como la ausencia de fiebre elevada y la estabilización de los síntomas y signos clínicos. Si no existe respuesta al tratamiento en esta primera valoración y el paciente presenta signos o síntomas de severidad, se remitirá al paciente a urgencias del hospital para valorar ingreso.
En función de la respuesta clínico-radiológica se considera curación cuando exista resolución de los síntomas y signos clínicos, con mejoría o resolución del infiltrado radiológico, sin necesidad de administrar otros tratamientos antibióticos al finalizar el de inicio. Se considera fallo terapéutico precoz la ausencia de respuesta o incluso empeoramiento al tratamiento empírico inicial a las 72 horas, persistiendo los síntomas respiratorios y fiebre y presentando signos de compromiso respiratorio, con o sin progresión radiológica del infiltrado.

El fracaso terapéutico se define como la ausencia de resolución de los síntomas y signos respiratorios o del infiltrado radiológico después de un tratamiento adecuado, con necesidad de administrar otros antibióticos. Entre un 10 y un 25 por ciento de los pacientes tratados con NAC no existe una repuesta favorable a la terapia inicial. Las causas más frecuentes de esta ausencia de respuesta son la realización de un tratamiento empírico inadecuado, la presencia de complicaciones o de gérmenes no habituales. En los pacientes con clínica infecciosa sin respuesta al tratamiento empírico debe es esencial volver a obtener la anamnesis de los pacientes para descartar factores de riesgo de gérmenes poco habituales o remitentes y también preguntar sobre la exposición a tuberculosis y realizar la prueba cutánea de la tuberculina.

En otras ocasiones la ausencia de respuesta se debe a un diagnóstico inicial incorrecto y debe pensarse en otras entidades responsables de infiltrados radiológicos: troemboembolismo pulmonar, insuficiencia cardiaca congestiva, neoplasis broncogénicas obstructivas o ciertas enfermedades pulmonares inflamatorias/infiltrativas (bronquiolitis obliterante, granulomatosis de Wegener, neumonía eosinófila e hipersensibilidad, sarcoidosis, enfermedades colágeno-vasculares).

En los casos de manejo ambulatorio, una vez finalizado el tratamiento se debe realizar una nueva valoración clínica para comprobar la curación.

La resolución radiológica de la NAC suele ser más lenta que la mejoría clínica. El tiempo medio de resolución radiológica de una NAC es de 6-8 semanas: 51 por ciento a las 2 semanas, 64 por ciento a las 4 semanas, 73 por ciento a las 6 semanas y el 100 por ciento a las 14-16 semanas. La resolución es más rápida en jóvenes y en los casos por gérmenes atípicos. Esta resolución es más lenta en ancianos, portadores de enfermedad cardiovascular crónica, en neumonía neumocóccica bacteriémica o por legionella spp (12 semanas) y en la afectación multilobar.

No está indicado la realización de un estudio radiológico postratamiento en todos los episodios de NAC. No existen evidencias que avalen la necesidad de realizar una radiografía de control los pacientes que evolucionan favorablemente.

La radiografía de tórax de control debería realizarse ante la sospecha de un fracaso terapéuticos por la persistencia de la clínica respiratoria (descartar patología infecciosa o no infecciosa diferente de NAC) o en pacientes con factores de riesgo de carcinoma broncogénico asociado (fumadores y pacientes mayores de 60 años) aunque haya evolucionado favorablemente. El estudio radiológico de control se aconseja realizarlo después de 6-8 semanas de iniciado el cuadro.

En los pacientes con buena evolución clínica en los que no existe resolución completa del infiltrado radiológico en la prueba de control, se repetirá un segundo estudio radiológico un mes después del primero.

En relación con la resolución radiológica se define la neumonía de lenta resolución o resolución radiológica prolongada, la ausencia de normalización radiológica completa a las 6 semanas del inicio del proceso, en pacientes que han mejorado sintomáticamente con tratamiento antibiótico. La neumonía sin resolución es aquella que no manifiesta signos de resolución clínico-radiográfica en el período de tiempo usual. No obstante, se considera la etiopatogenia de ambas entidades es común y debe descartarse Infecciones por gérmenes atípicos o específicos de resolución lenta (legionelosis, neumococo invasivo, virus, hongos, tuberculosis), complicaciones de la infección bacteriana (absceso, empiema), anomalías estructurales que impiden el aclaramiento bronquial (bronquiectasias, cuerpo extraño) o enfermedades no infecciosas que comprometen el parénquima pulmonar (neoplasia, vasculitis, hemorragia pulmonar). En estos casos es precisa su derivación al nivel especializado para el estudio diagnóstico.


Prevención

1. Abandonar el hábito tabáquico en los individuos fumadores
2. Vacunaciones:

a) Vacunación antigripal. Debe administrarse anualmente siguiendo las recomendaciones y las cepas que notifica la Organización Mundial de la Salud. Los grupos de riesgo con mayor susceptibilidad a la gripe y sus complicaciones en los que estaría indicada la vacunación son: > 60 años, portadores de enfermedades crónicas (cardiorrespiratorias, insuficiencia renal o hepática, diabetes) e inmunodepresión. La vacuna antigripal es la única medida preventiva que ha demostrado reducir la incidencia y morbimortalidad por neumonía en población con edad avanzada y enfermedad cardiorrespiratoria cónica.

b) Vacuna antineumocóccica polisacáridos polivalente (23 serotipos). La eficacia/y efectividad de la vacuna de polisacáridos continua siendo una cuestión no resuelta. Ha demostrado su eficacia para prevenir enfermedad invasiva (incluye entre 85 y 90 por ciento de los serotipos que causan infección neumocóccica invasiva y los más frecuentes de resistencia antibiótica), aunque no ha demostrado reducir la incidencia de neumonías no bacteriémicas. Entre el 5-20 por ciento de las neumonías desarrollan formas bacteriémicas. El neumococo es responsable de casi la mitad de las neumonías graves que requieren hospitalización. La mortalidad media de la neumonía no bacteriémica es baja (3 por ciento), frente al 25 por ciento en la enfermedad bacteriémica (ascendiendo al 60 por ciento en pacientes con enfermedades subyacentes y/o mayores de 70 años). La efectividad en la prevención de la enfermedad invasiva oscila entre 56 y 81 por ciento. La administración de esta vacuna en determinados grupos de población continúa siendo controvertida, por su menor efectividad en mayores de 65 años y en inmunodeprimidos. La vacuna, estaría indicada según las normativas internacionales en pacientes con enfermedades crónicas con susceptibilidad aumentada para la infección neumocóccica. No existe una evidencia sobre la recomendación de incluir la vacuna en programas masivos de inmunización de la población general sana. La eficacia de la VAN en adultos > 65 años fue se asocia a un menor riesgo de bacteremia por neumonía y un aumento del número de hospitalizaciones, sin modificación del riesgo de presentar neumonía formas tratadas ambulatoriamente. Las indicaciones de la vacunación en las que existe un mayor consenso son (PAPPS 2003):

o Pacientes no vacunados y con factores de riesgo para infección neumocóccica, durante la estancia hospitalaria.
o Adultos con alto riesgo de morbi-mortalidad por neumococo:
a) Personas mayores de 65 años, haciendo especial hincapié en aquellos que están institucionalizados (instituciones cerradas) o vayan a estarlo. No se dispone de suficiente información para incluir o excluir de la vacunación a personas >65 años inmunocompetentes. Las autoridades sanitarias españolas difieren en los criterios de vacunación a los mayores de 65 años según las diferentes autonomías; algunas tienen programas de vacunación sistemática para mayores de 65 años mientras otras son la indican para personas de riesgo.
b) Inmunodeprimidos: asplenia, infección por VIH, linfomas, mieloma múltiple, anemia de células falciformes.
- Pacientes con enfermedades crónicas: insuficiencia cardíaca, neumopatías crónicas, cirrosis hepática, diabetes mellitus, insuficiencia renal, alcoholismo, pacientes con fístulas de L.C.R.
o 2. Niños > de 2 años con alto riesgo de morbi-mortalidad por neumococo:
- Asplenia funcional u orgánica.
- Niños con enfermedades crónicas: neumopatías crónicas, cardiopatías, insuficiencia renal, síndrome nefrótico.
- Infección por VIH.
- Anemia depranocítica.
- Niños inmunodeprimidos: leucemia, linfomas, transplantados.
En España está comercializada una vacuna conjugada antineumococo heptavalente, de utilización en niños < 2 años que alcanzaría una cobertura del 83 por ciento en los serotipos que producen enfermedad invasora y del 85,4 por ciento sobre los responsables de otitis media aguda.
Algunos datos publicados sugieren el efecto potenciador de la administración conjunta de la vacuna neumocócica y antigripal.

 

 

(Tabla 1). El neumococo es responsable de 2/3 casos de bacteriemia en NAC, causa frecuente de mortalidad.

Entre los factores de riesgo para el desarrollo de una NAC se encunetran: tabaquismo (>20 cigarrillos/día), presencia de patologías crónicas (DM, hepatopatías, cardiopatías, enfermedad renal, neoplasias, EPOC), malnutrición, exceso de peso, demencia, edad avanzada, esplenectomía y consumo de alcohol.




 

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