Avances en enfermedades digestivas
Evidencias en la prevención del cáncer colorrectal

PREVENCIÓN DEL CCR

Existen una serie de puntos críticos en la historia natural de la enfermedad que nos permite establecer la medida preventiva más acorde para cada situación, así podremos diferenciar entre prevención primaria, secundaria o terciaria en función del objetivo a conseguir (Figura 5).

Para determinar la efectividad de una determinada medida preventiva es necesario conocer que el nivel de recomendación está directamente relacionada con el nivel de evidencia científica disponible al respecto, esto guarda relación estrecha con los estudios científicos que avalan dicha actividad (Figura 6 y Tabla 4).


PREVENCIÓN PRIMARIA

Tal y como fue definida por la Canadian Task Force en 1978 sería "Cualquier medida que permita reducir la probabilidad de aparición de una afección o enfermedad, o bien aminorar o interrumpir su progresión".

La evidencia científica disponible en la actualidad indica que las intervenciones sanitarias de prevención primaria en el CCR podrían incidir en las diferentes etapas del mismo, es decir, tanto en la fase previa a la aparición de los adenomas, considerados como lesión precursora del CCR (el 80 por ciento de los CCR proceden o se derivan de un pólipo adenomatoso, si bien tan solo el 5 por ciento de estos degenera en CCR), durante la fase de crecimiento de los adenomas, que se estima entre 5-10 años según los diferentes estudios, y en el proceso de malignización o transformación en carcinoma.

Para dar soporte a los diferentes factores implicados susceptibles de ser modificados con influencia en la génesis o desarrollo del CCR cuya modificación podría disminuir la incidencia del mismo, o lo que es lo mismo, conocer la evidencia científica disponible sobre diferentes pautas o recomendaciones que sobre prevención primaria del CCR se han dicho en la literatura actual, aportamos casos clínicos extraídos de la consulta diaria del médico de familia.

Caso clínico 1

Varón de 45 años, administrativo, fumador de 20 cigarros/día, bebedor de 35 gramos de alcohol al día y sin antecedentes personales ni familiares de interés. Consulta a su médico de familia porque su compañero de despacho de 65 años ha sido intervenido de urgencia por oclusión intestinal secundaria a un cáncer de colon desconocido hasta la fecha, solicitando información al respecto. ¿Cuál ha de ser nuestra actitud?

Nos encontramos ante un paciente visto por primera vez en la consulta con factores o hábitos de riesgo para el desarrollo de enfermedad cardiovascular, con datos exploratorios. Por lo tanto y tras realizar el PAPPS (Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud) que se lleva a cabo en la mayoría de los centros de salud del país, intentamos dar respuesta a las siguientes cuestiones planteadas por el paciente:


¿Existe alguna dieta, alimento
o nutriente que evite la aparición de CCR?

Pese a la constatación de diferencias geográficas importantes en cuanto a incidencia de CCR, sobre todo con mayor incidencia en países desarrollados y el hecho evidente de la adquisición de un riesgo similar a la población de destino en población inmigrante procedente de una zona geográfica con menor incidencia de CCR, la evidencia científica disponible no ha podido determinar que alimentos o nutrientes son los agentes directos responsables de este hecho.


Grasas

Determinadas dietas ricas en grasas parecen producir un estado de hiperinsulinismo que se ha correlacionado con un aumento del riesgo para CCR y el hecho de que dietas ricas en grasas aumentarían la excreción de determinados ácidos biliares que por su acción sobre las bacterias intestinales produciría diferentes carcinógenos, la mayoría de los estudios observacionales no demuestran una relación directa entre el contenido de grasa total de la dieta y el desarrollo de CCR.


Carne

De igual forma se sabe que no existe una relación entre la cantidad total de carne y el desarrollo de CCR, las revisiones sistemáticas disponibles si encuentran una asociación entre el consumo de carne roja (vaca, ternera, cerdo, cordero,…) con un Riesgo Relativo de 1,35 (IC de 1,21-1,51 para un 95 por ciento de confianza) y con un Riesgo Relativo de 1,31 (IC del 95 por ciento de 1,13-1,51) para el consumo de carne procesada (embutidos, bacón, salchichas, etc..), con relación lineal dosis-respuesta. Por ello se estima que incrementos en el consumo diario de carne roja de 100 gramos elevaría entre un 12 y un 17 por ciento el riesgo de CCR, mientras que el aumento diario de 25 gramos en el consumo de carne procesada elevaría el riesgo de desarrollar CCR en un 49 por ciento.

Se piensa que el mecanismo responsable es la interacción entre la susceptibilidad genética de determinados individuos y las aminas heterocíclicas que se liberan durante el proceso de pirolisis, cuando la carne se pone en contacto con el calor o fuego de forma directa (nivel de evidencia 2a).


Fibra, vegetales y frutas

Si bien, las revisiones de los estudios de casos y controles muestran una relación inversa entre en el consumo de fibras, vegetales y frutas y el riesgo de CCR, no se ha confirmado en estudios prospectivos. Recientemente, un estudio multicéntrico (EPIC, European prospective Investigation into Cancer and Nutrition) ha mostrado un efecto protector de la fibra (RR 0,75; IC 95 por ciento, 0,59-0,95), llegando a reducir en un 40 por ciento el riesgo para desarrollar CCR.

La inconsistencia de los estudios disponibles puede ser debido a la existencia de variables de confusión, de difícil control en el diseño de estudios (ejercicio físico, sobrepeso, consumo de carne, antioxidantes, etc.). Pese a ello, su efecto beneficioso a otros niveles de la salud (cardiovasculares,…) y la evidencia científica disponible no es por el momento una razón para evitar esta recomendación.

Sin embargo, si existen suficientes estudios y ensayos clínicos aleatorizados que miden el efecto de la dieta rica en fibra sobre la recurrencia de pólipos adenomatosos tras polipectomía si han confirmado el efecto beneficioso a este nivel (como ha quedado demostrado en un estudio dentro del ensayo clínico Prostate Lung Colorrectal and Ovarian Cancer Screening Trial en el que se muestra que una dieta rica en fibra reduce un 27 por ciento el riesgo de desarrollar adenomas avanzados en el colon, no así en el recto).


Leche y derivados

La revisión sistemática de los estudios de casos y controles no ha demostrado efecto protector en la prevención del CCR. Sin embargo, dos recientes revisiones de estudios de cohortes han encontrado un OR de 0,85 para la leche y de 0,62 para la ingesta diaria de productos lácteos, especialmente para dietas con un consumo diario de 175 g de lácteos (Tabla 5).


Micronutrientes

o Folatos: Estudios observacionales en población general, adenomas e historia familiar de CCR, muestran que los suplementos de folato disminuyen el riesgo del CCR, mediante el papel de los folatos en la síntesis, reparación y mutilación del ADN.

o Calcio: El calcio fija los ácidos biliares y ácidos grasos que influyen en la proliferación de células epiteliales en el colon y directamente disminuye la proliferación de células epiteliales. Pese a ello los resultados de revisiones sistemáticas de estudios observacionales, casos control y cohortes son inconsistentes, sin embargo un estudio de cohortes demuestra una reducción del Riesgo Relativo de 0,65 (con IC del 95 por ciento, 0,43-0,98) de desarrollar CCR distal, si bien no se ha visto asociación con la cantidad de calcio ingerido. Revisiones sistemáticas de estudios de cohortes han confirmado este hecho para el CCR independiente de la localización con una reducción del Riesgo Relativo del 0,78. Los datos indirectos de un ensayo clínico aleatorizado de tres existentes demuestra que los suplementos de calcio (1.200 mg diarios) produce una disminución estimada del 19 por ciento en la recurrencia de adenomas postpolipectomía (nivel de evidencia 1b)

o Vitamina D: Los estudios existentes presentan resultados contradictorios entre sí que permitan recomendar su utilización con finalidad preventiva. Si bien un estudio de caos y controles dentro del Nurse´s Health Study sugiere que altos niveles de Vitamina D se asocian con un menor riesgo de desarrolar CCR distal y de recto en mujeres mayores de 60 años (Tabla 6).

¿Existen antioxidantes que
disminuyan el riesgo de CCR?

Los resultados de 3 ensayos clínicos aleatorizados (Women´s Health Study, Physician´s Health Study y Alpha Tocopherol Beta Caroteno Cancer Prevention Study) no muestran asociación entre su consumo y la incidencia del CCR, incrementando incluso el riesgo de cáncer de pulmón en fumadores.

Datos del estudio Antioxidant Polyp Prevention Study muestran asociación entre el consumo de betacarotenos y la reducción de las recurrencias de los pacientes con adenomas múltiples (RR 0,56 con IC del 95 por ciento de 0,22-0,75) en pacientes no fumadores ni bebedores, dado que de lo contrario puede incrementar el riesgo de cáncer entre los fumadores o bebedores habituales.

o Vitamina E: Datos de resultados inconsistentes y dispares, llevaron al US Preventive Services Task Force, basándose en los resultados del Alpha Tocopherol Beta Caroteno Cancer Prevention Study a concluir que los suplementos de Vitamina E no reducen de forma significativa el desarrollo de CCR (RR 0,94; IC del 95 por ciento: 0,57-1,57), incrementando incluso el riesgo para los pólipos adenomatosos (RR 1,6; IC del 95 por ciento, 1,19-2,32) (nivel 1b de evidencia).

Recientemente en el 2004 se publicó los resultados de un estudio de casos-control en el que se concluía que suplementos de Vitamina E en la dieta tendrían un efecto protector sobre el desarrollo de CCR rectal especialmente en mujeres mayores de 60 años.

o Selenio: Datos del Nutricional Prevention Cancer Trial, diseñado para ver la eficacia de selenio (200 ugr/día) para la prevención de recurrencias del cáncer de piel no melanoma demostró una disminución no significativa de la incidencia de CCR (RR 0,46; IC del 95 por ciento 0,21-1,02). Niveles elevados de selenio se asocian a una reducción de 34 por ciento de la recurrencias de los adenomas colorrectales (OR 0,66; IC del 95 por ciento 0,50-0,87).

o Vitaminas A, B y C: Estudios de cohortes demuestran que la vitamina A así como la B podrían reducir el riesgo de CCR a diferencia de la vitamina C que no ha demostrado dicho efecto protector (Tabla 7).

¿Existe algún hábito o estilo de vida que se asocie con un mayor riesgo de desarrollar CCR? o bien ¿existe algún estilo de vida que prevenga dicha aparición?

o Ejercicio Físico: Múltiples estudios observacionales demuestran que la realización de ejercicio físico de forma regular reduce el riesgo de desarrollar CCR hasta en un 40 por ciento según estudios y además este hecho es independiente del IMC (índice de masa corporal). Esta reducción del riesgo ese asocia con la intensidad, frecuencia y duración del ejercicio (nivel de evidencia 2a). Además este hecho se corrobora con estudios epidemiológicos que demuestran que la reducción de peso influye positivamente en la prevención del CCR.

Estudios más recientes demuestran que es la obesidad central la que incrementa el riesgo de CCR con independencia del índice de masa corporal. La vía por la que la práctica de ejercicio físico de forma regular influye positivamente es desconocida aunque se barajan entre otras, el aumento de la motilidad intestinal con el ejercicio, el control del sobrepeso-obesidad, la reducción de los niveles de insulina con el ejercicio, etc.

Datos de cohortes del WHS (Women´s Health Study y del Healt Proffesionals Follow Up Study sugieren que este efecto beneficioso del ejercicio solo se evidencia para el cáncer de colon pero no para el de recto. Igualmente el ejercicio físico se asocia a un menor índice cintura/cadera y a su vez esto se relaciona con una disminución de incidencia de adenomas colorrectales.

o Tabaco: Si bien los estudios anteriores a los años 70 no encontraron tal asociación, el seguimiento a largo plazo de los mismos parece encontrar un mayor riesgo de desarrollo de CCR que guarda relación directa con el tiempo de exposición, cantidad de cigarrillos consumidos y la susceptibilidad del sujeto (nivel de evidencia 2a). En el pasado año se atribuyó al tabaco un mayor riesgo de progresión a CCR en individuos portadores de mutaciones asociadas al CCHNP ( síndrome de Lynch).

o Alcohol: Si bien los resultados de los estudios existentes son poco consistentes, desde el metaánalisis de Bagnardi (2001) se conoce la existencia de una relación lineal dosis/respuesta entre el consumo de alcohol y el incremento del riesgo relativo para el desarrollo de un CCR.

También se sabe que para la ingesta de 25 g/día el RR es de 1,08 para un IC del 95 por ciento (1,06-1,10) y para ingesta de 100 g/día el RR es de 1,38 por ciento (IC del 95 por ciento, 1,29-1,49). Un análisis posterior de 8 estudios de cohortes que intenta salvar los posibles factores de confusión de estudios precedentes concluye que la ingesta de alcohol superiores a 45 g/día aumentan el riesgo relativo de desarrolla CCR en 1,41 IC del 95 por ciento 1,16-1,72). Se piensa que el mecanismo sería, entre otros, la formación de acetaldehído (producto resultante de la oxidación del alcohol) podría alterar la degradación de los folatos. Además el alcohol produce alteración en la mutilación del ADN, activa procarcinógenos hepáticos mediante la activación del citocromo p450, altera la composición de los ácidos biliares y a grandes dosis produce inmunosupresión y altera los mecanismos de reparación del ADN celular (Tabla 8).

¿Existe algún fármaco que permita reducir el riesgo de cáncer colorrectal (CCR)?

o Antiinflamatorios no esteroideos (AINE): Hay un elevado número de estudios observacionales, de casos control y cohortes que parecen demostrar una reducción a la mitad del riesgo de desarrollar CCR a partir del 6º mes de consumo y cuyo efecto desaparece al año de cesar su consumo e igualmente existen estudios que avalan que el consumo durante 6 meses o más de 300 mgr de acido acetilsalicílico reduce en un 40 por ciento el riesgo de desarrollar CCR, el único ensayo clínico aleatorizado diseñado para evaluar la eficacia de dosis pequeñas de AAS (325 mg/día) no ha demostrado una reducción de la incidencia del CCR a los 5 años de segimiento del estudio. Además la relación beneficio-riesgo de los AINE/AAS no es favorable por lo que no se recomienda como medida preventiva de CCR.

El potencial efecto protector de los AINE/AAS en la prevención de recurrencias de adenomas colorrectales se ha estudiado en diferentes ensayos clínicos, así dosis de 81 mg de AAS/día disminuye la recurrencia de los adenomas colorrectales RR 0,81 y de los adenomas avanzados RR 0,59 a los 3 años de la polipectomía, que no se observaron 325 mg/día de AAS.

Pese a que se ha publicado el efecto beneficioso del sulindac y del celecoxib en la reducción en número y tamaño de los adenomas en pacientes afectos de PAF (poliposis adenomatosa familiar), el único ensayo clínico aleatorizado que estudia este hecho no demuestra que el sulindac a 4 años de seguimiento prevenga la aparición de adenomas.

o Tratamiento hormonal posmenopáusico: Los dos ECA que miden el efecto en la incidencia del CCR son el WHI (Women´s Health Initiative) que muestra un efecto protector RR 0,63 (IC 95 por ciento, 0,43-0,92) que no alcanza significación estadística tras los ajustes además del incremento del riesgo de enfermedad coronaria, accidentes cerebro vasculares, embolia pulmonar y cáncer de mama que contraindican su utilización y el HERS II (Herat an Estrogen/Progestin Replacement Study follo-up) que realizado en mujeres con enfermedad coronaria tampoco obtuvo un descenso significativo de de la incidencia de cáncer a los 6-8 años de seguimiento (RR 0,81;IC95 por ciento, 0,46-1,45), por lo que en conjunto el tratamiento hormonal posmenopáusico no se recomienda en la prevención del CCR, grado de recomendación B (Tabla 9).

PREVENCIÓN SECUNDARIA. CRIBADO

Por prevención secundaria, cribado o screening se entiende al "conjunto de medidas que tienen como finalidad la detección temprana de la enfermedad antes de que esta se manifieste de forma clínica, con el fin de instaurar un tratamiento de forma precoz que permita evitar su progresión y por lo tanto mejorar su pronóstico". Para que una enfermedad sea susceptible de cribado, y más concretamente para poder aplicar estrategias de prevención secundaria es necesario que se cumplan una serie de requisitos ya descritos por Wilson-Junger y que tienen que ver tanto con características de la enfermedad como con las características del test diagnóstico elegido para el cribado:


Causas
de la enfermedad

o Ser un problema de Salud Pública importante. Como ya se ha comentado el CCR ocupa el segundo lugar en incidencia y mortalidad por cáncer después del cáncer de pulmón en varones y el de mama en las mujeres, aunque ocupa el primer lugar en incidencia de tumores si se consideran ambos sexos conjuntamente. En España se estima que el 6 por ciento de la población padecerá CCR en algún momento y de ellos el 40 por ciento fallecerá por esta causa.

o Tener una fase preclínica detectable. El 80 por ciento de los CCR tienen su origen en pólipos adenomatosos, generalmente asintomáticos, del colon. Sin embargo solo el 5 por ciento de los pólipos sufren la transformación en CCR, proceso que suele durar entre 5-10 años.

o Mejorar su pronóstico si se instaura en tratamiento precoz. Múltiples estudios muestran que el pronóstico del CCR está en función del estadio tumoral en el momento del diagnóstico, y así en el estadio I la supervivencia a los 5 años es superior al 95 por ciento, en el estadio II la supervivencia es del 70-80 por ciento, En estadio III es del 50-70 por ciento y en el estadio IV es del 5-15 por ciento.


Test diagnóstico

Esta prueba debe cumplir las siguientes características:

o Ser aceptable, válido y seguro.
o Tener una eficacia demostrada.

Parece por tanto claro que el CCR se trata de una enfermedad susceptible de cribado o medidas de prevención secundaria. Es necesario identificar los grupos de riesgo para esta patología que se beneficiarían de esta medida de cribado, mediante una correcta anamnesis sobre antecedentes familiares o personales de riesgo para el desarrollo de CCR.

Es necesario identificar en una primera valoración si existen síntomas o signos sugerentes de CCR, porque en ese caso no estaríamos hablando de prevención secundaria o cribado sino de diagnóstico rápido de CCR.

El diagnóstico rápido del CCR es útil para realizar un tratamiento precoz que mejore el pronóstico de la enfermedad, si bien estudios de cohortes no han logrado demostrar que dicho retraso diagnóstico influya en el resultado final, sin embargo, los estudios demuestran que la supervivencia a los 5 años guarda relación directa con el estadio del tumor en el momento del diagnóstico, aunque la supervivencia global por CCR no supera el 50 por ciento.

Aunque son varios los síntomas o signos que se han relacionado con la presencia de CCR, es la rectorragia el síntoma más frecuentemente asociado, sobre todo si esta se presenta por encima de los 50 años. Los síntomas y signos podemos agruparlos en función de su valor predictivo, (probabilidad de que estando presente un determinado síntoma o signo éste sea debido al CCR) (Tabla 10).

El objetivo de diagnosticar precozmente el CCR es evitar en lo posible la elevada demora diagnóstica imputable a diferentes situaciones como son el propio paciente que retrasa en consultar con su médico de familia por no dar la importancia que requiere a la presencia de síntomas, pero fundamentalmente demoras atribuibles al propio sistema sanitario, por retraso en el acceso a pruebas diagnósticas desde Atención Primaria, lo que obliga al paciente a un largo periplo de consultas ambulatorias y hospitalarias hasta recibir el tratamiento adecuado, con el consiguiente riesgo para su salud. Demoras que en algunas áreas sanitarias puede incluso superar los 180 días (6 meses) desde el inicio de los síntomas.

La presencia de algún factor de riesgo ya sea familiar o personal para el desarrollo de CCR nos orientaría hacia una porción minoritaria de casos de CCR que se consideran población de riesgo elevado y que son tributarios de programas de cribado específicos (Figura 7).

Sin embargo al menos el 69 por ciento de los CCR son de presentación esporádica y sin relación familiar o personal aparente con familiares, que es lo que denominamos población de riesgo medio, cuyo único factor de riesgo es la existencia de un CCR en personas de 50 años o más (Figura 8).


Cribado de CCR en
la población de riesgo medio

En esta población cabe preguntarse:

¿Es eficaz el cribado de CCR en los individuos de riesgo medio (>50 años sin otros factores de riesgo asociados)?
Para responder a esta pregunta inicial, nos guiaremos con el segundo caso clínico obtenido de la consulta del médico de familia.

Caso clínico 2

Varón de 51 años, profesor de instituto que aporta un análisis de su empresa, con una muestra aislada de sangre oculta en heces positiva. El paciente no tiene antecedentes personales ni familiares de interés. La exploración física, incluyendo el tacto rectal, fue normal. ¿Qué debemos hacer?

Pese a que no existe evidencia de que el cribado disminuya la incidencia y la mortalidad por el CCR, es necesario conocer la existencia de diferentes pruebas que con sus particularidades y con sus potenciales complicaciones son útiles en el diagnóstico precoz.

Además, aunque no existe una estrategia de cribado ideal o de elección, las recomendaciones nacionales e internacionales al respecto coinciden en que es mejor cualquiera de las estrategias disponibles de cribado a no hacer nada.

Así mismo se sabe que la mejor estrategia para incrementar la respuesta al cribado son las modificaciones de la propia organización sanitaria, respetando además las preferencias de los pacientes sobre las técnicas y opciones disponibles.

¿Cuál es el método de cribado más eficaz?

Detección de Sangre Oculta en Heces
Consiste en la toma de 2 muestras fecales de 3 deposiciones consecutivas, con dieta restrictiva los 3 días previos y durante la realización de la prueba, utilizando el método de detección basado en la oxidación del guayaco. Si bien no existen efectos adversos en dicha prueba, la existencia de falsos positivos conllevará la realización de una prueba más agresiva como la colonoscopia, no exenta de riesgos. Cinco estudios de casos-control y cuatro ensayos clínicos aleatorizados han demostrado una reducción de la mortalidad con la aplicación de esta técnica. El metaanálisis más actualizado que analiza los ECA estima una reducción de la mortalidad del 16 por ciento (RR 0,84; IC del 95 por ciento 0,78-0,91). El clásico ECA de Minnesota (con rehidratación de las heces) publicado en 1993 muestra la mayor reducción de mortalidad, del 33 por ciento (RR 0,67 IC del 95 por ciento 0,50-0,87), de los estudios realizados, y dicha reducción se mantiene a los 18 años de seguimiento. Siendo además el único ensayo clínico aleatorizado que ha publicado reducción de la incidencia de CCR (17-20 por ciento). La sensibilidad y especificidad de la SOH es del 30-40 por ciento y del 96-98 por ciento en muestras no rehidratadas. Cuando las muestras son rehidratadas la sensibilidad puede aumentarse hasta el 60 por ciento pero a expensas de bajar la especificidad al 90 por ciento lo que incrementa el número de falsos positivos y por lo tanto el porcentaje de pacientes que tendrían que someterse a lo largo de 10 años a una colonoscopia (38 por ciento) frente al 5-10 por ciento que tendrían que realizarse esta prueba cuando las muestras de heces no se rehidratan.

Otra forma de incrementar la sensibilidad de la prueba consiste en disminuir el intervalo de tiempo entre las pruebas realizadas, como ha quedado demostrado comparando los ECA realizados en Europa (cada 2 años) con el propio ECA de Minnesota en el que existe un subgrupo de intervalo anual y otro bienal en el que si bien en un principio no existe diferencias entre ambos, si existe una disminución de la mortalidad tras 18 años de seguimiento. Los diversos estudios han demostrado que la baja participación de la población con esta técnica de cribado (por desagradable o difícil de llevar a cabo) disminuye la eficacia de la misma, si bien la mortalidad se reduce significativamente en el grupo de población que participa en la misma. Aunque la detección de SOH se puede realizar con una sola muestra fecal obtenida tras la realización de un tacto rectal en consulta médica, no existe ningún ECA que demuestre la efectividad de dicha prueba.

Recientemente, un estudio publicado en Gastroenterología y Hepatología 2005;28 (3) 13-210 por Abad, Gimeno-García, Quintero y colaboradores, recomiendan la utilización de los test inmunológicos para la detección de sangre oculta en heces con alta sensibilidad para el diagnóstico de CCR y adenomas así como un elevado valor predictivo positivo y negativo superior al 96 por ciento con un ratio muy favorable, 910 euros por cada AVAC ganado, recomendando la sustitución de los tradicionales sistemas de cribado por los inmunológicos, lo que probablemente supondría una mayor participación de la población en las campañas de cribado (Figura 9 y Tabla 11).

Sigmoidoscopia
Consiste en la exploración con un endoscopio flexible, previo lavado del colon con un laxante o enema de la mucosa rectal, sigmoidea o hasta 60 cm del margen anal, incluyendo parte del colon descendente, con una duración aproximada de unos 15 minutos, sin necesidad de sedación y con una buena aceptación por parte de los pacientes. Un resultado positivo obligaría a la realización de una colonoscopia completa.

La sigmoidoscopia reduce la mortalidad por CCR según resultados de estudios de casos-controles, no siendo significativa según un ECA de escaso número de participantes (RR 0,50; IC del 95 por ciento:0,10-2,72). Actualmente se están llevando a cabo tres ECA, uno en EEUU para medir el efecto de una sigmoidoscopia cada 5 años en aquellos pacientes a los que se les ha realizado previamente una determinación de sangre oculta en heces y dos europeos (Italian Multicenter randomized controlled trial of "once-only" sigmoidoscopy y el UK Flexible Sigmoidoscopy Screening Trial) para evaluar la efectividad de una única sigmoidoscopia alrededor de los 60 años, del que existen datos preliminares positivos en cuanto a la aceptación por parte de la población y con una tasa de detección de cáncer del 0,3 por ciento y de adenomas del 12 por ciento en primera fase de cribado, superior a los valores obtenidos con la sangre oculta en heces (SOH) donde las cifras de detección de cáncer y adenomas son del 0,2 por ciento y del 0,8 por ciento respectivamente.

Este efecto protector dura entre 9 y 10 años, de ahí que el intervalo admitido como estrategia de cribado es de 5 años entre sigmoidoscopias consecutivas, inferior al intervalo marcado para las colonoscopias que es de 10 años por la propia característica de la prueba y el hecho en sí de no explorar todo el colon. Aunque la prueba es bien aceptada por la población, no es una prueba exenta de riesgos, hasta en un 5 por ciento de los pacientes será necesario hacer una colonoscopia completa, especialmente si el pólipo detectado es mayor de 1 cm por la mayor incidencia de lesiones sincrónicas proximales al trayecto de colon explorado con el sigmoidoscopio; produciéndose 0,3 casos de hemorragia asociada a la sigmoidoscopia, 0,025 perforaciones y 0,15 muertes por cada 1000 exploraciones.

Todavía persiste la controversia sobre si los pólipos <10 mm especialmente si son tubulares y/o con displasia de bajo grado deben ser extirpados.

Además recientemente se ha comprobado que el riesgo de presentar una neoplasia proximal al segmento explorado es de 2,68 (IC de, 95 por ciento 1,93-3,73).

para cualquier adenoma distal y de 2,36 (IC del 95 por ciento, 1,30- 4,29) para adenomas <10mm.

Igualmente se ha analizado la realización de la sigmoidoscopia por parte del personal de enfermería siendo la rentabilidad diagnóstica estadísticamente significativa comparando con las endoscopias realizadas por unidades específicas de gastroenterológos (Tabla 12).

Determinación de sangre oculta
en heces y sigmoidoscopia

Esta combinación consiste en realizar la determinación de sangre oculta en heces (SOH) anual con una sigmoidoscopia cada 5 años y en caso de resultar alguna de ellas positiva realizar una colonoscopia. Si coinciden en un año ambas, es preferible realizar en primer lugar la determinación de sangre oculta en heces porque de ser esta positiva hay que realizar directamente una colonoscopia. No existe evidencia de que la combinación de ambas estrategias sea más eficaz que cada una de ellas por separado, dado que no existen ensayos clínicos aleatorizados y los datos no son estadísticamente significativos, siendo el grado de participación en esta estrategia muy baja, entre el 15 y el 20 por ciento.

Enema opaco
Consiste en la administración de aire a presión y bario previo lavado del colon y tras una duración entre 20 y 40 minutos. No se disponen de ensayos clínicos aleatorizados sobre la eficacia de esta técnica en el cribado del CCR, si bien se produce una disminución no significativa de la mortalidad (RR 0,67; IC del 95 por ciento, 0,31-1,48). La utilidad parece estar en ayudar a completar la exploración del colon cuando la colonoscopia es incompleta.

Colonoscopia
Para considerarse completa debe visualizarse el ciego lo que se logra entre el 80 y el 95 por ciento de las ocasiones. Para conseguirlo es necesario, una limpieza previa del colon mediante una dieta baja en residuos. La prueba se debe hacer con sedación y tiene una duración de entre 20-40 minutos. Es considerada por muchos autores como el patrón oro en el diagnóstico del CCR, pese a que no existen ECA sobre la eficacia de la colonoscopia como cribado, si por el contrario existe un estudio de casos control que muestra una reducción de la mortalidad con la colonoscopia del 57 por ciento (OR o,43; IC del 95 por ciento 0,30-0,63) y mediante modelos matemáticos estimar que dicho cribado con colonoscopia cada 10 años podría disminuir la incidencia del CCR en un 58 por ciento y la mortalidad en un 61 por ciento. Si existe una colonoscopia normal previa hace 5 años la incidencia de CCR es inferior al 1 por ciento. Otro dato a favor del cribado mediante colonoscopia frente a la sigmoidoscopia lo aportan 2 estudios prospectivos publicados en el NEJM en el año 2000 que demuestran como casi el 50 por ciento de los pacientes con adenomas avanzados en localización proximal del colon carecían de lesión colónica distal por lo que no podrían haber sido diagnosticados (Figura 10).

La colonoscopia tiene una sensibilidad del 94 por ciento para adenomas >10 mm, del 87 por ciento para adenomas del 6-9 por ciento y del 73 por ciento para adenomas <5 mm. Además se estima que entre un 10 y un 30 por ciento de los adenomas son planos y difíciles de visualizar con la técnica habitual que puede subsanarse mediante la cromoendoscopia con índigo carmín que permite detectar fácilmente estas lesiones. No se trata de una prueba exenta de riesgos, la perforación intestinal o hemorragia asociada a la colonoscopia es de 1-3 casos por 1000 exploraciones y con una mortalidad asociada de 0,3 casos por 1000 exploraciones.

Colonoscopia virtual
Consiste en la obtención de imágenes tomográficas tras la insuflación del colon con aire y su posterior reconstrucción por ordenador en 2 ó 3 dimensiones. No se requiere sedación aunque si la misma preparación que el resto de colonoscopias.

Si el resultado es positivo es preceptivo realizar una colonoscopia convencional. No se dispone de ECA pero sí un ensayo clínico no aleatorizado reciente demuestra que la colonoscopia virtual es igual de eficaz que la colonoscopia convencional en individuos de riesgo medio. Tiene una sensibilidad del 85 al 90 por ciento y una especificidad del 70 al 80 por ciento para lesiones mayores de 1 cm.

¿Debería hacerse cribado
en población de riesgo medio
en España?

Hacer cribado del CCR es coste efectivo con relación a no hacer nada como se ha comprobado en una revisión sistemática.

Evidentemente debe tenerse en cuenta las preferencias de los ciudadanos asintomático que han de decidir con la información adecuada y necesaria cual es la prueba de cribado más adecuada y el intervalo más recomendable según lo expuesto en la Tabla 13.

¿Debería llevarse a cabo en España un programa de cribado poblacional en personas mayores de 50 años?

Para finalizar este apartado, decir que el pasado diciembre del 2003, la Comisión de las Comunidades Europeas reunida en junta directiva decidió aprobar la entrada en vigor de programas de cribado de cáncer, instando a los países miembros a tener diseñada una estrategia en este sentido para enero del 2007.

Actualmente en España y en contra de las recomendaciones ya existentes sobre cribado poblacional, con periodicidad bienal, para personas entre 50 y 74 años, por instituciones como la Canadian Task force on preventive health care o el National Healt Service británico, no existe ninguna estrategia estatal sobre el cribado poblacional del cáncer colorrectal, encontrándose actualmente en diferentes comunidades autónomas en fase de proyecto clínico (Figura 11).


Cribado de CCR
en población de riesgo elevado

El denominado grupo de riesgo elevado, representa aproximadamente el 30 por ciento del total de cáncer colorrectal, compuesto por personas que bien en su historia personal o familiar presentan datos de mayor probabilidad de desarrollo del CCR, precisando programas de cribado más específicos y exhaustivos (Figura 7).

Cribado de la Poliposis Adenomatosa Familiar (PAF)
La PAF es una enfermedad autosómica dominante debida a mutaciones germinales en el gen APC (adenomatous polyposis coli). La incidencia es de 1 por cada 10.000-20.000 habitantes, que afecta a ambos sexos por igual y representa menos del 1 por ciento del total de los pacientes con CCR; se caracteriza por la presencia de más de 100 pólipos adenomatosos (Figura 12) lo largo de todo el colon con elevado riesgo de transformación neoplásica. Sin embargo, en el 20-30 por ciento de familias con PAF no es posible identificar la mutación causal.

Los pólipos suelen iniciarse en la pubertad, permanecen asintomáticos hasta los 30-35 años. Hay una PAF atenuada, consistente en un menor número de pólipos (20 a 100) de localización preferente en el colon ascendente y de presentación más tardía del CCR (10 años más tarde que la PAF clásica). Se produce por mutación en los extremos 5´y 3´del gen APC. Esta variedad debe sospecharse ante la presencia de un paciente con 20 ó más adenomas colorrectales.

En el 30-40 por ciento de las PAF no existen antecedentes familiares de PAF y son probablemente debidas a mutaciones "de novo".

Otras variantes de la PAF son: el síndrome de Gardner caracterizado por manifestaciones extracolónicas (adenomas y pólipos hiperplásicos gastroduodenales, osteomas, tumores de partes blandas, hipertrofia congénita del epitelio de la retina), y el síndrome de Turcot que cursa con tumores del sistema nervioso central como gliomas malignos o meduloblastomas.

La PAF tiene un elevado riesgo de malignización, desarrollando sin tratamiento CCR antes de los 50 años, así como otras neoplasias extracolónicas (hasta en el 40 por ciento de los pacientes).

El conocimiento del gen APC permite establecer un diagnóstico molecular presintomático de los familiares en riesgo, realizando seguimiento endoscópico exclusivamente en los familiares que son portadores de la mutación.

El cribado comienza con el análisis genético del paciente afectado para conocer la mutación responsable. Posteriormente se realiza el análisis genético a los familiares restantes, después a los familiares en riesgo que son portadores de las mutaciones o aquellas familias con PAF en las que no ha sido posible identificar la mutación responsable.

Se utilizará la sigmoidoscopia, por el tipo de afectación difusa del colon de esta enfermedad que permite su utilidad explorando los 60 cm últimos del colon, comenzando en la pubertad (13-15 años) con periodicidad anual hasta los 30-35 años y posteriormente cada 5 años hasta los 50-60 años. Si se detectan pólipos se remitirá a cirugía (Figura 13).
Aquellos miembros en los que el test genético haya resultado negativo se podrán excluir de las campañas de cribado de riesgo elevado.

Pese a que el coste del análisis genético es superior al de la endoscopia, el coste total disminuye debido a que se evitan así pruebas complementarias en aquellos miembros de la familia con test genético negativo. Además los costes se reducen aún más cuando el primer miembro de la familia analizado es un caso afecto, cuanto mayor es el tamaño familiar y si el análisis genético se realiza antes de los 37 años.

Para el cribado de las manifestaciones extracolónicas (hasta en el 40 por ciento de los pacientes con la PAF clásica):

o Adenocarcinoma duodenal o ampular: es recomendable realizar una gastroscopia cada 3 años a partir de los 30, con un aparato de visión lateral, que en caso de detectar adenomas periampulares en estadíos III y IV de Spigelman dicho intervalo se ha de acortar. El carcinoma periampular es la primera causa de muerte en los pacientes con PAF postcolectomia.
o Tumores desmoides: aunque de crecimiento lento, son lesiones agresivas locales pero sin capacidad para metastatizar afectando sobre todo a pared abdominal y mesenterio. Aunque poco frecuente (solo en el 10 por ciento de las PAF) constituye la segunda causa de muerte.
o Carcinoma papilar de tiroides (2 por ciento): Se sugiere eco tiroidea anual/bienal.
o Carcinoma pancreático (2 por ciento).
o Hepatoblastoma (2 por ciento): buen pronóstico si se realiza cirugía precoz, por lo que algunos recomiendan la determinación de la alfafetoproteina y eco abdominal desde el nacimiento hasta los 5 años de edad, en los hijos de los pacientes con PAF.
o Meduloblastomas del ángulo pontocerebeloso (<1 por ciento).
El Tratamiento de la PAF consiste en la cirugía profiláctica antes de los 25 años mediante las técnicas:
1. Proctocolectomía con reservorio ileal y anastomosis ileoanal: es la técnica de elección si el número de pólipos es elevado o en formas severas de PAF.
2. Colectomía con anastomosis ileorrectal: en la que no desaparece el riesgo de cáncer de recto. Indicada en formas leves, jóvenes o con escasos pólipos y en formas de PAF atenuadas.
3. Duodenopancreatectomía cefálica profiláctica: en pacientes con adenomas ampulares avanzados (Spigelman IV).
4. Ampulectomía endoscópica o quirúrgica.

Dada la posibilidad (12-39 por ciento) de aparición de nuevos adenomas en pacientes sometidos a cirugía, es necesario un seguimiento endoscópico postcolectomía de 6 a 12 meses en los pacientes sometidos a colectomía con anastomosis ileorrectal y de 3 a 5 años cuando no existe recto, es decir, cuando se practica una proctocolectomía con reservorio ileal.
Sobre el papel de los antiinflamatorios en la quimioprevención de los adenomas podemos afirmar con la evidencia que facilitan los escasos estudios al respecto es que:

o La administración de AINE (sulindaco, celecoxib) solo está indicada en la PAF como terapia adyuvante.
o La desaparición de los pólipos tras el tratamiento con AINE no excluye la vigilancia endoscópica.
o No existe evidencia suficiente para recomendar el uso de AINE en pacientes con PAF y adenomas duodenales.
o No está indicado la administración de AINE en la prevención primaria de la PAF en los pacientes portadores de mutaciones en el gen APC.
o La administración de AINE no está justificada en la prevención de la recurrencia de los adenomas colorrectales en pacientes con PAF post-
cirugía.

Cribado en el CCR hereditario no asociado a poliposis (CCHNP)
El CCHNP o síndrome de Lynch tiene herencia autonómica dominante. En más del 90 por ciento de las familias la mutación se producen en los genes reparadores del ADN hMSH2 (38 por ciento) y hMLH1 (59 por ciento). Pese a ser la forma hereditaria más frecuente tan solo representa el 0,9 y el 2 por ciento del total de casos de CCR.

Se caracteriza por la aparición precoz de CCR antes de los 50 años sobre todo afectando al colon derecho y elevada tendencia a presentar neoplasias sincrónicas o metacrónicas, ya sea en el propio colon/recto o en otros órganos (endometrio, estómago, páncreas, sistema urinario, ovarios, vias biliares e intestino delgado, glioblastomas (síndrome de Turcot), queratoacantomas, adenomas sebáceos o adenocarcinomas sebaceos (síndrome de Muir-Torre).
El diagnóstico se establece por historia familiar y los criterios de Amsterdan II (que cumplen entre el 45-65 por ciento de los pacientes):

o Tres o más familiares afectos de una neoplasia asociada a CCHNP (CCR, cáncer de endometrio, intestino delgado, uréter, pelvis renal) y uno de ellos es familiar de primer grado de los otros dos.
o Dos o más generaciones, afectada.
o Uno o más de los familiares afectos de CCR diagnosticado antes de los 50 años de edad.
o Exclusión del PAF en los casos de CCR.
Existen unos criterios menos restrictivos que fueron definidos en Bethesda y que llevan su nombre, permitiendo detectar un mayor número de pacientes afectados de CCHNP:
o Paciente con CCR que pertenecen a familias que cumplen los criterios de Amsterdam.
o Pacientes con 2 neoplasias asociadas al CCHNP, incluidos CCR sincrónico o metacrónico y cáncer extracolónico.
o Paciente con CCR y un familiar de primer grado con CCR, neoplasia extracolónica asociada al CCHNP o adenoma colorrectal. Uno de los cánceres diagnosticado antes de los 50 años y el adenoma antes de los 40 años de edad.
o Pacientes con cáncer de endometrio diagnosticados antes de los 50 años.
o Paciente con CCR localizado en colon derecho y con histología indiferenciada, diagnosticado antes de los 50 años.
o Pacientes con CCR tipo células en anillo de sello (más del 50 por ciento de células en anillo de sello) diagnosticado antes de los 50 años.
o Pacientes con adenoma colorrectal diagnosticado antes de los 40 años de edad.

La evidencia demuestra que el cribado endoscópico debe ofrecerse a los individuos en riesgo de CCHNP que son los portadores de mutaciones en los genes responsables y aquellos pertenecientes a familias que cumplen los criterios clínicos en las que no se ha identificado la mutación causal (Figura 14). El cribado consiste en realizar colonoscopia cada 1-2 años a partir de los 20-25 años de edad o desde 10 años antes de la edad de diagnóstico del familiar afecto más joven (lo primero que ocurra).

En cuanto a las manifestaciones extracolónicas asociadas a CCHNP, tanto en los individuos que han desarrollado ya un CCR como en los familiares en riesgo tienen una mayor probabilidad de presentar una neoplasia extracolónica, si bien no existe una estrategia de eficacia demostrada, aunque se asume que el beneficio sería mayor en aquellas familias donde existe una mayor agregación o frecuencia de una determinada manifestación extracolónica.
Pese a ello, al ser el cáncer de endometrio la manifestación extracolónica más frecuente, se recomienda realizar una ecografía pelviana anual o bienal a partir de los 25-35 años.


Cribado del cáncer colorrectal familiar

El CCR familiar se denomina así para diferenciarlo de las formas hereditarias de CCR, representando entre un 25-30 por ciento del total de los CCR. Aunque se desconoce el mecanismo de esta agregación familiar, se piensa que se trata de un trastorno genético complejo y multifactorial.

Se sabe que el riesgo de una persona que tiene un familiar de primer grado enfermo de CCR es 2-3 veces superior al de la población general, por lo que a los 40 años tendría el riesgo equivalente a un ciudadano de 50 años (Figura 15).
Los factores que influyen en esta mayor o menor agregación familiar y que va a condicionar el tipo de cribado, la edad de inicio y la periodicidad del mismo son la edad del diagnóstico del CCR, el número de familiares afectados y el grado de parentesco (Figura 16).

Hasta el momento no existen estudios que comparen estrategias de cribado específicas en pacientes de riesgo familiar de CCR, por lo que las recomendaciones de cribado que a continuación exponemos son empíricas y recoge la síntesis de las existentes en la literatura y que están disponibles en la guía de práctica clínica elaborada conjuntamente por las tres sociedades científicas y disponibles en la www.guiasgastro.net (Figura 17).

Cuando se tiene un familiar de primer grado (padres, hermanos e hijos) el riesgo acumulado de padecer CCR se incrementa de 2 a 3 veces (si se trata de un familiar) a 3-4 veces (si se trata de 2 familiares de primer grado) respecto del riesgo en la población general que se estima del 6 por ciento.

Cuando el familiar afecto es de segundo grado (abuelos, tíos y sobrinos) el riesgo acumulado es de aproximadamente 1,5 veces el riesgo de la población general que es de un 6 por ciento, mientras que cuando se tienen dos familiares de segundo grado el riesgo acumulado se incrementa a 2-3 veces el riesgo de la población general

Cuando se tiene un familiar de tercer grado (bisabuelos y primos) el riesgo acumulado de padecer un CCR es de 1,5 veces más del riesgo de la población general (6 por ciento).


Vigilancia de los adenomas colorrectales

Por pólipo colorrectal entendemos toda tumoración circunscrita que protuye desde la pared hacia la luz intestinal. Académicamente se han diferenciado en neoplásicos (fundamentalmente los adenomas) y no neoplásicos (hiperplásicos, hamartomas, inflamatorios). Su presentación es esporádica correspondiendo en un 67 por ciento a adenomas y un 11 por ciento a pólipos hiperplásicos.

La OMS clasifica los adenomas en tubulares (menos de un 20 por ciento de componente velloso y frecuentemente pediculados), tubulovellosos y vellosos (más del 80 por ciento es componente velloso y a menudos sesiles). Según el Nacional Polyp Study, el 87 por ciento de los adenomas son tubulares, el 8 por ciento tubulovellosos y el 5 por ciento son vellosos.

El adenoma con displasia de alto grado (carcinoma in situ) se considera una neoplasia sin capacidad de diseminación. Cuando las áreas de transformación carcinomatosa superan la submucosa se considera como carcinoma invasivo y con capacidad de diseminación.

La mayoría de los CCR (80 por ciento) derivan de adenomas, si bien tan solo el 5 por ciento de los mismos progresan a cáncer colorrectal (CCR) tras un periodo medio de entre 5 y 10 años, que es el que se estima necesario para la transformación de un pólipo < 1 cm en un cáncer invasivo.

Las estrategias de cribado deben ir dirigidas a detectar precozmente los adenomas avanzados (lesiones > 10mm con componente velloso, o con displasia de alto grado)

La polipectomía endoscópica se considera el tratamiento definitivo cuando se ha efectuado una resección completa del pólipo y el análisis histológico descarta la existencia de un carcinoma invasivo.

En pacientes con un adenoma sesil de gran tamaño y con una base de implantación amplia, debe valorarse individualmente la conveniencia de efectuar una resección quirúrgica como tratamiento inicial de la lesión.

Los pacientes con un adenoma colorrectal con carcinoma invasivo a los que se les ha realizado una polipectomía endoscópica, deben ser reexaminados en un periodo de 3 meses mediante colonoscopia y toma de biopsias con el fin de confirmar la resección completa de la lesión.

Los pacientes con un adenoma sésil grande sometidos a una resección endoscópica fragmentada deben ser reexaminados en un periodo de 3-6 meses mediante colonoscopia y toma de biopsias con el fin de confirmar la resección completa de la lesión.

Pacientes con adenoma avanzado (>10 mm, con componente velloso o con diaplasia de alto grado), adenomas múltiples (>=3) o antecedentes familiares de CCR, la primera colonoscopia de vigilancia debería efectuarse a los 3 años de la exploración basal, mientras que en aquellos con 1 ó 2 adenomas tubulares pequeños (<10mm) y sin historia familiar de CCR, la colonoscopia puede demorarse hasta los 5 años (Figura 18).


Vigilancia en la enfermedad inflamatoria intestinal (EII)

La prevalencia de CCR según un metaanálisis en pacientes con colitis ulcerosa, es del 3,7 por ciento (IC del 95 por ciento 3,2-4,2). La enfermedad de Crohn con afectación colónica tiene un riesgo similar al de la colitis ulcerosa.

El riesgo de CCR en la EII aumenta con la duración de la enfermedad de base, siendo la probabilidad acumulada a los 10, 20 y 30 años de evolución de enfermedad de 2, 8 y 18 por ciento; con la extensión de la enfermedad, así si existe pancolitis el riesgo es del 5,4 por ciento y menor cuando la colitis afecta al hemicolon izquierdo, siendo mínimo e inexistente cuando el paciente tiene proctitis. También está incrementado el riesgo de CCR cuando el paciente tiene concomitantemente colangitis esclerosante primaria.

Se recomienda realizar una colonoscopia tras 8-10 años desde el inicio de los síntomas en la pancolitis y tras 15 años en la colitis izquierda.

En pacientes con pancolitis se recomienda efectuar una colonoscopia cada 3 años durante la segunda década de evolucion de la enfermedad, cada2 años durante la tercera década y anual durante la cuarta década (Figura 19).






 

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