Trastornos adictivos Alcohol, ¿es suficiente la detección?

TRATAMIENTO

Intervenciones Breves (IB)

Su eficacia en Atención Primaria sobre bebedores excesivos de alcohol ha sido demostrada por distintos ensayos clínicos en los últimos años. La finalidad de las IB consiste en que sea el propio paciente quien decida y lleve a cabo un cambio de hábitos, en este caso la reducción del consumo o la consecución y mantenimiento de la abstinencia.

Aunque encontramos una amplia variabilidad en cuanto al número y duración de las sesiones o en el material gráfico acompañante todas tienen una serie de elementos comunes como son; evaluación del consumo, información del riesgo, consejo, responsabilización de la conducta y empatia. La evolución de la decisión del cambio cubrirá una serie de etapas o fases de la motivación, descritas en el "Modelo de motivación para el cambio" de Prochaska y DiClemente (Anexo 4).
Desde la Atención Primaria de la Salud debemos ser capaces de identificar en que etapa se encuentra el paciente y favorecer el cambio mediante la entrevista motivacional.

Programas de bebida controlada

Entre los distintos programas que nos permiten una intervención precoz están los programas de bebida controlada o de consumo seguro, la finalidad de este tipo de programas irá dirigida a conseguir consumos moderados exentos de riesgo.
Pueden aplicarse a todo tipo de consumidores de alcohol aunque su desarrollo con pacientes dependientes presenta una fuerte controversia entre distintos autores desde la publicación hace 20 años de los primeros estudios que analizaban la efectividad de estos programas. Los datos de diferentes estudios señalas que los programas de bebida controlada no estarán indicados para pacientes con una dependencia grave. Aquellos pacientes con una dependencia leve o moderada, sin patología médica o psiquiátrica añadida que contraindique el consumo de alcohol y con un apoyo sociofamiliar adecuado serán los principales beneficiarios de este tipo de programas.

Sin embargo este tipo de tratamientos que no exige la abstinencia de entrada son más atractivos, especialmente para los pacientes más jóvenes, presentan mejor adhesión al mismo y favorecen una buena relación médico-paciente.

Las dos o tres semanas previas al tratamiento el paciente debe permanecer abstinente. Durante este periodo las IB y e trabajo motivacional pueden ser de utilidad para iniciar el trabajo que produzca e cambio que permita al paciente establecer una nueva relación con el alcohol. Si el paciente no consiguiera la abstinencia deberíamos replantearnos la idoneidad del programa y valorar uno libre de alcohol.

G. Rubio y colaboradores en su libro "Guía Práctica de intervención en el Alcoholismo"describen un programa de bebida controlada que comparte una serie de actividades comunes con otros programas revisados:

o Limitar el consumo: Pactar previamente un límite de consumo que consideremos seguro, siempre por debajo de 12 UBE/semana en el hombre, de 7 UBE/semana en las mujeres y nunca más de 4 UBE en un mismo día.
o Registrar consumos y las circunstancias en los que se realizan. Además de aportarnos información sobre el consumo, permite al paciente identificar las situaciones que se relacionan con consumos no controlados y de esta manera evitarlas o trabajar estrategias que permitan su abordaje sin alcohol o con un consumo no problemático.
o Cambiar de patrón de consumo. Algunas estrategias para conseguirlo pueden ser; cambiar las bebidas de alta graduación por otras de menor grado alcohólico, cambiar de bebida habitual, evitar combinaciones de alcohol con bebidas azucaradas o carbonatadas ya que provocan por las características de su absorción picos de alcoholemia mas rápidos y intensos, beber despacio, alternar bebidas alcohólicas por zumos o refrescos y sobre todo realizar consumos en el contexto de actividad de ocio amplia donde el alcohol no sea el punto focal.
o Entrenar habilidades que permitan afrontación del estrés, actitud asertiva y prevención de recaídas.
o Establecer recompensas al alcanzar objetivos pactados.

Las principales limitaciones de este tipo de tratamientos serán la necesidad de un abordaje multidisciplinar que en ocasiones desde Atención Primaria no es posible provocando la derivación del paciente y el más importante, la presión asistencial. Seria necesario un ajuste de los cupos y de los profesionales para poder poner en marcha estos programas con un mínimo de garantías.

abordaje multidisciplinar

El objetivo es que el paciente consiga y mantenga la abstinencia pero que también, en coordinación con los recursos sociales y psicológicos se trabaje para la rehabilitación bio-psico-social del mismo. Un programa que no englobe las tres áreas del tratamiento está abocado al fracaso. Podemos distinguir tres etapas en el tratamiento de la dependencia alcohólica; desintoxicación, deshabituación y la rehabilitación. Las dos primeras etapas son donde el Equipo de Atención Primaria y el tratamiento farmacológico deben actuar de manera decisiva.

Tratamiento
de desintoxicación

La finalidad del tratamiento de desintoxicación es conseguir la abstinencia de una manera controlada, evitando en lo posible los síntomas de deprivación y anticipándonos a la aparición de graves complicaciones orgánicas potencialmente mortales como el Delirium Tremens.

La mayor parte de las indicaciones de desintoxicación en sujetos dependientes al alcohol van a poder ser perfectamente asumidas por su médico de cabecera, para ello es fundamental evaluar previamente la gravedad del Síndrome de Abstinencia Alcohólica (SAA). La escala del Instituto Clínico para la valoración Síndrome de Abstinencia alcohólica (CIWA-Ar) clasifica el SAA en leve, moderado y grave determinando distintas variables (Anexo 5).

Desde Atención Primaria podemos asumir aquellas desintoxicaciones que cumplan los siguientes criterios:

o SAA leve o moderado (eCIWA-Ar).
o Ausencia de patología orgánica o psiquiátrica grave.
o Sin consumo mantenido de otras drogas, excepto tabaco.
o Soporte socio-familiar y existencia de un responsable que supervise y controle el tratamiento.
Para la realización de la desintoxicación domiciliaria pude ser necesario mantener al paciente de baja durante aproximadamente siete días con reposo domiciliario y apoyo estrecho de la persona responsable.

El tratamiento se basa en tres aspectos; hidratación, vitaminoterapia y sedación.

Hidratación
Aconsejar una correcta hidratación con abundantes líquidos, zumos, frutas y verduras.

Vitaminoterapia
Parece prudente administrar complejos vitamínicos del grupo B v.o. durante 3-4 semanas. En dependencias graves donde exista riesgo de encefalopatía carencial estará indicada pautar Vitamina B1 (Tiamina) 100 mgrs/ i.m. cada 24h 3 dias para continuar posteriormente con 100-200 mgrs./24h v.o. durante 3-4 semanas.

Sedación
El objetivo es el tratamiento sintomático de la deprivación alcohólica, además de evitar la posible aparición de complicaciones. Existen distintas alternativas; Benzodiacepinas, neurolépticos, anticonvulsionantes,… Se suele establecer una pauta de sedación en base a la gravedad del SAA para ir progresivamente reduciéndola a lo largo de los dias. Los más importantes son:

o Benzodiacepinas: las benzodiacepinas han demostrado sobradamente eficacia en el control de la sintomatología del SAA Sin embargo su uso está condicionado por la tolerancia cruzada que presentan con el alcohol y su importante capacidad adictiva. De entrada para tratamientos domiciliarios utilizaremos las de vida media-larga como el cloracepato dipotásico, con una dosis media inicial de 1-1-2 de 15 mgrs, y una pauta descendente de una semana de duración. Si existiera riesgo de convulsiones está indicado el diazepan a dosis de 10 mgrs. cada 6h v.o. y pauta descendente. En casos de insuficiencia hepática con el fin de evitar una sobredosificación pautamos benzodiacepinas de vida corta como el loracepan a dosis de 1-2 mgrs. cada 4-6h.

o Neurolépticos: el tiapride es un neuroléptico de acción sedante sin tolerancia cruzada con el alcohol ni capacidad adictiva. Dosis media habitual 300-500 mgrs./24h repartidos en 4 tomas y con una pauta descendente de 7-10 dias de evolución. Especialmente indicado en pacientes con insuficiencia respiratoria.

o Clormetiazol: es un derivado tiazólico de la vitamina B1 con efecto sedante, hipnótico y anticonvulsionante. Presenta riesgo de depresión respiratoria y hepatotoxicidad además de una importante capacidad adictiva. La dosis oscila entre 400 mgrs.-2 grs./24h ajustando la dosis ala severidad del SAA y retirándolo de manera progresiva en 7-10 días. A pesar de su aparente peligrosidad es un fármaco ampliamente utilizado durante muchos años con buenos resultados.

Tratamiento
de Deshabituación-Rehabilitación

Podemos encontrar diferentes técnicas y programas entre los que caben destacar; tratamientos individuales conductivo-conductuales o sistémico-familiar y grupales con programas de autoayuda, motivacionales o de prevención de recaídas.

Las características de Atención Primaria en referencia a recursos y disposición de tiempo por paciente, hacen que en esta etapa sea necesario en muchas ocasiones recurrir a Unidades especializadas de Alcoholismo. Como alternativa tenemos algunos. Grupos de Alcohólicos rehabilitados y ONGs que tienen profesionales cualificados con los que será posible coordinar un buen programa terapéutico.

Como refuerzo al abordaje psicosocial tenemos la farmacoterapia con dos grupos de fármacos; los interdictores y los fármacos antiCraving.

Programas con interdictores
del alcohol

Son programas basados en la utilización de fármacos que mediante la inhibición de la enzima alcohol deshidrogenasa provocan una reacción acetaldehídica (rubefacción facial, taquicardia, nauseas-vómitos, cefalea,…) muy desagradable al consumir alcohol.

Existen dos posibilidades:

o Disulfiram 250-500 mgrs./24h
o Cianamida Cálcica 60 mgrs./12h.

Estos programas disuasorios no tienen beneficios por si solos, ni aseguran abstinencia duradera pero si son de utilidad en el abordaje multidisciplinar de la dependencia alcohólica.

Fármacos antiCraving
Interfieren en los procesos que proporcionan placer al consumir drogas, así como en la búsqueda y el deseo continuado de más droga tras el primer consumo. Son fármacos que disminuyen la apetencia por el alcohol.

Hablamos de tres sistemas implicados en el Craving; el sistema Gabaérgico, el Opioide y el Serotoninérgico.

o A nivel del sistema Gabaérgico actúa el Acamprosato el cual es un agonista de los receptores del acido gammaaminobutírico y con una acción inhibidora de los receptores del N-metil-D-aspartato provoca la normalización de la excitación glutamaérgica que se produce en la primera fase de la abstinencia al alcohol.
La dosis habitual es de 2 grs. diarios cada 8 o 12 h durante un año. El Acamprosato no se metaboliza, sino que se elimina por excreción renal por lo que debe administrarse con precaución en pacientes que presenten deterioro de la función renal. Los principales efectos secundarios son cefalea y diarrea.
o Sistema opioide; la Naltrexona reduce el consumo de alcohol y aumenta la abstinencia mediante una disminución del refuerzo positivo de los efectos placenteros del alcohol . La Naltrexona disminuye el deseo de beber tanto en bebedores sociales como en pacientes dependientes . Una revisión que incluyó 29 ensayos controlados aleatorios relevantes evidenció que si bien el tratamiento con naltrexona, a corto plazo disminuye las posibilidades de recaídas, este se debe complementar con un tratamiento psicosocial. Además deben aplicarse conjuntamente estrategias para mejorar el cumplimento terapéutico, como por ejemplo el tratamiento de los efectos adversos. Esta revisión no puede determinar durante cuanto tiempo se debe mantener el tratamiento de los pacientes que evolucionan satisfactoriamente con Naltrexona.
La dosis habitual es 50 mgrs. diarios durante un mínimo de 3 meses. Los efectos secundarios más frecuentes son insomnio, ansiedad, vómitos, astenia, cefalea y dispepsia. Contraindicada en hepatopatias agudas, consumo activo de opiaceos y embarazo-lactancia.
o Sistema Serotoninérgico: los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina están indicados en cuadros depresivos leves y moderados de pacientes con SDA. los más utilizados son Fluoxetina, Sertralina y Citalopran. Su utilidad para tratar el Craving es cuestionable, los resultados de distintos estudios que evaluaban su efectividad sobre prevención de recaídas y disminución de consumos no son cocluentes.






 

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