Avances
en enfermedades digestivas
Aproximación al paciente con síntomas
dispépticos
Introducción
El
término "dispepsia" que etimológicamente deriva de las
palabras griegas dys (malo) y pepsis (digestión), se caracteriza por su
heterogeneidad al responder clínicamente a un síndrome, incluyendo
dolor o malestar abdominal alto o epigástrico, ardor o pirosis, eructos,
distensión abdominal, plenitud
postpandrial, anorexia, náuseas,
vómitos, saciedad precoz y regurgitación. Sin embargo, la relevancia
clínica varía en función de la amplia miscelánea de
signos y síntomas susceptible de valorarse como una dispepsia, del tipo
de definición utilizada, y especialmente, de la percepción e importancia
que el paciente atribuye a su problema de salud. Así, la mayoría
de las definiciones sobre dispepsia, surgen de consensos internacionales o comités
de expertos, que han sido objeto de debate en muchas ocasiones debido a la variabilidad
de sus contenidos (Tabla
1).
El aspecto crítico se centra en el perfil de síntomas
atribuibles al tracto gastrointestinal superior. Según el consenso internacional
de Roma II, la dispepsia se define como cualquier dolor o molestia localizada
en la parte central de la mitad superior del abdomen, que puede estar asociada
a una sensación de plenitud, saciedad temprana, distensión, eructos,
náuseas y/o vómitos. La clínica puede ser recurrente o persistente,
no guarda necesariamente relación con la ingesta, y el dolor o malestar
localizado en los hipocondrios no se considera característico de la dispepsia.
Sin embargo, los síntomas dominantes del reflujo gastroesofágico
como la pirosis y la regurgitación ácida no se contemplan en la
definición de Roma II, debiendo excluirse del ítem dispepsia y considerarse
dentro del estudio de la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE).
Precisamente la definición propuesta por Roma II es la utilizada mayoritariamente,
habiéndose incorporado de forma explícita en las Guías de
Practica Clínica con soporte de medicina basada en la evidencia más
relevantes.
No obstante, desde Atención Primaria no debe olvidarse
la perspectiva del paciente, quien demanda una consulta a partir de cualquier
signo/síntoma que pudiera atribuir al tracto digestivo, incluso síntomas
como la pirosis o regurgitación ácida, siendo los médicos
de familia quienes asignamos un diagnóstico al episodio de consulta. De
tal modo, algunas definiciones (CanDys Working Group) incluyen los ítems
sugerentes de reflujo en la agrupación sindrómica de dispepsia.
La
dispepsia es un síndrome de notable presencia en el mundo occidental, citándose
una prevalencia en población adulta del 13-48 por ciento
(Tabla 2, Figura 1). De forma general se admite una cifra media del 25-30
por ciento aunque podría superar el 40 por ciento si se incluyen criterios
de tipo reflujo o dismotilidad 10-14. Los estudios sobre incidencia son más
escasos y de mayor disparidad metodológica, refiriendo datos del 1-9 por
ciento (incluso llegando al 22-25 por ciento) según las poblaciones y la
pregunta clave para su identificación. No obstante cualquiera que sea la
incidencia, el número de sujetos que padecen dispepsia anualmente respecto
a quienes recuperan la normalidad clínica es similar, razón por
la cual se estima que la prevalencia de dispepsia permanece estable en los diferentes
estudios.
Admitiendo una prevalencia global de dispepsia en Atención
Primaria del 2-8 por ciento sobre población atendida en consulta, en nuestro
país se ha citado un 23,9 por ciento en los últimos 6 meses (a partir
de encuesta) y una incidencia alrededor del 8 por ciento, mientras que en el estudio
cualitativo mediante encuesta a los profesionales sanitarios (Libro Blanco sobre
la Dispepsia en España, 1995) se estimó la prevalencia de dispepsia
funcional en un 14,1 por ciento en el ámbito de Atención Primaria
y del 35,5 por ciento en Atención Especializada.
De forma genérica
se admite que incluso con los criterios estrictos de Roma II, al menos 1 de cada
3 adultos ha sufrido dolor o malestar abdominal a lo largo de un año, aunque
sólo 1 de cada 4 sujetos que padecen síntomas realmente solicitan
atención médica. Por otro lado, en el estudio DIGEST se refleja
como un 30-50 por ciento de los sujetos con clínica positiva, se automedican
con antiácidos y/o antisecretores.
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