Habilidades
en patología cardiovascular:
Seguimiento del paciente post-infartado
en Atención Primaria
introducción
La
última encuesta de morbi-mortalidad de nuestro país (INE 2002) indica
que a enfermedad cardiovascular continua siendo la primera causa de mortalidad
representado el 34,1 por ciento del total de defunciones, dentro de este grupo
la cardiopatía isquémica es la que causa una mayor mortalidad. Aunque
en las últimas décadas la mortalidad por enfermedad cardiovascular
presenta una clara tendencia descendente, no ocurre así con la morbilidad
que prácticamente ha multiplicado por tres el porcentaje de altas hospitalarias
con el diagnóstico definitivo de cardiopatía isquémica en
las dos últimas décadas. Según Marrugat et al, aproximadamente
cada año 30.000 nuevos supervivientes de un IAM precisaran atención
en nuestras consultas de Atención Primaria. En estos pacientes la implementación
efectiva de medidas de prevención secundaria es un gran reto, ya que existen
claras evidencias que muestran como diversas intervenciones pueden reducir el
riesgo de nuevos eventos cardio vasculares graves. Sin embargo, y a pesar de estas
evidencias, en nuestro país, y según diversa auditorias, el empleo
de fármacos de probada utilidad en estos pacientes se encuentra muy lejos
de los estándar de resultados alcanzables. Tan solo el empleo de antiagregantes
(alrededor de un 85 por ciento) ofrece cifras aceptables. Betabloqueantes e inhibidores
de la enzima conversora de angiotensina (IECA), con un 59 y un 50 por ciento de
utilización respectivamente, se encuentran lejos de lo que consideraríamos
como ideal. El empleo de estatinas en estos pacientes experimentó un importantísimo
incremento en los últimos años, acercándose al 89 por ciento
en el estudio PRESENTE.
Algunos estudios indican que el empleo de una terapia
combinada basada en la evidencia se asocia con una mortalidad significativamente
mas baja frente a la no utilización de la misma en pacientes con síndromes
coronarios agudos, que en casos extremos puede alcanzar una razón de probabilidad
(OR) de 0,10, es decir una reducción de la mortalidad cercana al 90 por
ciento en tan solo 6 meses. Por tanto, esta diferencia entre la evidencia disponible
y la práctica clínica habitual se convierte en una fuente de mortalidad
potencialmente evitable.
El importante número de personas afectadas
por esta patología, el indudable beneficio de la continuidad de la atención,
la alta frecuencia de co-morbilidad y problemas psicosociales y un creciente cuerpo
de la evidencia sobre la efectividad de diversa actuaciones en Atención
Primaria convierten nuestras consultas en el lugar ideal para mejorar el pronóstico
y la calidad de vida de los pacientes post-infartados.
A lo largo de este
artículo revisaremos las principales evidencias sobre las diferentes intervenciones
en el paciente post-infartado. El periodo de búsqueda se ha realizado hasta
Enero del 2005. Para ello se siguieron los siguientes pasos:
A. Se identificaron
aquellas guías de práctica clínica (GPC) nacionales e internacionales
accesibles en Internet y que habían seguido una metodología explícita
en su elaboración. Utilizándose las siguientes GPC:
o Scottish
Intercollegiate Guidelines Network (SIGN). Secondary prevention of coronary heart
disease. Edinburgh: Sign 2000. (SIGN publication no. 41). En URL: www.sign.ac.uk/guidelines
o
National Advisory Committee on Health and Disability (National Health Committee)
Wellington (New Zealand). Guidelines for smoking cessation 2002 May. En URL: http://www.nzgg.org.nz/library.cfm
o National Institue for Clinical Excellence. Guidance on the use of nicotin
replacement therapy (NRT) and bupropion for smoking cesation. March 2002. En URL:
http://www.nice.org.uk
o Scottish Intercollegiate Guidelines Network (SIGN).
Cardiac Rehabilitation. Edinburgh: Sign 2002. (SIGN publication no. 57). En URL:
www.sign.ac.uk/guidelines
o Goble AJ; Worcester MU. Best practice guidelines
for cardiac rehabilitation and secondary prevention. Melbourne: The Heart Research
Centre, on behalf of Department of Human Services Victoria; 1999. En URL: http://www.dhs.vic.gov.au
o NZGG and the National Herat Foundation of New Zealand. Best Practice Evidence
Based Guideline: Cardiac Rehabilitation. New Zealand Guideline Group 2002. En
URL: http://www.nzgg.org.nz/library.cfm
B. Además se utilizaron los
siguientes informes técnicos y fuentes de información:
o 2003
European Society of Hypertension-European Society of Cardiology Guidelines for
the Management of Arterial Hypertension. J Hypertens 2003; 21: 1.011-53.
o
The Seventh Report of the Joint National Committee on Prevention, Detection, Evaluation
and Treatment of High Blood (JNC VII). JAMA 2003; 289 (19): 2560-2572.
o Third
Report of the National Cholesterol Education Program (NCEP) Expert Panel on Detection,
evaluation, and treatment of High blood cholesterol in adults (Adult Treatment
Panel III). 2001.
o Guía de práctica clínica sobre Hipertensión
arterial. Dirección de asistencia Sanitaria de Osakidetza. Servicio Vasco
de Salud. Servicio Central de Publicaciones del gobierno Vasco. Vitoria-Gasteiz
2002.
o World Health Organisation Expert Committee. Rehabilitation after cardiovascular
disease with special emphasis on developing countries. Technical report series
831. Geneva: WHO; 1993.
o Fallen E, Cairns J, Dafoe W, et al. Management of
the postmyocardial infarction patient: A consensus report- Revision of 1991 CCS
Guideline. En URL: http://text.ccs.ca/consensus/reports/management
o Pignone
M, Rihal C, Ltd B. Clin Evid 2003; 10, 188-230.
C. Con el fin de actualizar
la bibliografía y responder a aquellas cuestiones que faltaban se realizó
una búsqueda bibliográfica primaria en Medline y la Cochrane Library
y una búsqueda secundaria de las referencias de los documentos antes citados.
Evaluación
de las evidencias y elaboración de las recomendaciones. Las referencias
utilizadas fueron revisadas y evaluadas según los criterios del 2001 del
SIGN. (Tabla
1).
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