Drogasde
síntesis, ¿que podemos hacer?
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Tendencias en prevalencias de consumo
Las
prevalencias de consumo de drogas sintéticas se mantienen en niveles similares
a los de la última década y las variaciones experimentadas en las
frecuencias de consumo son de escasa magnitud, lo que impide hacer un pronóstico
sobre cuál va a ser la evolución de este fenómeno en el futuro.
En población adulta el consumo ocasional (alguna vez en la vida) de 3,4-metiliendioximetanfetamina
(MDMA o éxtasis), anfetaminas y alucinógenos mantiene una tendencia
ligeramente creciente (Figura
1). Esta tendencia no es tan clara en el grupo de población escolar
de 14 a 18 años (Figura 2), en la que no hay ningún dato objetivo
que indique un descenso en la edad de inicio del consumo.
Aún así,
las prevalencias de consumo de éxtasis, anfetaminas y alucinógenos
en el rango superior de edad de la encuesta escolar son elevadas: entre un 11-13
por ciento de los jóvenes de 18 años las han probado y un 3-4 por
ciento refiere haberlas consumido durante el último mes. En general, las
frecuencias de consumo durante el último año y durante el último
mes son mucho menores al consumo ocasional.
Nuevas
drogas sintéticas
Las drogas de síntesis
disponibles en el mercado de forma más o menos continua son limitadas en
su número y variedad. La aparición y la vigilancia acerca de nuevas
drogas es uno de los objetivos del Observatorio Europeo de las Drogas y la Toxicomanía
(OEDT) a través del Programa de Acción Conjunta sobre Nuevas Drogas
Sintéticas. Se han descrito 179 fenilietilaminas y 55 triptaminas con propiedades
psicoactivas y sólo una pequeña parte de ellas está sometida
a restricciones de tipo legal. El acceso a algunas de estas sustancias y sus precursores
es relativamente sencillo a través de Internet, donde también pueden
encontrarse experiencias de usuarios con algunas de estas drogas.
En 2003,
el Comité Científico del OEDT llevó a cabo una evaluación
de riesgos de cuatro drogas sintéticas: 2C-I (2,5-dimetoxi-4-yodofenetilamina),
2C-T-2 (2,5-dimetoxi-4-etiltiofenetilamina), 2C-T-7 (2,5-dimetoxi-4-(n)-propiltiofenetilamina)
y TMA-2 (2,4,5-trimetoxianfetamina). Como resultado de la misma el Consejo adoptó
la decisión de someter estos cuatro compuestos a medidas de control y a
sanciones penales en los quince Estados miembros de la UE. Asimismo, se controló
una serie de sustancias sobre las que el OEDT había obtenido información,
entre ellas un grupo de triptaminas (5-MeO-DMT, 5-MeO-DIPT, A-MT, 5-MeO-AMT y
5-MeO-triptamina) y piperazinas (BZP y TFMPP).
En realidad la difusión
de estas sustancias es hasta el momento muy escasa, limitándose a pequeños
grupos de personas que experimentan con ellas de forma individual con fines de
autoexploración (los llamados "psiconautas"). Hasta el momento
ninguna de estas sustancias ha adquirido una popularidad similar a la de la MDMA
o las anfetaminas en el mercado de drogas de uso recreativo. Sin embargo, las
noticias acerca de la "ilegalización de nuevas drogas" son frecuentes
y pueden crear la falsa sensación de que el mercado ilícito de drogas
de uso recreativo tiene disponibles decenas de sustancias en continua renovación.
Como ha sucedido en tantas otras ocasiones en la historia de las drogas, la curiosidad
por lo prohibido y el sensacionalismo pueden ser claves en la expansión
del uso de drogas que hasta el momento han pasado casi desapercibidas.
Drogas
de síntesis
y evidencia científica
La
progresiva implantación de los métodos de la Medicina Basada en
la Evidencia (MBE) constituye uno de los cambios más importantes acontecidos
durante la última década en el pensamiento médico. La evaluación
crítica de la evidencia disponible a través de la literatura científica
es una estrategia hoy por hoy indispensable a la hora de tomar muchas decisiones
diagnósticas y terapéuticas. Hasta el momento actual las revisiones
sistemáticas de la literatura científica sobre drogas se han centrado
en el alcohol y tabaco (donde se han evaluado aspectos fundamentalmente aspectos
terapéuticos, aunque también epidemiológicos y preventivos)
y en menor medida, heroína y cocaína.
Podría argumentarse
que el fenómeno de las drogas de síntesis es demasiado nuevo como
para disponer de suficientes estudios que permitan aplicar los métodos
de la MBE. El uso recreativo de sustancias como la ketamina o el gamma-hidroxibutirato
(GHB) es demasiado reciente como para ser susceptible de ser evaluado. Sin embargo
algunas de las drogas de síntesis más representativas (en concreto,
el éxtasis y las anfetaminas) han sido estudiadas por lo menos desde hace
de 20 años, y los datos científicos disponibles acerca de ellas
son numerosos: una búsqueda en MedLINE sobre la MDMA devuelve más
de 2000 resultados, muchos de ellos susceptibles de ser evaluados y que abordan
cuestiones de importancia para la práctica clínica: pautas de consumo,
potencial de adicción, efectos tóxicos, efectos sobre la memoria,
problemas psiquiátricos
El primer metaanálisis sobre
la MDMA se publicó en 2003 y aborda la cuestión de los posibles
daños neurológicos a largo plazo inducidos por el consumo de éxtasis.
Los autores pretenden investigar si, a partir de los estudios disponibles al respecto,
puede relacionarse el consumo de éxtasis con daños neurocognitivos
(alteraciones en la memoria verbal reciente y remota, velocidad de procesamiento
y atención) y valorar si existe una correlación entre la cantidad
de éxtasis consumido a lo largo de la vida y la intensidad de los déficit
neurocognitivos.
Se incluyeron los datos de diez estudios para las variables
memoria verbal reciente y remota, y ocho para velocidad de procesamiento y atención.
Para las cuatro variables se encontraron diferencias estadísticamente significativas:
los usuarios de éxtasis presentan puntuaciones menores en las cuatro variables
estudiadas. Sin embargo no se encontró correlación entre la cantidad
de éxtasis consumido a lo largo de la vida y la intensidad de los efectos
neurocogniticos, lo que contrasta con los resultados obtenidos en metaanálisis
sobre alcohol en los que sí se ha establecido esta relación. Los
autores del metaanálisis plantean la posibilidad de que los daños
neurocognitivos sólo se expresen a partir de un determinado nivel de consumo,
y discuten la relación de causalidad a partir de los resultados obtenidos.
Finalmente, señalan que el número de estudios analizados es demasiado
pequeño como para obtener conclusiones definitivas, y que son necesarias
nuevas investigaciones para poder obtener respuesta a estas cuestiones.
En
enero de 2005 se publicó el segundo y último metaanálisis
disponible acerca de la MDMA hasta el momento, que estudia la relación
entre el consumo de esta sustancia y la aparición de trastornos depresivos.
Se seleccionaron 25 estudios relevantes acerca del tema y se obtuvo una magnitud
de efecto de 0,31 (0,17-0,37, IC:95 por ciento p<0,001) estadísticamente
significativo. La asociación es considerada por los autores como "pequeña
y con probable escasa relevancia clínica". Se hace énfasis
en las limitaciones metodológicas de los estudios disponibles (escaso control
del uso de otras drogas, tamaños de muestras, representatividad de la población,
)
proponiendo estrategias para mejorarlos.
En definitiva, las herramientas
de la MBE, con todas sus ventajas y limitaciones, deben aplicarse a la bibliografía
disponible sobre drogas de síntesis. Es probable que durante los próximos
años las revisiones sistemáticas sobre esta materia se hagan más
frecuentes y contribuyan a aclarar cuestiones importantes en la práctica
clínica.
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