Drogasde
síntesis, ¿que podemos hacer?
Efectos
no deseados
De cara a un abordaje
práctico se tratarán de forma separada los efectos adversos (entendiendo
como tales aquellos dependientes de la dosis, que se presentan con frecuencia
y que revisten un carácter en general leve) de la toxicidad para referirse
a efectos más graves de presentación infrecuente, incluyendo las
reacciones mortales. Finalmente se harán consideraciones generales acerca
de la relación del consumo de drogas de síntesis con la patología
psiquiátrica y los daños a largo plazo de tipo neurológico.
Efectos
adversos
La variedad de efectos adversos que puede aparecer
con el consumo de drogas de síntesis es muy amplia. Consideradas por separado,
cada una de las diferentes drogas produce unos efectos adversos típicos
(Tabla 5). Pero es imprescindible considerar otros factores como la elevada frecuencia
de policonsumo (con drogas sintéticas y no sintéticas, legales e
ilegales
), el efecto de bailar durante horas, la alteración de los
ritmos de sueño y alimentación
que contribuyen a incrementar
la frecuencia e intensidad de los efectos adversos y dificultan el poder atribuirlos
a una sola causa.
El consumo de éxtasis se asocia en los servicios de
urgencias con molestias inespecíficas (sentirse raro, extraño o
débil, náuseas y vómitos, ansiedad
) y hallazgos clínicos
como taquicardia, hiperventilación o midriasis. La mayoría de los
casos son leves y sólo requieren de tratamiento sintomático. Dado
que muchos de los efectos adversos de esta sustancia son leves y autolimitados
(tensión mandibular, bruxismo, sequedad de boca
) pueden pasar desapercibidos
en muchas ocasiones sin generar demanda de atención sanitaria.
En
la literatura de divulgación sobre la MDMA es frecuente la descripción
de un cuadro de alteraciones del ánimo (tristeza, irritabilidad, nerviosismo
)
que se presenta tres o cuatro días después del consumo y que se
prolonga durante 24-48 horas y al que se ha dado el nombre de mid-week blues (tristeza
de mitad de semana). Los datos científicos al respecto son escasos: es
probable que esté en relación con la dosis y frecuencia de consumo
aunque algunos individuos parecen particularmente predispuestos a presentar estos
efectos. No está aclarado hasta qué punto este efecto es consecuencia
de la depleción monoaminérgica inducida por la MDMA, un efecto psicológico
tras el bienestar del fin de semana o la consecuencia de falta de sueño
y mala alimentación. El consumo simultáneo de otras drogas agrava
estos síntomas. Así, conviene interrogar de forma activa acerca
de consumo de drogas de síntesis en el diagnóstico diferencial de
muchas patologías prevalentes en Atención Primaria (mareo, cefalea,
insomnio, alteraciones del estado de ánimo
) sobre todo cuando se
presentan en una persona joven con clínica y exploración anodinas.
Los
efectos adversos que entraña el consumo de LSD y otros psiquedélicos
como la ketamina son fundamentalmente de tipo psicológico. Los efectos
secundarios y complicaciones físicas son casi inexistentes. El "mal
viaje" consiste en un episodio de ansiedad y angustia extremas, acompañado
de alucinaciones visuales y auditivas de carácter intensamente desagradable.
En ocasiones este cuadro puede ser desencadenante de auto o heteroagresividad.
Su duración es limitada (habitualmente menor de 24 horas). La experiencia
con LSD es muy sensible a factores como la personalidad, experiencias anteriores,
estado de ánimo, motivaciones, así como al entorno físico,
social y emocional donde se realiza (set and setting). Estos condicionantes determinan
el resultado final de la experiencia y ante un set and setting inadecuado (encontrarse
mal anímicamente, en un entorno o compañía no deseados) las
probabilidades de un mal viaje son mucho mayores.
El cuadro puede tratarse
en muchas ocasiones sin necesidad de tratamiento farmacológico: es útil
mantener al paciente en observación en un ambiente lo más tranquilo
posible, libre de estímulos externos, hablar de una forma empática
y serena, transmitiendo tranquilidad y mensajes sencillos: ("estás
bajo los efectos pasajeros de una droga", "pronto va a pasar todo",
"no te estás volviendo loco"
), mantener un cierto grado
de contacto físico (por ejemplo, coger la mano) y orientar al paciente
en espacio y tiempo. Si la ansiedad es extrema o aparece auto o heteroagresividad
pueden utilizarse benzodiacepinas o neurolépticos (haloperidol, risperidona),
pero debe evitarse el uso de fenotiacinas o inhibidores de la recaptación
de serotonina.
Mortalidad
y
toxicidad
A pesar de la percepción social al
respecto los datos objetivos nos muestran que la mortalidad asociada a las drogas
de síntesis es escasa y mucho menor a la provocada por el consumo de otras
drogas legales e ilegales. De 1848 fallecidos en España por reacción
aguda a drogas en el periodo 1999-2002, se detectó la presencia de anfetaminas
en 80 casos (4,3 por ciento), MDMA o derivados en 34 casos (1,83 por ciento) y
alucinógenos en 2 casos.
Con respecto a las urgencias generadas
por el consumo de drogas de síntesis en España se ha producido un
incremento de las relacionadas con éxtasis en el periodo 1996-2002 (1,6
por ciento frente a 6,3 por ciento del total de las urgencias relacionadas con
sustancias psicoactivas). Las urgencias en relación con anfetaminas y alucinógenos
se mantienen estables en ese periodo, oscilando entre el 2-4 por ciento del total
de las admisiones relacionadas con drogas. No existen en España acerca
de las urgencias generadas por ketamina o GHB, si bien hay datos que señalan
que las urgencias en relación con esta última sustancia puedan estar
aumentando de forma notable.
La Tabla 6 recoge los efectos tóxicos
más frecuentemente vinculados con cada una de las distintas drogas sintéticas.
La hipertermia por MDMA (y, con menor frecuencia, por metanfetamina) constituye
un cuadro poco frecuente con elevada mortalida que asocia con rabdomiolisis, insuficiencia
renal con mioglobinuria y coagulación intravascular diseminada. En animales
de experimentación se ha demostrado que la MDMA disminuye la capacidad
de termorregulación del organismo al situarlos en ambientes calurosos o
hacinados. En humanos la mayoría de los casos descritos en la literatura
se han producido en relación con ejercicio físico intenso (bailar
durante muchas horas sin descanso), escasa hidratación y ambiente con altas
temperaturas. Por este motivo se recomienda descansar de vez en cuando, refrescarse
y beber líquidos de forma adecuada cuando se está bajo los efectos
del éxtasis. En raras ocasiones se han descrito cuadros de hiponatremia
dilucional por una ingesta hídrica exagerada, ya que la MDMA estimula la
secreción de aldosterona y hormona antidiurética.
Se han
presentado casos de hepatotoxicidad asociados al consumo de "éxtasis".
La presentación clínica de estos cuadros incluye desde alteraciones
analíticas asintomáticas hasta casos de fallo hepático fulminante.
Se han descrito casos de insuficiencia hepática aguda después de
haber ingerido un solo comprimido aunque en otros casos la hepatotoxicidad se
ha desarrollado tras meses de uso habitual.
En la forma más habitual
de presentación el cuadro semeja una hepatitis vírica, con ictericia,
hepatomegalia, elevación de enzimas hepáticas y alteraciones de
la coagulación. El cuadro suele resolverse en semanas-meses de forma espontánea,
aunque se han descrito casos de recuperación lenta, fibrosis hepática
e insuficiencia hepática aguda que requiere transplante hepático.
La
intoxicación por ketamina puede ser subjetivamente muy desagradable para
el usuario pero en raras ocasiones reviste gravedad desde un punto de vista clínico,
ya que esta sustancia prácticamente no produce depresión respiratoria
y no altera el reflejo faríngeo. Como anestésico, la dosis máxima
utilizada comúnmente oscila entre 10-12 mg/kg, mientras que en su uso recreativo
raramente se sobrepasan los 2 mg/kg. Como signos clínicos, la taquicardia
y sobre todo el nistagmus horizontal son sugerentes de intoxicación por
ketamina en un joven que presenta alteración de consciencia y alucinaciones.
La
elaboración del GHB no requiere de especiales conocimientos sobre química
ni de síntesis en laboratorio. Su precursor inmediato, la gamma-butirolactona
(GBL) puede adquirirse de forma sencilla como limpiador de impresoras o limpiacristales.
Su combinación con hidróxido sódico da lugar al GHB mediante
una sencilla reacción ácido-base. Si la neutralización de
la reacción no es correcta, un pH excesivamente ácido o básico
puede producir lesiones en mucosa oral o gástrica.
El GHB tiene
un margen de seguridad menor que el de otras sustancias y las sobredosis son relativamente
frecuentes. La dosis recreativa habitual oscila ente 1 y 2,5 gramos, pero incluso
dosis en ese rango pueden llevar a intoxicación. Además pequeños
incrementos en la dosis o consumir alcohol de forma simultanea puede llevar a
una intensificación significativa de los efectos. El cuadro clínico
se caracteriza por la disminución del nivel de consciencia en diferentes
grados (pudiendo llegar con frecuencia al coma profundo), que no responde a la
administración de flumazenilo ni naloxona y que se recupera espontánea
y rápidamente al cabo de pocas horas. El número de intoxicaciones
por GHB atendidas en servicios de urgencias ha experimentado un crecimiento importante
en los últimos diez años en EE.UU.
Se han descrito casos de personas
a quienes se había añadido GHB, ketamina o flunitrazepam en su bebida
con el objeto de abusar sexualmente de ellas. Este fenómeno ha tenido una
enorme repercusión mediática, particularmente en EE.UU., desatando
la fiebre de las date rape drugs (drogas de violación en cita). En realidad,
los casos comprobados son aislados y anecdóticos. Pero esta visión
alarmista contribuye a reforzar estereotipos ("mi hijo no se droga, le habrán
echado algo en la bebida") y puede actuar como profecía autocumplida.
Además conviene recordar que la droga más frecuentemente relacionada
con este tipo de situaciones es sin duda el alcohol.
Problemas
psiquiátricos
Algunos consumidores de LSD,
ketamina y otros alucinógenos sufren episodios en los que reexperimentan
de forma involuntaria la experiencia vivida, incluso meses o años después
de haber tomado estas sustancias. En algunos individuos, el uso de cannabis puede
actuar como desencadenante de estos episodios. El término flashback, utilizado
para definir esta situación ha sido sustituído por el de Trastorno
Persistente de la Percepción por Alucinógenos (TPPA) (Tabla
7). Se trata de un trastorno poco conocido y de difícil tratamiento
aunque su prevalencia es muy escasa.
La intoxicación por estimulantes
(anfetaminas o cocaína) puede desencadenar una psicosis paranoide aguda.
La ketamina se ha asociado a brotes psicóticos, crisis de angustia y alteraciones
del sueño. También se han publicado casos de trastornos psicóticos,
depresivos, de ansiedad y del sueño en consumidores de éxtasis.
Al
comparar distintos casos se observa en ocasiones una gran variabilidad en la presentación
clínica de los cuadros, una elevada prevalencia de antecedentes familiares
y personales de tipo psiquiátrico y un patrón intensivo de policonsumo
de distintas drogas. Así, discernir si el consumo de una determinada sustancia
puede ser la causa o consecuencia del desencadenamiento de un episodio psiquiátrico
puede ser en ocasiones muy complicado. El único estudio prospectivo disponible
sobre consumidores de MDMA y alucinógenos sugiere que en la gran mayoría
de los casos los síntomas de la enfermedad psiquiátrica preceden
en el tiempo al inicio del consumo.
Problemas a largo
plazo: neurotoxicidad
Uno de las cuestiones más
importantes y discutidas acerca de las drogas de síntesis es la posibilidad
de que sus efectos tóxicos no sean evidentes de forma aguda, sino que se
manifiesten a lo largo de las próximas décadas en forma de trastornos
neurodegenerativos.
Esta hipótesis parte de los resultados obtenidos
en la experimentación con animales, en la que se ha demostrado de forma
inequívoca que la administración de dosis elevadas de MDMA o anfetaminas
a distintas especies (ratas, ratones, monos
) produce cambios duraderos en
los sistemas serotoninérgico y dopaminérgico que se interpretan
como indicativos de neurotoxicidad.
La investigación en humanos
sobre la neurotoxicidad de la MDMA se ha basado en estudios neurobiológicos
y estudios de función psicológica. Con respecto a los primeros,
se han comunicado diferencias en el transportador de serotonina, metabolitos de
serotonina en LCR y respuesta a fármacos serotoninérgicos (triptófano
y fenfluramina). Estudios de neuroimagen han mostrado diferencias en la distribución
y cantidad de densidad de determinados neurorreceptores en distintas localizaciones
del sistema nervioso central de usuarios de "éxtasis". Al explorar
la función psicológica han encontrado diferencias neurocognitivas
ente consumidores y no consumidores en áreas como función ejecutiva,
memoria visual y auditiva, atención, velocidad psicomotora y resolución
de problemas.
Algunos investigadores opinan que este déficit se
irá manifestando en los consumidores actuales a lo largo de las próximas
décadas, lo que podría causar graves problemas sociales y sanitarios.
Sin embargo la cuestión de la neurotoxicidad del éxtasis dista de
estar resuelta. Múltiples autores han señalado que es necesaria
precaución a la hora de interpretar estos datos como evidencia de neurotoxicidad.
Se trata de estudios retrospectivos realizados sobre consumidores con pautas de
consumo muy intensivas durante largos periodos y elevada frecuencia de policonsumo.
La posibilidad de diferencias preexistentes y el efecto del estilo de vida deben
ser considerados. La validez y fiabilidad de las pruebas de neuroimagen no está
plenamente establecida. Y es difícil poder diferenciar si las alteraciones
observadas son cambios neuroadaptativos potencialmente reversibles o efectos tóxicos.
En el caso de las alteraciones de memoria el consumo de cannabis parece desempeñar
un papel en estas diferencias.
Después de veinte años de
uso recreativo, no existe evidencia alguna de que una o unas pocas dosis de MDMA
(correspondientes a la frecuencia de consumo más habitual: ocasional o
esporádico) tengan efectos neurotóxicos permanentes. Pero, como
señalan los estudios, es posible que las pautas de consumo más intensivas
(en dosis y/o frecuencia) puedan estar expuestas a daños que se manifiesten
de forma diferida al cabo de los años. Así, la posibilidad de efectos
neurotóxicos del éxtasis debe de ser tenida siempre en cuenta a
la hora de elaborar mensajes y programas preventivos, pero siempre desde una óptica
ponderada y no alarmista.
La MDMA no es la única droga de síntesis
cuyo consumo se ha vinculado con daños cerebrales a largo plazo. Los efectos
de la anfetamina y metanfetamina sobre el sistema dopaminérgico son conocidos
desde hace décadas, aunque los datos sobre sus efectos tóxicos (conductas
estereotipadas, alteraciones del movimiento
) están más en
relación con el patrón de uso intravenoso cotidiano en EE.UU. (speed
junkies), que con el consumo ocasional por vía intranasal de esta sustancia.
Con respecto a la ketamina, también algunos estudios en animales indican
la posibilidad de daño neuronal al utilizar dosis muy elevadas, y su consumo
crónico en humanos se ha asociado con problemas de memoria, dificultades
de concentración, aprendizaje de nuevas situaciones, comprensión
de metáforas y evaluación del propio comportamiento.
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