Drogasde síntesis, ¿que podemos hacer?

Prevención

La prevención primaria es un capítulo importante y el Médico de Familia puede colaborar en ámbitos preventivos como la familia o la escuela a través de la vertiente comunitaria de la Especialidad. La información sobre drogas debe ser realista, objetiva y ajustada a la evidencia científica disponible, huyendo siempre de enfoques alarmistas y exagerados. En caso contrario se corre el riesgo de desprestigiar los canales de información habitual en beneficio de otros alternativos y no controlados. De hecho, una búsqueda en Internet permite acceder con más facilidad a páginas con información sobre experiencias personales con drogas, modos de uso, legislación, reducción de riesgos... que a las páginas web de organismos oficiales de lucha contra las drogas.

La prevención primaria se ha centrado en intentar evitar el consumo de drogas señalando las consecuencias negativas que puede acarrear el consumo de sustancias. Pero estos mensajes no son suficientes para la población en mayor riesgo de tener problemas relacionados con el consumo de drogas: los propios consumidores. Así, las medidas encaminadas a proteger la salud del consumidor deben de ser también considerados como un objetivo prioritario. Su eficacia está claramente demostrada en sustancias como la heroína (programas de metadona o de intercambio de jeringuillas). Pero el consumidor de cualquier otra sustancia puede también aprender pautas de uso más seguro que reduzcan los riesgos y daños sobre su salud. Este tipo de intervención debe entenderse como una prevención específica sobre colectivos concretos y complementaria a la prevención primaria, no como opuesto a ésta. Tampoco supone una aceptación o aprobación de la conducta del consumidor, sino como el uso de la estrategia más eficaz y adecuada según el momento en el que se encuentra el paciente y su grado de motivación. Con este tipo de mensajes el paciente no se siente juzgado y percibe la preocupación del médico por su salud, lo que contribuye a una mejor relación médico-paciente, facilitando un seguimiento continuo. Algunos autores llegan más lejos y proponen que si nuestra sociedad ha asumido los riesgos que conllevan actividades como la conducción de automóviles o los deportes de aventura, puede ser igualmente aceptable que personas adultas y responsables gestionen sus riesgos al consumir sustancias.

Resulta evidente que la forma más segura de evitar los efectos negativos asociados a las drogas es no consumirlas. Pero las encuestas muestran que un número significativo de personas va a decidir hacerlo. Existen formas de intervenir en este grupo actuando sobre aquellos factores que son vulnerables (Tabla 10).

El consumo de diferentes sustancias en una misma ocasión es una práctica muy extendida. En general, mezclar distintas sustancias incrementa los riesgos de efectos secundarios y toxicidad. Sustancias con propiedades similares pueden sumar sus efectos adversos: mezclar cocaína, metanfetamina y/o MDMA puede potenciar la toxicidad cardiovascular, ya que las tres sustancias incrementan la tensión arterial y la frecuencia cardiaca. En las intoxicaciones por GHB es muy frecuente la presencia de otro depresor: el alcohol. El alcohol también intensifica las alteraciones en el sistema inmune que induce la MDMA, lo que podría tener consecuencias en personas con inmunidad alterada además de favorecer la deshidratación.

La MDMA suele consumirse en ambientes cargados y calurosos, en los que existe gran aglomeración de público, con deficientes condiciones de ventilación y en ocasiones sin agua fresca accesible. Este hecho, junto al sometimiento del organismo a ejercicio físico intenso y mantenido favorecen la posibilidad de que aparezcan cuadros de deshidratación y/o hipertermia. Es importante que las personas que consumen "extasis" estén informadas de estos riesgos, así como de los que pueden producir la sobrehidratación (hiponatremia).

La mezcla de drogas con determinados medicamentos puede dar lugar también a interacciones peligrosas. Los inhibidores de la proteasa como el ritonavir interfieren en el metabolismo de MDMA, anfetaminas, GHB y ketamina con resultados en ocasiones mortales. También se han descrito complicaciones graves en pacientes en tratamiento con inhibidores de la monoaminooxidasa tras haber consumido MDMA. En algunas páginas web y foros de discusión se recomienda el uso de fluoxetina o triptófano en consumidores de MDMA con el objetivo de reducir la neurotoxicidad de esta sustancia. Si bien estos compuestos han demostrado eficacia en animales de experimentación, las dosis utilizadas no permiten extrapolar estos resultados a humanos y no existe ningún motivo para recomendar esta combinación que presenta además riesgos a nivel teórico.

Es necesario que el consumidor controle la calidad y sobre todo la cantidad de sustancia que es consumida en cada ocasión. Existen reactivos (Test de Marquis), de venta a través de Internet que permite detectar la presencia de feniletilaminas (MDMA o derivados: MDA, MDE) en pastillas de éxtasis a través de una reacción colorimétrica. Asimismo hay organizaciones no gubernamentales como la española EnergyControl (URL disponible en www.energycontrol.org) a las que se puede enviar las pastillas para ser analizadas de forma cualitativa y cuantitativa. Esto último es de especial interés, ya que, si hemos señalado que las adulteraciones son infrecuentes, la extrema variabilidad en el contenido de las pastillas puede dar lugar a intoxicaciones.

Los consumidores de drogas por vía intranasal (cocaína, metanfetamina, ketamina…) deben estar advertidos de que se ha descrito una mayor prevalencia de infección por virus de la hepatitis C en usuarios de cocaína por esta vía, vinculándose al hecho de compartir los cilindros de aspiración.

Muchos consumidores de GHB conocen que la intoxicación por esta droga se resuelve de forma espontánea al cabo de unas horas. Es relativamente frecuente que las personas que acompañan al intoxicado "esperen a que se le pase". Sin embargo en ocasiones la disminución del nivel de consciencia puede llevar a coma arreactivo y depresión respiratoria. Así, es fundamental que los consumidores conozcan los signos y síntomas de alarma, así como nociones básicas acerca del tratamiento de urgencia (colocar en posición de seguridad para evitar aspiraciones, no forzar vómito…).







 

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