Avances
en enfermedades digestivas
Aproximación al paciente con síntomas
dispépticos
DISPEPSIA:
ÁREAS DE INTERÉS
La
perspectiva actual sobre el manejo de la dispepsia es objeto de interés,
ya que se encuentra en un continuo dilema de decisiones clínicas. En primer
lugar la creciente relevancia de la dispepsia debido a la frecuencia de presentación
especialmente en las sociedades occidentales en las últimas décadas,
conllevando una potencial morbilidad subyacente de carácter orgánico
considerable en términos absolutos. En consecuencia, un especial interés
sobre el impacto farmacoeconómico y sociosanitario se ha suscitado en los
diferentes sistemas de salud por la necesidad de optimizar el abordaje diagnóstico
terapéutico a través de guías de manejo clínico, con
distinta calidad metodológica, algunas excelentes sobre todo las basadas
en criterios de evidencia clínica y con un aval internacional muy notable.
La conclusión es sencilla, ya que la amplia utilización de recursos
por parte de la población dispéptica con independencia del país
de estudio, precisa maximizar el diagnóstico diferencial para identificar
una patología subyacente mientras se minimiza el coste y efectos adversos
del abordaje clínico terapéutico.
En segundo término,
la entidad clínica de la dispepsia se ve afectada por el consenso y resultados
de las publicaciones científicas. La definición y epidemiología
de la dispepsia presenta diferencias realmente sustanciales según los criterios
utilizados para su identificación. Se define en general, a partir de los
consensos internacionales de Roma, como el dolor o malestar crónico o recurrente
centrado en el abdomen superior, entendiendo el malestar como una percepción
subjetiva negativa no dolorosa que puede incluir una extensa relación de
síntomas, tales como saciedad precoz, plenitud abdominal, náusea,
sensación de hinchazón o eructos. La identificación de síntomas
predominantes o frecuentes (al menos superior a 1 vez por semana) de pirosis o
regurgitación ácida se incluye en el estudio de la enfermedad por
reflujo gastroesofágico (ERGE). La extensa variedad de definiciones sobre
dispepsia a menudo no ha diferenciado el patrón clínico susceptible
de ERGE de la dispepsia, lo que ha conllevado que las interpretaciones sobre el
resultado terapéutico fuesen problemáticas. Pero no debe olvidarse
que los criterios de consenso de Roma fueron primariamente diseñados para
los ensayos clínicos aleatorizados y los estudios fisiológicos más
que para su utilización en la práctica clínica. La diferente
miscelánea incluida en el malestar abdominal también es objeto de
confusión: la percepción de hinchazón abdominal es más
común en el seno de un cuadro de intestino irritable y puede no localizarse
exclusivamente en la región abdominal superior; las náuseas son
secundarias a numerosas entidades y por sí solas no sugieren un cuadro
de dispepsia; la presencia aislada de eructos es un síntoma insuficiente
para diagnosticar dispepsia y se establece tras deglución reiterada de
aire o acompañar a otros cuadros clínicos. En todo caso, la presencia
de un episodio autolimitado de dispepsia generalmente no precisa ningún
tipo de investigación clínica, y no es objeto de atención
preferente en las guías de manejo diagnóstico terapéutico
de mayor peso científico.
Y por otra parte, resulta de especial
interés la delimitación de la secuencia diagnóstica y terapéutica
a recomendar en el caso de pacientes afectados por un cuadro de dispepsia no investigada
previamente sin clínica de alarma asociada. En este punto existe actualmente
el mayor interés de la literatura científica. Partiendo de la disyuntiva
clínica a la que se enfrenta un médico de familia en una consulta
ordinaria en Atención Primaria, inicialmente delimita el criterio de una
dispepsia investigada o no investigada, evaluando el riesgo de edad en términos
poblacionales de padecer una organicidad subyacente (desde los 40 a los 55 años)
y la presencia de signos o síntomas de alarma. Aquí las propuestas
de los diferentes consensos y guías de práctica clínica difieren
de manera evidente: el debate surge de recomendar un abordaje terapéutico
empírico con antisecretores o bien indicar la estrategia de investigar
la potencial infección por Helicobacter pylori y pautar erradicación
ante un resultado positivo (estrategia de test and treat).
Por último,
el resultado clínico en términos de recuperación de la normalidad
percibida por el paciente, depende del arsenal terapéutico disponible y
de la vivencia del sujeto de su estado de salud. En la actualidad asumen todo
el protagonismo los antisecretores, especialmente los inhibidores de la bomba
de protones, a costa del marginal uso que los procinéticos tienen para
síntomas puntuales (en ausencia de la comercialización de cisaprida),
del impacto erradicador en sujetos Helicobacter pylori positivos, y de los datos
escasamente concluyentes sobre otras alternativas farmacológicas.
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