Utilización de los medicamentos
Empleo de fármacos en embarazo y lactancia (II)

PATOLOGÍAS FRECUENTES

Fármacos en patología digestiva

Desde el punto de vista de la patología que puede afectar al aparato digestivo, tres son los cuadros sintomáticos más frecuentes a lo largo del periodo de gestación; nauseas y/o vómitos, estreñimiento y dispepsia y/o pirosis.

Cuando las medidas no farmacológicas no son eficaces en el control de las nauseas o los vómitos que con frecuencia aparecen en los primeros meses de gestación, esta indicado el tratamiento farmacológico ya que los riesgos derivados de dicho tratamiento es inferior a las posibles alteraciones hidroelectroliticas derivadas del cuadro. La doxilamina es el principio activo recomendado para el abordaje de estos síntomas, pero otros antieméticos como el dimenhidrinato, la metoclopromida o la meclozina pueden ser alternativas validas y seguras.

La aparición de estreñimiento es un cuadro frecuente y generalmente con carácter progresivo a lo largo de la gestación, pudiendo tener un origen multicausal (disminución de la motilidad intestinal, retraso en el vaciado intestinal, administración de suplementos de hierro,....). El abordaje inicial debe realizarse con medidas no farmacológicas (dieta rica en residuos, correcta hidratación,...), pero en caso de fracasar estas medidas es necesaria la introducción de algún medicamento, siendo de elección el empleo de principios activos como el plantago ovata o la metilcelulosa. Debe tenerse en cuenta que el empleo de aceite de ricino está contraindicado por el riesgo de aparición de contracciones prematuras. Tampoco debe aconsejarse la utilización de enemas salinos, parafínicos o detergentes ni de fármacos estimuladores de la motilidad intestinal.

La presencia de pirosis y/o dispepsia, de frecuencia e intensidad generalmente crecientes según avanza el embarazo, debe tratarse inicialmente, al igual que los otros síntomas anteriormente comentados, con medidas no farmacológicas. Cuando se precisan fármacos, tres son los grupos terapéuticos de uso potencial; antiácidos, antihistaminicos H2 e inhibidores de la bomba de protones.

Los antiácidos son considerados en general la primera opción farmacológica ya que se trata de fármacos relativamente seguros, aunque algunos autores recomiendan que no sean utilizados los primeros meses de embarazo. El bicarbonato sódico no debe ser empleado por el riesgo de aparición de retención hídrica.

Los antihistamínicos H2 son fármacos seguros y pueden ser empleados tanto durante la gestación como en el periodo de lactancia. Los inhibidores de la bomba de protones han presentado algún problema teratogénico en animales por lo que se aconseja sean reservados para las pacientes no respondedoras a otros grupos terapéuticos.

El misoprostol, fármaco no integrado en ninguno de los tres grupos mencionados pero empleado en el abordaje de estos síntomas, esta contraindicado por el riesgo de hemorragias y aborto.

La Tabla 8
recoge la seguridad en embarazo y lactancia de los distintos fármacos comentados en este apartado de patología digestiva.


Fármacos antihipertensivos

La hipertensión arterial puede llegar a presentarse en una de cada diez gestantes. Es uno de los factores que más influyen sobre la morbimortalidad materna, pudiendo afectar también al feto, por lo que es preciso establecer controles periódicos de las cifras tensiónales y del tratamiento del cuadro en caso de aparición. La asociación entre el embarazo y la hipertensión arterial puede presentar varias formulas; hipertensión preexistente, hipertensión gestacional o inducida por el embarazo y la preclampsia-eclampsia (hipertensión asociada a proteinuria y edemas, existiendo también convulsiones en el caso de la eclampsia).

No obstante, debe tenerse en cuenta que existen evidencias que demuestran que los descensos acusados y rápidos de la presión arterial en la mujer gestante pueden ocasionar alteraciones fetales debidas a los cambios hemodinámicos, y esto debe ser tenido en consideración en la toma de decisiones respecto al abordaje de la misma, teniendo que realizar una valoración especial en la necesidad de tratamiento farmacológico en los casos de hipertensión leve-moderada.

La metildopa es el fármaco de elección tanto por su seguridad como por la amplia experiencia existente en su empleo durante el embarazo. Fármacos alternativos a la misma es un vasodilatador como la hidralazina y un alfa-beta-bloqueante adrenergico como el labetalol.

Los antagonistas del calcio tipo nifedipino pueden ser empleados en los casos en los que no puedan utilizarse otras alternativas más seguras o estas no controlen el proceso o en los casos de aparición de emergencias hipertensivas. Los antagonistas del calcio, administrados durante el tercer trimestre pueden originar retraso y enlentecimiento del parto por disminución de las contracciones uterinas.

Los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina (IECA) ni los antagonistas de los receptores de la angiotensiona II (ARA-II) deben de ser empleados durante el periodo de gestación por dos razones fundamentales; por un lado se han descrito la aparición de alteraciones teratogénicas en animales y, por otro lado, porque pueden ocasionar alteraciones a nivel de la perfusión renal del feto a partir del segundo trimestre de gestación.

Los diuréticos, aunque potencialmente pueden ser empleados, no son fármacos de elección por el riesgo de aparición de alteraciones hidroelectroliticas. Además, no es aconsejable su empleo en la hipertensión arterial inducida por el embarazo. En el caso concreto de la espironolactona se han descrito casos de feminización de los fetos masculinos.
Respecto al periodo de lactancia, todos los grupos terapéuticos pueden ser empleados aunque seria aconsejable evitar el uso de los ARA-II.

La Tabla 9 recoge la clasificación del riesgo del empleo de los distintos grupos tanto en el embarazo como en la lactancia de medicamentos comentados en este apartado.

Anticoagulantes

La necesidad de realizar un tratamiento anticoagulante puede acontecer durante la gestación o la lactancia de igual forma que en cualquiera otra etapa de la vida.

No existen problemas para la utilización de anticoagulantes orales o de heparinas durante el periodo de lactancia por su casi nula excreción por leche materna (todos ellos están clasificados en la categoría B durante este periodo), y la indicación vendrá dada en función de la patología concomitante que aconseje su empleo.

Pero durante el periodo gestación los fármacos cumarínicos atraviesan la barrera placentaria y pueden ocasionar alteraciones con relativa frecuencia (principalmente de tipo hemorrágico) por lo que no es aconsejada su utilización (categoría D de riesgo). La heparina es el anticoagulante de elección durante este periodo ya que no atraviesa la barrera placentaria., y las heparinas de bajo peso molecular también pueden ser empleadas con relativa seguridad (ambas categoría B).

Fármacos para procesos alérgicos-asma bronquial

Los procesos de tipo alérgico como la rinoconjuntivitis polínica, la urticaria o el asma bronquial son cuadros frecuentes y por lo tanto no es inusual encontrarse con una mujer gestante o que en periodo de lactancia que presenta alguno de los mismos.

Los antihistamínicos son un grupo farmacológico de amplio uso y no son considerados teratógenos por lo que pueden emplearse con relativa seguridad si bien se aconseja, por prudencia, limitar su empleo durante los primeros meses de gestación. Existe alguna duda respecto a su empleo durante el periodo de lactancia; si bien la mayoría de recomendaciones consideran que pueden ser utilizados, algunos autores desaconsejan su empleo durante el mismo.
La existencia de crisis asmáticas pueden producir alteraciones maternas y fetales, pudiendo llegar a la hipoxemia fetal y muerte. En general todos los fármacos empleados para el control del cuadro asmáticos (betaadrenergicos, anticolinergicos, corticoides inhalados,....) pueden ser empleados a lo largo de la gestación., siendo preferible utilizar, siempre que las condiciones de control lo permitan, fármacos por vía inhalada (los corticoides orales se comentan en apartado de analgésicos). Dichos fármacos también pueden ser empleados en el periodo de lactancia.
La Tabla 10 recoge un resumen de la seguridad de los distintos subgrupos farmacológicos comentados en este apartado.


Fármacos en otras patologías crónicas

Diabetes Mellitus

Dos son las situaciones relacionadas con la diabetes mellitus que nos podemos encontrar durante el embarazo; la mujer diabética que queda embarazada y la mujer previamente no diabética que sufre alteración de las cifras de glucemia durante la gestación. En ambos casos existe riesgo de macrosomía fetal, parto prematuro, aborto y muerte fetal (la mortalidad fetal se sitúa en torno al 2-5 por ciento según los distintos estudios).

Tanto en la diabetes preexistente como en la diabetes gestacional el control farmacológico, cuando no es suficiente con medidas no farmacológicas, debe realizarse con insulina.

Tanto de las biguanidas como las sulfunilureas existen evidencias de aparición de alteraciones teratogénicas en animales. Del resto de grupos terapéuticos de más reciente aparición existe escasa experiencia y su utilización no parece correcta desde el punto de vista de la prudencia. La Tabla 11 recoge la información referente a estos fármacos.

Patología tiroidea

Los cuadros de alteración de la función tiroidea (tanto hipo como hiperfunción tiroidea) acontecen con relativa frecuencia como procesos intercurrentes a lo largo del embarazo o la lactancia.

La mujer diagnosticada de hipotiroidismo que queda embarazada tiene mayor riesgo de aparición de complicaciones tipo hipertensión arterial, preeclampsia, atonía uterina,... Por fortuna la levotiroxina, tratamiento de elección en estos cuadros, es un principio activo seguro tanto en la gestación (categoría B) como en la lactancia (categoría A). Respecto a este tratamiento, también debe tenerse presente que usualmente hay que ajustar la dosificación durante el tiempo de embarazo, siendo habitual la necesidad de incrementos de dosis (en torno a un 25-50 por ciento de incremento sobre la dosis previa) durante dicho periodo.

Respecto a los cuadros de hipertiroidismo, el tratamiento con fármacos antitiroideos (metimazol, tiamazol, propiltiuracilo,...) debe realizarse con precaución dado que pueden producir alteraciones en la función tiroidea fetal por lo que son considerados dentro de la categoría D de riesgo. En aproximadamente un tercio de las gestantes puede suspenderse en la segunda mitad del embarazo debido a que se produce una disminución de la actividad del proceso. Por el contrario, dichos fármacos pueden ser empleados durante la lactancia, aunque se recomienda controlar analíticamente de forma periódica la función tiroidea del lactante.

Epilepsia

Los principios activos utilizados habitualmente en el tratamiento epiléptico son potencialmente teratogénicos, predominando las alteraciones a nivel del tubo neural por tratarse de productos antifolicos; pese a ello, se trata de una medicación que difícilmente puede ser suspendida.

Una reciente revisión Cochrane recomienda realizar, siempre que sea posible, tratamiento con un solo medicamento, a la menor dosis eficaz y con monitorización frecuente de los niveles del fármaco. Así mismo se aconseja asociar la administración de un folato para contrarrestar su efecto negativo.

Su eliminación por leche materna es escasa y pueden ser empleados en este periodo de tiempo.

Suplementos

La administración de suplementos a lo largo del embarazo es una práctica frecuente, tanto por indicación de los profesionales como por propia iniciativa de la gestante. Los suplementos más empleados son hierro, ácido fólico, calcio y complejos vitamínicos.

Hierro

La ingesta de hierro en cualquiera de sus formas en mujeres gestantes que no presentan anemia únicamente ha demostrado, según los estudios publicados, disminución en el número de mujeres que presenta cuadro anémico severo ulterior, sin aportar ningún otro beneficio adicional ni en la mujer ni en el feto, por lo que no se considera indicada su indicación como tratamiento preventivo en toda mujer gestante.

En caso de anemia ferropenica, existe amplia experiencia y contrastada seguridad con el empleo de sulfato ferroso (categoría A tanto en embarazo como en lactancia) aunque pueden aparecer trastornos digestivos tipo ardor epigastrio o estreñimiento. Otras sales de hierro pueden ser utilizadas también con seguridad.

Ácido fólico

Existen claras evidencias que demuestran que el empleo de ácido fólico en los meses previos a la gestación y en las semanas iniciales de la misma disminuye de forma muy significativa la aparición de defectos en el tubo neural (espina bifida, anencefalia,...) del feto; por este motivo debe aconsejarse su toma a toda mujer que desee quedarse embarazada en los meses siguientes. Por el contrario aunque las necesidades de folatos aumentan durante la gestación, no existen estudios que avalen el beneficio de su utilización a lo largo del embarazo y por lo tanto no sería aconsejable su utilización generalizada a lo largo del embarazo, aunque esta practica sea muy extendida; únicamente sería recomendable aconsejar la ingesta de alimentos ricos en folatos para satisfacer las demandas adicionales.

En caso de deficiencia comprobada del mismo, el ácido fólico puede ser empleado con seguridad tanto en el embarazo como en el periodo de lactancia (categoría A en ambos casos), siendo preferible esta formula sobre la de sus derivados. Así mismo no se aconseja su empleo de forma conjunta con complejos vitamínicos por el riesgo de acumulación de vitaminas liposolubles en el feto.

Calcio

Las necesidades de calcio aumentan durante el embarazo y la lactancia, siendo necesario el aporte de más de un gramo diario, pero dicho incremento de las necesidades puede realizarse con el incremento del consumo de alimentos con alto contenido en calcio (lácteos principalmente). Solamente en el caso de no ingerir por la dieta esta cantidad, como por ejemplo en el caso de existir intolerancia a la lactosa, debe indicarse la complementación de calcio a través de cualquiera de sus sales (categoría A de riesgo tanto para el embarazo como para la lactancia).

Actualmente esta en estudio, y por lo tanto no puede hablarse de que existe esta indicación, la utilidad del empleo de suplementos de calcio en la disminución del riesgo de hipertensión arterial inducida por el embarazo y de la preeclampsia.

Otros suplementos vitamínicos

Aunque de forma menos extendida, también es frecuente el consumo de complejos vitamínicos a lo largo de estas etapas aunque no existen evidencias que aconsejen esta utilización de forma preventiva. Además, la FDA clasifica en la categoría C los preparados multivitaminicos que asocian distintas vitaminas a dosis elevadas.

La vitamina A (retinol) puede ser empleada durante la gestación, pero a dosis elevadas puede producir anomalías fetales y retraso en el crecimiento fetal por lo que en caso de ser necesaria su administración deberá realizarse a dosis bajas. También existen datos que demuestran que la vitamina C puede ser perjudicial cuando es administrada en dosis que superan el empleo de un gramo diario.

Las vitaminas de más amplio uso integradas en el complejo vitamínico B (tiamina o B1, piridoxina o B6 y cobalamina o B12) pueden ser empleadas con seguridad tanto a lo largo del embarazo como en la lactancia siempre que se usan utilizadas a dosis no elevadas (categoría A empleadas a dosis bajas y categoría C en el embarazo si son utilizadas a dosis elevadas).

Tampoco existen evidencias que demuestren el beneficio de suplementos de forma preventiva de vitamina D durante la gestación, considerándose que en países donde la luz solar es abundante, como es el caso de España, la exposición a la misma es suficiente para el aporte de las cantidades necesarias. Su administración durante la gestación esta catalogada en la categoría C (pasando a categoría D si se administra a altas dosis) y como categoría B en el periodo de lactancia.


 

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