Utilización
de los medicamentos
Empleo de fármacos en embarazo y lactancia (I)
Introducción
El
embarazo supone una etapa importante en la vida de la mujer en la que se producen
una serie de cambios fisiológicos, algunos de ellos importantes, y en la
que cualquier acontecimiento patológico intercurrente, como por ejemplo
una infección o la exposición a un producto toxico o medicamentoso,
puede repercutir de forma negativa tanto en la gestante como en el feto.
Tras
el nacimiento, la leche materna supone el aporte nutricional adecuado para el
correcto desarrollo del recién nacido, así como un importante factor
de protección celular y humoral, representando la alimentación idónea
en los seis primeros meses de vida. Al igual que ocurre durante la gestación,
todo acontecimiento intercurrente, como la toma de un fármaco, que acontezca
en este periodo a la madre puede suponer consecuencias negativas para la madre
y el recién nacido.
Por otra parte, teniendo en cuenta el concepto
de uso racional de un medicamento, la adecuada utilización del mismo requiere
de un correcto conocimiento tanto de las características del fármaco
como de las indicaciones del mismo; pero también requiere del conocimiento
de las características de las personas a las que se le prescribe y, en
este sentido, existen periodos de la vida, como son los periodos extremos de la
vida (recién nacidos y vejez) y las etapas de gestación y de lactancia,
que por sus características diferenciales (existen modificaciones farmacocinéticas
importantes) requieren de unas consideraciones especiales.
En este contexto
parece evidente la necesidad de conocer las características especiales
que rodean la utilización de los fármacos en los periodos de gestación
y lactancia.
Consumo
de fármacos
Distintos
estudios publicados han evidenciado que el consumo de fármacos durante
el embarazo es elevado, aunque es cierto que va disminuyendo lenta pero progresivamente;
dichos estudios ponen de manifiesto que al menos nueve de cada diez mujeres embarazadas
consumen algún fármaco o suplemento a lo largo de la gestación
y, lo que es aún más preocupante, que en un porcentaje nada desdeñable
de ellas se trata automedicación sin ningún tipo de control profesional.
Una encuesta realizada a unas 15.000 mujeres gestantes, patrocinada por la Organización
Mundial de la Salud, concluyó que aproximadamente el 86 por ciento de las
gestantes consumía algún medicamento y que el promedio de fármacos
consumidos por mujer gestante era de 2,9.
También resulta de interés
conocer que aproximadamente el 5 por ciento de las embarazadas tienen que continuar
tomando algún medicamento que ya consumían con anterioridad por
la existencia de alguna patología crónica, destacando por su frecuencia
los trastornos psiquiátricos, el asma bronquial, la diabetes mellitus o
los procesos reumáticos).
Así mismo debe recordarse que los
grupos farmacológicos más empleados en esta etapa de la vida son
los analgésicos-antipiréticos, los antibióticos, los fármacos
para los trastornos gastrointestinales y los suplementos vitamínicos y
minerales.
Cambios fisiológicos. fisiopatología
La
utilización de un fármaco durante el embarazo supone una situación
especial y única ya que dicho medicamento puede actuar tanto sobre la madre
como sobre el feto, pudiéndose dar la circunstancia de que los potenciales
efectos beneficiosos sobre la madre de la toma de un producto se conviertan en
efectos perjudiciales sobre el feto y, aunque sea una situación mucho menos
frecuente, un medicamento beneficioso para el feto puede producir efectos adversos
en la madre.
Los cambios fisiológicos que acontecen a lo largo del
embarazo pueden modificar la farmacocinética de los medicamentos en las
distintas fases de la misma (absorción, metabolismo, eliminación,...)
y estos cambios pueden afectar tanto a la eficacia y como a la seguridad de los
mismos. Dichos cambios suelen acontecer, como norma general, de forma gradual
y con carácter progresivo, siendo más acusados en los meses finales
de la gestación, y tienden a regresar a su situación de partida
pocas semanas después de producirse el parto. En
la Tabla 1 se recogen los cambios fisiológicos más importantes
acontecidos y su repercusión sobre la farmacocinética de los fármacos.
Por otra parte, la mayoría de principios activos atraviesan la
barrera placentaria principalmente a través de un mecanismo de difusión,
pero pudiendo hacerlo a través de otros mecanismos como el trasporte activo
o la pinocitosis. Dicha barrera placentaria es especialmente permeable a principios
activos liposolubles, con escasa ionización y de bajo peso molecular y,
por el contrario, su permeabilidad es menor para principios activos que presentan
alto peso molecular, que tienen una ionización importante y/o que presentan
escasa liposolubilidad.
Respecto a la utilización de fármacos
en la lactancia, la mayoría de los principios activos tienen una cierta
eliminación a través de la leche materna por un mecanismo de difusión
pasiva, pero pudiendo utilizar otros mecanismos como la difusión facilitada.
Esta eliminación por leche materna es mayor en los productos que no se
unen a proteínas plasmáticas y en los de bajo peso molecular, estando
influida también por su liposolubilidad.
Aunque dicha eliminación
por la leche materna suponga en general únicamente una pequeña cantidad
del principio activo administrado (en la mayoría de los productos inferior
al 2-5 por ciento), el recién nacido no tiene todavia correctamente desarrollados
los mecanismos de eliminación de los mismos debido a la inmadurez existente
en los órganos responsables principales de dicha eliminación (hígado
y riñones), y esta inmadurez puede conducir a una acumulación excesiva
con el consiguiente riesgo de aparición de efectos adversos.
Riesgos
potenciales
Básicamente se pueden agrupar en
dos los principales riesgos potenciales que supone la administración de
fármacos a lo largo de la gestación; los efectos teratogénicos,
que tendrían su traducción principal en la aparición de malformaciones
fetales, y las alteraciones funcionales de los órganos fetales.
Se
estima que la incidencia de malformaciones congénitas mayores se sitúa
en torno al 2-4 por ciento, pero que solamente una pequeña proporción
de las mismas (menos del 5 por ciento de dichas malformaciones) parece estar relacionada
con la utilización de fármacos. Para que dicha alteración
se produzca es necesario que confluyan una serie de circunstancias; la utilización
de un fármaco que sea potencialmente teratogénico y que sea administrado
a una dosis y durante un periodo de tiempo suficientes, la existencia de un feto
genéticamente susceptible y que esta interacción suceda en un periodo
especifico de la gestación.
Aunque el riesgo de malformación
relacionadas con la toma de medicamentos se mantiene a lo largo de todo el embarazo,
las etapas de mayor riesgo son las que coinciden con el período de implantación
(semana inicial de la gestación) y con el período de organogénesis
(aproximadamente las ocho primeras semanas).
Pasado el primer trimestre
de gestación, las posibilidades de malformación disminuyen de forma
significativa, pero esto no lo convierte en periodo seguro ya que en estas etapas
de la gestación se produce el crecimiento fetal y el desarrollo funcional
de sus órganos y la interacción de un medicamento puede provocar
la aparición de alteraciones tanto en el crecimiento fetal como en el desarrollo
funcional del mismo.
Durante el periodo de lactancia, las principales alteraciones
potenciales son del tipo de aparición de efectos adversos, aunque también
pueden producirse alteraciones funcionales al actuar los fármacos sobre
órganos no totalmente desarrollados.
Clasificación
del
riesgo
Conocer el riesgo que conlleva el empleo de
un principio activo durante el embarazo o la gestación es vital para disminuir
las complicaciones. En este sentido las clasificaciones que catalogan este riesgo
son de gran utilidad para la práctica clínica diaria.
La
clasificación más aceptada respecto al uso de medicamentos durante
la gestación es la publicada por la Food and Drug Administration americana
(FDA) que clasifica los distintos fármacos atendiendo principalmente a
los riesgos, pero valorando también los beneficios (ver Tabla 2). Otra
clasificación, menos conocida y empleada y que no presenta diferencias
practicas significativas con la anterior, es la publicada por el Australian Drug
Evaluation Committé.
Respecto al empleo de fármacos en el
periodo de lactancia, no existe unidad para utilizar una clasificación
única; la Tabla 3 recoge la clasificación más utilizada para
conocer la seguridad del empleo de los distintos principios activos durante el
periodo de lactancia (existen otras clasificaciones, pero apenas aportan diferencias).
Datos
insuficientes
La mayoría de la información
existente sobre la seguridad del empleo de medicamentos en el embarazo y la lactancia
parte de estudios epidemiológicos o de estudios realizados en animales
de experimentación, pero son escasos los estudios sobre fármacos
diseñados de forma especifica para la evaluación de los mismos en
estas etapas concretas. La investigación en estas etapas está además
dificultada por limitaciones legales que tratan de velar por la salud de las mismas.
Esto conlleva que no se disponga de información suficiente y contrastada,
que permita utilizar con seguridad o contraindicar, de un porcentaje elevado de
los principios activos comercializados, tendiéndose, por la lógica
prudencia, a considerar que un gran número de principios activos no pueden
o no deben ser utilizados. Muchos de los productos farmacéuticos que van
siendo comercializados dan salida a este problema añadiendo en su ficha
técnica una apostilla tipo "dada la insuficiente información
existente, se recomienda evitar su empleo durante el embarazo y la lactancia".
Además,
y por el mismo motivo, se desconocen los riesgos potenciales y no pueden establecerse
controles exhaustivos sobre los mismos.
Quizás por todo lo comentado
respecto a la escasez e insuficiencia de los datos existentes sobre seguridad,
no es inusual que frente a un mismo principio activo distintos autores e incluso
diferentes recomendaciones de asociaciones indiquen distinto nivel de seguridad,
lo cuál contribuye a aumentar el grado de inseguridad del profesional en
el momento de seleccionar un fármaco.
Normas
generales
de administración
de fármacos en embarazo y lactancia
Aunque,
como es lógico, la decisión de inicio de un tratamiento farmacológico
debe realizarse en base a criterios individualizados teniendo en cuenta los beneficios
y los riesgos potenciales en cada caso concreto, siempre es necesario recordar
una serie de normas generales para la utilización de medicamentos en periodos
especiales como la gestación y la lactancia. En la Tabla 4 quedan recogidas
unas recomendaciones generales de utilidad en estos periodos.
A continuación
se recogen algunos comentarios sobre los grupos farmacológicos más
frecuentemente utilizados y sobre las patologías, síntomas y/o signos
que con mayor frecuencia se presentan durante estos periodos.
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