Actualización en prevención y promoción de la salud
Evidencias de las intervenciones sobre los estilos de vida

 

Algunos principios generales a la hora de aconsejar/ asesorar a las personas

El grupo de trabajo que ha elaborado la guía del ICSI recomienda la utilización de algún método para valorar los diferentes riesgos para la salud que están presentes en un individuo en un momento determinado. A partir de esta valoración se puede hacer una intervención personalizada y adecuada al riesgo que presenta. Cualquier profesional sanitario (médico y profesional de enfermería) debe y puede intervenir, intentando aumentar la concienciación de la persona y motivándolo para el cambio. Es importante que las intervenciones se repitan a lo largo de las diferentes visitas a los centros sanitarios. Por otra parte es importante también no sobrecargar ni al paciente ni al profesional sanitario y repartir los mensajes en las diferentes visitas que se realizan.

Algunas características del profesional sanitario que se relacionan con una respuesta mejor a los mensajes de educación sanitaria son las que se recogen en la Tabla 3.

Los profesionales de Atención Primaria ocupan una posición estratégica y única a la hora de realizar actividades preventivas. La revisión Cochrane sobre intervenciones para integrar las actividades preventivas en la Atención Primaria afirma que no hay una base sólida para afirmar que una intervención o paquete de intervenciones vaya a conseguir mejores resultados que otra. Existen intervenciones efectivas (recordatorios, intervenciones multicomponentes, etc.), pero los efectos conseguidos varían considerablemente entre estudios, y suelen ser pequeños o moderados. Es importante adaptar las intervenciones a las barreras específicas para el cambio, y por eso las intervenciones multicomponentes que intentan afrontar diversas barreras parecen ser más efectivas que las intervenciones simples.
Otra revisión Cochrane relevante es la de Ebrahim y Davey Smith sobre los ensayos clínicos aleatorios que estudian intervenciones multifactoriales que incluyen consejo y/o educación sanitaria en la prevención primaria de la enfermedad coronaria. Estos autores concluyen que este tipo de intervenciones parecen no tener efectos sobre la mortalidad tanto por causa coronaria como total. Sí se observan, sin embargo, mejoras en los factores de riesgo cardiovascular mayores, estadísticamente significativas, pero modestas. Estos efectos pueden haber sido sobrestimados ya que algunos estudios no han tenido en cuenta posibles sesgos debidos a los efectos de regresión a la media, la falta de análisis por intención de tratar o el hecho de usar la auto-declaración del consumo de tabaco. Esta revisión no tiene en cuenta grandes estudios quasi-experimentales como el de North Karelia o el Stanford Heart Disease Prevention Programme cuya inclusión podría haber hecho variar las conclusiones a las que se llegan.

Un ensayo cliníco aleatorizado por centros de Atención Primaria comparó una intervención conductual basada en el estadío del cambio sobre la ingesta de grasas, la actividad física y el consumo de tabaco en personas con un riesgo cardiovascular elevado con el cuidado habitual. La odds de pasar al estadío de acción/mantenimiento a los 4 meses fue de 1,77 para dejar de fumar, de 2,15 para reducir las grasas y de 1,89 para el incremento de la actividad física. Así pues, el consejo conductual breve y adaptado al estadio del cambio se mostró valioso para promover cambios saludables en personas de riesgo elevado.

Walker publicó en 2002 el primer ensayo clínico controlado realizado en el Reino Unido que intentaba evaluar la efectividad de invitar a los adolescentes a acudir a la Atención Primaria para hablar sobre sus preocupaciones en relación a la salud (tanto física como mental), realizar una intervención que intentaba mejorar la autoeficacia de los adolescentes para el cambio de conducta y plantear un seguimiento adecuado. Los autores encontraron una alta prevalencia de problemas de salud y los adolescentes expresaron un amplio rango de preocupaciones con relación a ellas, siendo las más frecuentes la forma o el tamaño corporal, el acné, la dieta, el ejercicio y el estrés. La intervención fue bien recibida por los adolescentes y los participantes en el grupo intervención mostraron movimientos positivos en el estadío del cambio para la dieta y el ejercicio, y en al menos una de cuatro conductas (dieta, ejercicio, fumar, beber alcohol) a los tres meses, pero ese efecto no se mantenía al año. Los autores concluyen que se necesitan estudios más amplios y con intervenciones más substanciales.

Un ensayo clínico en el que 42 médicos de familia australianos fueron asignados aleatoriamente a un programa educativo multicomponente sobre actividades de promoción de la salud en ancianos mostró que los pacientes en el grupo intervención incrementaron su actividad física un promedio de 44 minutos cada semana, aumentaron su frecuencia de actividades placenteras y mejoraron su percepción de la salud en relación con el grupo control.

Con relación a temas específicos, las principales evidencias conocidas son:






 

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