Actualización en prevención y promoción de la salud
Evidencias de las intervenciones sobre los estilos de vida

 

AVANCES EN EL CAMPO DE LA EPIDEMIOLOGÍA EN EL CONTEXTO
DE LA PREVENCIÓN

Tipos de estudios: evolución de los diseños

El desarrollo de la epidemiología moderna guarda relación con los primeros estudios de casos y controles, que mostraron la asociación de tabaco y cáncer de pulmón y con los estudios de cohortes sobre la mortalidad en los médicos británicos con relación a los hábitos del tabaco. Estos estudios realizados por Doll y Hill, fueron publicados en la década de los años 50.

Desde un punto de vista cronológico y sobretodo en prevención primaria, las primeras evidencias provinieron de estudios de comparaciones, estudios de tendencia y estudios ecológicos. Posteriormente y hasta muy recientemente, gran parte de los resultados disponibles durante los últimos 30 años han sido la de los estudios de casos y controles. Estos estudios aunque fáciles de realizar, en general presentan sesgos de selección y de memoria. En la última década, los estudios prospectivos de cohortes han aportado importantes resultados. No obstante, los estudios de cohortes no siempre guardan relación con el tiempo de exposición, pueden presentar errores de medición (por ejemplo la validez de los cuestionarios) y también presentar factores de confusión.

Los ensayos clínicos aleatorios (ECA) son los estudios ideales para testar las hipótesis, pero en el ámbito de la prevención son difíciles de realizar. En el ámbito de la prevención primaria, muchos de ellos se han diseñados para estudiar un determinado efecto protector. Aun disponiendo de ECA, los resultados de estos estudios por ejemplo en los estudios sobre factores de riesgo, pueden verse influenciados por el momento en que se realiza el estudio (edad de la población, periodo de seguimiento) y sus resultados no siempre son fáciles de interpretar (por ejemplo la dieta presenta un elevado número de nutrientes). Asimismo, también puede haber interacción entre diferentes factores de riesgo ya sea la dieta, estilos de vida, factores genéticos, etc.

Por otro lado, también se disponen de ECA para evaluar los tests de cribado, algunos de los cuales se diseñaron hace ya muchos años (por ejemplo el primer estudio de detección de cáncer mamario con asignación al azar, el Health Insurance Plan of Greater New York (HIP), comenzó en 1963). Estos ECA requieren un seguimiento a largo plazo y un número importante de personas y por tanto, pueden haber problemas de cumplimiento y/ o de contaminación en el grupo control.

Por ejemplo la eficacia del PSA en el cribado del cáncer de próstata medida en términos de reducción de la mortalidad supone un seguimiento más allá de 8-10 años. Asimismo, como el PSA es una prueba ampliamente extendida, en muchos participantes del grupo control de los estudios actualmente en marcha también se realizan dicha prueba.

Otro tema a tener en cuenta es la mejor calidad de los estudios disponibles. En este sentido la declaración CONSORT (Consolidated Standards of Reporting Trials), es muy significativa. CONSORT ha sido desarrollado por un grupo internacional de expertos en ensayos clínicos, en estadística, epidemiología y editores biomédicos. La declaración CONSORT ha sido apoyada por un creciente número de revistas médicas y de salud y grupos de editores médicos. La declaración de CONSORT comprende una lista de comprobación y un diagrama de flujo para comunicar el diseño, realización, análisis e interpretación de los ECA (Tabla 3 y Figura 1).

Por tanto, en este momento y hasta que no se dispongan de nuevas evidencias avaladas por estudios que día a día van mejorando su calidad, en prevención, la mejor evidencia disponible proviene de una cuidadosa y crítica evaluación de todas las formas de evidencia disponibles. Las debilidades de los estudios descriptivos hacen que sus resultados no siempre se puedan reproducir a partir de otros diseños de estudio. Asimismo los estudios de cohortes no siempre han podido confirmar los resultados de los estudios de casos y controles y en la literatura científica disponemos de varios ejemplos de resultados contradictorios. (por ejemplo dieta rica en grasa y el cáncer de mama; cáncer de colon e ingesta de frutas y vegetales; cáncer de pulmón e ingesta de frutas y vegetales). Estas contradicciones también se han observado entre los resultados que provienen de estudios prospectivos y los ECA (por ejemplo tratamiento hormonal en la prevención de algunas afecciones crónicas en las mujeres postmenopáusicas).

Por otro lado, no es razonable esperar que los profesionales sanitarios y los propios pacientes, que quieren información válida sobre prevención se pongan a escrutar toda la evidencia relevante existente en los estudios originales; éstos, además, son demasiado numerosos y dispersos. La mayoría de profesionales debemos confiar en las revisiones sistemáticas de la investigación original como una vía para hacer frente a la sobreabundancia de información que necesita ser contrastada. Una revisión sistemática se caracteriza por:

o Resolver una pregunta claramente formulada.
o Utilizar una metodología explícita y reproducible.
o Búsqueda bibliográfica exhaustiva ("literatura gris").
o Análisis explícito de la calidad de los estudios primarios.
o Estudio de heterogeneidad y sensibilidad.
o Síntesis de resultados (meta-análisis).

La Cochrane Library contiene la mayor cantidad de revisiones sistemáticas, que se basan mayoritariamente en ensayos clínicos controlados y son altamente estructuradas y sistematizadas. Los estudios originales se incluyen o excluyen en función de criterios explícitos de calidad, para minimizar los sesgos. La Cochrane Library Plus contiene un gran número de revisiones sistemáticas Cochrane traducidas al español. Puede consultarse en la página www.cochrane.es/clibplus o mediante el enlace existente en la página del Ministerio de Sanidad www.msc.es

Enfoque actual
de las actividades
de prevención primaria

Durante las dos últimas décadas se han desarrollado algunas estrategias preventivas que han podido ser evaluadas desde el punto de vista de la disminución de la incidencia y de la mortalidad. De los resultados de estos estudios se puede concluir que cualquier medida de mejora de la salud que implique la modificación de hábitos personales, sociales y productivos, es compleja. De hecho, y pese al empeño puesto por ciudadanos, profesionales, instituciones y gobiernos, el control sobre ciertos hábitos (por ejemplo tabaco) es extremadamente difícil. Incluso desalentador, si se tiene en cuenta los datos disponibles sobre la magnitud del problema y el daño real que produce. Así pues, reconociendo la dificultad que entraña, se precisa en todo momento de un enorme esfuerzo y seriedad en la evaluación y actualización de las estrategias más idóneas que habrán de ser abiertas y multisectoriales, y en constante cambio y evaluación.

Tradicionalmente las estrategias de prevención primaria han partido del principio de riesgo: es decir, de la consideración de las diferentes cantidades o concentraciones de agentes o factores de riesgo a partir de las cuales podrían ser considerados como peligrosos y, por tanto evitables. Los estudios actuales indican que la prevención primaria implica la determinación de las causas (determinantes del riesgo) entre aquellos factores que, a partir de los estudios epidemiológicos, han mostrado asociación con el desarrollo de la enfermedad (factores de riesgo). A la hora de definir políticas y estrategias preventivas para las diversas enfermedades, y el cáncer en particular, el principio de precaución ha de pasar por delante del principio de riesgo. Ello significa que el reconocimiento de la incertidumbre científica sobre los efectos que cierto nivel de exposición produce no debe traducirse en una conducta expectante, sino en una conducta de valoración del riesgo potencial y por tanto merecedora de acciones preventivas.

Este cambio de planteamiento conduce a una serie de principios operativos ya recogidos en normativas comunes para países desarrollados, especialmente para los agentes contaminantes y el tabaco. Asimismo, a la hora de transmitir la información a la población general y diseñar estrategias preventivas de carácter individual, la mayoría de los agentes implicados están de acuerdo también en la necesidad de clarificar hacia qué factores de riesgo es necesario dirigir los esfuerzos más vigorosos, y hacia cuáles debemos tener una actitud menos determinante, evitando de ese modo la diseminación de medidas de escasa eficacia o ineficacia probada que saturan a la población.
Cribados poblacionales versus case finding

La prevención secundaria (cribados) tiene por objetivo la detección de la enfermedad antes de que ésta se manifieste clínicamente, con la finalidad de poder ofrecer un tratamiento precoz que permita mejorar su pronóstico. La probabilidad de éxito puede aumentar y, algunas veces de manera sustancial. si la enfermedad se detecta en un estadiaje precoz.

A la hora de plantear un cribado, los clásicos criterios de Wilson y Jungner de 1988, todavía hoy prevalecen. Estos criterios hacen énfasis tanto en el tipo de enfermedad como en el test de cribado (Tabla 4). Cuando las actividades de detección se realizan con carácter poblacional, aplicándolas a todos los sujetos de una población determinada se denomina cribado poblacional. En la Tabla 5 se describen los aspectos esenciales de un programa de cribado.

La aplicación de un cribado en el ámbito poblacional siempre proporciona mejores resultados que una estrategia de cribado individual (case-finding), como se ha demostrado para determinadas neoplasias (por ejemplo cáncer de mama).

No obstante, un programa de cribado poblacional es una actuación de salud pública y, por tanto, éste debe estar priorizado como objetivo sanitario en los planes de salud de las diferentes comunidades autónomas. Un programa de cribado poblacional será beneficioso si se aplica de forma sistemática, abarca a toda la población diana y es de calidad.

Para su implantación es imprescindible una organización con un sistema adecuado de convocatoria y que permita asegurar un apropiado diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los pacientes. Para gestionar un programa de cribado es necesario disponer de sistemas de información que incluyan la población diana y los datos referentes a las pruebas de cribado, evaluación y diagnósticos. La calidad del programa incluye el análisis del proceso y de sus resultados, así como la pronta notificación de éstos. La evaluación de un programa de cribado resulta más fácil si la base de datos del programa se vincula a los registros disponible (por ejemplo registros de mortalidad y registros de cáncer).

Las nuevas tecnologías disponibles

En los últimos años, debido al creciente interés por la prevención y la detección precoz de enfermedades, se aboga por la incorporación de nuevas tecnologías. Por un lado, estas nuevas tecnologías vienen condicionada por el mejor conocimiento de la historia natural de la enfermedad (por ejemplo test ADN para la detección del Virus Papiloma Humano (VPH)) y otras nuevas tecnologías médicas disponibles (por ejemplo: tomografía computarizada de haz de electrones, tomografía computarizada helicoidal y la colonoscopia virtual).

El VPH es un factor causal y necesario para el desarrollo del cáncer escamoso de cérvix y de su lesión precursora, la lesión intraepitelial escamosa (SIL) de alto grado. El test del DNA del VPH es un test de biología molecular que determina la presencia del VPH. Los estudios observacionales muestran que el test VPH es más sensible y menos específico que la citología, sobretodo en mujeres jóvenes. Actualmente están en marcha ECA que evalúan el test VPH como test de cribado inicial, ya sea conjuntamente con la citología o como sustituta de la misma. Añadir el test VPH a la citología en mujeres con riesgo elevado podría mejorar la eficacia del cribado, complementar la evaluación ante citologías anormales y hacer el seguimiento de las mujeres tratadas por una lesión premaligna.

A pesar de la escasa evidencia disponible sobre la eficacia del test VPH en el cribado inicial, el American Cancer Institut, el National Cancer Institut y la American Society of Colposcopy and Cervical Pathology, han consensuado añadir el test VPH a partir de los 30 años. Asimismo, recomiendan diferenciar la periodicidad de la citología en función de sí se realiza la citología convencional o la citología de base líquida (CBL) (convencional anual y CBL bienal) y finalizar el cribado a los 70 años. La USPSETF indica que no hay evidencia suficiente para recomendar a favor o en contra del test del VPH como test de cribado primario para cáncer de cérvix.

En nuestro ámbito las recomendaciones también varían ampliamente. El Programa de Actividades Preventiva y de Promoción de la Salud (PAPPS), justificado por la baja incidencia y mortalidad por cáncer de cérvix y la baja prevalencia de VPH, recomienda (recomendaciones en prensa, 2005) iniciar la citología a los 25 años, con una periodicidad de 3-5 años y hasta los 65 años. Por el contrario, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, la Sociedad Española de Citología y la Asociación Española de Patología Cervical y Colposcopia, recomiendan que el cribado poblacional empiece a los 25 años, con periodicidad de 3 años y hasta los 65, añadiendo el test VPH a partir de los 35 años.

La tomografía computarizada de haz de electrones (Electron Beam Computerized Tomography, EBCT), se ha propuesto para el cribado de la enfermedad coronaria. Esta prueba detecta las calcificaciones de la arteria coronaria y es un indicador sensible de enfermedad coronaria. Los valores publicados sobre sensibilidad y especificidad de la prueba en personas con síntomas de patología coronaria son del 80 y del 40 por ciento, respectivamente, aunque por el momento no existen trabajos que estimen estas cifras en población asintomática. Su elevado porcentaje de falsos positivos conlleva que un elevado número de personas sanas se expone a pruebas diagnósticas (angiografía coronaria) para confirmar la enfermedad. La USPSTF señala que no hay evidencia suficiente para recomendar a favor o en contra de este test.

La tomografía computarizada helicoidal se ha propuesto como prueba de cribado en el cáncer de pulmón, basándose en su capacidad de detectar tumores de pequeño tamaño al ofrecer una mayor resolución que la radiografía convencional. Sin embargo, no se ha encontrado relación entre el tamaño del tumor y la supervivencia. La proporción de falsos positivos puede variar entre el 5 por ciento y el 41 por ciento, con una sensibilidad y especificidad del 93 y 81 por ciento, respectivamente, exponiendo a una gran cantidad de personas sanas a procedimientos invasivos con una mortalidad entre el 1,3 y el 11,6 por ciento y una morbilidad entre el 8,8 y el 44 por ciento. Con respecto al análisis sobre su coste-efectividad se ha observado que sus costes son muy elevados, al tener en cuenta la incertidumbre que existe sobre los daños y beneficios de esta prueba. La USPSETF señala que no hay evidencia suficiente para recomendar a favor o en contra de este test.






 

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