Habilidades
en patología cardiovascular:
Seguimiento del paciente post-infartado
en Atención Primaria
ESTRATIFICACIÓN
DEL RIESGO POST-INFARTO
DE MIOCARDIO
Del total de IM se
calcula que algo más del 10 por ciento cursan de forma silente (y por tanto
sin diagnóstico); y en un 30 por ciento de los casos se produce muerte
precoz (muerte súbita o éxitus en fase prehospitalaria). El resto,
casi el 60 por ciento de infartos agudos, ingresan en el hospital, lo que en España
supone casi 40.000 ingresos/año con una supervivencia media algo mayor
al 85 por ciento, la tasa de mortalidad promedio durante el primer año
tras el alta hospitalaria oscila entre el 6 y el 10 por ciento y es del 3 por
ciento anual en los años sucesivos.
La mortalidad tras el alta hospitalaria
puede oscilar entre algo más del 30 por ciento en los infartos complicados
con insuficiencia cardiaca y escasamente el 3 por ciento el primer año
en los infartos de bajo riesgo. Estas diferencias justifican las estrategias de
estratificación del riesgo post infarto.
El pronóstico a
largo plazo de estos pacientes va a depender de tres factores: grado de disfunción
ventricular, la presencia o no de isquemia residual y la extensión de cualquier
inestabilidad eléctrica. Es decir, la supervivencia se relacionará
con la cantidad de miocardio necrosado y con la cantidad de miocardio que se encuentra
en riesgo de sufrir nuevas necrosis.
De ellos, el factor más importante
relacionado con el riesgo consecuente es la función del ventrículo
izquierdo o fracción de eyección ventricular (FEV); los pacientes
con FEV superior al 50 por ciento, tienen una frecuencia de complicaciones (muerte
súbita, infarto recurrente, etc...) sumamente bajas durante los primeros
cinco años post infarto.
La función ventricular izquierda
puede ser medida de forma no invasiva y con buena relación coste-beneficio
mediante ecocardiografía. Una FEV inferior al 35 por ciento y una elevación
del volumen telediastólico son indicadores del mal pronóstico.
La
prueba de esfuerzo (PE) permite evaluar la isquemia residual y la capacidad funcional.
Los criterios de bajo riesgo en la PE incluyen:
a. Alcanzar niveles
energéticos superiores a 4 mets.
b. Alcanzar una tensión arterial
(TA) superior a 110 mmHg durante la prueba.
c. Alcanzar la frecuencia cardiaca
(FC) submáxima sin angina ni cambios en el segmento ST.
d. No presentar
signos de insuficiencia cardiaca.
Los pacientes que no pueden realizar
la PE antes del alta tienen un peor pronóstico. Además, los resultados
de la PE permiten orientar el programa de ejercicio físico tras el alta
hospitalaria y proporciona apoyo psicológico al paciente.
La presencia
de arritmias ventriculares malignas (detectables mediante monitorización
Holter) es un indicador de riesgo de muerte súbita.
Frishman estableció
en 1984 tres niveles de riesgo tras un infarto; un grupo de alto riesgo, que incluye
a un 5 por ciento de los supervivientes de la fase aguda de un infarto, con una
mortalidad elevada (entre el 30 y el 50 por ciento) por arritmias o disfunción
del ventrículo izquierdo (VI); un grupo intermedio que incluye un 40 por
ciento de pacientes y un grupo de bajo riesgo (aproximadamente la mitad de los
post infartos) con una mortalidad anual del 1 al 3 por ciento.
Actualmente
los criterios que definen los grupos de riesgo tras un Infarto Agudo de Miocardio
(IAM) son:
Infartos de miocardio de bajo riesgo. Son los que presentan:
a.
Curso clínico hospitalario sin complicaciones.
b. Capacidad funcional
superior a 7 mets.
c. Fracción de eyección (FE) mayor del 50
por ciento.
d. Ausencia de signos de isquemia residual.
e. Ausencia de arritmias
ventriculares.
Infartos de miocardio de riesgo medio. Incluyen aquellos con:
a.
Angina o isquemia con cargas superiores a 5 mets en la PE.
b. FE entre el 30
y el 50 por ciento.
c. Defectos irreversibles en el talio de esfuerzo.
Infartos
de alto riesgo. Son los que incluyen alguno de estos criterios:
a. Infarto
previo.
b. Insuficiencia cardiaca hospitalaria.
c. Presencia de arritmias
ventriculares malignas.
d. FE menor del 35 por ciento.
e. Capacidad funcional
menor de 5 mets por respuesta hipotensiva o depresión del ST mayor de 1
mm.
f. Depresión del ST mayor de 2 mm o FC menor de 135 lpm.
Los
infartos con curso evolutivo hospitalario sin complicaciones y con PE negativa
y FEV por ecocardiograma superior al 40 por ciento, pueden y deber ser dados de
alta sin que precisen exploraciones complementarias invasivas. Su seguimiento
debe atender fundamentalmente el control de los FRCV asociados y puede realizarse
básicamente en el ámbito de la AP. Los pacientes con complicaciones
en el ingreso o una FEV menor del 40 por ciento o con PE positiva precisarán
habitualmente procedimientos invasivos con el fin de establecer el tratamiento,
el pronóstico y las indicaciones quirúrgicas en su caso por lo que
el seguimiento es fundamentalmente hospitalario (Figura
1).
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