Actualización en prevención y promoción de la salud
Evidencias de las intervenciones sobre los estilos de vida

 

Actividad física

La actividad física parece ser especialmente efectiva para mejorar la salud en seis áreas especificas: enfermedad coronaria, hipertensión, obesidad, diabetes mellitus, osteoporosis, y malestar psíquico. Se calcula que el sedentarismo causa, a escala mundial, cerca del 22 por ciento de la cardiopatía isquémica

Según los datos de la última Encuesta Nacional de Salud (2003) un 55 por ciento de la población de 1 o más años no hace actividad física en su tiempo libre y una tercera parte pasa sentada la mayor parte de su jornada laboral.

Según cita el Informe del Reino Unido de 2004, cinco revisiones sistemáticas al menos han revisado la efectividad de las intervenciones en la práctica clínica, incluida la Atención Primaria. La evidencia recogida en estas revisiones sugiere que la intervención breve de un médico de Atención Primaria apoyada en materiales escritos es probable que sea efectiva para producir efectos modestos y a corto plazo (6-12 semanas). La derivación a un especialista en ejercicio comunitario puede llevar a un efecto a más largo plazo (más de 8 meses).

La revisión Cochrane es congruente con estas conclusiones. Según esta, los estudios existentes sugieren que las intervenciones diseñadas para aumentar la actividad física pueden producir aumentos moderados de la actividad física a corto y medio plazo, al menos en las personas de mediana edad. Debido a la heterogeneidad clínica y estadística de los estudios, sólo se pueden establecer conclusiones limitadas acerca de la efectividad de los componentes individuales de las intervenciones. No obstante, las intervenciones que brindan a las personas una orientación profesional con respecto al inicio de un programa de ejercicio y luego proporcionan un apoyo constante, pueden ser más efectivas como incentivos para realizar una actividad física. No existen pruebas de que tales intervenciones puedan reducir la actividad física o causar otro daño. Sólo hay pruebas muy limitadas de la efectividad a largo plazo de las intervenciones. La mayoría de los estudios han incluido personas voluntarias, que respondían a anuncios buscando participantes; es de suponer que cuando se aplican estas intervenciones en Atención Primaria en poblaciones no seleccionadas los resultados sean peores.

Los estudios de Manson (1999 y 2002) muestran como niveles de intensidad y frecuencia de ejercicio más bajos que los que se pensaban anteriormente, producen beneficios sustanciales. Esta autora y sus colaboradores muestran a partir de los datos de las más de 73.000 enfermeras incluidas en el Nurses' Health Study que caminar a paso rápido tres horas o más en la semana consigue una reducción del riesgo coronario similar a hacer ejercicio regular vigoroso (=6MET). Los datos publicados en 2002 muestran que tanto caminar como el ejercicio vigoroso reducen significativamente la incidencia de eventos cardiovasculares en mujeres postmenopausicas, independientemente de la raza o etnia, la edad y el índice de masa corporal. También muestran como estar muchas horas sentado predice un riesgo cardiovascular aumentado.
Las guías clínicas internacionales recomiendan que los adultos realicen por lo menos 30 minutos de actividad física de "intensidad al menos moderada" (5,0 kcal/minuto 7,5 kcal/minuto), cinco días de la semana o más. Estos 30 minutos pueden distribuirse en bloques de al menos 10 minutos de duración para que logren sus efectos preventivos. Si se usa la actividad física para prevenir la obesidad es probable que se necesiten entre 45-60 minutos de actividad al menos moderada cada día. En niños y personas jóvenes la recomendación es de al menos 60 minutos diarios y dos veces a la semana debe incluir actividades que favorezcan la mineralización ósea, la fuerza muscular y la flexibilidad. Para mayor parte de las personas las formas más convenientes de actividad física son las que se pueden incorporar en la vida diaria, como andar rápidamente, ir en bicicleta, etc.

El concepto de actividad física de intensidad moderada a veces no es fácilmente comprendido. Una persona que realiza actividad física de moderada intensidad usualmente experimenta un aumento de la frecuencia respiratoria, un aumento de la frecuencia cardíaca hasta el punto de que puede notar su pulso, y una sensación de calor acompañada de sudor los días cálidos o húmedos. Al mismo tiempo este tipo de actividad puede continuarse durante muchos minutos y no causa fatiga extrema ni sensación de estar exhaustos si se mantiene durante un tiempo prolongado. La cantidad de actividad que una persona debe hacer para que sea una actividad de moderada intensidad varía de una persona a otra y también en relación a características de la persona como, por ejemplo, si tiene sobrepeso o su forma física.

En el Diabetes Prevention Study, los pacientes con alto riesgo de desarrollar diabetes (intolerancia a la glucosa, edad media, historia familiar de diabetes, sobrepeso) que consiguen cambios importantes en su estilo de vida (más de 4 horas de actividad física a la semana, disminución de peso del 5 por ciento, reducción de la ingesta de grasas por debajo del 30 por ciento de la ingesta calórica, disminución de las grasas saturadas por debajo del 10 por ciento, más de 15 grs/dia de ingesta de fibra) tienen una reducción de un 58 por ciento de la incidencia acumulada de diabetes en 4 años. No hubo nuevos diagnósticos de diabetes en las personas que consiguieron cuatro de los cinco objetivos fijados.
El estudio posterior del Diabetes Prevention Program Research Group muestra una reducción también del 58 por ciento en una población de alto riesgo parecida, pero con mayor grado de diversidad tanto étnica como cultural y de carga de factores de riesgo. Los autores consiguen una reducción del riesgo mayor en el grupo de modificación de los estilos de vida (disminución de peso del 7 por ciento, más de 150 minutos de ejercicio a la semana) que en un grupo de comparación con metformina.

Hay estudios que demuestran que el consejo en personas asintomáticas mejora la actividad y la forma física a corto plazo (4-6 meses); pero hay pocos estudios que lo demuestren a largo plazo, así como los beneficios sanitarios ligados a ella. Dos revisiones sistemáticas recientes llegan a diferentes conclusiones sobre la eficacia del consejo. Una de las revisiones se centra en ocho estudios publicados entre 1988 y 1998 en que los profesionales sanitarios de Atención Primaria realizaban directamente el consejo. Cuatro de los estudios mostraban incrementos pequeños y a corto plazo de la actividad física. La otra revisión incluye 15 estudios publicados entre 1979 y 1999 de intervenciones iniciadas o llevadas a cabo en la atención primaria, independientemente de si el profesional sanitario de este nivel tenía algún papel. Según esta revisión el consejo era moderadamente efectivo. La revisión que sirve de base a las recomendaciones del USPSTF del 2003 incluye los ensayos clínicos controlados en que alguno de los componentes de la intervención era desarrollado por un profesional sanitario de atención primaria. Los autores de esta revisión concluyen que no hay evidencia concluyente sobre la eficacia y la efectividad de las intervenciones estudiadas (recomendación I) , aunque afirman que podrían ser efectivas en situaciones específicas. Describen un importante número de limitaciones metodológicas en los estudios incluidos y proponen intervenciones a más largo plazo. También piensan que deberían incluirse valoraciones de los efectos perjudiciales que puede tener el incremento de la actividad física.

Un ensayo clínico aleatorizado por centros de atención primaria realizado en Nueva Zelanda con un año de seguimiento muestra como el grupo intervención hace 34 minutos más de ejercicio a la semana que el grupo control, y que la proporción del grupo intervención que hace 2,5 horas a la semana de ejercicio en el tiempo libre es un 9,72 por ciento mayor. La calidad de vida relacionada con la salud mejoraba (varias dimensiones del SF-36 mejoraban significativamente más que en el grupo intervención), y se observaba una tendencia hacia la disminución de la presión arterial, pero no se detectaron cambios significativos en el riesgo cardiovascular.






 

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