Enfermedades
nefro-urológicas:
Insuficiencia renal crónica. ¿Qué
se puede hacer desde la Atención Primaria
Nuevas
tendencias
Actualmente
se considera que la insuficiencia renal crónica (IRC) constituye un espectro
continuo que empieza por la lesión en el riñón y termina
con la necesidad de trasplante renal. Los datos recientes sugieren que, en Estados
Unidos de Norteamérica hasta 11 millones de personas presentan cifras de
creatinina superiores a 1,5 mg/dl; en España los datos epidemiológicos
existentes sugieren un problema de dimensiones similares al que existe en los
Estados Unidos. La frecuencia de nuevos casos de pacientes que inician diálisis
en ese país asciende a 3.000 por cada millón de habitantes. Dichos
pacientes con sus comorbilidades reconocibles como diabetes, hipertensión
y enfermedad vascular periférica consumen una cantidad sustancial de los
recursos sanitarios actuales.
Actualmente unas 36.000 personas en España
padecen una insuficiencia renal crónica terminal, por lo que necesitan
un tratamiento renal sustitutivo. De ellas, cerca de 20.000 se someten a tratamientos
de diálisis bien peritoneal o hemodiálisis. Sólo unas 1.900
reciben el tratamiento en su propio domicilio, diálisis peritoneal continua
ambulatoria; expertos y pacientes destacan la independiencia y el ahorro de tiempo
que supone utilizar una máquina de filtrado de sangre sin salir de las
cuatro paredes del hogar (frente al traslado cada 48-72 horas a un centro sanitario).
Es
bien conocido que la nefropatía diabética es actualmente la primera
causa de insuficiencia renal cónica terminal y de entrada en el programa
de tratamiento renal sustitutivo. Se calculaba hace pocos años que un 25
a 40 por ciento de los diabeticos tipo 1 y un 15 a 25 por ciento de los tipo 2,
desarollaran a lo largo de su evolución nefropatía diabética.
Estas previsiones están siendo desbordadas en la actualidad, de tal manera
que se estima globalmente que un tercio de los diabéticos padecerán
nefropatía. Hay evidencias suficientes en la literatura que muestran una
incidencia similar de enfermedad renal entre los dos tipos de grupos. Un estudio
farmacoeconómico sobre nefropatía diabética en España,
evaluaba en más de 136.000 el número de posibles pacientes con nefropatía
diabética para el año 2009; este informe señala unos costes
cifrados para el año 2000 en España de más de 210.000 euros/año
(35.000 millones de pesetas).
Para tratar de mejorar la calidad de vida del
paciente diabético y retrasar el inicio de la nefropatía, todos
los intentos hechos hasta la actualidad se basan en la necesidad de establecer
un diagnóstico y tratamiento lo más precoces posibles. Todo lo que
no se haga en las fases iniciales de la evolución de la nefropatía,
será infructuoso conforme la enfermedad avanza, ya que está demostrado
que los pacientes diabéticos con IRC presentan una mortalidad un 50 por
ciento mayor que los pacientes no diabéticos. Sin embargo, existen numerosos
datos clínicos y experimentales, regresión de lesiones de la neuropatía
diabética tras el trasplante de páncreas, en favor que el curso
de la nefropatía diabética puede ser alterado sustancialmente y
que el resultado de esta intervención puede ser más eficaz cuanto
más precoces sean el diagnóstico y el momento de su instauración.
Hay
numerosa evidencia científica que señala la estrecha relación
entre riñón e hipertensión, ya que el riñón
participa en la génesis y desarrollo de la hipertensión arterial,
y al mismo tiempo sufre sus consecuencias; la enfermedad renal condiciona la elevación
de la presión arterial y, a su vez, la hipertensión produce afectación
renal, que puede ser progresiva y conlleva a la insuficiencia renal, la llamada
nefroesclerosis; según avanza el deterioro de la función renal,
aumenta la prevalencia de hipertensión arterial. Según los últimos
estudios, cuando el paciente comienza a presentar insuficiencia renal, la prevalencia
de hipertensión es del 55 por ciento, siendo del 85-95 por ciento en los
pacientes cuando inician diálisis. Además, cuando se analizan los
factores de riesgo vascular en los pacientes hipertensos, se observa que la insuficiencia
renal es el factor más frecuente, apareciendo en el 32 por ciento de los
casos; tras él, se sitúan la enfermedad coronaria (14 por ciento)
y la enfermedad cerebrovascular e insuficencia cardíaca (8 por ciento).
Disponemos ya de algunas evidencias que indican que el doble bloqueo (IECA más
ARA II) del Sistema Renina-Angiotensina-Aldosterona, puede ser más eficaz
que el bloqueo simple con un IECA o con un ARA II, en cuanto a mayor efectividad
antihipertensiva y mayor renoprotección.
El elevado número
de pacientes en situación de riesgo de IRC, hace decisiva la necesidad
de cooperación entre todos los profesionales que atienden a estos enfermos.
Los proveedores primordiales de esta asistencia sanitaria son los médicos
de familia, que son los que atienden de forma más frecuente a estos pacientes;
los médicos que trabajan en la Atención Primaria se encuentran en
una situación estratégica para colaborar con el equipo de nefrología
de referencia, en la ralentización de la progresión de la IRC.
Actualmente
se desarrolla en distintas comunidades autónomas el estudio EPIRCE (Epidemiología
de la Insuficiencia Renal Crónica en España) para conocer la prevalencia
de la enfermedad, los factores de riesgo, relación con el tabaquismo, nivel
socioeconómico de los pacientes, ocupación, antecedentes familiares,
etc.; que además persigue establecer medidas preventivas y concienciar
a los médicos de familia de la necesidad de prevención y diagnóstico
precoz.
La IRC es una entidad clínica que se ha convertido en un
problema de salud pública por su gravedad e incidencia, que aumenta un
4 por ciento anual, y cuyo pronostico es negativo, pues las opciones al fallecimiento
en las fases avanzadas son la diálisis o el trasplante. Según representantes
de la Sociedad Española de Nefrología (SEN), en España hay
cerca de 32.000 pacientes en programa de diálisis, con unas 5.500 incorporaciones
anuales, supervivencias del 34 por ciento y 12 por ciento a 5 y 10 años,
respectivamente, con una tasa de ingreso hospitalario elevada y un gasto anual
estimado de 800 millones de euros.
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