Avances
en enfermedades digestivas
Aproximación al paciente con síntomas
dispépticos
MANEJO
TERAPÉUTICO
Aceptando la decisión más
frecuentemente utilizada como es el tratamiento empírico, la primera cuestión
sería seleccionar el grupo farmacológico de elección. Inicialmente
los ensayos clínicos ofrecían datos de eficacia tanto con antisecretores
(incluyendo esencialmente antihistamínicos H2 como inhibidores de la bomba
de protones) y con procinéticos.
De tal modo, se aconsejaba la utilización
de síntomas guía como parámetro en la toma de decisiones
terapéuticas. El tratamiento empírico en pacientes seleccionados
bajo síntomas guía ha sido la estrategia más utilizada, ya
que las ventajas se centraban en el potencial alivio de los síntomas a
corto plazo, incluso la recuperación total, lo que en términos absolutos
supone un coste bajo comparado con otras opciones y elude la realización
de pruebas complementarias tales como la endoscopia.
Los resultados de
las revisiones sistemáticas de la colaboración Cochrane han mostrado
que los inhibidores de la bomba de protones (IBP) presentan una mayor eficacia
comparados con los antihistamínicos-H2 (antih2), siendo más significativo
si la estrategia de comparación se realiza frente a antiácidos.
De forma general, la mejoría con antih2 fue del 40 por ciento y un 20 por
ciento adicional para IBP. Este aspecto de la efectividad de los IBP se ha sugerido
por el tipo de perfil clínico que se presenta en un síndrome dispéptico,
ya que un notable porcentaje de pacientes en realidad manifiestan síntomas
compatibles con reflujo gastroesofágico donde el nicho terapéutico
de potentes antisecretores es más favorable.
Cuando se han comparado
los antih2 con algún procinético como cisaprida, no se han objetivado
diferencias significativas. La distribución de perfiles clínicos
en función del síntoma predominante, sugirió una intervención
terapéutica localizada en la causa subyacente, de modo que la clínica
tipo ulceroso (incluso con síntomas compatibles con reflujo) serían
subsidiarios de terapia con antisecretores, y la clínica tipo dismotilidad
mediante procinéticos. Sin embargo la ausencia de comercialización
de cisaprida, y la carencia de datos sobre el alcance de otros (como cinitaprida),
deja el abanico terapéutico libre para los grupos terapéuticos centrados
en la antisecreción ácida.
La revisión Cochrane centrada
en el análisis de las estrategias de tratamiento en pacientes dispépticos,
situaba como variables principales de medición la evaluación global
de la clínica dispéptica y la puntuación en cuanto a gravedad
de los síntomas individuales, y como otras variables secundarias del análisis
a la medición de la calidad de vida y de satisfacción del paciente,
la frecuencia de consultas por síntomas gastrointestinales, la tasa de
derivación (incluida endoscopia), la prescripción de IBP y antih2,
y los diagnósticos obtenidos a partir de la endoscopia, así como
los costes generados.
Tratamiento
empírico
Caso clínico
Se
recomendaría una pauta de antisecretores con probada efectividad de grupo
y de eficacia comparada entre diferentes alternativas farmacológicas, como
son los inhibidores de la bomba de protones, especialmente omeprazol. La pauta
terapéutica sugiere que ante un predominio de síntomas tipo ulceroso
son de elección los fármacos antisecretores potentes como los IBP
(omeprazol 20 mg/día), mientras que un predominio de síntomas de
tipo dismotilidad habría sido objeto de una pauta con procinéticos,
si bien en la actualidad no hay evidencias sólidas de la efectividad de
los fármacos disponibles actualmente en el mercado. La duración
recomendada, por consenso ya que no hay estudios que determinen la duración
óptima, se establece en 4 semanas. Si remiten los síntomas tras
este primer ciclo se puede suspender el tratamiento, mientras que si la mejoría
es parcial o nula: se recomienda prolongar la duración del tratamiento
otras 4 semanas adicionales más, doblando incluso la dosis (omeprazol 40
mg/día). La ausencia de respuesta terapéutica exige un estudio minucioso
y evaluación mediante endoscopia digestiva alta.
La evaluación
del tratamiento empírico inicial en la dispepsia no investigada, presenta
diferentes opciones, al comparar los IBP, antih2 y procinéticos entre sí
y con antiácidos/alginatos.
IBP frente a antiácidos
Los
IBP muestran más efectividad en la reducción global de síntomas
dispépticos que los antiácidos (RR= 0,72, IC95 por ciento: 0,64-
0,80), observándose que la diferencia se acrecienta si se compara el ítem
de ardor retroesternal o pirosis (RR= 0,52, IC 95 por ciento: 0,44-0,61), mientras
que para el dolor epigástrico se identifica una heterogeneidad significativa.
IBP
frente a antih2
En la variable de mejoría global,
los IBP son más efectivos que los antih2 (RR= 0,64, IC95 por ciento: 0,49-0,82),
siendo asimismo más específicos en el alivio de la pirosis (RR=
0,45, IC95 por ciento: 0,37- 0,57) que frente al dolor epigástrico (RR=
0,77, IC95 por ciento: 0,62- 0,95)7.1.3. Antih2 frente a antiácidos. No
se identifica una diferencia significativa entre ambas opciones en el caso de
mejoría de la pirosis (RR= 0,86; IC 95 por ciento: 0,35-2,11), si bien
en la población de estudio no se incluyeron sujetos con dolor epigástrico
predominante. No obstante la calidad del estudio no ofrece suficiente poder estadístico
para detectar diferencias entre ambos tratamientos (RR= 0,98, IC95 por ciento:
0,78-1,24) en la mejoría global.
IBP frente
a procinéticos (cisaprida)
No se han objetivado
diferencias relevantes en el porcentaje de pacientes libre de síntomas
ni en la puntuación de éstos, al comparar omeprazol y cisaprida
entre 8 y 52 semanas (RR= 0,95, IC95 por ciento: 0,80-1,13), si bien tan sólo
1 ensayo clínico tenía este objetivo de estudio.
Análisis
entre IBP
En la comparación a dosis equipotentes entre
omeprazol y lansoprazol, no se identificaron diferencias a las 4 semanas de tratamiento
para la mejoría de la pirosis (RR= 0,86, IC95 por ciento: 0,68-0,90), el
dolor epigástrico (RR= 0,84, IC95 por ciento: 0,69-1,0), ni para la mejoría
global de síntomas (RR= 0,83, IC95 por ciento: 0,69-1,0).
Con todo
ello, los resultados más significativos se centran en la mayor efectividad
de los IBP frente a antih2 y antiácidos en el control de síntomas,
constituyéndose como la estrategia más coste-efectiva.
Tratamiento
en la dispepsia funcional
Ajustando el caso, podríamos
plantear que el curso clínico de la paciente, fuese supuestamente irregular,
con una adherencia terapéutica a antisecretores correcta pero con manifestaciones
clínicas persistentes, esencialmente con carácter inespecífico
como plenitud e hinchazón abdominal, además de ocasional sensación
de digestión pesada o incluso malestar epigástrico sin referir exactamente
un cuadro de regurgitación o pirosis. Es probable que en otros ámbitos,
se sugiera en este punto iniciar una estrategia del test and treat, si bien en
nuestro entorno todavía no goza de amplia popularidad. Sería una
paciente que presumiendo una benignidad bastante probable, terminaría realizándose
una evaluación endoscópica, sobre todo reforzando la ausencia de
morbilidad orgánica subyacente (Algoritmo 4). Una endoscopia negativa podría
referirse en estos términos: esófago normal sin signos de reflujo,
estómago con fundus y cuerpo gástrico, normal, ligero eritema antral,
integridad del bulbo duodenal con marco duodenal normal.
Muchos pacientes no
precisan medicación tras el diagnóstico de dispepsia funcional,
dado que la información detallada de su proceso clínico y la seguridad
ofrecida al paciente y al médico por la negatividad de la endoscopia negativa,
refuerza la actitud tranquilizadora al confirmarse la benignidad del cuadro clínico.
La
identificación de potenciales factores precipitantes de síntomas
dispépticos permanece poco claro en la literatura, de modo que la evitación
de comidas ricas en grasas y otros productos que el sujeto advierta que se acompañan
de alteraciones en la digestión, hábitos de masticación y
deglución adecuados, comidas frecuentes y en moderadas cantidades, o incluso
la evaluación de potenciales (aunque infrecuentes) alergias alimenticias,
son recursos preventivos que suelen estar presentes.
Los resultados de
las revisiones de la colaboración Cochrane señalaban la efectividad
de procinéticos (ahora de escasa relevancia ya que no se dispone de alternativa
a cisaprida) y la terapia antisecretora ácida en cuanto a la mejoría
global de síntomas. Los análisis comparativos, señalan que
el beneficio es significativo en antih2 frente a placebo (reducción de
riesgo del 30 por ciento frente a placebo), si bien el metaanálisis incluye
un predominio de ensayos pequeños con un efecto de tratamiento más
marcado sobre los ensayos de mayor tamaño con un beneficio más pequeño
sobre el placebo, lo cual podría sugerir una leve sobreestimación
del beneficio. Respecto a la utilización de IBP, la efectividad frente
a placebo también es significativa (con similar reducción de riesgo
del 30 por ciento, pero con una calidad metodológica notablemente superior),
y en cuanto a la dosis utilizada, al comparar tratamiento de IBP a dosis media
frente a dosis máxima, no hubo una diferencia estadísticamente significativa
entre ambas alternativas. En Estados Unidos mediante análisis de coste
efectividad se ha señalado la ventaja de la terapia con IBP en la dispepsia
funcional. Si se comparan antisecretores, en concreto ranitidina frente a omeprazol,
se observa una tendencia favorable en el ítem de resolución de la
clínica de dispepsia en el grupo con IBP.
La estimación de
la infección por H. Pylori y su potencial erradicación en la dispepsia
funcional, muestra resultados contradictorios y los metaanálisis disponibles
avalan conclusiones dispares. No obstante, la idoneidad de dicha práctica
en términos de beneficio clínico a largo plazo, parece empezar a
mostrar ciertos resultados favorables, lo que puede contribuir a ser una alternativa
más en el seno de la dispepsia funcional.
Los estudios con procinéticos
mostraban resultados favorables respecto a placebo, si bien el grupo de intervención
era con cisaprida. Otros medicamentos de similares acciones metoclopramida, domperidona,
simeticona....) han reflejado algunas ventajas para síntomas puntuales
pero no son concluyentes en cuanto a convertirse en una opción definida
para la dispepsia funcional. Algunos fármacos que potencialmente pueden
favorecer una relajación del fundus gástrico (tegaserod, buspirona,
clonidina, algunos inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina,
donantes de óxido nítrico
) podrían hipotéticamente
centrarse en el núcleo de acción de la dispepsia tipo dismotilidad
pero no se dispone de ensayos clínicos pertinentes. Los resultados con
antidepresivos, especialmente antidepresivos tricíclicos como amitriptilina
a dosis bajas, son insuficientes, aunque el pequeño beneficio estimado
los escasos trabajos disponibles, parecen centrarse más en la mejoría
de la tolerancia a las sensaciones viscerales negativas que a un verdadero cambio
en la percepción de la distensión gástrica.
Si se
consideran otras alternativas farmacológicas, las sales de bismuto ofrecen
una eficacia marginal respecto a placebo en la mejoría global de síntomas,
y el sucralfato, misoprostol y antiácidos no muestran diferencias significativas
respecto a placebo.
Los resultados de las revisiones sugieren que el efecto
de los fármacos es discreto en la dispepsia funcional, apuntándose
que el tratamiento antisecretor puede ser más efectivo que otras alternativas,
siendo los resultados más consistentes para el tratamiento con IBP ya que
en general los estudios son de un mejor rigor metodológico.
Seguimiento
clínico
En términos de pronóstico
clínico, los datos sobre la dispepsia funcional son variables además
de estar sujetos a sesgos especialmente de inclusión, puesto que es frecuente
la superposición clínica con criterios de reflujo gastroesofágico.
La utilidad de los patrones clínicos de síntomas predominantes (ulceroso,
dismotilidad o inespecífico) no ha probado suficientemente su potencia
como predictores de patología orgánica significativa. La dispepsia
se acompaña clásicamente de remisiones y exacerbaciones, debiendo
diferenciar el riesgo del paciente en función de la condición clínica
subyacente (Tabla
6). No en vano, es notable la tasa de recurrencia anual hasta del 50 por ciento,
en los pacientes afectados por un cuadro crónico de carácter funcional.
negativa.
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