Enfermedades nefro-urológicas:
Insuficiencia renal crónica. ¿Qué se puede hacer desde la Atención Primaria

 

PREVENCIÓN
DE LA PROGRESIÓN DE LA IRC

Detección de Causas Desencadenantes

La magnitud de la clínica y de las alteraciones de laboratorio de la IRC, varían mucho de un paciente a otro, dependiendo sobre todo de dos factores:

o La masa renal funcionante.
o La tasa de pérdida de la función renal.

Existen una serie de factores que influyen en la progresión y que debemos de controlar (Tablas 4 y 5).

En el caso de Dña Victoria, tanto los objetivos de control como las medidas terapéuticas que nos marcamos tienen que ver con los propios de una nefropatía diabética (Tabla 6). Así mismo, es fundamental conocer la dosificación de los farmacos en la IRC, para evitar efectos secundarios e interferencias.

Dieta básica

Ha de basarse en la restricción proteíca, y donde se incluya 0,6-0,8 gr/Kg/día de proteínas de alto valor biológico; será menor la restricción en fases precoces (CCr mayores de 50 ml/minuto), en pacientes desnutridos y en casos de proteinuria marcada.

Se recomiendan las carnes magras (pollo, ternera, conejo) y evitar cerdo y caza; huevos 2-3 a la semana, y pescado cualquiera, menos salmón. Moderar el consumo de lácteos (fosfatos) y grasas saturadas, junto a una dieta hiposódica y pobre en potasio (eliminar algunos frutos secos, y frutas, además de realizar la doble cocción de legumbres y verdu-
ras). Aportar vitaminas hidrosolubles, si la restricción proteica es prolongada.

Control tensional, metabólico e iónico

El manejo del paciente con IRC ha de ser compartido entre el nefrólogo y el médico de familia, insistiendo en la prevención y el tratamiento precoz de las complicaciones, así como el control tanto de la enfermedad de base, como de los parámetros tensión arterial, peso, anemia, y alteraciones metabólicas (calcio, fósforo, potasio, etc.).

o El control de la tensión arterial es la medida más eficaz para enlentecer la progresión de la IRC; el objetivo es mantener la tensión arterial diastólica en 80 mm Hg, o si la proteinuria es > 2 g/día, en 75 mm Hg. Los IECA son los fármacos de elección, (cuidado con la hiperpotasemia) seguidos de calcioantagonistas, betabloqueantes o alfabloqueantes, ARA II, y los diuréticos de asa sólo en caso de edema e hiperhidratación. Los diuréticos ahorradores de potasio están contraindicados.

o La hipercolesterolemia se beneficia del tratamiento con inhibidores de la HMG-Coa reductasa, y los pacientes con hipertrigliceridemia, con fibratos; ambos casos precisan vigilar los efectos secundarios (rabdomiolisis).
o En los diabéticos el control de la glucemia, hay que perseguir que la HbA1C sea < 7 por ciento, con la dieta, ejercicio e insulina si se precisa , ya que algunos antidiabéticos orales están contraindicados, como las biguanidas y sulfonilureas por el riesgo elevado de acidosis láctica e hipoglucemias graves respectivamente. Las tiazolidinadionas (rosiglitazona, pioglitazona), la repaglinida y la nateglinida pueden usarse en la insuficiencia renal moderada, dado que son metabolizados por el hígado; también puede utilizarse la acarbosa ya que tiene una mínima absorción intestinal.
o En el metabolismo fosfo-cálcico, se tratará precozmente con restricción de la ingesta de proteinas de la dieta, y se suministrarán carbonato o acetato cálcico (2-6 g) cuando el filtrado glomerular < 40 ml/min; en caso de hipocalcemia o hiperparatiroidismo secundario se administrarán metabolitos de la vitamina D (calcitriol 0,25-1,25 mcg/día) controlando periódicamente la calcemia y fosfatemia.


Seguimiento según la función y el estadio

Según sea la IRC leve, moderada, avanzada o terminal, necesitará unos controles tanto desde el centro de salud como del servicio de nefrología, pudiéndo ser anuales, semestrales, trimestrales o mensuales respectivamente, según estadio y situación clínica, así como marque el protocolo de atención compartida entre Atención Primaria y especializada.
El paciente con nefropatía diabética e insuficiencia renal se considera tributario de control preferentemente hospitalario. Es muy recomendable que tanto el control nefrológico como el endocrinológico se efectúen de la forma lo más coordinada posible.




 

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