Habilidades en patología cardiovascular:
Seguimiento del paciente post-infartado en Atención Primaria

 

MANEJO FARMACOLÓGICO

Grandes ensayos clínicos han confirmado los beneficios de cuatro grandes grupos farmacológicos: antiagregantes, betabloqueantes, inhibidores de la enzima conversora de angiotensina y estatinas. De los tres primeros grupos se han establecido estándares de utilización por encima del 80 por ciento. En el caso de las estatinas el cuerpo de la evidencia sobre su utilización en prevención secundaria es cada vez mayor, y recientes ensayos clínicos han contribuido a constituir este grupo terapéutico en una de las piedras angulares en el manejo de estos pacientes.

Antiagregantes y anticoagulantes

Grados de recomendación
Todos los pacientes que han sufrido un IM deben recibir de forma rutinaria e indefinidamente ácido acetil-salicílico (AAS) a dosis entre 75 y 150 mg/día (A).

El clopidogrel es una alternativa efectiva y segura en aquellos pacientes que no toleran o está contraindicado el AAS (A).

Se ha establecido que la administración de AAS de forma inmediata en la fase aguda del IM y su mantenimiento diario consigue una reducción del número de reinfartos, mortalidad por causas cardiovasculares y mortalidad global; un reciente metánalisis establece la dosis óptima esta 75 y 150 mg/día. Se estima que el tratamiento antiagregante previene 18 infartos no fatales, 5 Accidente cerebrovascular agudo (ACVA) no mortales y 14 muertes vasculares por cada 1.000 personas tratadas durante 2 años. Dosis mas altas de AAS no son mas efectivas y se asocian con un mayor riesgo de gastrotoxicidad.

El clopidogrel reduce los eventos vasculares en un 10 por ciento comparado con el AAS, y es una alternativa tan segura y efectiva (a dosis de 75 mg/día) como el AAS para aquellos pacientes que no toleran o está contraindicado el AAS.

Actualmente no existen evidencias que avalen la utilización rutinaria de AAS y clopidogrel conjuntamente, excepto en el caso de la angina inestable. En este caso la utilización conjunta de ambos fármacos por un periodo de hasta 9 meses disminuye el riesgo de padecer nuevos eventos cardiovasculares, a cambio de un mayor riesgo de hemorragia digestiva.

La anticoagulación oral de baja intensidad; esto es con Razón Internacional Normalizada (INR) <1,5, añadida al AAS no produce ningún beneficio adicional . Un metanálisis en pacientes con enfermedad coronaria sugiere que la anticoagulación intensa o moderada con warfarina junto a la aspirina parece ser superior a la AAS sola pero con un incremento superior al doble en el riesgo de provocar hemorragias clínicamente significativas. Un EC con 3.630 pacientes concluye que la anticoagulación intensa (INR de 2,8 a 4,2) con warfarina sola o la anticoagulación moderada (INR de 2,0 a 2,5) en combinación con AAS (75 mg), fue superior a la AAS sola (160 mg) en disminuir de forma significativa la incidencia de reinfarto no fatal y eventos tromboembólico (no así con la mortalidad total) después de un IAM, pero con un alto riesgo de episodios mayores de sangrado (0,68 y 0,57 por ciento respectivamente frente al 0,17 por ciento por año de la AAS sola) cuyos resultados no permiten concretar el beneficio de dicha asociación. Sin embargo, en aquellos pacientes con IAM establecido y con alto riego de embolismo sistémico o pulmonar secundario a grandes infartos anteriores, disfunción ventricular severa, insuficiencia cardiaca congestiva, historia de TEP previo o trombofilia, trombo mural demostrado por ecocardiografia, fibrilación auricular persistente, inmovilización prolongada u obesidad marcada deben de ser anticoagulados con heparina a dosis plenas seguida de anticoagulación oral (INR 2,0 a 3,0) durante tres meses al menos.

Riesgos
El principal riesgo de la terapia con AAS a largo plazo es la hemorragia gastrointestinal, la mayoría de las cuales no son mortales. La odds-ratio (OR) frente a placebo es de 1.68, con un número necesario de pacientes a tratar para presentar un efecto adverso (NNH) de 248 por año. Existe una mayor probabilidad de producir una hemorragia digestiva con dosis superiores a 325 mg/día, pero no existen diferencias por debajo de esta cantidad. No existen evidencias de que las formulaciones de liberación modificada reduzcan la incidencia de hemorragia digestiva . Este riesgo puede disminuirse mediante el empleo de inhibidores de la bomba de protones (IBP), que han demostrado reducir el riesgo de nuevas complicaciones digestivas altas en pacientes que ya habían sufrido gastrotoxidad por AAS. Por lo tanto deberemos plantearnos el empleo de IBP como gastroprotección en caso de pacientes mayores de 60 años, historia ulcerosa previa, enfermedad concomitante grave o asociación con corticoides, aines o anticoagulantes.

El efecto adverso mas importante por mortalidad e incapacidad que produce es la hemorragia intracraneal; sin embargo, el exceso de riesgo absoluto es igual o menor de uno por 1.000 personas y año.

b-Bloqueantes

Grados de recomendación
Todas las personas que han sufrido un infarto deben recibir tratamiento con betabloqueantes (BB) a menos que existan contraindicaciones (A).

La utilización de BB en fase aguda del IM ha demostrado una reducción de la mortalidad, así como de la incidencia de dolor anginoso, reinfarto y arritmias, ocurriendo dicha reducción sobre todo cuando el inicio del tratamiento es en las primeras 24 horas post-infarto.

El uso de BB a largo plazo reduce el riesgo de muerte, infarto recurrente no mortal y de muerte súbita. Dicha mejora en el pronóstico global se obtiene fundamentalmente en los pacientes de alto riesgo, y por ello se recomienda su empleo en el grupo de pacientes de alto y moderado riesgo, siendo su beneficio menor en el grupo de pacientes de bajo riesgo basándose en la baja mortalidad en estos casos. La mortalidad se reduce en un 23 por ciento en los pacientes no seleccionados tratados con BB frente a placebo, con un número necesario de pacientes a tratar para evitar un evento (NNT) de 42 a dos años. No existen diferencias entre BB con o sin cardioselectividad. Los BB con actividad simpaticomimética intrínseca no muestran efectos positivos.

A pesar de estos indudables beneficios de los BB su empleo en pacientes post-infartados continua muy lejos de lo que podríamos considerar como óptimo. Recientemente una revisión Cochrane cuestionaba la contraindicación de BB en pacientes con EPOC o asma, demostrando que su empleo a corto plazo no produce efectos respiratorios adversos en pacientes con enfermedad pulmonar leve-moderada. Algo similar ocurre con la enfermedad arterial periférica, debiéndose emplear con precaución en pacientes con arteriopatia periférica severa, pero pudiéndose utilizar en pacientes con formas menos severas de la enfermedad.

En resumen, en aquellos pacientes sin contraindicaciones se recomienda el uso precoz de BB, preferiblemente cardioselectivos sin actividad simpaticomimética intrínseca, siendo la dosis a emplear individualizada en cada paciente, de forma que bloquee la taquicardización al ejercicio o al estrés sin provocar efectos adversos.


Riesgos

Los efectos secundarios de los BB pueden aparecer hasta en un 24 por ciento de pacientes e incluyen disnea, broncoespasmo, bradicardia, hipotensión, fatiga, disfunción eréctil, diarrea, astenia, manos y pies fríos, etc. Sin embargo, los efectos adversos importantes son infrecuentes y sólo una pequeña proporción de personas deben abandonar el tratamiento como consecuencia de los mismos.

Inhibidores de la enzima conversora
de angiotensina
(IECA)

Grados de recomendación
Todos los pacientes con IAM independientemente de la función del ventrículo izquierdo deben estar en tratamiento con IECA (A).

Una revisión sistemática y posterior metanálisis analizó forma conjunta los datos de tres grandes estudios (SAVE, AIRE Y TRACE) que comparaban el empleo de IECA frente a placebo en pacientes que habían sufrido un infarto de miocardio y presentaban diversos grados de disfunción ventricular. El empleo de captopril, ramipril o trandolapril en estos pacientes reducía el riesgo de mortalidad en un 26 por ciento (NNT 17 a 2 años), el de reingreso por insuficiencia cardiaca en un 27 por ciento (NNT 28), y el de reinfarto en un 20 por ciento, (NNT 43). El estudio HOPE publicado en el 2000 en casi 10.000 pacientes con RCV elevado o ECV establecida mostró un beneficio significativo de 10 mg/día de ramipril frente a placebo, independientemente de las cifras de TA o de la FE del VI. El grupo de ramipril tuvo una menor incidencia de nuevos episodios de IAM, ictus y muerte y un número menor de casos de desarrollo de insuficiencia cardíaca. El estudio Europa confirmó la eficacia del empleo de IECA, en este caso perindropil, en pacientes con enfermedad coronaria estable y fracciones de eyección ventricular conservadas. Las dosis a utilizar deben ser las utilizadas en los ensayos o las máximas toleradas por los pacientes.

En prevención secundaria, los beneficios de los IECA son aditivos a los de los BB.

Los resultados de los estudios realizados con Antagonistas de los receptores de la Angiotensina (losartán, valsartán...) no han conseguido mejorar los resultados de los IECA por lo que, en prevención secundaria, sus indicaciones se limitan a la intolerancia a los IECA. El doble bloqueo del eje renina-angiotensina tampoco ha demostrado mejores resultados clínicos que los IECA solos, y se asocia con una mayor tasa de efectos secundarios, especialmente si además el tratamiento incluye un betabloqueante.


Estatinas

Grados de recomendación
Las estatinas son las drogas de elección para disminuir las cifras de colesterol en personas que han sufrido un IAM (A).

Diversos ensayos clínicos y una revisión sistemática han demostrado que el descenso de las cifras de colesterol en pacientes que habían sufrido un IAM previo reduce significativamente la mortalidad coronaria (OR 0,71), mortalidad cardiovascular (OR 0,73) y la mortalidad total (OR 0,79). El beneficio obtenido es proporcional al riesgo previo del paciente y al grado de descenso de las cifras de colesterol que se obtenga, más que del método que empleemos para obtener dicho descenso y de las cifras basales de colesterol del paciente. Estos beneficios obtenidos son independientes del sexo, edad tratamiento concomitante o la presencia de otros factores de riesgo.

Mas recientemente el estudio Heart Protection Study (HPS) confirma la reducción de la mortalidad total y de los episodios cardiovasculares en los pacientes con riesgo cardiovascular elevado (65,14 por ciento con enfermedad coronaria previa) y tratados con 40 mg de simvastatina durante 5 años. Las diferencias (reducción absoluta del riesgo) con el grupo placebo fueron del 1,2 por ciento (NNT, 83) para la mortalidad coronaria, del 1,8 por ciento (NNT, 55) para la mortalidad total, del 3,1 por ciento (NNT, 32) para los episodios coronarios graves y del 5,4 por ciento (NNT, 17) para los episodios vasculares graves.

El umbral para iniciar el tratamiento hipolipemiante y el objetivo a alcanzar ha ido disminuyendo conforme se iban publicando los diferentes EC en prevención secundaria. Aunque actualmente se aceptan por la mayoría de los expertos los 100 mg/dl de C-LDL como objetivo terapéutico, realmente no existe un límite inferior a partir del cual no se obtenga beneficio terapéutico. Un EC realizado en pacientes a los que se les había realizado un by-pass coronario demostró que el tratamiento agresivo (objetivo terapéutico C-LDL entre 60 y 85 mg/dl) mediante el empleo de lovastatina más colestiramina en caso de ser necesario, reducía el riesgo de revascularización y muerte cardiovascular comparado con un tratamiento moderado (objetivo terapéutico cLDL entre 130-140 mg/dl). El estudio PROVE IT fue diseñado para determinar si un tratamiento hipolipemiante intensivo reducía los eventos coronarios mayores en pacientes que habían sufrido un síndrome coronario agudo. 4.162 pacientes fueron randomizados a recibir 80 mg/ dia de atorvastatina o 40 mg día de pravastatina, durante un periodo medio de seguimiento de dos años. Al final de este periodo de seguimiento la variable principal de valoración se redujo en un 16 por ciento en el grupo tratado con atorvastatina comparado con el grupo tratado con pravastatina (p < 0.005). El nivel medio de C-LDL alcanzado en el grupo de pravastatina fue de 95 mg/dl, frente a los 62 mg/dl que se alcanzaron los pacientes tratados con atorvastatina. Probablemente en las próximas actualizaciones de las guías clínicas probablemente se recomendará el empleo de estatinas en pacientes post-infartados independientemente de sus niveles de lípidos.

En ensayo clínico de un año de duración, realizado sobre 19.599 pacientes, en el que se realizó un tratamiento precoz con estatinas después de un IAM, se apreció un descenso significativo de la mortalidad en el primer año tras IAM en los pacientes tratados con estatinas (RR 0,75; IC95 por ciento: 0,63-0,89; p = 0,001). Reducción absoluta del riesgo de mortalidad de 5,3 por ciento, reducción relativa del riesgo de mortalidad del 57 por ciento. El NNT para evitar una muerte fue de 19. Un EC (MYRACL) compara el tratamiento temprano con atorvastatina (80 mg/24 h., iniciado en los primeros cuatro días después del ingreso) frente a placebo en pacientes con angina inestable o IAM sin onda Q. A los tres meses el grupo tratado presentó una menor tasa de reingresos por angina recurrente comparado frente a placebo, aunque no se encontraron diferencias en la tasa de nuevos eventos coronarios. Estos ensayos clínicos nos indican la necesidad de iniciar el tratamiento con estatinas lo mas precozmente posible, por lo que las recomendaciones actuales indican que idealmente deben realizarse un perfil lipídico antes de 12 horas del comienzo de los síntomas, y si es necesario empezar la terapia con estatinas lo antes posible.

Algoritmo
de tratamiento

Siguiendo las nuevas recomendaciones de NCEP III: (Tabla 2).

Este objetivo opcional de 70 mg/dl se basa en los hallazgos de dos ensayos clínicos: en el estudio HPS11 un 17 por ciento de los pacientes presentaban niveles basales de LDL por debajo del objetivo terapéutico de 100 m mg/dl. En este subgrupo la reducción media de las LDL de 97 a 65 mg/dl condujo a una disminución del riesgo de padecer nuevos ECV graves en un 25 por ciento. Estos resultados se vieron posteriormente refrendados por el estudio PROVE-IT tal y como hemos comentado anteriormente. Otro EC recientemente publicado confirma estos hallazgos demostrando en pacientes una reducción del riesgo de padecer un evento cardiovascular grave en un 22 por ciento (NNT 30 a 5 años) con terapia intensiva con 80 mg diarios de atorvastatina frente a tratamiento con 10 mg/día. La media de C-LDL en el grupo de 80 mg de atorvastatina fue de 77 mg/dl y de 101 mg/dl en el grupo tratado con 10 mg. El grupo de tratamiento intensivo la incidencia de elevación de transaminasas (tres veces por encima del límite) fue significativamente mayor que en el grupo de tratamiento con 10 mg (1,2 por ciento frente a 0,2 por ciento, p < 0,001), no hubo diferencias significativas en cuanto a la incidencia de rabdomiolisis (2 y 3 casos respectivamente). Sin embargo aún debemos desarrollar estrategias terapéuticas que nos permitan alcanzar el objetivo de LDL < 70 mg/dl en la mayoría de los pacientes en prevención secundaria de una forma segura.

En la Tabla 3 podemos ver el porcentaje de descenso del C- LDL que podemos esperar en función de las diferentes dosis de estatinas que empleemos.


Otros fármacos

Los calcio-antagonistas resultan en general poco eficaces en la prevención secundaria del IM. El nifedipino de liberación rápida ha demostrado un más que probable aumento de la mortalidad global y el diltiazem no ha mostrado beneficio alguno con su empleo, aunque algunos estudios sugieren un posible papel beneficioso en los infartos no-Q. El verapamilo ha demostrado una tendencia a reducir la mortalidad y el reinfarto en pacientes sin insuficiencia cardiaca y en infartos anteriores con buena contractilidad miocárdica, sin embargo, este efecto beneficioso desaparece cuando existen signos o síntomas de disfunción ventricular izquierda.

No se ha demostrado la utilidad de los nitratos en la prevención secundaria del IM reduciéndose su uso al control de la angina post-IAM en el caso de que esta se presente.

Las arritmias ventriculares son un factor pronóstico importante en el postinfarto. Se ha demostrado que los fármacos de clase I (encainida, flecainida, moricidina), a pesar de reducir las arritmias potencialmente malignas, aumentan la mortalidad de los pacientes postinfarto con arritmias ventriculares asintomáticas y por lo tanto están contraindicados. Dos revisiones sistemáticas sobre ensayos clínicos han encontrado que la amiodarona reduce el riesgo de muerte súbita y secundariamente la mortalidad global en pacientes de alto riesgo de muerte tras un IM.

Terapia hormonal sustitutiva (ths)
y enfermedad cardiovascular

Grados de recomendación
La THS no debe ser utilizada para reducir el riesgo de coronariopatía en prevención secundaria (A).

El empleo de terapia hormonal sustitutiva combinada (estrógeno y progestágeno) no reduce el riesgo de nuevos eventos coronarios ni la mortalidad por CI. Aunque en prevención primaria, la THS con estrógenos ha demostrado mejorar algunos FRCV , en prevención secundaria no hay evidencia disponible sobre el uso de estrógenos solos en mujeres postmenopáusicas. Existe evidencia de que el empleo de THS de estrógenos-progestágenos (0,625 mg. de estrógenos conjugados y 2,5 mg. de acetato de medroxyprogesterona diaria) no reduce el riesgo de nuevos eventos coronarios ni la mortalidad por CI.


Riesgos

Se produjeron más eventos cardiovasculares durante el primer año en el grupo con THS que en el grupo placebo. El tratamiento durante 6,8 años con estrógeno y progesterona en mujeres mayores con enfermedad coronaria incrementa el ratio de enfermedad tromboembólica y cirugía de tracto biliar, y no produce resultados favorables en los resultados de enfermedad cardiovascular, fractura o muerte.

En el estudio WHI, realizado en prevención primaria con 16.608 pacientes seguidas una media de 5,2 años, el riesgo relativo (RR) de cardiopatía coronaria fue 1,29 y de ACVA de 1,41. Los malos resultados obtenidos obligaron a parar el estudio. Los efectos acumulados de enfermedad coronaría se observaron desde el inicio del estudio.


Conclusiones

Existen suficientes evidencias que indican que el momento ideal para evaluar la función ventricular y el rendimiento al esfuerzo (mediante ecocardiografía y PE) es antes de que los pacientes sean dados de alta hospitalaria. Ello permite identificar a los pacientes de alto riesgo. Estos pacientes deben ser controlados en el medio hospitalario, siendo el papel del médico de familia el control de los factores de riesgo asociados.

Los pacientes de bajo riesgo (función ventricular conservada y PE negativa) deberán ser tratados, de forma ideal, con antiagregantes, IECA y BB. En la mayoría de ellos deberá de incluirse en su plan terapéutico una estatina. Estos pacientes deben ser controlados fundamentalmente en el ámbito de la AP; aunque pueden y deben ser evaluados periódicamente por el especialista.



 

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