Enfermedades nefro-urológicas:
¿Podemos mejorar el manejo de la incontinencia urinaria? Pautas de actuación

 

EVALUACIÓN DE UN PACIENTE CON IU

De acuerdo con las recomendaciones de la ICS, la historia clínica y la exploración física continúan siendo los pilares fundamentales para describir la IU y decidir qué pacientes requieren una evaluación especializada antes de aplicar cualquier intervención terapéutica.


Anamnesis

La anamnesis completa debe recoger todos aquellos factores precipitantes que hemos descrito en los distintos tipos de IU (Tabla 4).


Caso clínico

Nuestra paciente tiene una ingesta líquida diaria de 1,8 L/día, toma café en el desayuno, a media mañana y en la merienda, pero no presenta otros hábitos que puedan perjudicar su IU (no fuma, no bebe alcohol). Entre sus antecedentes personales cabe destacar su hipertensión arterial tratada con diuréticos desde hace más de ocho años, dos partos normales, menopausia a los 48 años, por la que no ha realizado tratamiento hormonal sustitutivo, no tiene antecedentes quirúrgicos ni otras enfermedades médicas conocidas. Refiere presentar en los últimos años cierta sequedad vaginal y dispareunia. Tal y como hemos visto, tanto el café como los diuréticos pueden contribuir a desencadenar la IUU que padece esta paciente. La ausencia de cirugía previa, ingesta de otros fármacos, y de enfermedades que puedan producir neuropatía autonómica, nos hace pensar, cuando descartemos patología urinaria, en una VHA idiopática.

Cuestionarios
de síntomas

Sirven para realizar el diagnóstico diferencial del tipo de IU. En los últimos años se han desarrollado numerosos cuestionarios, más comúnmente en inglés. Muchos de éstos se han centrado en la identificación de síntomas del tracto urinario inferior y han sido extremadamente útiles para el posterior desarrollo de estudios de prevalencia y evaluación de resultados en proyectos de investigación.

Algunos de estos cuestionarios, aunque validados en español, pueden resultar excesivamente extensos (King`s Health Questionnaire, 36 items en la versión reducida, además sirve para evaluación de calidad de vida) y requerir un tiempo excesivo para su cumplimentación en la práctica clínica diaria, especialmente para el médico de familia. Entre los cuestionarios breves y validados en castellano figuran el de Vila y cols y la versión corta del Urogenital Distress Inventory (UDI-6), cuya versión reducida exponemos a continuación, con las respuestas dadas por nuestra paciente:

o Siente deseos fuertes y repentinos de orinar, que le hacen pensar que se le va a escapar la orina? Sí.
o Si tiene ganas de orinar, ¿puede aguantar hasta llegar al WC? No.
o ¿Orina más de siete veces al día? Sí.
o Se le escapa la orina, al toser, estornudar, reír, saltar, levantar peso, subir o bajar las escaleras? No.
o Presenta dificultad para vaciar la vejiga? No.
o ¿Tiene dolor abdominal bajo y/o sensación de peso en la zona genital? No.
La quinta pregunta hace referencia a la obstrucción y/o hiporreflexia vesical y la sexta al prolapso o patología vesical o de vecindad.
Si añadimos una pregunta más para concretar sobre otro síntoma típico de la VHA, la nicturia y otra referente a la cantidad (en la IUE las pérdidas son habitualmente pequeñas mientras que en la IUU suelen ser de mayor cantidad), el cuestionario resultante reúne las preguntas imprescindibles sobre IU.
o ¿Se despierta más de una vez para orinar por la noche? Sí.
o Cuando tiene pérdidas de orina ¿son éstas abundantes? Sí.

Además, como hemos visto, el ICIQ-SF aporta un cuarto ítem útil para orientar sobre los tipos de IU, muy fácil de realizar. Por último, el IU-4 es otro cuestionario de síntomas muy útil -la sensibilidad y especificidad obtenidas con el mismo son comparables a otros estudios publicados pero es el más sencillo de todos (IUE: 0,69/0,76; IUU: 0,83/0,65; IUM:0,72;0,65) (Tabla 5).

Diario miccional

Se trata de un instrumento de gran utilidad para la valoración de varios parámetros relativos a la IU (Tabla 6). Consiste en el registro en una hoja desglosada en horas de todos los acontecimientos relacionados con la micción durante un periodo de tiempo determinado, normalmente entre 24 horas y siete días, en periodos de veinticuatro horas. En él se registrarán la ingesta total de líquidos, el número de micciones (frecuencia miccional), el volumen miccional, los episodios de incontinencia urinaria y las circunstancias que la han acompañado. Es útil para confirmar los síntomas referidos por la paciente, establecer el perfil de la IU, su severidad y, descubrir las circunstancias desencadenantes. Además sirve de base para la realización del tratamiento con reeducación vesical de las mujeres con vejiga hiperactiva, y para monitorizar el éxito del mismo.


Caso clínico

Diario miccional. Realizado por la paciente durante 72 horas. Ingesta total de líquidos 2.100 cc/24 horas. Diuresis 1.600 cc/24 horas. Frecuencia 16-17 micciones/24 horas (incluye las tres, cuatro veces que se levanta por la noche al servicio), casi siempre precedidas por una necesidad repentina e intensa de orinar. La enferma califica el volumen miccional de pequeño o mediano y refiere 7 episodios de pérdida accidental de orina antes de llegar al baño en 24 horas.

Exploración física

El abdomen debe inspeccionarse buscando cicatrices quirúrgicas que nos informen acerca de la existencia de cirugías previas o urostomía. Debe descartarse la presencia de globo vesical o masas pélvicas que compriman la vejiga.

Exploración ginecológica: Mediante simple inspección de los genitales externos podemos valorar la correcta posición del meato uretral, el introito y las secreciones vaginales. Deben buscarse lesiones eritematosas o ulceradas causadas por humedad persistente. Se realizará exploración para valorar el estado de la mucosa en cuanto a su tropismo, buscando signos de atrofia urogenital (adelgazamiento de labios mayores, pérdida de elasticidad, desaparición de pliegues interlabiales, mucosa vaginal fina y pálida), vaginitis infecciosas y prolapsos de vísceras pélvicas (tipo y grado).

Mediante el tacto vaginal bimanual se puede localizar la posición del útero y su tamaño y se puede valorar la existencia de masas y prolapsos. Se conoce como prolapso genital el descenso del útero y de las paredes vaginales. El prolapso de la pared vaginal anterior se llama cistocele o descenso vesical. El de la pared vaginal posterior rectocele y, si se aprecia descenso del fondo de saco de Douglas, enterocele.

Exploración neurológica: La simple inspección de alteraciones de la marcha y del estado mental del paciente nos pueden indicar la necesidad de una valoración neurológica más precisa que generalmente incluirá la sensibilidad y los reflejos de la zona lumbosacra, tono, fuerza y movilidad de las extremidades inferiores.

Respecto a la exploración sensitiva, nos interesan especialmente las metámeras donde se ubican los centros nerviosos medulares que intervienen en la micción: D11-L2 para los centros simpáticos (se explora evaluando la sensibilidad táctil y dolorosa a nivel periumbilical) y S2-S4 para las metámeras sacras donde asientan los centros parasimpáticos y pudendos (requiere la evaluación sensitiva de cara posterior de la pantorrilla, posterointerna del muslo hasta glúteo, zona perianal y genital).

Al explorar la motricidad nos interesa especialmente valorar los músculos inervados por las raíces lumbosacras del segmento S2-S4. Para ello, resulta especialmente útil la exploración esfínter anal externo, así como la abducción y flexión de los dedos de los pies.

La integridad de los reflejos de la médula sacra se valora mediante el reflejo bulbocavernoso ("guiño anal" que se produce al tocar el clítoris o el glande con un hisopo de algodón), el reflejo anal (contración del esfínter anal al frotar el periné), y el reflejo plantar (el signo de Babinsky positivo se asocia a disinergia vesicoesfinteriana).

Se realiza tacto rectal para comprobar el tono, la integridad y la respuesta motora voluntaria del esfínter anal externo. Si existe contracción del esfínter anal alrededor del dedo, podemos deducir un buen funcionamiento del nervio pudendo interno y los centros medulares. La ausencia de respuesta debe hacernos pensar en vejiga arrefléxica y, la espasticidad, en lesión medular suprasacra. El tacto rectal en el varón permite valorar además el tamaño y consistencia de la glándula prostática.

La valoración muscular del suelo pélvico (y de su posible hipertonía o laxitud), es fundamental tanto para detectar lesiones como para establecer el posible beneficio de los tratamientos conservadores basados en la rehabilitación de estos músculos. Puede hacerse de forma manual (el médico introduce los dedos índice y corazón en la vagina con la palma de la mano hacia la mesa, separados y con las puntas flexionadas para palpar el suelo pélvico, quedando el pulgar situado fuera, a 2 ó 4 cm por encima del anillo himenal). Se le pide a la paciente que contraiga los músculos elevadores con la mayor fuerza que pueda y se palpa el músculo entre estos dedos, la intensidad y duración de la contracción.

Existen diversas escalas de clasificación útiles a efectos de rehabilitación. También puede realizarse de manera instrumental, utilizando un perinómetro.

El test de provocación de la IU consiste en la comprobación de la pérdida de orina al toser. Se realiza con la vejiga llena, en decúbito supino, lateral y bipedestación. En esta última posición puede ser más complicada la observación directa. Se puede producir pérdida de orina tanto en la IUE como en la IUU, ya que la tos puede producir una contracción no inhibida del detrusor. Sin embargo, en la IUE es inmediata, al contrario que en la de IUU, en la que hay un pequeño intervalo entre el aumento de presión abdominal y el escape de orina.

Para la valoración de la hipermovilidad uretral se puede utilizar el test de Bonney-Kead-Marchetti. En posición ginecológica y tras haber observado pérdida de orina por el meato uretral, se introducen los dedos segundo y tercero de la mano del explorador en la vagina elevando el cuello vesical, y se repite el test de provocación. Si se corrige la pérdida de orina, probablemente nos encontremos ante una IUE por hipermovilidad uretral susceptible de tratamiento quirúrgico.
Otra manera de comprobar la hipermovilidad uretral la proporciona la prueba del hisopo o q-tip test, que consiste en la introducción de una torunda por la uretra hacia la vejiga, deslizándola hasta el cuello vesical y comprobando que con el esfuerzo cambia la posición y el ángulo de rotación del palillo.
Caso clínico

Exploración física: IMC 24,8. Presión arterial 150/80 mm Hg. Cabeza cuello y ACP sin hallazgos significativos. Abdomen: blando sin masas ni organomegalias, no se palpa globo vesical. Exploración de genitales normal, salvo vulva atrófica. No se observan prolapsos de órganos pélvicos.
Neurológico: orientada, marcha normal; sensibilidad, fuerza y tono conservados en extremidades inferiores. Reflejos tendinosos profundos simétricos. Se palpan vasos arteriales y no se aprecian trastornos tróficos distales.


Exploraciones complementarias

o Análisis de sangre: Se debe realizar hemograma completo y una determinación de glucemia, creatinina, urea, iones y electrolitos. La determinación del antígeno prostático específico en los hombres puede ayudar a detectar la hipertrofia prostática.
o Analítica de orina: Para descartar afecciones que se asocian o son causa de urgencia e IUU (infecciones del tracto urinario y litiasis vesical), se debe realizar sedimento urinario y urocultivo si procede. Si se detecta infección urinaria es preciso tratarla antes de iniciar el estudio de la IUU. La hematuria se debe considerar signo de enfermedad orgánica, y obliga a derivar al paciente al urólogo.


Caso clínico

Analitica: hemograma, fórmula leucocitaria y bioquímica, dentro de la normalidad. Análisis de orina: sedimento normal y urocultivo negativo. Descartamos, por tanto, que se trate de una IUU secundaria a ITU.

Llegados a este punto, ¿Qué hacemos con nuestra paciente?¿Debemos derivarla al especialista?


 



 

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