Avances
en enfermedades digestivas
Aproximación al paciente con síntomas
dispépticos
DIAGNÓSTICO
CLÍNICO
Caso clínico
Hábitos:
Fumadora 10 cigarrillos/día, no refiere consumo de alcohol.
Sin
antecedentes personales de interés. Sin antecedentes familiares de interés
(aparato digestivo o neoplasias).
Exploración física por
órganos y aparatos dentro de la normalidad (abdomen blando, globuloso,
no doloroso a la palpación, no masas ni visceromegalias).
Analítica
general (1 mes previo en la empresa) dentro de la normalidad).
Clasificación
de
la dispepsia
Inicialmente para simplificar el abordaje
clínico asistencial, se considera de utilidad la clasificación de
la dispepsia según el momento del proceso diagnóstico en que se
encuentre el paciente.
De este modo, el paciente puede consultar por una
dispepsia no investigada previamente, incluyéndose en este caso a todo
paciente con un primer episodio de clínica dispéptica o aquel que
presentando un curso clínico recurrente no dispone de un diagnóstico
definido. La dispepsia investigada traduce la identificación o no de una
posible organicidad subyacente, cuando el episodio clínico actual reiterando
un patrón de síntomas similar a las consultas previas, el paciente
ya ha sido objeto de evaluación clínica y tiene un diagnóstico
concreto incluyendo la exploración endoscópica del tracto digestivo
superior.
La dispepsia orgánica supone el hallazgo de causas subyacentes
digestivas o extradigestivas (anatómicas, bioquímicas, metabólicas,
consumo de alcohol o fármacos, microbiológicas
.) que expliquen
los síntomas a partir de las pruebas complementarias pertinentes (Tabla
3). La dispepsia funcional (asumiendo los criterios de consenso de Roma II)
respondería a un diagnóstico de exclusión, y se define por
la presencia de las siguientes manifestaciones clínicas durante al menos
12 semanas (no necesariamente consecutivas, en el último año):
o
Dispepsia persistente o recurrente (dolor o malestar abdominal localizado en línea
media del abdomen superior).
o Ausencia de enfermedad orgánica (incluyendo
la realización de endoscopia del tracto digestivo superior) que pudiera
explicar los síntomas.
o Los síntomas no mejoran exclusivamente
con la defecación ni se asocian a cambios de la frecuencia y/o consistencia
de las deposiciones (para diferenciarse del síndrome de intestino irritable).
A
partir del predominio de síntomas en el patrón clínico se
han propuesto 3 subgrupos de dispepsia funcional.
o Tipo ulceroso, donde el
dolor es el síntoma dominante, localizado en la parte central del abdomen,
habitualmente postpandrial y con cierta tendencia al alivio con la ingesta o antiácidos.
o
Tipo dismotilidad, siendo el malestar principal la sensación de plenitud,
distensión, saciedad temprana o náuseas.
o Tipo inespecífico,
donde no se cumplen los criterios previos del tipo ulceroso o dismotilidad.
Etiopatogenia
de
la dispepsia
La patología más frecuentemente
relacionada con una clínica dispéptica, en el caso de un origen
digestivo, la enfermedad ulcerosa péptica y el reflujo gastroesofágico,
además del predominante trastorno funcional, mientras que de carácter
extradigestivo figura la diabetes mellitus, la enfermedad pulmonar obstructiva
crónica, la insuficiencia renal, alcohol y una extensa relación
de fármacos.
En la dispepsia funcional el cortejo clínico
no se puede atribuir a una alteración estructural, enfermedad metabólica,
ingesta de alcohol o fármacos, y se considera relacionado con un trastorno
de la función del tracto digestivo superior y/o una percepción anómala
por parte del propio paciente. Una clasificación operativa de los trastornos
funcionales se desprende de los consensos de Roma I y II. Sin embargo, los mecanismos
etiopatogénicos que facilitan un trastorno funcional digestivo son diversos
(Figura
2):
o Dismotilidad gastrointestinal: Una clínica de severa distensión
postpandrial o vómitos en el seno de un trastorno funcional es sugerente
de una disfunción motora. Un vaciamiento gástrico retardado y una
hipomotilidad antral se encuentran hasta en un 30-80 por ciento y un 50-70 por
ciento de los pacientes respectivamente. Por otra parte, el cuadro funcional suele
ser una causa predominante en la gastroparesia idiopática.
o Factores
agresivos, como la secreción ácida gástrica y el reflujo
duodenogástrico. Puede ser relevante en pacientes con clínica tipo
ulceroso o reflujo, aunque no hay datos concluyentes sobre una anormal secreción
ácida basal o estimulada en pacientes funcionales, ni tampoco que el reflujo
duodenogástrico esté aumentado tanto en ayunas o tras la ingesta
en pacientes con dispepsia funcional.
o Factores psicológicos: Aspectos
de orden psicológico, estrés o reacciones adaptativas suelen ser
comunes en la patogenia de la dispepsia funcional.
o Alteraciones de la percepción:
El umbral perceptivo se altera por aumento de la sensibilidad visceral en respuesta
a la distensión gástrica.
o Agentes infecciosos: Determinados
virus (rotavirus, Norwalk, adenovirus entéricos, astrovirus) y parásitos
(giardia lamblia y estrongyloides estercolaris) se citan en algunas fuentes. No
obstante es el Helicobacter pylori la principal área de debate. Ciertamente
no se dispone de un patrón clínico patognomónico asociado
a la infección por H. pylori, y ésta se encuentra también
en individuos asintomáticos. Aproximadamente un 30-50 por ciento de pacientes
con dispepsia tienen una gastritis crónica antral, sin embargo los estudios
de prevalencia de dispepsia en individuos infectados por H. pylori respecto a
los controles han resultado poco concluyentes.
o Otras causas como la inflamación
mucosa duodenogástrica o ciertas intolerancias alimenticias, también
se han citado, aunque sus datos son controvertidos.
Historia
clínica
Una historia clínica detallada
facilita la orientación diagnóstica al recoger información
sobre las características del dolor o malestar abdominal alto, aspectos
del estilo de vida, dieta, consumo de fármacos u otras sustancias, antecedentes
personales o familiares relacionados, así como determinar la existencia
de una potencial clínica de alarma en la anamnesis. Así mismo una
anamnesis cuidadosa es de gran valor para el diagnóstico diferencial de
otras entidades con solapamiento clínico con la dispepsia como la enfermedad
por reflujo gastroesofágico (ERGE) y el síndrome de intestino irritable
(SII). La precisión diagnóstica a partir de la historia clínica
es discreta, situándose alrededor del 55-60 por ciento.
Se ha sugerido
una mayor capacidad predictiva sobre los trastornos funcionales frente a los procesos
orgánicos ya que su prevalencia es superior (valor predictivo positivo
del 70 por ciento frente al 30 por ciento respectivamente). No obstante el elevado
valor predictivo negativo para la dispepsia orgánica (90-95 por ciento),
comparado con el de la dispepsia funcional (40-45 por ciento), facilita más
favorablemente el juicio de descarte que el de confirmación de una patología
orgánica.
La exploración física en el paciente dispéptico
presenta un escaso valor diagnóstico. Debe seguirse un examen completo,
valorando el estado general y especialmente la inspección y exploración
abdominal que pudiera reflejar un compromiso orgánico severo (Figura 3).
No obstante, los estudios de evaluación, señalan que una exploración
anormal, incluyendo el dolor epigástrico a la palpación, no permite
diferenciar la existencia o ausencia de úlcera péptica.
La
utilización de pruebas complementarias se determina por la sospecha clínica.
Un proceso orgánico requerirá la solicitud de pruebas analíticas
o de imagen correspondientes al seguimiento clínico oportuno. Sin embargo,
ante una dispepsia no investigada, debe recordarse que los hallazgos analíticos
(hemograma y bioquímica sérica) son absolutamente normales en la
mayoría de los pacientes. La necesidad de recurrir a una prueba diagnóstica
definitiva sobre la potencial organicidad subyacente, se resume prácticamente
a la endoscopia digestiva alta dadas las ventajas que ofrece respecto la prueba
radiológica con contraste baritado. No obstante, la idoneidad de su petición
viene marcada por los criterios de selección incluidos en los algoritmos
de decisión (clínica de alarma y edad básicamente).
Clínica
de alarma
La anamnesis sobre la existencia de una
clínica de alarma es común en las Guías de Práctica
Clínica y documentos de consenso más relevantes, para facilitar
la toma de decisiones ante un paciente con dispepsia, ya que proveen de mayor
solidez en la predicción de una patología orgánica subyacente.
Los
criterios considerados de alarma se resumen en la pérdida de peso significativa
no intencionada, vómitos severos y recurrentes, disfagia, sangrado digestivo
(hematemesis, anemia, melenas) y la presencia de una masa abdominal palpable.
Las evidencias que soportan estas recomendaciones son desiguales, ya que diferentes
estudios han mostrado una asociación positiva entre los síntomas
de alarma y la patología orgánica (cáncer, úlcera
y estenosis), mientras que en otros no ha sido tan concluyente. No obstante, si
se hace una evaluación retrospectiva, tomando como origen los pacientes
con carcinoma gástrico, prácticamente todos ellos en el momento
del diagnóstico adolecían al menos un síntoma/signo de alarma.
Un
aspecto controvertido, es la recomendación de cuando efectuar un estudio
endoscópico digestivo alto en un paciente con dispepsia considerando exclusivamente
el criterio edad como predictor de morbilidad subyacente. Se pueden encontrar
recomendaciones que abarcan un rango desde los 40 años hasta los 55 años,
sin que estas recomendaciones se hayan obtenido necesariamente de un riguroso
análisis crítico de las evidencias científicas disponibles,
sino que incluso ha jugado un papel mucho más determinante la percepción
del retraso diagnóstico ante una morbilidad severa como sería el
cáncer gástrico. Ciertamente la mayoría de estudios no disponen
de suficiente poder estadístico para concretar un determinado límite
de edad en la detección de los pacientes con cáncer. Esencialmente
los datos epidemiológicos de morbilidad y mortalidad asociada a procesos
neoplásicos del tracto digestivo superior en las poblaciones de referencia,
condicionan el punto de corte en las diferentes guías de práctica
clínica y consensos, alrededor de los 55 años como criterio de consenso.
Utilidad
de las escalas de síntomas
y cuestionarios estructurados
No
obstante, descartar la existencia de una morbilidad orgánica subyacente
depende de varias condiciones, tales como: la longitudinalidad de los episodios
clínicos en Atención Primaria, la exhaustividad de la evaluación
diagnóstica, la accesibilidad a las pruebas complementarias (endoscopia
digestiva alta), así como del juicio interpretativo del médico.
Por otra parte, anticipar a partir de los síntomas y signos cuáles
son indicativos de un posible proceso orgánico y por tanto tributario de
exploraciones complementarias, y qué pacientes tienen mayor probabilidad
de responder a un cuadro funcional, no dispone de suficiente validez. No en vano,
el diagnóstico clínico de presunción a partir exclusivamente
de la historia clínica no es un método suficientemente válido
para identificar los pacientes con patología orgánica.
La
asociación de síntomas (cluster) agrupados en los diferentes subgrupos
de dispepsia, muestra cierta utilidad conceptual para su clasificación
y puede auxiliar al médico en la priorización de las opciones terapéuticas,
pero adolece de un notable solapamiento clínico, no es estable en el tiempo
y no identifica la patología orgánica con suficiente precisión.
Por ello, se ha sugerido la utilización de indicadores compuestos donde
se ponderen los diferentes signos y síntomas, antecedentes y factores de
riesgo, con el objetivo de identificar el perfil de pacientes con mayor probabilidad
de presentar una patología orgánica. Se encuentran en la literatura
diferentes modelos predictivos en formato de cuestionarios estructurados, donde
mediante regresión logística o análisis discriminativo estiman
una probabilidad de riesgo para un potencial diagnóstico orgánico,
a partir de la suma de los valores asignados a los distintos factores (escalas
de intensidad de síntomas o scores).
La detección de un proceso
orgánico mediante estas herramientas ha oscilado entre el 20-70 por ciento
según el estudio y la prueba utilizada como gold standard. Lo relevante
de los cuestionarios es que permitirían mejorar la sensibilidad de la evaluación
clínica, donde su utilidad se centra en la selección de pacientes
que serían subsidiarios de una endoscopia, ofreciendo mayor coherencia
para descartar la patología orgánica pero no para predecir su existencia.
En la práctica, la principal limitación ha sido la escasa validación
de los tests o cuestionarios en Atención Primaria y la observación
de una pérdida del valor predictivo cuando han sido aplicados en este ámbito.
Una
reciente aportación de un cuestionario validado en Atención Primaria
en Cataluña (Tabla
4), ha mostrado un notable valor discriminativo para el diagnóstico
de organicidad (0,75), superior a la presunción clínica (0,69) e
incluso al test del Helicobacter pylori (0,61). Es un cuestionario diseñado
y validado por vez primera en el sur de Europa con rigor metodológico,
donde la prevalencia de infección por Helicobacter pylori en población
dispéptica es alta (> 50 por ciento), especialmente en el subgrupo de
mayor edad y donde la presencia de úlcera péptica en los pacientes
H. pylori positivos, es baja. Sin embargo, no puede generalizarse abiertamente
la recomendación de uso directo del cuestionario fuera de la población
donde ha sido diseñado, mientras no se valide su aplicación.
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