Enfermedades
nefro-urológicas:
¿Podemos mejorar el manejo de la incontinencia urinaria?
Pautas de actuación
MANEJO
TERAPÉUTICO
DE LA IU
Se
denomina tratamiento conservador al constituído por todas aquellas terapias
que excluyen el tratamiento quirúrgico: entrenamiento vesical, intervenciones
sobre el estilo de vida, rehabilitación de suelo pélvico (RSP),
biofeedback, electroestimulación y tratamiento farmacológico. Es
fundamental que se oferte como primera opción desde la Atención
Primaria ya que es seguro y efectivo.
TRATAMIENTO
CONSERVADOR
NO FARMACOLÓGICO
Entrenamiento
vesical
Es una estrategia de primera línea (nivel
I de evidencia). Se conoce también como supresión de la urgencia
o vaciamiento programado porque el paciente tendrá que ajustar sus visitas
al servicio a un horario fijo aunque no sienta ganas de orinar. Se establece,
en base al diario miccional, un intervalo entre las micciones que se va aumentando
gradualmente 15-30 minutos cada dos días sin episodios de IU, hasta que
la necesidad de orinar se sienta sólo cada 3-4 horas. El proceso puede
durar entre tres y seis meses con supervisión. Requiere alto grado de motivación
por parte del enfermo y del profesional, así como que las pacientes tengan
una esfera cognitiva íntegra y sean físicamente capaces de realizar
tareas rutinarias.
El apoyo con técnicas de distracción
y relajación en la IUU es muy importante, para lograr el autocontrol: ante
un episodio de urgencia, en lugar de correr al baño, (lo que representa
un aumento de los estímulos visuales e incremento de la presión
abdominal que contribuyen a desencadenar IU), se le enseña a pararse, adoptar
una postura defensiva (sentarse si es posible), relajar todo el cuerpo respirando
de forma profunda, contraer la musculatura pélvica 5-6 veces y retrasar
la micción (por ejemplo, contando hacia atrás desde 100). Cuando
se ha vencido la urgencia, podrá acudir al baño de forma tranquila.
Estas técnicas son totalmente aconsejables por su sencillez y mejoran de
forma notable la calidad de vida del paciente.
Suplementado con anticolinérgicos
a corto plazo u otras terapias de comportamiento, puede aumentar su efectividad.
Intervenciones
sobre
el estilo de vida
o No beber líquidos
de forma abundante (no superar los 1,5-2 litros, ni ingerir menos de 30 ml/kg/24
h para evitar la acción irritante de la orina, que puede empeorar los síntomas).
Existe una evidencia pobre sobre la efectividad de esta medida, aunque puede disminuir
los síntomas de IU en personas mayores.
o Evitar la ingesta de líquidos
a partir de las 19 horas y de las bebidas mencionadas anteriormente que pueden
actuar como desencadenantes de VHA. Hay evidencia de que el café precipita
los síntomas de IU aumentando el número de contracciones vesicales
pero no de que su reducción en la dieta sea efectiva para reducir los síntomas.
o Evitar alimentos especiados, salados o fermentados (picantes), especialmente
por la noche.
o Evitar el estreñimiento (nivel III de evidencia) mediante
la ingesta de fibra y el ejercicio físico, y utilizar posturas que ayudan
a la defecación con mínimo riesgo para el periné, como apoyar
los pies en un banco.
o Evitar la obesidad: Las mujeres con pérdidas
de peso importantes secundarias a cirugía de su obesidad presentan una
mejoría importante de su IU (nivel II de evidencia), pero no hay beneficios
demostrados para disminuciones más modestas del peso (nivel III de evidencia).
o Abandonar el hábito tabáquico: El tabaco es otro factor de
riesgo para la IU en mujeres mayores de 60 años que tienen síntomas
respiratorios crónicos, probablemente por la tos. En las mujeres jóvenes
la relación no está tan clara. En los hombres entre 50 y 70 años
que han sido o son actualmente fumadores también se ha demostrado un riesgo
aumentado. Pero no hay estudios sobre la mejora que produce en los síntomas
del tracto urinario inferior el abandono del tabaco (nivel II de evidencia).
o
Informar a su médico de su problema antes de tomar un fármaco nuevo.
o Eliminar las barreras que dificulten la micción (prendas sueltas
y fáciles de quitar, acceso al servicio libre de obstáculos, espacio
amplio alrededor de la cama, iluminación nocturna, servicios claramente
señalados).
o Cuidar el suelo pélvico: evitar el sedentarismo,
aunque en mujeres no hay estudios en este sentido (nivel III de evidencia), cuidar
las posturas (utilizar aquellas que ayudan a la correcta colocación de
los órganos dentro de la pelvis como espalda recta, descansar con los pies
en alto), no acudir al baño "por si acaso" (de esta manera acomodamos
la vejiga a presiones mas bajas con lo cual, la sensación de urgencia será
cada vez con menos cantidad de orina dentro de la vejiga), controlar dentro de
lo posible los factores psicológicos estresantes con técnicas de
relajación (respiración), aprender a realizar ejercicios en hipopresión
cuando se practica ejercicio físico, etc.
Rehabilitación
de suelo pélvico
Los ejercicios de suelo pélvico
(RSP) o ejercicios de Kegel consisten en la realización de contracciones
voluntarias de la musculatura perineal, fundamentalmente del elevador del ano,
para fortalecerla y mejorar el control vesical e intestinal. El aprendizaje se
debe realizar con un grado de dificultad progresiva y requiere motivación
de la paciente.
Constituye una terapia aplicable a ambos tipos de IU.
Tiene un grado de recomendación A y un nivel de evidencia I para la IUE
leve o moderada, siempre que se realicen con el apoyo y seguimiento de un fisioterapeuta
o enfermero entrenado . En este tipo de IU, mediante esta terapia, se consigue
el control de la micción en un importante número de casos, disminuyendo
los tratamientos hospitalarios y, por tanto, minimizando costes. En aquellos casos
más severos están indicados tratamientos más agresivos.
También
se recomiendan en la IUU, donde el nivel de evidencia es menor, pero diversos
estudios han demostrado su utilidad.
Su práctica requiere cuatro
fases. En la primera, o fase de información, se le debe explicar la anatomía
de la zona, en qué consiste el entrenamiento muscular y la importancia
del tiempo dedicado en casa. En la segunda fase, o de identificación, debe
reconocer la musculatura correcta que tiene que ejercitar (ver Figura 1). No resulta
sencillo, ya que la musculatura perineal se encuentra pobremente integrada en
el esquema corporal. De hecho, y como muestra de la dificultad, hasta un 40 por
ciento de las mujeres no saben contraer su periné aún después
de haber recibido minuciosas instrucciones individuales.
Para enseñar
a las pacientes a contraer el periné, se puede practicar la interrupción
del chorro de la orina (se realizará exclusivamente como método
de identificación y no de ejercitación) o el tacto vaginal mientras
se aprieta como si se tratase de contraer el periné con un movimiento similar
al que realiza para terminar la micción o evitar el escape de un gas.
A
continuación, pasamos a la fase de entrenamiento o de terapia activa, que
podrá realizar en su propio domicilio, siempre que se cuente con el seguimiento
por parte del terapeuta.
Antes de empezar los ejercicios conviene relajar
la musculatura pélvica durante 3-4 minutos. La postura inicial más
recomendada es sentada, con las piernas entreabiertas y ligeramente inclinada
hacia delante. Se deben repetir luego en decúbito supino y otras posiciones
y, por último, asociando la contracción perineal al esfuerzo que
representan las actividades cotidianas. Puede aprovecharse cualquier ocasión
(semáforo en rojo, esperar el ascensor) para los ejercicios rápidos
pero no para los lentos que requieren contar el tiempo, prestar atención
a los abdominales, etc. Se aconseja hacer 2-3 series de 5-10 contracciones lentas
de 5-10 segundos, seguidas de 2-3 series de 5-10 contracciones rápidas
de 1-2 segundos, relajando siempre a continuación el doble de tiempo. Por
lo general, se recomiendan sesiones de 15 minutos/3 veces/día (cambiando
la posición, por ejemplo, por la mañana tumbada, de pie por la tarde,
sentada al anochecer), unas 3 veces/semana. La duración del entrenamiento
debe ser 6 meses en sujetos jóvenes o de mediana edad, más tiempo
las mayores de 60 años.
Es importante coordinar los ejercicios
con la respiración, relajando los músculos pélvicos durante
la inspiración y contrayéndolos durante la espiración. Además,
la musculatura abdominal debe encontrarse relajada, así como los aductores
y los glúteos. Las contracciones de estos músculos se denominan
contracciones parásitas y ocurren con mucha frecuencia. Además,
un 25 por ciento de las mujeres invierten la orden y, en vez de contraer el periné,
empujan. Estos dos defectos, que perjudican de forma notable el periné,
pudiendo agravar prolapsos incipientes, pueden subsanarse en un centro de reeducación
perineal, con la ayuda del biofeedback.
Por último, durante la fase
de mantenimiento se ha mostrado eficaz una pauta de 60 ejercicios diarios repartidos
en varias sesiones. Deben realizarse siempre antes de practicar un esfuerzo. El
tratamiento debe practicarse toda la vida porque si el paciente abandona los ejercicios,
a las 10-20 semanas la mejoría obtenida puede desaparecer. Debe supervisarse
periódicamente la técnica de los ejercicios realizados en el domicilio
(reforzando los conocimientos adquiridos por la paciente para optimizar a largo
plazo la adherencia y resultado del tratamiento), el tono muscular perineal y
valorarse la mejoría de los síntomas o la ausencia de la misma.
Sin embargo, el mantenimiento de los ejercicios a largo plazo en los pacientes
que no han respondido inicialmente, no suele aportar mejoría valorable.
La RSP resuelve completamente el 20 por ciento de los casos de IUE leve-moderada
y, produce un 50-75 por ciento de reducción de episodios de IU en la mayoría
de los pacientes, porcentajes similares a los obtenidos en el tratamiento de la
IUM, donde la tasa de éxito entre curaciones y mejorías notables,
puede superar el 70 por ciento a corto plazo.
Respecto a la prevención
de la IUE durante el embarazo y el parto, hay que tener en cuenta que la prevalencia
de la IU durante el embarazo varía entre un 38-61 por ciento; la mitad
de estas mujeres mantendrán su incontinencia ocho semanas tras el parto.
Las mujeres con IU tres meses después del parto tienen un riesgo particularmente
alto de permanecer con los síntomas a largo plazo. Un 10 por ciento de
las puérperas sufrirán una IUE permanente.
Aunque algunos
estudios muestran que la RSP durante el embarazo previene la IU en algunas mujeres
durante la gestación y después del parto, una revisión sistemática
sobre este tema publicada en el año 2003 concluye que los ejercicios de
Kegel realizados durante el embarazo no mejoran la fortaleza de la musculatura
del SP ni disminuyen a corto plazo la IU. Por el contrario, cuando se realizan
inmediatamente después del parto (comenzado dos meses después o
antes), sí disminuyen la IU postparto y parece que la mejoría se
mantiene un año después. Para las gestantes de riesgo algunos autores
proponen iniciar la RSP entre la semana 16 y la 20 de gestación, simultáneamente
con los ejercicios de relajación y preparación al parto ya que,
lo mismo que éstos, su aprendizaje es adecuado mediante terapia grupal.
La mecánica de los ejercicios es la misma que se ha explicado anteriormente
dándose preferencia a las posiciones de sedestación y decúbito.
Biofeedback
El biofeedback
muscular consiste en una serie de técnicas utilizadas por rehabilitadores
y fisioterapeutas como complemento de los ejercicios de Kegel en mujeres que tienen
dificultad para el aprendizaje de los mismos. La efectividad de este método
posee un nivel II de evidencia ya que no hay ningún ensayo clínico
concluyente que demuestre la superioridad de la RSP con biofeedback sobre la RSP
sola, aunque sí parece que puede mejorar los resultados.
El primer instrumento
de biofeedback aplicado a la musculatura perineal fue el perineómetro de
Kegel, que consiste en una cámara de aire cilíndrica conectada a
un manómetro que se introduce en la vagina. Cuando la paciente contrae
el periné, indica la intensidad de la contracción. Es barato y fácilmente
disponible en Atención Primaria.
Desde entonces, los equipos de
biofeedback han evolucionado y actualmente disponen de equipos informatizados
con dos o más canales que hacen el registro electromiográfico simultáneo
de los potenciales eléctricos producidos por la contracción muscular
del suelo pélvico y de la prensa muscular abdominal mediante la colocación
de un sensor vaginal o anal y otro abdominal. Esto permite tanto a la mujer como
al terapeuta detectar la intensidad de la contracción perineal, valorar
los cambios en el tono muscular y detectar las contracciones abdominales parásitas.
Constituye una forma eficaz de aprender y contribuye a la implicación de
la paciente de forma positiva en la terapia de rehabilitación al ir apreciando
sus propios progresos. El número de sesiones es variable de acuerdo al
grado de IU que presenta cada paciente.
Existe también un biofeedbak
vesical, utilizado en el tratamiento de la IUU. Su objetivo es que el sujeto reconozca
las contracciones involuntarias de su vejiga cuando se conecta a un sistema urodinámico
como en la cistometría y se realiza un llenado lento. Cuando aparecen contracciones
anormales, se enciende una luz roja de un semáforo o se dispara una señal
acústica. Se le indica al paciente que intente impedir las contracciones
y, al lograrlo, la luz se pone verde o se para la señal acústica.
Los pacientes con un periné débil o con mala identificación
deberán realizar previamente unas sesiones de cinesiterapia o biofeedback
de suelo pélvico. Cuando el paciente ha aprendido a inhibir las contracciones
vesicales que aparecen bajo condiciones fisiológicas, se realizan las sesiones
con un llenado rápido.
Conos
Presentados por Plevnik
en 1985, fueron concebidos como un método de biofeedback que la mujer utilizaría
para identificar y ejercitar los músculos del suelo pélvico en su
propio domicilio.
Constituyen una terapia discreta con un grado de recomendación
B. La revisión de Cochrane del año 2002 concluye que, en ausencia
de ensayos relevantes, hay alguna evidencia de que los conos son mejores que la
ausencia de tratamiento activo y deben ofertarse como una opción más.
Se
presentan como un set de 5 conos con el aspecto de un tampón vaginal, con
el mismo tamaño pero distinto peso, comprendido entre los 10 y los 70 g.
Se recomienda comenzar con el peso pasivo (aquél que se mantiene 1 minuto
sin contracción voluntaria del periné), siempre que haya un cierto
tono muscular del periné, un tiempo aproximado de 15 minutos, dos veces/día
en deambulación y durante las actividades cotidianas. Su tendencia a deslizarse
hacia fuera obliga a la mujer a contraer los músculos de la pelvis, contribuyendo
a la identificación fácil de la misma. Además, al ir aumentando
el peso de los conos de forma progresiva, se aumenta el tono del suelo pélvico.
El entrenamiento por parte del profesional es rápido y no requieren
desplazamiento a ningún centro, careciendo de efectos secundarios. El mayor
inconveniente es que el número del cono que la mujer es capaz de retener
no siempre correlaciona con su estado perineal, lo que puede deberse a variaciones
en el eje vaginal o a laxitud de las paredes vaginales que permitan al cono alojarse
transversalmente. Además, pueden producir heridas si se usan en exceso.
Las tasas de abandono son similares a las de RSP o electroestimulación.
Electroestimulación
Las
propias máquinas de biofeedback tienen actualmente la posibilidad de aplicar,
mediante electrodos intravaginales, intraanales o de superficie, estímulos
eléctricos que sirven para complementar la RSP en los casos en que la musculatura
del suelo pélvico carece de tono o existen contracturas parásitas
del abdomen, ya que con ello se consigue la contracción de la musculatura
perineal sin esfuerzo por parte de la paciente. No hay evidencia definitiva de
su efectividad (nivel II de evidencia, grado de recomendación B en IUE).
También está indicada en IUU e IUM (con el mismo grado de evidencia
que en IUE), porque produce una inhibición refleja del detrusor. Puede
presentar efectos secundarios que desaparecen al finalizar el tratamiento: irritación
de las mucosas parestesias de miembros inferiores, fatigabilidad, dolor pélvico
debido al cansancio muscular. Está contraindicado en infecciones urinarias,
durante la menstruación, en personas portadoras de prótesis, DIU,
daño en el arco reflejo espinal (secundario a intervenciones quirúrgicas),
etc.
Dispositivos elevadores del cuello vesical
Los
pesarios son dispositivos oclusivos que se insertan en la vagina previniendo las
pérdidas de orina durante la tos o el esfuerzo. Pueden producir infecciones
genitourinarias, erosiones vaginales y causar disfunción de vaciamiento
vesical.
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO
Terapia
anticolinérgica
Aunque la fisiopatología
de la vejiga hiperactiva sigue siendo incierta, dado que la contracción
del músculo detrusor está mediada principalmente por la estimulación
que ejerce la acetilcolina sobre los receptores muscarínicos, el bloqueo
de los mismos con fármacos antagonistas aumenta la capacidad vesical total
y constituyen la base del manejo farmacológico de este proceso. Todos provocan
efectos secundarios cuando se administran a dosis terapéuticas, sobre todo
sequedad de boca, estreñimiento, naúseas, midriasis, déficit
de acomodación (visión borrosa), confusión, deterioro cognitivo
y taquicardia. Están contraindicados en pacientes con glaucoma de ángulo
estrecho y en obstrucción del tracto urinario inferior ya que pueden desencadenar
retención urinaria.
Tanto la oxibutinina como la tolterodina han
demostrado, tras cuatro semanas de tratamiento, su eficacia frente a placebo en
la reducción del número de micciones diarias, número de episodios
de incontinencia en 24 horas, y aumento del volumen medio por micción.
Diferentes
estudios han demostrado su eficacia para reducir la IU y los otros síntomas
de VHA tanto en pacientes con IUU aislada como con IUM.
La oxibutinina
de liberación inmediata tiene propiedades anticolinérgicas y miorrelajantes
en músculo liso. Se utiliza a dosis de 2,5 a 5 mg tres veces al día.
Presenta una tasa de mejoría subjetiva del 50 a 80 por ciento, aunque la
mejora urodinámica sólo se demuestra en el 40 por ciento de los
casos. Su alta tasa de efectos secundarios (2-87 por ciento de los pacientes),
provoca muchos abandonos del tratamiento. Además, en la población
mayor de 65 años, puede producir deterioro de la función cognitiva,
por lo que se desaconseja usarlo en estos pacientes. La oxibutinina de liberación
prolongada (LP) utiliza el sistema OROS, y con 10 ó 15 mg en dosis única
diaria mantiene niveles séricos relativamente constantes durante las 24
h del día. Presenta un menor paso hepático que limita la formación
de metabolitos responsables de los efectos secundarios, por lo que la sequedad
de boca es menor (68 por ciento frente a 87 por ciento, de intensidad moderada-severa
en el 25 por ciento frente al 46 por ciento) y la tolerabilidad y el cumplimiento
a largo plazo (12 meses) mayores. La eficacia es similar, con tasas de continencia
completa en torno al 40 por ciento.
Se han utilizado otras formas de administración
del fármaco que evitan los efectos sistémicos, como la oxibutinina
intravesical (opción reservada a pacientes con vejiga neurógena
que precisen cateterismo vesical intermitente, y la oxibutinina transdérmica,
no comercializada en España, que se administra en parches oclusivos que
evitan los picos del fármaco en sangre, y cuyo principal efecto secundario
es el prurito y el eritema en el sitio de administración.
La tolterodina
es un antagonista competitivo de los receptores muscarínicos con mayor
selectividad hacia los receptores del músculo detrusor de la vejiga que
hacia los de las glándulas salivales. Esto conlleva una menor incidencia
de efectos secundarios periféricos que oxibutinina y un mejor cumplimiento.
Se metaboliza por el citocromo P-450 por lo que hay que ajustar dosis si se administra
junto a inhibidores de los mismos. Su efectividad, a dosis de 2 mg/12 h, es la
misma que la de la oxibutinina LI 5 mg/ 8 horas, aunque se asoció con menor
frecuencia de acontecimientos adversos y abandonos y es más segura en ancianos
porque atraviesa en menor proporción la barrera hematoencefálica.
Su eficacia y tolerabilidad fue la misma que la de oxibutinina LP 10 mg/día.
Tanto la tolterodina de liberación prolongada (LP) como los nuevos
fármacos solifenacina y darifenacina han sido abordados en el capítulo
inicial de novedades.
Duloxetina
Ver
en el inicio del capítulo, en novedades (página 21).
Terapia
estrogénica
Existe una gran concentración
de receptores estrogénicos en el tracto urinario inferior. La acción
de los estrógenos sobre los mismos produce un aumento del grosor y de la
turgencia de la mucosa, del plexo vascular submucoso (aumento del número
de vasos periuretrales) y del tejido conjuntivo uretral con el consiguiente aumento
de la presión uretral de cierre. Además, estimulan un aumento de
los receptores alfa y de la sensibilidad de los mismos al estímulo adrenérgico
que favorece la contracción del músculo liso uretral.
Por
este motivo, el uso de estrógenos para prevenir la IU después de
la menopausia se ha venido realizando desde hace años de forma controvertida.
Metaanálisis recientes concluyen que los estrógenos mejoran significativamente
la IU de forma subjetiva, pero no objetiva.
Aproximadamente el 50 por
ciento de las mujeres mejoran o se curan en comparación con un 25 por ciento
de las mujeres con placebo. Este efecto no se limita a la IUE, sino también
a la IUU e IUM, (probabilidad de mejoría para la primera aproximadamente
un 25 por ciento mayor que para la segunda). La frecuencia fue el síntoma
que más mejoró, sin diferencias significativas para la nicturia
y la urgencia.
En cuanto a la forma de administración, los resultados
más consistentes son los obtenidos con estrógenos tópicos
vaginales, sobre todo si la mujer presenta síntomas de atrofia asociados
(sequedad vaginal, dispareunia, prurito vulvar) como ocurre frecuentemente en
las postmenopaúsicas. Dosis entre 6-10 mg de estradiol tópico, sensiblemente
más bajas que las utilizadas en la terapia sustitutiva sistémica,
son igual de efectivas que estrógenos sistémicos y suponen un 10-30
por ciento de la dosis utilizada para tratar los síntomas vasomotores de
la mujer postmenopáusica. En pacientes con enfermedad coronaria, el tratamiento
con estrógenos y progesterona muestra una tasa menor de mejoría
y curación que el grupo placebo, por lo que no debe ser utilizado.
Caso
clínico
Recomendamos a nuestra paciente evitar
el consumo de café. Suspendemos el diurético que tenía prescrito
por su hipertensión y pautamos un calcioantagonista que disminuye la contractilidad
del detrusor. Basándonos en su patrón miccional, le enseñamos
pautas de reentrenamiento vesical para resistir y suprimir la necesidad imperiosa
de orinar. Además, pautamos estrógenos vaginales primero durante
15 días seguidos y, a continuación dos veces a la semana, y una
cápsula de 4 mg de tolterodina de liberación prolongada cada 24
horas.
A las cuatro semanas de tratamiento, la paciente refería
mejoría en la percepción de urgencia, había reducido su frecuencia
miccional y los episodios de incontinencia, se sentía más capaz
de realizar los tareas de la vida cotidiana y, aunque notaba sequedad de boca
de carácter leve, estaba motivada para continuar el tratamiento farmacológico.
Han desaparecido la sequedad vaginal y la dispareunia. Aconsejamos sobre la necesidad
de mantener también, el programa de reeducación y recomendamos evaluación
periódica.
TRATAMIENTO
PALIATIVO: ABSORBENTES
El uso de absorbentes ha supuesto
un cambio cualitativo en el tratamiento de los pacientes incontinentes en los
que no se puede practicar otro tratamiento de IU, ya que, careciendo de efectos
secundarios, permiten mantener seca la zona genital, e incluso ocultar el olor,
lo que contribuye a mantener la autonomía del paciente, su autoestima y
una buena calidad de vida dentro de las limitaciones de cada caso, evitando molestias,
infecciones y lesiones cutáneas.
Un 50 por ciento de mujeres mayores
de 65 años con IU requieren alguna protección y un 20 por ciento
usan absorbentes. Un 4 por ciento de los varones usan absorbentes.
Los
absorbentes desechables han sido creados a demanda de los distintos géneros,
edades, grado de movilidad y de independencia (tipo anatómico para personas
con movilidad, con elásticos para personas con poca movilidad o encamados).
En las IU leves, el absorbente rectangular con banda adhesiva que impide su movimiento,
se puede usar durante el ejercicio físico. Hay incluso absorbentes con
indicador de humedad para ser sustituidos cuando cambian de color y con medidas
especiales para protección cutánea.
PAUTAS
DE TRATAMIENTO
o Ante una paciente con IUU, los médicos
de familia deberíamos ofertar por este orden: medidas de entrenamiento
vesical, manejo de la ingesta de líquidos y antiestreñimiento, RSP
con o sin biofeedback y/o estimulación eléctrica, terapia estrogénica,
terapia anticolinérgica, absorbentes y modificaciones del medio que faciliten
la micción.
o En la IUE debemos insistir en primer lugar en la pérdida
de peso y el manejo en la ingesta de líquidos, abandono del hábito
tabáquico, manejo del estreñimiento, RSP con biofeedback, ocasionalmente
pesarios y absorbentes.
o En la IUM, debemos tratar en primer lugar el síntoma
predominante, comenzando con las técnicas menos invasivas y añadiendo
terapias para los síntomas restantes dependiendo de los resultados. La
clave es adaptarse a las necesidades y expectativas del paciente.
TRATAMIENTO
QUIRÚRGICO
El tratamiento quirúrgico
se limita prácticamente a la IUE. Estaría indicado en los casos
en que no existe respuesta suficiente al tratamiento conservador o cuando la severidad
o el tipo de IUE (disfunción intrínseca del esfínter) hace
aconsejable el mismo como primera opción.
El objetivo del tratamiento
quirúrgico en los casos de hipermovilidad uretral consiste en aumentar
la resistencia a la salida de orina por la uretra mediante la estabilización
de la misma con técnicas de elevación quirúrgica o banda
libre.
Entre las primeras, la colposuspensión retropubiana se realiza
mediante abordaje suprapúbico con elevación de la fascia endopélvica
a ambos lados del cuello vesical y fijación al ligamento ileopectíneo
(de Cooper) de cada lado para tratar de colocar la uretra en una posición
retropúbica más alta. La tasa de continencia durante el primer año
tras la cirugía es de un 85-90 por ciento, y del 70 por ciento a los 5
años. La vía laparoscópica presenta las ventajas de la cirugía
mínimamente invasiva (intervención más rápida, menos
traumática y dolorosa, recuperación más temprana, disminución
de la estancia hospitalaria, incorporación más rápida de
la mujer a la vida laboral). La técnica es más compleja y parece
no haber diferencias significativas en cuanto a los resultados en relación
a la cirugía abierta.
Ya hemos hablado en el apartado de novedades
de la importancia que han supuesto las bandas suburetrales de libre tensión
en las que se pretende, más que cambiar de posición intraabdominal
el cuello, dar soporte a la uretra media para reforzar, sin fijar, la resistencia
de las estructuras que sostienen el cuello vesical. Pueden practicarse como cirugía
mayor ambulatoria con anestesia local o regional. Los datos en relación
a resultados a largo plazo son escasos, aunque parece no haber diferencias significativas
en cuanto a la efectividad y tasas de recidivas en comparación con la colposuspensión
(tasas de curación del 93 por ciento en la IUM y del 97 por ciento en la
IUE).
En los casos de disfunción uretral extrínseca, el objetivo
radica en conseguir una coaptación de la uretra mediante técnicas
de cabestrillo pubovaginal o inyectables uretrales. La técnicas de cabestrillo
(banda fija en unión uretrovesical) utilizan diferentes materiales orgánicos
y sintéticos. Es una técnica que inicialmente se reservó
para las recurrencias o para IUE por disfunción uretral intrínseca,
pero recientemente también se ha utilizado como primera opción quirúrgica.
A diferencia de la banda suburetral libre de tensión, esta técnica
sería oclusiva, ejerce presión, fijándose en la pared abdominal
o en el ligamento de Cooper. Lograr la coaptación de la pared uretral sin
producir retención urinaria no siempre es fácil de conseguir. Los
resultados son similares a la colposuspensión. Cuando falla esta técnica
en la disfunción intrínseca del esfínter, pueden utilizarse
las Inyectables uretrales, que consisten en la inyección periuretral o
transuretral de diversas sustancias expansoras inyectadas en la submucosa, a nivel
del cuello vesical o tercio medio de la uretra para cerrarlo de forma que no se
produzcan escapes de orina y permita la micción voluntaria. Sus resultados
varían según la sustancia utilizada. El principal problema es la
disminución de la eficacia con el paso del tiempo y la necesidad de reinyección
por disminución de volumen del producto inyectado.
Esfínter
artificial: Indicado como último recurso en pacientes con disfunción
uretral intrínseca en las que hayan fallado otras técnicas menos
complejas.
Cuando la IUE se asocia a otras patologías ginecológicas,
especialmente al prolapso genital (30-40 por ciento de los casos), debe asociarse
a la cirugía correctora de la IU, la cirugía del prolapso.
Muchos
factores pueden producir recurrencia de IUE tras la cirugía, lo que llevará
a la paciente a la reintervención, aunque hay que tener en cuenta que el
porcentaje de éxitos es un 20-40 por ciento menor que el obtenido con la
primera operación y presenta una gran cantidad de complicaciones.
En
aproximadamente un 57-77 por ciento de pacientes con IUM, el tratamiento quirúrgico
de la IUE mejora también los síntomas de urgencia y frecuencia,
si no es así la paciente deberá seguir tratamiento farmacológico
con antimuscarínicos después de la cirugía.
Tratamiento
quirúrgico de la IUU
Excepcionalmente, cuando fracasa el
tratamiento inicial en la IUU, se puede proceder a la neuromodulación mediante
estimulación eléctrica de raíces sacras (S3), que ejerce
un efecto modulador de los reflejos sacro-pontinos que controlan la micción.
Es una opción útil en pacientes con IUU refractaria al tratamiento
convencional y en la IUU que se evidencia/desarrolla tras cirugía correctora
de la IUE.
La inyección periódica en el músculo detrusor
de toxina botulínica con una periodicidad de 3 a 9 meses se ha utilizado
en pacientes con vejiga hiperrefléxica, y se empieza a publicar su uso
con éxito en VHA idiopáticas. Produce un bloqueo de la liberación
presináptica de acetilcolina, mejorando la clínica y los parámetros
urodinámicos pero los pacientes deben ser seleccionados con cuidado porque
tras el tratamiento puede aumentar el volumen vesical residual. Durante los tres
días siguientes a la inyección puede aparecer hematuria leve, dolor
pélvica y disuria. Es una opción prometedora, pero se precisan estudios
adicionales para establecer su eficacia y tolerabilidad.
Cuando todas las
alternativas fracasan, la cistoplastia de aumento o la derivación urinaria
se recomiendan como último recurso.
Tratamiento de la vejiga
arrefléxica
La vejiga arrefléxica o hiporreflexia
es una vejiga distendida incapaz de vaciarse en la que se el volumen de orina
retenida facilita la aparición de infecciones urinarias de repetición
y eventualmente una uropatía obstructiva con deterioro agudo o irreversible
de la función renal.
Por lo tanto, se hace necesaria la valoración
de la función renal, que requerirá controles periódicos y,
descartar la existencia de infección urinaria.
Para evitar estas
consecuencias, se requiere la programación de las micciones y, en algunos
casos, puede ser necesario instaurar la práctica de cateterismos limpios
intermitentes. También se pueden añadir al tratamiento alfabloqueantes
que disminuyen la resistencia uretral (favoreciendo la salida de orina espontánea
o mediante aumento de presión abdominal), para intentar disminuir el número
de sondajes diarios.
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