Avances en enfermedades digestivas
Evidencias en la prevención del cáncer colorrectal

Introducción

El CCR (cáncer colorrectal) se ha convertido en un problema de salud pública en los países desarrollados por varias razones; las tasas de incidencia se han incrementado progresivamente hasta alcanzar el segundo lugar en el varón detrás del cáncer de pulmón y detrás del cáncer de mama en la mujer, pero si se consideran ambos sexos conjuntamente el CCR ocuparía el primer lugar en incidencia y el segundo en mortalidad por cáncer (Figura 1), siendo la segunda causa de mortalidad en los países desarrollados tras las enfermedades cardiovasculares.

En España la incidencia de CCR en el año 2002 fue de 22.000 nuevos casos, lo que supone un incremento del 14 por ciento con respecto a los datos del 2000. Pese a ello España está en una situación intermedia, junto con Portugal, Grecia, Suecia o Finlandia en Europa (Tabla 1).

Entre las razones de este incremento de la incidencia se barajan, entre otras, una mayor accesibilidad a las pruebas diagnósticas (pese a lo cual no ha disminuido en igual proporción la mortalidad por CCR) y el envejecimiento progresivo de la población.

En lo referente a la mortalidad por CCR, en el mismo periodo de tiempo se ha producido un incremento del 3,25 por ciento, lo que supone el 11,5 por ciento de las defunciones por cáncer en los varones y el 15 por ciento de la mortalidad por cáncer en la mujer. Este incremento de mortalidad en España es similar al incremento de mortalidad que se produce por CCR en Europa comparativamente con EEUU, probablemente por un diagnóstico más tardío o/y una menor efectividad del tratamiento y sobre todo por una mayor tasa de letalidad (relación entre mortalidad/incidencia) y una menor supervivencia, lo que sitúa a España en una situación desfavorable en lo que a duración de la enfermedad se refiere según EUROPREVAL.

Es decir, en España el 5-6 por ciento de la población padecerá CCR (cáncer colorrectal) y un 40 por ciento de ellos fallecerá por ello.

La supervivencia viene determinada por la extensión del tumor en el momento del diagnóstico, estimándose una supervivencia global del 49,5 por ciento para el cáncer de colon y del 43 por ciento para el cáncer de recto a los 5 años. Por tanto, el pronóstico está directamente relacionado con el estadio tumoral en el momento del diagnóstico. Así la supervivencia en el estadio I de TNM es superior al 95 por ciento a los 5 años, en el Estadio II es del 70-85 por ciento, en el estadio III la supervivencia es del 50-70 por ciento y en el estadio IV es del 5 al 15 por ciento (Tablas 2 y 3).
Otro factor a tener en cuenta, por su importancia a la hora de implantar medidas de cribado, es saber que más del 90 por ciento de los cánceres colorrectales se diagnostican en personas mayores de 50 años. Según el registro de mortalidad de Navarra, la incidencia y la mortalidad de CCR en varones y mujeres se eleva exponencialmente a partir de los 50 años (Figura 2).

Otro factor crucial a conocer, a la hora de pensar en actividades de prevención secundaria, cribado o screening es que 2/3 del total de los CCR se localizan en zonas accesibles del colon para diferentes métodos diagnósticos, así el 37 por ciento de los CCR se localizan en recto, 31 por ciento en sigma, colon ascendente (9 por ciento), ciego (8 por ciento), colon descendente (5 por ciento), colon transverso (4 por ciento), ángulo hepático (2 por ciento) y esplénico (2 por ciento).

Es necesario señalar que la historia natural del CCR es conocida. Se sabe que fruto de la interacción de múltiples agentes externos con una base genética determinada, en más del 80 por ciento de los casos, el CCR deriva de un pólipo adenomatoso del colon, que sufre transformación maligna tras un periodo de 10 años (Figura 3). Sin embargo, tan solo un 5 por ciento de los pólipos adenomatosos sufren dicha transformación cancerígena a lo largo de su historia natural. Esta condición permite identificar diferentes puntos críticos en la evolución del CCR en el que se pueden intervenir con diferentes medidas preventivas desde los sistemas sanitarios de los países de-
sarrollados.

Para finalizar este apartado queda decir que podríamos por tanto clasificar a la población con CCR en función del diferente riesgo individual de desarrollar CCR, lo que nos servirá para la puesta en práctica de diferentes estrategias preventivas según el grupo atendido. En el 69 por ciento de los casos el CCR se presenta de forma esporádica, sin relación genética o familiar conocida y cuyo único factor de riesgo es tener más de 50 años, en un 1 por ciento se asocia con poliposis adenomatosa familiar, 2 por ciento con CCR hereditario no polipósico, 1 por ciento en paciente con enfermedad inflamatoria intestinal de larga evolución y en un 27 por ciento se ha consensuado denominar CCR familiar en el que se presupone que pueden existir factores hereditarios no identificados (Figura 4).

Todo ello nos permite identificar a nuestra población en función de su pertenencia no a un determinado grupo en riesgo para desarrollar cáncer colorrectal (CCR) y en función de ello planificar las medidas preventivas más adecuadas.
Desde el pasado año, disponemos en nuestro país y por primera vez de la Guía de Práctica Clínica de Prevención del Cáncer Colorrectal, fruto de la colaboración abierta y desinteresada de tres sociedades científicas, la Asociación Española de Gastroenterología (AEG), la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) y del Centro Cochrane Iberoamericano, que han pretendido con una mirada crítica, revisar todas y cada una de las diferentes recomendaciones o actividades preventivas implicadas en el abordaje del CCR, con la evidencia científica y que a continuación se desglosará mediante casos clínicos obtenidos de la consulta de un médico de familia.







 

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