Habilidades en patología cardiovascular:
Manejo de la insuficiencia cardiaca con función sistólica preservada

 

GESTIÓN EFICIENTE
DE LOS RECURSOS ASISTENCIALES

Como vimos en el primer apartado, la IC es responsable de hasta el 3 por ciento del gasto sanitario total de España. La mayor parte de este gasto es debido a los ingresos hospitalarios que precisan estos pacientes, debido a su propia naturaleza de enfermedad crónica con múltiples reagudizaciones, provocadas generalmente por la presencia de algún factor precipitante de desestabilización. Debido al aumento de la incidencia de la IC que se está observando en todo el mundo desarrollado, es previsible que este gasto vaya en aumento.

La mayor eficiencia que podemos alcanzar en el manejo de los pacientes con IC pasa por dos pilares:

o Prevención de las recaídas mediante el tratamiento y control de los factores precipitantes (Tabla 5).

o Utilización de tratamientos (farmacológicos y no farmacológicos) que han demostrado reducir la morbi-mortalidad.
La actuación ante los factores precipitantes es indistinguible entre la IC-FSP y la IC sistólica. En el caso de la IC-FSP hay menos evidencias en cuanto a ensayos clínicos sobre la eficacia de los tratamientos. Lo expuesto en esta revisión se considera como la mejor manera de prevenir, al menos, los ingresos hospitalarios por desestabilizaciones.

Otro aspecto a comentar con respecto a la gestión de recursos es la ecocardiografía. Su realización se ve limitada sobre todo debido a la necesidad de personal especializado que la lleve a cabo, y a la disponibilidad de los aparatos adecuados.

Sin embargo, el coste real de una ecocardiografía no es elevado (menos de 100 euros). Un tema largamente debatido, sobre el que no vamos a polemizar aquí, es la accesibilidad de los médicos de Atención Primaria a la solicitud de una ecocardiografía. Esto no es posible actualmente en nuestro pais, por lo que los pacientes deben pasar primero por el filtro del especialista en cardiología. Sin embargo, cada vez son más las voces que reclaman, mediante la realización de unos protocolos conjuntos, la posibilidad de que en determinadas circunstancias, el médico de familia pueda solicitar directamente una ecocardiografía.

Lo que desde luego está fuera de toda duda, es que los pacientes con IC deben tener realizada al menos una ecocardiografía en el momento del diagnóstico, debido a sus importantes implicaciones diagnósticas, pronósticas y terapeuticas. También existe consenso en que la prueba se realice cuando el paciente presente algún cambio destacado en su sintomatología que justifique su realización. Por el contrario, solicitar ecocardiografías rutinarias en las revisiones de pacientes con IC estable no está indicado, y constituye una mala gestión de un recurso limitado.

La infrautilización de ecocardiografías en el diagnóstico inicial de la IC (tan solo un 30 por ciento de los pacientes diagnósticados en Atención Primaria) puede llevar a la paradoja de utilizar, en pacientes con IC-FSP, fármacos que han demostrado beneficio pronóstico solo en pacientes con IC sistólica. Esto implica, además de la aparición de efectos adversos en pacientes que no se están beneficiando del tratamiento, una elevación innecesaria del gasto sanitario.


 

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