Radiología de tórax
Semiología y hallazgos patológicos en la Radiología Torácica en Atención Primaria (I) y (II)

Exploración radiológica
del tórax


El estudio radiológico del tórax es la exploración más frecuentemente solicitada a los Servicios de Radiodiagnóstico. Comprende, según los ámbitos, entre el 30 y el 40 por ciento de todas las exploraciones solicitadas a los servicios de Radiodiagnóstico y es el método inicial de imagen en el estudio de la patología torácica y pulmonar.

El propósito de este trabajo es revisar los aspectos radiológicos que más pueden interesar a los facultativos de Atención Primaria de forma que los conocimientos adquiridos sean de utilidad en su práctica diaria en el momento de enfrentarse a una exploración radiológica de tórax. Es obvio que no podemos tratar en profundidad todos los temas pues esto requeriría un libro de texto y hay excelentes ejemplares a disposición del lector interesado.

El objetivo fundamental es discutir los aspectos de la imagen más relevantes en el estudio radiológico simple sin entrar, salvo como apoyo, en otras técnicas de imagen como la Tomografía Computarizada (TC), la Resonancia Magnética (RM), la Medicina Nuclear (MN), los estudios angiográficos, otros procedimientos invasores y la Tomografía por emisión de Positrones (PET) utilizados en el diagnóstico de la patología torácica. Además, como la semiología radiológica es la misma en la radiología convencional que en las imágenes adquiridas con tecnología digital no haré especial mención a esta última.

Los temas a tratar serán las proyecciones estándar en el estudio radiológico de la patología torácica, los criterios técnicos de calidad de la exploración radiológica, la anatomía radiológica normal, la sistemática de lectura y los patrones más comunes (alveolar, intersticial, de afectación pleural, nodular, atelectasia, EPOC, mediastínico, de radiología cardiaca) de presentación de la patología torácica más común.


Proyecciones estándar

Las proyecciones estándares son la posteroanterior y la lateral izquierda (Figura 1). Ambas se realizan en bipedestación, siempre que sea posible, en apnea al final de una inspiración tan profunda como el estado del paciente lo permita, las manos en jarras y los codos desplazados hacia delante, con el plano torácico anterior más cercano a la placa radiográfica. La radiografía lateral, en bipedestación, con los brazos elevados, en inspiración máxima y con el lado izquierdo más cercano a la placa radiográfica.

La distancia foco-placa es de 1,80 metros. Los parámetros utilizados son bajo miliamperaje y alto Kilovoltaje (entre 120 y 140) lo que permite disminuir la radiación al individuo y acortar el tiempo de apnea. La utilización de alto Kilovoltaje tiene el inconveniente de que dejan de verse las posibles calcificaciones presentes en algunas lesiones pulmonares y en las adenopatías hiliares y mediastínicas.


Criterios de calidad técnica

Los criterios de calidad exigibles que debe cumplir la exploración radiológica de tórax son: el paciente debe estar centrado, en inspiración máxima y la radiografía debe ser suficientemente penetrada (Figura 2). Los indicadores que se evalúan para el cumplimiento de los criterios son:

Centrada: se considera que el paciente está bien colocado respecto al haz de rayos X cuando los bordes mediales de ambas clavículas se proyectan a una distancia similar respecto a las apófisis espinosas de la columna dorsal, identificados sobre la columna aérea traqueal. Ligeras desviaciones de este indicador no justifican la repetición de la exploración.
Bien inspirada: se considera que el paciente ha realizado una inspiración profunda cuando el arco costal anterior de la sexta costilla derecha se proyecta a la altura de la zona más elevada del hemidiafragma derecho. Se entiende que la inspiración debe ser la máxima posible tolerada por el paciente. En pacientes obesos hay acuerdo acerca de que la referencia sea el arco costal anterior de la quinta costilla.

Suficientemente penetrada: se considera que los parámetros técnicos utilizados en la realización de la radiografía son correctos cuando a través de la silueta cardiaca izquierda se visualizan los vasos pulmonares del lóbulo inferior izquierdo. La columna dorsal debe insinuarse y no verse con nitidez. También debería verse cómo los vasos de la base derecha se proyectan por debajo del hemidiafragma derecho


Otras proyecciones

Anteroposterior: así denominada por el trayecto del haz de rayos X, que incide en el tórax anterior y llega a la placa después de atravesar al paciente. Se utiliza para los pacientes encamados, unidades de críticos, en mal estado físico, etc. Presenta inconvenientes de interpretación del tamaño de la silueta cardíaca y del mediastino, entre otros.

Oblicua: debe realizarse bajo fluoroscopia y es útil para el estudio de la movilidad diafragmática y para la demostración de localización ósea de algunas lesiones óseas.

Inspiración-espiración: esta serie es útil para demostrar pequeños neumotórax y la detección de posible atrapamiento aéreo.

Decúbito lateral con rayo horizontal: es útil para demostrar la presencia de derrame pleural de pequeña cuantía o en la demostración de líquido pleural de localización subpulmonar.

Las indicaciones y aplicaciones de técnicas como la proyección lordótica, la fluoroscopia y la tomografía lineal han disminuido y su rendimiento diagnóstico está ampliamente superado por las técnicas más actuales.


Anatomía radiológica

Partes blandas
y esqueleto torácico

La piel, el tejido celular subcutáneo y los músculos son la parte más externa de la caja torácica y pueden proyectarse como densidad de partes blandas. Los músculos esterno-cleido-mastoideos son el borde más externo de la imagen radiográfica del cuello y se prolongan caudalmente hasta unirse con la piel y los tejidos blandos de la fosa supraclavicular. Los músculos pectorales y las mamas contribuyen al aumento de la densidad radiográfica en las bases pulmonares.

Los arcos costales posteriores tienen una dirección de dentro afuera y de arriba abajo; son bien visibles en su totalidad en sus bordes superior e inferior excepto la porción media del borde inferior de la séptima a décima costilla cuyos bordes no son bien definidos (Figura 1a). Los arcos costales anteriores se dirigen de arriba abajo y de fuera adentro; la porción más distal del arco costal anterior lo constituye el cartílago costal y como es radiolucente no se visualiza. Con la edad se calcifican y pueden hacerse visibles y pueden llegar a osificarse centralmente en las mujeres y marginalmente en los hombres.

La columna dorsal no debe visualizarse con nitidez en la proyección posteroanterior. En la radiografía lateral es ligeramente cóncava hacia delante y la densidad de la zona vertebral dorsal superior es mayor que la densidad de la zona dorsal inferior; esto es debido a la superposición de las partes blandas de las estructuras de ambas articulaciones escápulo-humerales mientras que en la parte inferior únicamente se superponen ambos pulmones y la columna dorsal inferior lo que hace que la densidad sea menor (Figura 1b).

Los cuerpos vertebrales aumentan de altura caudalmente al igual que los espacios intervertebrales. Deben visualizarse sin solución de continuidad los márgenes anterior, superior e inferior de cada cuerpo vertebral.


Parénquima pulmonar

Los elementos anatómicos que contribuyen a la densidad radiográfica son los vasos pulmonares, arterias y venas, paredes de los bronquios, las paredes alveolares y todos los que tienen densidad de partes blandas, aunque su calibre y tamaño es demasiado fino para tener representación radiográfica. Así pues, lo que vemos surcando el aire del pulmón son las arterias y las venas pulmonares.

Los vasos pulmonares son estructuras tubulares con el borde bien definido que se ramifican de forma dicotómica, cada vez más estrechos, hasta que aproximadamente a 1-1,5 centímetros de la periferia pulmonar no son visibles debido a su pequeño calibre (Figura 3a).

Los vasos son más prominentes en las bases pulmonares por efecto de la gravedad en la bipedestación; en las bases, las arterias tienen un trayecto descendente, mientras las venas tienen un trayecto más horizontal. En condiciones normales, los bordes de los vasos deben verse bien definidos merced a la interfase con el aire del espacio aéreo que les rodea.

En bipedestación existe un gradiente de densidad de arriba abajo, de forma que los campos pulmonares superiores son menos densos, están más aireados, y las bases pulmonares tienen mayor densidad debido a la mayor cantidad de sangre en los campos inferiores y por la superposición de las partes blandas de la pared torácica (Figuras 1a y 3a). En ningún caso, este incremento de densidad puede borrar los bordes de los vasos pulmonares basales.

Los bronquios a partir de los hilios no pueden identificarse ya que tienen la pared muy delgada, tienen aire en su interior y están rodeados por el aire del espacio aéreo (Figura 3b). Todo esto hace que no sea posible su identificación excepto en la porción más central y en la parte más superior del hilio donde puede verse el bronquio del segmento anterior del lóbulo superior debido a su orientación paralela respecto al haz de rayos X.


Pleura

Las dos hojas pleurales (parietal y visceral) que conforman el espacio pleural no son visibles en la radiografía. La pleura visceral recubre el parénquima pulmonar y la parietal forma parte de la fascia endotorácica.

El espacio entre las dos hojas pleurales es potencial, de forma que en condiciones normales tiene una pequeña cantidad de líquido para conseguir un buen deslizamiento, sin fricción mecánica entre las dos hojas pleurales, en el movimiento respiratorio. Cuando en este espacio pleural hay aire, líquido o ambos ,se identifica el espacio pleural por la separación de las dos hojas pleurales.

En condiciones normales, la única pleura que se ve son las cisuras, que dividen los pulmones en lóbulos. Las cisuras son invaginaciones de la hoja pleural visceral. Pueden ser completas y dividen a los pulmones en lóbulos o incompletas. En el lado derecho hay dos cisuras, la menor u horizontal y la mayor, que forman tres lóbulos, el superior y el medio están separados por la cisura menor y el lóbulo inferior está separado de los dos por la cisura mayor. En el lado izquierdo hay una cisura y por tanto, dos lóbulos que están separados por la cisura izquierda.

En la radiografía posteroanterior la cisura menor se muestra como una delgada línea horizontal aproximadamente a la altura del cuarto espacio intercostal derecho y se dirige hacia la parte más convexa de la arteria pulmonar derecha.
En la proyección lateral pueden verse la cisura menor y algunos fragmentos de las cisuras mayores, no en todos los casos. Ello es debido a que la cisura adopta una forma espiral y si no es paralela al haz de rayos X puede no visualizarse. Ambas cisuras pueden verse como delgadas líneas oblicuas desde aproximadamente el cuerpo de la cuarta vértebra dorsal hacia el seno cardiofrénico anterior.

Además de las cisuras nombradas, existen las llamadas cisuras accesorias, también formadas por dos hojas pleurales. La más frecuente de las cisuras accesorias es la cisura ácigos (Figura 4), que está formada por cuatro hojas pleurales, dos de la pleura visceral y otras dos de la parietal. Se localiza en la zona paramediastínica derecha, separa una porción más medial del pulmón del resto del lóbulo superior derecho, su aspecto es debido al trayecto anómalo de la vena ácigos en su desarrollo y la apariencia más gruesa se debe al arrastre de las dos hojas pleurales. Su identificación es muy fácil en la radiografia de tórax, imagen triangular apical, línea bien definida y la vena ácigos como una imagen ovalada o tubular, y no debe representar ningún problema diagnóstico.


Diafragma

El diafragma es una estructura músculo-tendinosa que separa la cavidad torácica de la abdominal. En su porción más central existen hiatos por donde pasan el esófago, la aorta y la vena cava inferior. Radiológicamente se muestra como una imagen en forma de cúpula convexa hacia el tórax siendo las porciones media (en la proyección posteroanterior) y anterior (en la proyección lateral) de cada hemidiafragma las más elevadas (Figura 5).

Habitualmente la cúpula es lisa pero no es infrecuente que se observen lobulaciones que no tienen significado patológico especial ya que corresponden a anomalías del desarrollo del diafragma.

En la inserción costal de los diafragmas se forman los llamados senos costofrénicos que en las dos proyecciones deben ser lisos, nítidos y agudos. El seno costofrénico posterior (ver en proyección lateral) es más declive y siempre hay que mirar con atención este seno si evaluamos la posible presencia de derrame pleural ya que es la porción más caudal y por tanto la más declive del espacio pleural (Figuras 5a y b).


Hilios

Los hilios se componen fundamentalmente de estructuras vasculares arteriales; el resto de estructuras no tienen el tamaño suficiente para su identificación radiográfica.

Se afirma que los hilios deben ser iguales en tamaño y densidad pero las características y la composición de cada hilio los hacen diferentes, de manera que parece más adecuado decir que los hilios deben ser similares en tamaño y densidad.

En la proyección posteroanterior, la arteria pulmonar izquierda se localiza en el plano horizontal por encima de la derecha en el 97 por ciento de los individuos normales. La arteria pulmonar izquierda corresponde a la arteria pulmonar antes de dividirse en las ramas de los lóbulos superior e inferior izquierdos, su trayecto es epibronquial, por encima del bronquio principal izquierdo, y la rama inferior tiene un trayecto descendente hacia la base pulmonar (Figura 3a).

Así como la arteria pulmonar izquierda se divide en sus ramas después de salir del saco pericárdico, la arteria pulmonar derecha se divide en dos ramas dentro del saco pericárdico (Figura 6a). De esta forma, la estructura vascular que llamamos arteria pulmonar derecha corresponde en realidad a la rama interlobar inferior que se muestra como una estructura tubular de unos 3-5 centímetros, con discreta convexidad hacia el pulmón, con una apariencia que recuerda a una espada árabe y trayecto descendente en la proyección posteroanterior.

La rama superior arterial, el llamado tronco anterior, se dirige hacia el lóbulo superior derecho formando la estructura tubular más medial de la porción superior del hilio, mientras que las venas que provienen del mismo lóbulo forman la porción más externa.

El ángulo que forman las venas pulmonares superiores y la arteria pulmonar derecha debe ser siempre cóncavo (el llamado ángulo venolobar) (Figura 6b).

En la proyección lateral el complejo vascular derecho, arteria y vena, queda inmediatamente por delante de la parte más caudal de la columna aérea traqueal mientras que la arteria pulmonar izquierda se localiza por detrás de la tráquea y en un plano inmediatamente superior respecto a la derecha.


Mediastino

El mediastino está limitado anteriormente por el esternón y posteriormente por los cuerpos vertebrales y las porciones más mediales de los arcos costales posteriores.

Lateralmente, ambos pulmones definen los bordes cardiovasculares. En condiciones normales, el borde derecho está formado inferiormente por la aurícula derecha ya que, en la mayoría de ocasiones, la vena cava superior no tiene representación radiográfica en la zona paratraqueal derecha. El borde cardiovascular izquierdo tiene tres prominencias que de arriba abajo son: el cayado aórtico, la arteria pulmonar izquierda y el ventrículo izquierdo (Figura 3a).

La tráquea se visualiza como una estructura tubular de densidad aire sobre la que se superponen las apófisis espinosas de la columna dorsal, proyectada sobre la columna aérea traqueal. La tráquea es muy fácilmente identificable ya que tiene aire en su interior y está rodeada por tejidos de densidad de partes blandas.

La tráquea más distal, antes de la bifurcación carinal, puede verse desplazada hacia la derecha por la aorta y esta circunstancia, bastante frecuente conforme la edad de los individuos es mayor, no debe confundirnos con la posible presencia de una masa mediastínica (Figura 7a).

El contorno mediastínico puede mostrar una apariencia más convexa sobre todo en casos de la elongación de la aorta en casos de arterioesclerosis; en estas circunstancias, la aorta ascendente en el lado derecho y la descendente en el izquierdo son más prominentes debido a que se realza la interfase entre la aorta y el aire del pulmón en la proyección posteroanterior (Figura 7b). En la proyección lateral la pared aórtica posterior se proyecta sobre la columna y su visualización es más prominente desde el cayado aórtico hasta su entrada en el abdomen a través del hiato aórtico diafragmático (Figura 7c).


Anatomía cardiaca

El tamaño del corazón se evalúa en las proyecciones posteroanterior y lateral de forma subjetiva. Una medición objetiva del tamaño de la silueta cardíaca se realiza mediante la relación cardio-torácica. Si bien no es muy fiable ni reproducible, sirve como orientadora para evaluar el tamaño de la silueta cardiaca. Es útil si la radiografía se ha realizado en inspiración profunda y en bipedestación. No tiene ninguna utilidad si la radiografía se ha realizado en decúbito supino o el paciente no ha realizado el suficiente esfuerzo inspiratorio.

La relación tiene como numerador la suma de dos medidas: la que hay desde la línea media hasta el borde más externo del borde cardiaco derecho y desde la línea media hasta el borde cardiaco externo izquierdo, y el denominador es la distancia desde la línea media hasta la parte interna donde la caja torácica es más amplia. La radiografía debe cumplir los criterios técnicos de inspiración máxima posible. En la imagen, la relación cardiotorácica se determina por la fórmula RCT=a+b/c=1 (Figura 8). Si el cociente es mayor de 1, la silueta cardiaca está aumentada de tamaño.


Sistemática de lectura

Debemos "leer" la exploración radiológica de forma que ninguna área de la placa deje de ser sometido al análisis del lector; por esto, cada uno debe disponer de un método o plan de estudio e interpretación reglado y sistemático de la exploración radiológica.

Antes de iniciar la interpretación radiográfica debemos confirmar la filiación del paciente (las radiografías son del paciente objeto de la consulta?), verificar la fecha o fechas de los estudios radiográficos y disponer de las radiografías previas, si hubiera. La comprobación y verificación de estos apartados pueden evitar errores diagnósticos. El método o el orden de lectura pueden variar de una a otra persona, pero siempre debería ser el mismo.

Se propone el mismo orden que se ha utilizado para explicar la anatomía:

1. Evaluar los criterios técnicos de calidad.
2. Evaluar las partes blandas y el esqueleto torácico.
3. Evaluar la normalidad del parénquima pulmonar.
4. Estudiar la pleura.
5. Verificar la normalidad del diafragma.
6. Evaluar la situación, tamaño y densidad de los hilios.
7. Evaluar el mediastino (densidad y bordes cardiovasculares).
8. Evaluar el tamaño de la silueta cardiaca.


Patrones radiológicos

Se denomina patrón radiológico al conjunto de signos identificables en el estudio radiológico del tórax que definen la afectación o anormalidad de alguna parte de las estructuras anatómicas contenidas del tórax.

De manera sencilla podemos afirmar que la enfermedad pulmonar puede manifestarse radiológicamente como un incremento o aumento de densidad u opacidad focal, lobar o pulmonar o como una disminución de densidad, o hiperlucencia focal o pulmonar.

Patrón alveolar

También llamado patrón de afectación del espacio aéreo, consiste en la sustitución del aire presente en el espacio aéreo pulmonar por otro material de mayor densidad radiográfica (exudado o trasudado) y por tanto se manifiesta como un aumento de densidad que puede ser focal, lobular o afectar a uno o ambos pulmones. También se conoce como condensación del espacio aéreo.

Los signos radiológicos que caracterizan al patrón alveolar son:

o Los bordes de la lesión son bordes algodonosos, mal definidos.
o Tienen tendencia a unirse con alveolos vecinos, a coalescer.
o Distribución en forma de "alas de mariposa".
o Se observa la presencia de nódulos o rosetas acinares.
o Presencia de broncograma / alveolograma aéreo.
o La patocronia lesional es rápida.

Los bordes de una lesión alveolar son mal definidos porque la afectación de los alveolos no es contigua, de forma que pueden coexistir alveolos enfermos con sanos, lo que hace que la transición con el parénquima donde asientan sea borrosa, mal definida. Como existen canales de comunicación entre los sacos alveolares (los poros de Kohn) y entre los alveolos y los bronquiolos (canales de Lambert), los focos de afectación pueden juntarse, coalescer unos con otros y originar áreas de mayor densidad radiográfica cuya periferia está mal definida (Figura 9), excepto cuando la afectación llega hasta una cisura o hasta la periferia pulmonar (Figura 10). La coalescencia hace posible que se vean imágenes nodulares llamadas nódulos acinares o rosetas alveolares, más evidentes en la periferia de la lesión, que se aprecian mejor en la exploración mediante Tomografía Computarizada (Figura 11).

El signo del broncograma aéreo se refiere a la visualización de imágenes tubulares llenas de aire rodeadas por alveolos con aumento de densidad por estar ocupados por la enfermedad; el broncograma puede verse como estructuras tubulares llenas de aire (Figura 12) rodeadas por los alveolos enfermos, o como imágenes redondeadas según sea la orientación espacial de los bronquios respecto al haz de rayos X.

El alveolograma aéreo es la consecuencia de la interposición o "mezcla" de alveolos enfermos y sanos que hace que se observen áreas aireadas en el seno de la condensación (Figura 12). La presencia del alveolograma y del broncograma aéreos indican con certeza que la lesión es alveolar (Figura 11). No se debe confundir la presencia del alveolograma aéreo con zonas de necrosis en el seno de una posible condensación neumónica.

En ocasiones, el patrón alveolar se manifiesta con una distribución peculiar que se denomina "en alas de mariposa"; este término hace referencia a que la densidad radiográfica es mayor en la porción central yuxtamediastínica que en la periferia de la condensación donde se va haciendo cada vez menos evidente conforme se aleja de la porción central. No es específico de ninguna enfermedad concreta, aunque el edema pulmonar hidrostático, más frecuentemente debido al fallo cardiaco congestivo, se suele manifestar con esta distribución, habitualmente bilateral y simétrica aunque puede ser asimétrica (Figura 13a).

La patocronia lesional rápida se refiere a que los cambios en la apariencia radiográfica de las lesiones alveolares se producen de forma rápida, tanto en la mejoría como el empeoramiento de la enfermedad. El cambio es más rápido en el edema (Figura 13b), menos en la neumonía, más lento en la hemorragia y aún más lento cuando el espacio aéreo está ocupado por proteinas o por células tumorales.


Causas

Las causas son múltiples, aunque las más frecuentes son la neumonía, el edema y la hemorragia pulmonar depende de cual sea el material que reemplace el aire alveolar;

Agua: edema ;Exudado: neumonía; Sangre. Hemorragia; Proteinas o células: algún tipo de tumor (linfoma o carcinoma de células alveolares).

Las lesiones alveolares pueden ser localizadas o difusas.

Lesiones alveolares localizadas.- son las enfermedades del espacio aéreo que afectan a segmentos o lóbulos específicos. Las causas más frecuentes son las neumonías bacterianas, la tuberculosis y la hemorragia pulmonar. Otras enfermedades pueden originar el mismo cuadro radiológico pero son menos frecuentes en el ámbito de la Atención Primaria. Todas ellas tienen algunos o varios de los signos de la afectación del espacio aéreo.

Signo de la silueta

Un signo de gran ayuda para la correcta localización de las lesiones alveolares es el signo de la silueta. Benjamín Felson describió que "cualquier opacidad pulmonar que esté en contacto con el borde cardíaco, de la aorta o del diafragma borrará el borde de esta estructura mientras que si no está en contigüidad con estas estructuras dicho borde no se obliterará".

Si una opacidad pulmonar borra el borde cardiaco derecho, la lesión es anterior y asienta en el lóbulo medio en el lado derecho (Figura 14) y en la língula si la lesión está en el lado izquierdo.

Si el borde lateral de la aorta descendente está borrado la lesión asienta en los segmentos posteriores del lóbulo inferior izquierdo y si el borde derecho de la aorta ascendente está borrado la lesión asienta en el segmento anterior del lóbulo superior derecho.

Sin embargo, debemos saber que no siempre que se borra algunas de estas estructuras hay lesión pulmonar. Algunas lesiones pleurales o mediastínicas pueden tener positivo el signo de la silueta con alguna estructura mediastínica o de la silueta cardiovascular y no corresponden a lesiones del espacio aéreo. Además, algunas anomalías congénitas, por ejemplo, el pectus excavatum puede borrar el borde cardiaco derecho sin existir afectación del lóbulo medio.


Lesiones alveolares difusas

Las lesiones alveolares difusas son enfermedades del espacio aéreo que afectan de manera generalizada a varios segmentos o diferentes lóbulos en forma de múltiples nódulos mal definidos o a parches. Algunas veces presentan la distribución en "alas de mariposa".

Algunas infecciones sobre todo en paciente cuya inmunidad está comprometida (pacientes con SIDA, sometidos a quimioterapia, etc) pueden presentarse como lesiones alveolares difusas, habitualmente causadas por gérmenes como el bacilo de Koch, el Pneumocystis carinii o la Legionella.

Un tipo de lesión alveolar difusa es el edema pulmonar: la imagen alveolar de edema pulmonar se puede acompañar de silueta cardiaca normal en algunas enfermedades cardiovasculares agudas (infarto de miocardio) o con aumento del tamaño del corazón en el fallo cardiaco congestivo que es la causa más frecuente de edema pulmonar. Suele adoptar la distribución en alas de mariposa.

El edema pulmonar puede adoptar una forma no típica cuando el parénquima pulmonar subyacente es anormal, por ejemplo cuando existen lesiones crónicas pulmonares; no hay edema si la vascularización subyacente es anormal por destrucción del parénquima pulmonar o por existir zonas de tromboembolismo crónico.


Diferencias
de densidad radiográfica entre ambos hemitórax

En ocasiones, observamos que un hemitórax es más denso que el contralateral y la pregunta que uno se hace es cuál de los dos es el patológico, si el que aparece más denso o el que aparece menos denso. Esta circunstancia es lo que denominamos la asimetría de la densidad radiográfica entre ambos hemitórax.

Debemos decidir cuál es el hemitórax normal y esto a veces no es fácil. Hay que fijarse en el volumen, en la densidad radiográfica, en la vascularización de cada hemitórax y en la presencia o no de enfermedad pleural previa.

La causa más frecuente de asimetría en la densidad radiográfica es un defecto técnico por la ausencia de alineación física de los elementos que se utilizan para la realización de la radiografía. Para saber si es ésta la causa de la asimetría debemos fijarnos en la densidad de las zonas axilares y de las partes blandas de la caja torácica a ambos lados del tórax: si el incremento de la densidad de las partes blandas coincide con el lado donde la densidad del pulmón está aumentada asumiremos que es por un defecto técnico y no existe realmente enfermedad pulmonar (Figura 15). Otras veces sucede lo mismo por una excesiva rotación del paciente en el momento de hacerse la radiografía. En ambos casos se debe observar que el aspecto y el número de los vasos pulmonares son semejantes en ambos hemitórax y que el receso costofrénico es normal.

Hay causas evidentes de disminución de la densidad radiográfica en un hemitórax, en ausencia de enfermedad pulmonar. Una mastectomía previa, la ausencia congénita del músculo pectoral (síndrome de Poland) u otras causas que supongan la disminución de la masa muscular de la zona.pectoral son circunstancias que hacen que la densidad radiográfica de la porción media e inferior de un hemitórax esté disminuida aunque no haya enfermedad pulmonar.

Si las circunstancias anteriores no están presentes, podemos observar en algún caso que el hemitórax menos denso tiene menos vasos y mayor tamaño que el contralateral. En estos casos, la radiografía de tórax en expiración pone de manifiesto que el hemitórax normal disminuye de volumen, tiene menos aire y el hemidiafragma asciende; por el contrario el pulmón con menor número de vasos y menos denso apenas se modifica con la expiración, apareciendo de mayor tamaño que el pulmón normal y el mediastino se desplaza hacia el lado normal (Figuras 16). Estos signos son característicos del "pulmón hiperclaro unilateral" o síndrome de McLeod debido a las secuelas pulmonares, bronquiales y vasculares consecuencias de una bronquioloalveolitis obliterante, de causa probablemente viral, en la infancia.

Si existe un hemitórax totalmente opacificado nos encontramos ante el llamado hemitórax blanco u opaco que tiene varias causas: derrame pleural masivo, atelectasia completa de un pulmón, neumonía de todo un pulmón, neumonectomía previa y la aplasia pulmonar. Las dos primeras son tratadas en el apartado de pleura y de la atelectasia;

la neumonía tiene signos de afectación del espacio aéreo (broncograma, alveolograma, etc) y signos clínicos; la neumonectomía es un antecedente conocido por el paciente y la aplasia o hipoplasia pulmonar puede ser conocida por el paciente, o bien suele ser asintomática y puede descubrirse de una manera casual al realizarse la radiografía por otro motivo. En el último caso se deberá continuar el estudio con TC para verificar que realmente se trata de una anomalía del desarrollo pulmonar.


Patrón intersticial

Se considera el patrón intersticial como la manifestación radiográfica de algunas enfermedades cuando se afectan las estructuras anatómicas que componen el intersticio pulmonar: los septos o tabiques interlobulillares, las paredes alveolares, el espacio subpleural y las vainas peribronco-vasculares (el tejido intersticial que rodea a los vasos y bronquios desde el hilio hasta la periferia pulmonar). El espacio intersticial es un continuum dentro del pulmón pues se extiende desde el hilio hasta la periferia pulmonar y en el lobulillo secundario pulmonar, unidad anatómica y funcional básica del pulmón.

Es muy poco probable que el patrón intersticial presente una distribución lobar o segmentaria, como sucede con el patrón alveolar.

Como los septos interlobulillares están más desarrollados en las bases y en la periferia del pulmón y son perpendiculares a la superficie pleural visceral las manifestaciones más frecuentes de la afectación intersticial de forma lineal serán las llamadas líneas B de Kerley en honor de quien las describió. Las líneas B representan el engrosamiento de los septos interlobulillares y como éstos están compuestos por canales linfáticos, venas pulmonares y el tejido conectivo pulmonar, cualquier enfermedad que afecte a uno o varios de estos elementos podrá tener una manifestación radiográfica en forma de líneas B de Kerley.

De esta forma, el edema pulmonar de cualquier etiología en su fase más precoz, las linfangitis, sean infecciosas, granulomatosas o neoplásicas y las enfermedades del tejido colágeno-vascular pueden manifestarse en algún momento de su evolución con el patrón intersticial de tipo lineal.

Las líneas B de Kerley se ven con más facilidad en la periferia de la base pulmonar; son líneas delgadas, perpendiculares a la superficie pleural, relativamente bien definidas. No suelen presentar ramificaciones y remedan los peldaños de una escalera ya que son paralelas entre sí (Figura 17).

Las líneas A de Kerley, más difíciles de identificar, corresponden al engrosamiento de los vasos linfáticos, son más finas y nítidas y se ven mejor en los campos medio y superiores del pulmón. Como prácticamente todos los pacientes con líneas A tienen septos engrosados (líneas B) y casi nunca se presentan aisladas las líneas A, nuestro esfuerzo debe dirigirse hacia la identificación de las líneas B.

Las llamadas líneas C o patrón reticular serían el resultado del entrecruzamiento de muchas imágenes lineales lo que daría como resultado la imagen en malla o retícula.

Las causas más frecuentes de patrón intersticial lineal son:

1. La diseminación linfangítica metastásica pulmonar como la consecuencia de la afectación neoplásica intersticial por vía linfática que produce el engrosamiento de los septos interlobulillares; la distribución de estas lesiones suele ser difusa o basal, adyacente al hilio o en las bases pulmonares con presencia de líneas B de Kerley.

2. Los procesos inflamatorios infecciosos pueden causar engrosamiento intersticial, aunque suele predominar el aumento de tamaño de las paredes alveolares con menor evidencia del engrosamiento de los septos interlobulillares, como ocurre en algunos casos de infestación por Pneumocystis carinii.

3. Los procesos inflamatorios no infecciosos que pueden ser idiopáticos o secundarios a enfermedades del tejido colágeno-vascular, con inflamación intersticial por vasculitis, por afectación de los vasos. En este grupo se incluyen la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico, la esclerodermia, la dermatomiositis y la polimiositis. Casi todas estas enfermedades provocan en su estadio final pulmonar una fibrosis, de aspecto bastante característico, cuyo aspecto es indistinguible sea cual sea su enfermedad primaria aunque La esclerodermia es la que con mayor frecuencia produce estos hallazgos de fibrosis pulmonar, que se conoce como pulmón en panal de miel, panalización o honeycombing.

En el estadio inicial de las fibrosis pulmonares se observa engrosamiento lineal de los septos más evidente en las bases y en la periferia pulmonar; más tarde aparecen espacios quísticos aéreos habitualmente menores de dos centímetros con pared en el seno de una zona más densa, que se disponen en capas y que predominan, aunque la enfermedad sea difusa, en las porciones basales posteriores y periféricas del pulmón. El volumen pulmonar se reduce y es evidente si comparamos con radiografías previas del mismo paciente. Otra causa que puede presentarse de esta manera es la inflamación alérgica o la reacción ante ciertos fármacos.

El patrón nodular aparece cuando todos los componentes del intersticio se afectan y engruesan de forma irregular, alternando zonas de intersticio normal con otras patológicas. Las enfermedades que se manifiestan como nódulos pulmonares múltiples con afectación del espacio intersticial son las metástasis, la tuberculosis y la sarcoidosis. El tema de los nódulos pulmonares múltiples lo trataremos en el apartado del patrón nodular.

El término retículo-nodular se usa para referirse a la presencia combinada del patrón intersticial lineal y nodular.

En cualquiera de los casos de afectación intersticial: lineal, nodular o retículo-nodular la TCAR (Tomografía Computarizada de Alta Resolución) es de gran utilidad pues permite distinguir los diferentes tipos de patrón intersticial y detectar otros patrones de afectación pulmonar que en la radiografía pudieran inducir al error.
Patrón pleural

El espacio pleural virtual se hace "real" cuando entre ambas hojas pleurales existe aire (neumotórax), líquido pleural en cantidad mayor que en condiciones normales (derrame pleural), líquido y aire (hidroneumotórax) o células (exudado).


Neumotórax

La presencia de aire entre las dos hojas pleurales se denomina neumotórax. Puede ser espontáneo o traumático. En el espontáneo suele ser por rotura de una bulla subpleural, y se da con mayor frecuencia en pacientes varones con mayor frecuencia, jóvenes y de hábito asténico. Otras muchas lesiones localizadas en la periferia pulmonar pueden ser la causa de la presencia de aire en la cavidad pleural. El traumatismo como causa de neumotórax puede ser cerrado o penetrante y también iatrogénico (biopsia percutánea, ventilación mecánica, etc.).

Los hallazgos radiológicos dependen del tamaño del neumotórax. Cuando la cantidad de aire es escasa se observa la existencia de una delgada línea paralela a la pared torácica; por fuera de esa línea no se observan estructuras vasculares. Esta línea corresponde a la pleura visceral; la identificación de una línea con estas características es patognomónico de neumotórax (Figura 18). Si hay dudas razonables acerca de si hay o no neumotórax, éste se hace más visible con la realización de una radiografía en espiración, pero en la mayoría de las ocasiones no es necesario.

Cuando el neumotórax es casi masivo, la colección de aire es más manifiesta y se produce el colapso pulmonar; el pulmón comprimido aparece como un muñón aumentado de densidad y en el hemitórax no es posible identificar estructuras vasculares (Figura 19). En estos casos el mediastino puede estar centrado o mostrar un cierto desplazamiento contralateral.

En el neumotórax a tensión, con cada inspiración la presión dentro del espacio pleural afecto es mayor, la compresión sobre el pulmón homolateral también y en estas circunstancias se produce el desplazamiento mediastínico contralateral. El hemitórax afecto está muy disminuido de densidad y la tráquea y el corazón están desviados en sentido contrario al neumotórax. El neumotórax a tensión es una urgencia médica y se debe drenar el neumotórax de forma inmediata.


Derrame pleural

El derrame pleural es el acúmulo de líquido en el espacio pleural. Puede ser trasudado o exudado: la diferencia se establece con criterios clínicos, por historia y tras el análisis del líquido. La apariencia radiológica del derrame pleural es igual e independiente de la naturaleza del líquido presente en las radiografías de tórax; otros métodos, como US (ultrasonidos), TC y RM pueden ayudar a conocer la naturaleza del líquido pleural.

En bipedestación, el derrame pleural se dispone en el ángulo costofrénico posterior, identificado en la radiografía lateral. En las dos proyecciones se observa la presencia de una curva cóncava hacia el pulmón, de aspecto triangular y suavemente ascendente con límite neto en su porción superior (signo del menisco) (Figura 20). En la mayoría de ocasiones, el signo del menisco se observa en las dos proyecciones; sin embargo, en algunos casos solo se aprecia en la radiografía lateral por ser la porción más declive del espacio pleural.

Algunas veces el líquido se dispone en localizaciones atípicas: subpulmonar y en las cisuras. En la localización subpulmonar los hallazgos en la proyección posteroanterior son: un aumento de densidad por debajo del diafragma y la porción más alta del diafragma es más lateral que medial. En realidad, lo que observamos como diafragma no es más que la pleura visceral desplazada hacia arriba por el líquido; en esta situación hay que observar si se observa el signo del menisco y el borramiento del ángulo costofrénico posterior en la proyección lateral. En estas ocasiones se solicitará una proyección en decúbito lateral con el rayo horizontal para demostrar la movilidad del líquido pleural desplazándose en la porción más declive.

Derrame pleural loculado o encapsulado: se denomina así a las colecciones pleurales que no son libres ya que existen adherencias en alguna parte del espacio pleural. Las causas más frecuentes son los exudados, el empiema y la presencia de hemotórax.

La loculación pleural puede darse en la periferia o en las cisuras. En este último caso, el líquido se presenta como una imagen biconvexa, fusiforme, con al menos uno de los dos extremos afilados, de densidad homogénea y en relación con las cisuras. Si la loculación se produce en la cisura menor se observa en las dos proyecciones; si el líquido se locula en la cisura mayor de cualquiera de los pulmones se verá mejor con el aspecto descrito en la proyección lateral y aparece como un incremento de densidad mal definido en la proyección posteroanterior, que puede simular una lesión pulmonar

(Figura 21). La imagen desaparece poco a poco cuando se resuelve la causa que han originado el acúmulo de líquido:

esto sucede en algunos casos de fallo cardiaco. Por ello se denomina tumor fantasma o evanescente.

Cuando la loculación se produce en la periferia pulmonar aparecen como incremento de densidad, homogéneas, contigua a la pared torácica y de bordes convexos y nítidos (signo de la embarazada). Las lesiones pueden ser solitarias o múltiples y las causas pueden ser variadas (líquido, infección, tumor, etc). Como puede localizarse en cualquier lugar de la convexidad pleural se ven con mayor nitidez y con las características descritas en sólo una de las dos proyecciones radiológicas. Los signos radiológicos de las loculaciones son:

1. La presencia de un margen bien definido respecto al pulmón allá donde el haz de rayos es tangencial a la lesión.
2. La lesión suele ser ovalada, en forma de huso y el diámetro mayor es en el eje vertical.
3. Los ángulos de la lesión son obtusos respecto a la pared torácica.

Si estas loculaciones pleurales tienen aire en su interior debemos pensar en la existencia de empiema o en la presencia de una fístula broncopleural, salvo que se haya practicado alguna maniobra diagnóstica invasora (toracocentesis) en el espacio pleural o por un traumatismo penetrante que pueden justificar la presencia del aire.


Derrame pleural masivo

Cuando el espacio pleural está ocupado totalmente por líquido se produce una opacificación completa del hemitórax afectado. Este líquido se comporta como una lesión ocupante de espacio, comprime el pulmón y desplaza contralateralmente las estructuras mediastínicas (Figura 22). Como la tráquea es la estructura mediastínica más fácilmente identificable por su contenido aéreo monitoriza la desviación mediastínica. Además el diafragma puede ser desplazado inferiormente pero este signo no siempre se identifica claramente en la radiografía, sí mediante estudio ecográfico.

Los signos radiográficos de derrame pleural masivo son:

1. Opacficación completa del hemitórax.
2. Desplazamiento contralateral de la tráquea y demás estructuras mediastínicas.

Además del derrame pleural masivo, existen otras causas que se presentan con la semiología de un hemitórax opaco; estas otras causas serán tratadas con mayor detalle en el apartado de la atelectasia pulmonar completa.


Hidroneumotórax

La coexistencia de derrame pleural y aire en el espacio pleural da lugar a la presencia de un nivel hidroaéreo en la radiografía de tórax en bipedestación. Este nivel tiene longitudes diferentes en las proyecciones posteroanterior y lateral al tratarse de una colección localizada entre las dos hojas pleurales cuya orientación respecto al haz de rayos X es diferente en cada proyección y porque la pleura visceral es convexa (Figura 23). En estos casos, suele observarse obliteración del seno costofrénico del mismo lado o alteraciones pleurales de otra localización en el mismo hemitórax.

Sin embargo, en una lesión pulmonar con nivel hidroaéreo, la longitud del nivel en las dos proyecciones es igual; esto hace posible que se pueda asumir la localización exacta pleural o pulmonar de una lesión con nivel hidroaéreo.


Lesión extrapulmonar

Una lesión de localización extrapulmonar está situada entre ambas hojas pleurales y se observa, cuando el haz de rayos es tangencial a la lesión, con los signos descritos más arriba como el signo de la embarazada. La lesión puede ser de naturaleza líquida (derrame loculado), grasa (lipoma) o sólido (tumor fibroso pleural). La auténtica naturaleza de la lesión se pone de manifiesto mediante la Tomografía Computarizada que tiene mayor resolución de densidades que la radiología convencional.


Lesión extrapleural

Una lesión es extrapleural cuando se localiza fuera de la pleura parietal. Los hallazgos radiológicos son los de una lesión con el signo de la embarazada más la presencia de lesión lítica costal (Figuras 24). No todas las lesiones extrapleurales se acompañan de lisis costal. Lo cierto que si una lesión tiene el signo de la embarazada acompañada de lesión costal es seguro que su localización u origen es extrapleural.

Las causas más frecuentes son las metástasis óseas con destrucción costal con la masa de partes blandas proyectándose hacia el pulmón o cualquier lesión ósea. La lisis costal suele ser visible en la radiografía de tórax por lo que se deben evaluar los bordes superior e inferior de las costillas adyacentes a la lesión de partes blandas.

Sinequia pleural.- Esta circunstancia sucede cuando el seno costofrénico pierde su forma normal y aparece recto en una o en las dos proyecciones (Figura 25). Esto se debe a la existencia de adherencias entre las dos hojas pleurales en algunos casos de pacientes que han padecido una enfermedad inflamatoria pleural. No es probable con esta apariencia la existencia de derrame pleural libre y, por tanto, no estaría indicada la realización de una proyección en decúbito lateral con rayos horizontal para demostrar la existencia de líquido pleural libre.


Paquipleuritis

Se denomina paquipleuritis a la presencia de engrosamiento pleural difuso que se extiende al menos en un 25 por ciento de la pared torácica, con o sin borramiento de los senos costofrénicos. La causa más frecuente es la tuberculosis.

Radiológicamente se observa un hemitórax disminuido de volumen, engrosamiento pleural y calcificaciones de la pleura visceral que se muestran como imágenes lineales más densas cuando el haz de rayos X es tangencial a las mismas, de manera que se visualizan con morfología diferente en la proyección posteroanterior que en la lateral (Figura 26). El seno costofrénico puede estar obliterado y suelen verse calcificaciones lineales o curvilíneas de la pleura diafragmática.

Patrón de atelectasia

Se conoce con el nombre de atelectasia la ausencia de distensión completa de una parte o de todo un pulmón. Las palabras atelectasia, colapso y pérdida de volumen son sinónimos. Se refiere a aquella situación en que hay una disminución de volumen de la porción pulmonar afecta acompañada, no siempre, con un aumento de densidad.

Los mecanismos por los que se produce la atelectasia son varios y dependen de las causas. Así, la causa más común es la existencia de una lesión endobronquial (mecanismo obstructivo), otra causa es el conflicto de espacio (mecanismo pasivo o compresivo) aunque la separación sería un tanto artificiosa; otra causa es la existencia de fibrosis o retracción (mecanismo cicatricial) y por último la adhesiva que se da en estados de ausencia de factor surfactante: estados postcirugía, etc. (Tabla 1).


Signos radiográficos

Los signos directos son la opacificación de la porción afectada (lóbulo o pulmón) por la ausencia de aireación y el desplazamiento de las cisuras que conforman los límites de la porción afectada. Los signos indirectos son varios y pueden no estar presentes en las radiografías.

Signos directos
o Desplazamiento de las cisuras.
o Aumento de densidad localizado.
o Agrupamiento de vasos y bronquios.

Signos indirectos
o Desplazamiento hiliar (elevación o depresión).
o Desplazamiento mediastínico (traqueal o cardíaco).
o Elevación unilateral del diafragma.
o Disminución de tamaño del hemitórax.
o Hiperinsuflación compensatoria.

Consideraré, con fines docentes, que las cisuras son completas, algo que desde luego no sucede en todos los individuos. Por tanto, debemos recordar qué cisuras corresponden a cada uno de los lóbulos pulmonares y estas cisuras tendrán un vector de desplazamiento según cual sea el lóbulo que ha perdido volumen.

El lóbulo superior derecho está limitado por la cisura menor y la porción superior de la cisura mayor derecha.

El lóbulo medio está limitado por la cisura menor y la parte inferior de la cisura mayor derecha.

El lóbulo inferior derecho está localizado detrás de la cisura mayor derecha.

El lóbulo superior izquierdo está por delante de la cisura izquierda y el lóbulo inferior izquierdo está por detrás de dicha cisura.

Atelectasia del lóbulo superior derecho (LSD)
El aspecto radiográfico en la proyección posteroanterior es el de una imagen triangular aplastada contra el mediastino con la base en el vértice y la punta hacia el hilio derecho (Figura 27a). En la proyección lateral se aprecia un aumento de densidad por delante de la tráquea y, en ocasiones, el borramiento del borde anterior de la aorta ascendente (Figura 27b).

Todo ello sucede como consecuencia del desplazamiento de la cisura menor hacia arriba en las proyecciones posteroanterior y lateral. La porción superior de la cisura mayor se desplaza hacia adelante y hacia arriba lo que origina la imagen triangular con el vértice en la porción central y la base en el vértice pulmonar.

La arteria pulmonar derecha puede localizarse al mismo nivel que la izquierda o incluso más elevada. Puede haber desplazamiento traqueal hacia el lado derecho y elevación del diafragma.

En ocasiones es posible ver una imagen peculiar llamada de "S itálica o signo de Golden" constituida por una imagen medial convexa por la presencia de una masa hiliar y por una curva cóncava por el desplazamiento superior de la cisura menor. A veces puede verse este signo sin que haya masa hiliar. Este aspecto es más frecuente en la atelectasia de los lóbulos superiores.

Atelectasia del lóbulo medio (LM)
Cuando se produce el colapso del LM no aparece una opacidad bien definida en la proyección posteroanterior sino que se oblitera el borde cardíaco derecho (signo de la silueta) (Figura 28a). En la proyección lateral se observa un aumento de densidad triangular de bordes bien definidos; esta imagen triangular la forman la cisura menor, desplazada hacia abajo, y la porción inferior de la cisura mayor desplazada hacia arriba (Figura 28b). En ocasiones puede verse la presencia de broncograma aéreo en el seno de la condensación. Los signos indirectos son poco evidentes dado el escaso volumen que supone el LM.

Atelectasia del lóbulo inferior derecho (LID)
La imagen en la proyección posteroanterior es de un incremento de densidad basal que no borra el borde cardíaco y puede borrar el diafragma derecho. La cisura mayor se desplaza posteriormente de forma que puede verse una imagen triangular con el vértice en el hilio y la base sobre el diafragma. Como la cisura ofrece una orientación oblicua hacia el haz de rayos X el borde del aumento de densidad puede no estar bien definido. En la proyección lateral puede verse un aumento de densidad sobre el área de las vértebras dorsales inferiores y el borramiento de la porción más posterior del hemidiafragma derecho.

El hilio derecho puede estar descendido y la tráquea y el diafragma no suelen mostrar modificaciones significativas.

Atelectasia del lóbulo superior izquierdo (LSI)
El aspecto de la atelectasia del LSI respecto a la del LSD es que en el lado izquierdo no hay cisura menor.

En la proyección posteroanterior, el lóbulo atelectasiado es el responsable de la opacidad pulmonar que borra el borde cardíaco izquierdo (signo de la silueta), el hilio pulmonar asciende y el hemidiafragma no está borrado (Figura 29a). En algunos casos, el segmento superior del lóbulo inferior izquierdo (LII) rodea el cayado aórtico y se observa una hiperlucencia periaórtica.

En la proyección lateral, la cisura izquierda se desplaza hacia adelante casi paralela a la pared torácica anterior, más o menos paralela al esternón. La cisura no aparece como una línea sino como una interfase ya que el LSI, opacificado, tiene mayor densidad, por no estar aireado, que el lóbulo inferior (Figura 29b).

Atelectasia de lóbulo inferior izquierdo (LII)
En este caso, la cisura está desplazada posterior y medialmente de forma que en la proyección posteroanterior se observa una imagen de condensación retrocardiaca, triangular adyacente a la columna vertebral y con el borde bien definido aunque no sucede siempre así. El borde cardíaco no se borra y sí se oblitera el diafragma y la aorta descendente. El hilio desciende y ambos hilios pueden encontrarse al mismo nivel (Figura 30a). En la proyección lateral se observa un aumento de densidad sobre los cuerpos vertebrales dorsales inferiores y la porción más posterior del diafragma se borra (Figura 30b).


Atelectasia redonda

A veces una porción de pulmón atelectasiado puede adoptar una forma redondeada que puede simular un nódulo pulmonar o una enfermedad pleural.

Es más frecuente en los lóbulos inferiores y en pacientes expuestos profesionalmente al asbesto. La imagen radiológica es bastante característica y se la conoce como en cola de cometa debido a que los vasos y bronquios se curvan hacia la masa, con al menos dos márgenes bien definidos y su porción medial se prolonga hacia el hilo. La imagen es debida al plegamiento del pulmón, se enrolla sobre sí mismo cuando flota en el derrame pleural. La TC es esencial para el diagnóstico.


Hemitórax opaco

Esta situación se da cuando todo un hemitórax aparece denso, circunstancia que se conoce como hemitórax blanco u opaco. Hay muchas causas que pueden dar esta apariencia radiológica.

La presencia de una lesión endobronquial de naturaleza neoplásica es la causa más frecuente de la atelectasia masiva o colapso unilateral: la apariencia radiográfica es la de un hemitórax opaco acompañado de desplazamiento de la tráquea y del mediastino hacia el lado opaco (Figura 31).

La tráquea y el mediastino pueden no sufrir desplazamiento si la atelectasia se acompaña de derrame pleural pues éste compensa la pérdida de volumen y las estructuras mediastínicas permanecen estables (Figura 32). Como la causa más frecuente de la atelectasia masiva es el carcinoma de pulmón, el derrame de naturaleza metastásica por la presencia de metástasis pleurales puede estar presente aunque no siempre el derrame es de naturaleza metastásica.

Otra causa de hemitórax opaco sin desplazamiento mediastínico en algún momento de su evolución es la presencia de mesotelioma; como la afectación de la pleura mediastínica es una constante hace imposible que pueda existir desplazamiento de las estructuras como la tráquea.

La Tomografía Computarizada supone una gran ayuda en el diagnóstico diferencial de tumor pleural maligno versus lesión bronquial estenosante maligna con derrame pleural metastático.

En el derrame pleural unilateral masivo ya se ha descrito previamente que hay hemitórax opaco con desplazamiento contralateral, hacia el hemitórax sano, de la tráquea y el mediastino (Figura 22).

La neumonía puede dar un hemitórax opaco pero la condensación no es homogénea y puede observarse la presencia de broncograma y alveolograma aéreos, además de los signos clínicos acompañantes.

Algunas veces podemos ver lesiones destructivas, habitualmente tuberculosis de larga evolución donde hay un gran componente de pérdida de volumen, con desplazamiento traqueal muy marcado y evidente; en estos casos pueden verse zonas aéreas en el seno del hemitórax que corresponden a las zonas destruidas por la enfermedad pulmonar crónica (Figura 33). En estos casos, los hallazgos asociados son la presencia de engrosamiento y calcificaciones pleurales y bronquiectasias, todo ello mejor definido mediante Tomografía Computarizada.

La neumonectomía previa da lugar a un hemitórax opaco con desplazamiento traqueal hacia el lado de la neumonectomía, pero el antecedente al igual que sucede con las hernias diafragmáticas tras un traumatismo torácico hacen más fácil el diagnóstico.

Patrón nodular: único o múltiple

El nódulo pulmonar puede ser solitario (NPS) o múltiple (NPM).

El término nódulo pulmonar solitario (NPS) se refiere a una lesión intrapulmonar, rodeada de aire, de forma redondeada, ovoidea o lobular cuyo diámetro es inferior a 3 centímetros (Figura 34). El término masa pulmonar queda reservado para las lesiones mayores de 3 centímetros con las mismas características antes descritas.

Los procesos que se pueden manifestar como NPS son múltiples, desde un carcinoma de pulmón hasta una metástasis única, pasando por una malformación arteriovenosa pulmonar, un granuloma, un hamartoma, el infarto pulmonar, el quiste hidatídico, la neumonía redonda, hasta lesiones que se presentan radiológicamente como NPS y son, en realidad, seudonódulos, por ejemplo: estructuras cutáneas como el pezón, o patología extrapulmonar como las placas pleurales, los osteofitos, el cartílago prominente de la primera costilla, un callo de fractura costal, un islote óseo costal (Figura 35), etc. En la bibliografía se informa de que un 20 por ciento de las lesiones nodulares son seudonódulos.

Las enfermedades que con mayor frecuencia se presentan como un NPS son el carcinoma broncogénico, el granuloma y el hamartoma pulmonar.

Si tenemos cien nódulos pulmonares detectados en los estudios radiográficos, un poco más de la mitad (aproximadamente 55 por ciento) serán lesiones benignas y del 45 por ciento restante, tres casos de cada cuatro serán carcinomas broncogénicos y uno de cada cuatro serán metástasis pulmonares.

Como el cáncer de pulmón se presenta en gran número de ocasiones como un NPS, el propósito médico es discernir qué lesión es un cáncer para tomar las decisiones medidas oportunas y no demorarse en el diagnóstico para iniciar el tratamiento.

Las características morfológicas que hay que evaluar en un NPS son: el tamaño, el borde, la posible cavitación y las características y grosor de la pared, la existencia de calcificación y la estabilidad o no en su tamaño en el tiempo. De todos ellos, solamente la presencia de una calcificación de tipo "benigno" y la estabilidad en el tamaño en un periodo de dos o más años son criterios que indican la probabilidad muy elevada de la benignidad de la lesión nodular.

1. Calcificación. Debo recordar que la percepción del calcio en las lesiones pulmonares es menor por el uso del alto Kilovoltaje en el tórax. La mayoría de lesiones pulmonares nodulares calcificadas serán benignas pero no se puede olvidar que la neoplasia puede calcificar y se ha publicado que un 14 por ciento de cánceres de pulmón presentan calcificación mediante la Tomografía Computarizada mientras que es muy poco probable que se observe dicha calcificación en la radiografía. Esto es debido a que los focos calcificados suelen ser muy pequeños y poco densos.

La presencia de una calcificación excéntrica ocurre cuando una neoplasia se desarrolla sobre una lesión calcificada preexistente, más frecuentemente granulomatosa, y en su crecimiento la neoplasia la engloba quedando en situación excéntrica: es lo que se conoce como scar carcinoma o cáncer de cicatriz.

Si la calcificación es central, muy densa y ocupa la práctica totalidad de la lesión o tiene una forma en hojas de cebolla o laminado concéntrico o tiene forma grumosa (en palomitas de maíz (Figura 36) la lesión es benigna.

2. Estabilidad en el tamaño. Se considera que un NPS que no presenta crecimiento en un periodo de dos o más años es benigno. Se utiliza el concepto de tiempo de duplicación (número de días que necesita un NPS para doblar su volumen) para valorar la velocidad de crecimiento de un nódulo: las referencias bibliográficas afirman que las lesiones benignas tienen un crecimiento muy rápido (tiempo de duplicación inferior a siete días) o muy lento (tiempo superior a 465 días) considerando que las lesiones cuyo tiempo de duplicación son intermedios serán sugestivos de malignidad.

Es necesario recordar que la relación entre el diámetro y el volumen de una lesión no es lineal puesto que la lesión nodular es una esfera y la relación está determinada por la fómula de la esfera, de manera que pequeñas variaciones en el diámetro suponen un significativo aumento de su volumen (Figura 37). Además hay lesiones benignas que tienen un tiempo de crecimiento intermedio, como los cánceres, y lesiones malignas que pueden mostrar crecimiento en muy poco tiempo (Figura 38).

Es muy importante disponer de las radiografías previas para evaluar posibles cambios en la morfología de las lesiones y determinar su velocidad de crecimiento para determinar el orden lógico de exploraciones para llegar lo más rápidamente al diagnóstico de benignidad o malignidad de un NPS.

3. Tamaño. Aunque se afirma que las lesiones de pequeño tamaño suelen ser benignas y las de mayor tamaño malignas no es criterio fiable para asumir que un NPS es benigno o maligno según sea su tamaño (Figura 39). Cuanto mayor es el tamaño de un nódulo mayor es la probabilidad de su naturaleza maligna, aunque es bien conocido que un porcentaje significativo de neoplasias pulmonares son NPS de menos de 3 centímetros de diámetro (Figura 39).

4. Borde. Tampoco las características de los bordes orientan con fiabilidad hacia la verdadera naturaleza de las lesiones.

Una lesión nodular con un borde liso y nítido puede ser una lesión benigna o una metástasis. Es cierto que una lesión lobulada probablemente corresponda a una lesión maligna; las lobulaciones corresponden a zonas donde la lesión maligna crece más y dejan entre ellas unas depresiones o hendiduras llamadas umbilicaciones (Figura 38b y c).

Los bordes espiculados de las lesiones favorecen el diagnóstico de lesiones malignas con infiltración del tejido pulmonar circundante (Figura 39b), pero también pueden aparecer aunque con menor frecuencia las espiculaciones en lesiones benignas de tipo inflamatorio.

Cuando las lesiones se encuentran cerca de la periferia pulmonar pueden mostrar la imagen conocida como el signo de la cola pleural: se refiere a una imagen lineal que se extiende y prolonga desde una lesión pulmonar hasta la pleura mostrando una elevación de la misma en forma de tienda. Hasta hace unos años, se creyó que esta imagen era típica de malignidad con infiltración pleural, pero se ha visto en procesos benignos inflamatorios, vasculares, etc por lo que su valor como hallazgo único asociado a un NPS es escaso.

5. Cavitación. La presencia de la cavitación en un NPS tampoco ayuda en el diagnóstico de benignidad versus malignidad puesto que puede estar presente en las neoplasias como en los procesos inflamatorios o en los isquémicos.

Cuando la cavitación está presente se puede observar las características de la pared interna de la lesión y el grosor de la pared: no es exclusivo del cáncer pero una pared interna irregular, con nódulos proyectándose hacia el centro es más sugestiva de neoplasia (Figura 40) que de proceso inflamatorio (Figura 41). En cuanto al grosor de la pared se conoce desde hace tiempo que si es menor de 4 mm es poco probable que se trate de una neoplasia mientras que las probabilidades de que se trate de un cáncer aumentan mucho si el grosor es superior a 1,5 cm; hay que recordar que la pared de una lesión cavitada debe medirse donde mayor sea su grosor.

¿Qué hacer ante un NPS detectado en la radiografía de tórax?

En primer lugar debemos estar seguros que se trata de un NPS y para ello debemos contestar a tres preguntas: es una imagen nodular o es un seudonódulo?, es pulmonar o extrapulmonar?, es solitaria la lesión?. Si las tres respuestas son afirmativas acerca de los criterios establecidos en la definición de NPS, la lesión se cataloga como tal.

Si disponemos de radiografía previas y la lesión no ha modificado la morfología ni el tamaño y/o presenta calcificación de tipo benigno se considera una lesión probablemente benigna y se pueden realizar controles radiológicos periódicos.

Si no disponemos de radiografías previas y las características lesionales son indeterminadas se debe realizar un estudio mediante Tomografía Computarizada: las características de la lesión serán más evidentes y se evalúa la posible presencia de calcio o grasa en el nódulo. Si se demuestra la presencia de grasa y calcio grumoso o en palomitas de maíz se trata de una lesión benigna, un hamartoma pulmonar.

Si la calcificación es distrófica o de tipo psamomatoso, fina, punteada, o de localización excéntrica se trata con elevada probabilidad de una lesión maligna y se debe continuar el estudio para obtener muestras para su análisis citológico o histológico y confirmar o descartar el diagnóstico de malignidad.

Si no se demuestra la presencia de calcio en el nódulo pero su valor en unidades Hounsfield (UH) mediante Tomografía Computarizada varía, según diferentes autores, entre 95 y 164 UH se admite que su naturaleza es de benigna. Si mide menos se considera indeterminado y se debe proseguir el estudio. No voy a discutir otras técnicas como la Tomografía por Emisión de Positrones, la espectroscopia por RM, etc.

En muchas ocasiones, sin embargo, no es posible llegar al diagnóstico definitivo sin recurrir a procedimientos invasores con el fin de conseguir muestras de tejido para el estudio cito o histológico mediante PAAF (Punción Aspirativa con Aguja Fina) guiada mediante fluoroscopia o TC., biopsia guiada por broncoscopio o biopsia mediante procedimientos quirúrgicos (videotoracoscopia o toracotomía).


Nódulos Pulmonares Múltiples (NPM)

La mayoría de enfermedades que se presentan como un NPS pueden hacerlo como NPM. Es importante fijarse en el número de nódulos, la uniformidad o no de su tamaño, la distribución, la densidad de las lesiones y si existe o no cavitación.

La primera opción diagnóstica ante la presencia de NPM es la de metástasis hematógenas. Por su carácter de diseminación vascular las lesiones metastásicas se distribuyen preferentemente por la periferia de los lóbulos inferiores, suelen tener bordes lisos y nítidos y su tamaño varía entre unas y otras lesiones porque su llegada al pulmón se produce en momentos diferentes (Figura 42). No debemos olvidar que en ocasiones una metástasis pulmonar puede presentarse como lesión única.

La tuberculosis pulmonar se puede presentar como NPM, y el aspecto de las lesiones depende de su mecanismo de diseminación. Si llega al pulmón por vía hematógena el aspecto es de pequeños nódulos uniformes, del mismo o similar tamaño y de distribución generalizada. Sin embargo, si la vía de diseminación es la broncógena, los nódulos son múltiples, peor definidos, de mayor tamaño y diferentes entre sí. Esta forma de tuberculosis broncógena es más frecuente en individuos con el sistema inmunológico comprometido.

La distribución de los nódulos es diferente si la enfermedad se disemina por vía aérea o por la vía hematógena. El hecho de la mejor relación ventilación/perfusión que existe en los campos superiores hace que las enfermedades que se diseminan preferentemente por la vía aérea (silicosis, tuberculosis) los nódulos son más abundantes en los campos superiores. Al contrario, en las enfermedades que se propagan por la vía hematógena (metástasis, tromboembolismo, etc.) tienden a distribuirse con mayor frecuencia en los campos pulmonares inferiores.

Otras enfermedades (infecciones fúngicas, granulomatosis de Wegener, amiloidosis, etc.) se pueden presentar como NPM, pero son menos frecuentes en el ámbito de la Atención Primaria.

En general, las metástasis pulmonares tienen los bordes bien definidos mientras que las enfermedades infecciosas pulmonares, las que tienen componente hemorrágico y las lesiones isquémicas suelen tener los bordes mal definidos.


Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC)

Este término comprende un grupo heterogéneo de trastornos clínicos que tienen el hecho común de un aumento de la resistencia al flujo aéreo en la espiración. La causa fundamental es una reacción inflamatoria anómala frente al humo del tabaco.

Las enfermedades englobadas en la EPOC son el enfisema pulmonar y la bronquitis crónica ya que la obstrucción bronquial es persistente e irreversible. No están incluidas en el término EPOC el asma porque la obstrucción no es permanente y las bronquiectasias donde no hay obstrucción difusa de las vías respiratorias.

Aunque hay presentaciones típicas de estas enfermedades, no es infrecuente que en un mismo individuo puedan coexistir el enfisema y la bronquitis crónica.


Enfisema pulmonar

Se caracteriza por el aumento anormal y permanente del espacio aéreo distal a los bronquiolos terminales, con destrucción de las paredes alveolares y sin fibrosis activa evidente.

Según cual sea la porción afectada del lobulillo secundario el enfisema pulmonar se divide patológicamente en cuatro tipos: el centrolobulillar, el panlobulillar, el yuxtaseptal y el paracicatricial.

El enfisema se localiza más típicamente en los lóbulos superiores, donde las lesiones con más frecuentes y de mayor severidad; pueden existir grandes áreas de destrucción pulmonar antes de que se alteren las pruebas funcionales. Por ello, la enfermedad se manifiesta clínicamente cuando las lesiones anatomopatológicas están muy evolucionadas.

En consecuencia, los signos radiológicos: se presentan cuando el enfisema está evolucionado y la clínica avanzada.

Describiré los signos radiológicos que se encuentran en las radiografías de los pacientes con enfisema pulmonar avanzado del tipo panlobulillar.

La hiperinsuflación del parénquima pulmonar es un hallazgo habitual en el estudio radiológico. El signo más fiable de hiperinsuflación es el aplanamiento o descenso del diafragma. En ocasiones, el seno costofrénico posterior se puede borrar y simular la presencia de derrame pleural.

Como consecuencia de la destrucción del espacio aéreo y la pérdida de vasos pulmonares hay una disminución de la densidad radiográfica sobre todo en los campos superiores. Las áreas de densidad disminuida no tienen pared y no deben ser confundidas con bullas pues éstas tienen pared bien definida y pueden asociarse al enfisema o a cualquier otra enfermedad pulmonar. El flujo vascular se distribuye hacia las zonas inferiores de los campos pulmonares donde la resistencia al flujo es menor.

De hecho la asociación de aplanamiento del diafragma y la oligohemia de los campos superiores es bastante característica del enfisema pulmonar no complicado.

Hallazgos radiológicos en el enfisema avanzado (Figura 43):

o Aplanamiento del diafragma, que puede llegar a la inversión diafragmática.
o Aumento del espacio retroesternal.
o Acentuación de la cifosis torácica.
o Aumento del diámetro antero-posterior del tórax.
o Oligohemia periférica sobre todo en los campos pulmonares superiores.
o La silueta cardiaca es estrecha y está verticalizada.
o Ensanchamiento y horizontalización de los espacios intercostales.

Las radiografías de tórax pueden ser normales o con mínimas alteraciones en pacientes con clínica compatible con enfisema severo.

La TCAR (Tomografía Computarizada de Alta Resolución) define con mayor precisión las áreas de destrucción pulmonar.

La TCAR define, en su estadio precoz, las áreas de enfisema centrolobulillar como áreas de baja atenuación sin pared definida con presencia de imágenes puntiformes o ramificadas que corresponden a la arteria centrolobular. Se diferencia con las bullas y las bronquiectasias en que ambas tienen pared definida. Los otros tipos de enfisema tienen hallazgos característicos en la TCAR.

En su evolución los pacientes con EPOC severo pueden desarrollar hipertensión pulmonar: en estos casos, además de los hallazgos señalados previamente se observa un aumento de tamaño significativo de las arterias pulmonares centrales con escasas ramificaciones arteriales hacia la periferia (Figura 44).

Bronquitis crónica

El diagnóstico de bronquitis crónica se establece por criterios clínicos. Clásicamente se describe como la existencia de tos, con producción de esputos casi todos los días al menos tres meses consecutivos durante al menos dos años sucesivos, en ausencia de bronquiectasias u otras causas.

Se han descrito como signos radiológicos de la bronquitis crónica el aumento de grosor de las paredes bronquiales y el incremento de la densidad en ambas bases por un aumento de las imágenes lineales de ambos pulmones y se ha denominado como "tórax sucio" el aspecto radiográfico de los pacientes bronquíticos crónicos. La realidad es que los hallazgos radiológicos no son sensibles ni específicos y existe una gran discordancia inter e intraobservador en la interpretación de los signos en las radiografías de pacientes con diagnóstico clínico de bronquitis crónica.

Habitualmente el diafragma conserva su aspecto convexo hacia el pulmón, la densidad bibasal aparece ligeramente aumentada y la silueta cardiaca aparece normal o ligeramente aumentada de tamaño (Figura 45).

Asma

Es una enfermedad de las vías respiratorias caracterizada por episodios paroxísticos de disnea, tos y sibilancias.

Durante una crisis asmática la radiografía puede mostrar hiperinsuflación con aplanamiento de los diafragmas, hiperclaridad pulmonar por el atrapamiento aéreo y posibles atelectasias por impactación de tapones de mucosidad en los bronquios.

La indicación para realizar una radiografía de tórax en un paciente con asma es para descartar la presencia de enfermedades que cursan con disnea y sibilancias.

En los periodos entre los episodios de crisis asmática la radiografía de tórax es normal ya que las vías respiratorias son normales, si bien cuando la enfermedad está muy evolucionada pueden aparecer engrosamiento de las paredes bronquiales y desarrollar bronquiectasias.

Bronquiectasias

Se caracterizan por dilataciones anormales permanentes e irreversibles de los bronquios.

Se clasifican según su morfología en: cilíndricas (dilataciones bronquiales a lo largo del eje longitudinal), varicosas (dilataciones localizadas bulbosas) y quísticas (en forma de cavidades con niveles por depósito de mucosidades a veces infectadas).

En la mayoría de ocasiones las radiografías de tórax no son específicas excepto en casos muy avanzados en la evolución.

Pueden verse las imágenes llamadas en "tram line" como opacidades lineales paralelas cuando los bronquios dilatados son vistos a lo largo de su eje mayor: estas líneas corresponden a las paredes bronquiales engrosadas. En el caso de las bronquiectasias quísticas pueden verse imágenes redondeadas de pared fina con nivel hidroaéreo en su porción más declive.
Actualmente el diagnóstico definitivo de las bronquiectasias se realiza mediante estudio de Tomografía Computarizada de corte fino y alta resolución.

Mediastino

El mediastino es el espacio extrapleural que está limitado lateralmente por las pleuras parietales de ambos hemitórax, posteriormente por los cuerpos vertebrales dorsales y anteriormente por el esternón.

Todas las estructuras anatómicas contenidas en este espacio tienen densidad de partes blandas excepto la vía aérea y el esófago que en su interior tienen densidad aire. La diferencia de densidad o el aumento de tamaño por los cambios patológicos pueden orientar hacia la causa de la enfermedad mediastínica. Así por ejemplo, si se demuestra la presencia de aire fuera de la tráquea y el esófago nos indica la presencia de patología (neumomediastino); lo mismo sucede cuando hay lesiones calcificadas y lo mismo ocurre cuando una lesión se manifiesta como una masa que sobrepasa los límites anatómicos radiológicos del mediastino. Por esta razón, es importante conocer y recordar la forma y las estructuras que forman los bordes derecho e izquierdo del mediastino en la radiografía de tórax.

Disponemos de muchas técnicas de examen de la patología mediastínica. Además de las dos proyecciones de tórax, la Tomografía Computarizada, la Resonancia Magnética, los ultrasonidos, la Medicina Nuclear, la arteriografía y el esofagograma con bario, cada una de ellas con sus indicaciones.

Como el propósito de este capítulo es la radiología simple y las manifestaciones de las diferentes enfermedades mediante esta técnica repasaremos en primer lugar la semiología general de la patología mediastínica y después las manifestaciones radiográficas de algunas de las enfermedades más frecuentes en la práctica diaria.

Semiología general
de las lesiones mediastínicas

Signo extrapleural
Como el mediastino es un espacio extrapleural, las lesiones mediastínicas comparten los signos ya descritos en el apartado de la pleura, es decir, con borde liso y nítido, convexo y con ángulos obtusos hacia el pulmón y de densidad homogénea. En el mediastino, la lesión ósea puede ser a nivel del esternón, del cuerpo vertebral adyacente a la lesión o de la porción más medial de los arcos costales.

Signo cérvico-torácico
Es la aplicación del signo de la silueta a las lesiones mediastínicas. Si una lesión mediastínica tiene su borde bien delimitado por aire por encima de la clavícula es posterior porque el borde más alto del mediastino anterior llega a las clavículas, no lo sobrepasa (Figura 46).

Sin embargo, una lesión mediastínica anterior que proviene del cuello o tiene una extensión cervical no tiene bien delimitado su borde externo por encima de la clavícula.

Signo tóraco-abdominal
Es la aplicación del signo de la silueta en las lesiones que se encuentran en la encrucijada tóraco-abdominal. Cuando una masa en esta localización tiene los bordes bien definidos y tiene forma de huso a uno o ambos lados de la columna es de origen torácico (Figura 47) porque está delimitada por el aire pulmonar aunque se proyecte por debajo del diafragma. Sin embargo cuando el borde inferior es divergente, se aleja de la columna y no se define con nitidez, el origen de la lesión es abdominal.

Neumomediastino
Es la presencia de gas difuso extraluminal en el mediastino. La causa más frecuente es la rotura espontánea de los alveolos periféricos con paso del aire hasta el mediastino a través de intersticio pulmonar y los hilios. Puede ocurrir en crisis aguda de asma y otras situaciones donde se produce un aumento brusco de la presión intraalveolar. También producen neumomediastino la rotura del esófago, la tráquea o los bronquios y puede ser espontánea, iatrogénica, traumática o por erosión de una lesión maligna de alguna estructura con aire.

La radiografía de tórax (Figura 48) demuestra la presencia de imágenes aéreas en forma de burbujas o lineales en el mediastino que se visualizan en el borde izquierdo o derecho de la silueta cardiaca en la proyección posteroanterior o por detrás del esternón en la proyección lateral. También pueden verse imágenes aéreas en el cuello o disecando los planos faciales en la axila o en la pared torácica.

Un signo que se ve en ocasiones es el signo del diafragma continuo: el aire se dispone entre el pericardio y el diafragma y delinea la porción central de éste, lo que hace que estén en continuidad los hemidiafragmas derecho e izquierdo.

El diagnóstico diferencial debe establecerse entre el neumopericardio y el neumotórax mediastínico: en el neumopericardio, el aire nunca sobrepasa la parte más elevada de la arteria pulmonar izquierda pues éste es el límite superior del saco pericárdico. En el neumotórax medial, el aire no se visualiza en el cuello y se desplaza hacia la posición menos declive si se realiza una radiografía en decúbito lateral con el rayo horizontal.

Ensanchamiento mediastínico
Las dos circunstancias en las que el mediastino puede aparecer ensanchado en la radiografía sin que exista un contorno anormal definido que sugiera la existencia de una masa son la lipomatosis mediastínica y la elongación de los troncos supraaórticos.

La lipomatosis mediastínica consiste en el aumento de la cantidad de grasa normalmente existente en el mediastino. Las causas pueden ser varias: pacientes diabéticos, con síndrome de Cushing, obesos y en aquellos con tratamiento prolongado con esteroides, aunque también puede aparecer sin causa conocida.

En la radiografía el mediastino superior aparece ensanchado, con bordes bien definidos hasta las clavículas y por encima de éstas, habitualmente el borde del ensanchamiento se pierde (Figura 49). En ocasiones, a través del ensanchamiento pueden verse las estructuras mediastínicas normales, pero no siempre sucede así. El diagnóstico definitivo de la lipomatosis mediastínica se obtiene con la TC que confirma la presencia de grasa como la causa del ensanchamiento; el valor del coeficiente de atenuación de la grasa varía entre -40 y -180, si bien estas cifras varían según los autores y los equipos de TC.

La elongación de los troncos supraaórticos (TSA) es una causa frecuente de ensanchamiento mediastínico superior, sobre todo en delgados de edad avanzada. En la radiografía se observa un contorno convexo en el mediastino superior derecho frente al cayado aórtico; este contorno se desplaza hacia arriba y hacia fuera y su borde se pierde al llegar a la clavícula (Figura 50a); la tráquea presenta el desplazamiento habitual hacia la derecha por el cayado aórtico.

La causa de esta apariencia es que el tronco braquiocefálico derecho, que en su salida del cayado aórtico es anterior a la tráquea, abraza a ésta lateralmente cuando asciende hacia el cuello siendo la causa de la imagen vista en la radiografía posteroanterior. En la TC se observa cómo el tronco braquiocefálico derecho, anterior a la tráquea, abraza a ésta lateralmente en su ascenso hacia el cuello. El aspecto es tan característico que no es necesario la TC ni tampoco el uso de contraste endovenoso en la gran mayoría de los casos.


Patología más frecuente según localización

Debemos tener en cuenta que alguna lesión puede no verse en la radiografía por su pequeño tamaño o porque no altera el contorno mediastínico.

Algunas enfermedades como la patología aórtica o las que se manifiestan con la presencia de adenopatías pueden afectar a más de un compartimento mediastínico o limitarse a uno.

Trataré a continuación las patologías más frecuentes en cada uno de los compartimentos mediastínicos anterior y posterior separados por una línea que pasa por la pared anterior de la tráquea y por el borde posterior del corazón.

Mediastino anterior:
Bocio con prolongación endotorácica

Es la causa más frecuente de masa mediastínica anterosuperior en el adulto. Únicamente se presentan como masa mediastínica los bocios que se prolongan hacia el mediastino, por lo que se debe hablar de bocio con prolongación endotorácica. La mayoría de los bocios "intratorácicos" son de localización anterosuperior y desplazan la tráquea posterolateralmente. Es más frecuente su localización en el lado derecho.

Se presentan como una masa mediastínica cuyo borde inferior es nítido por su contacto con el pulmón mientras que el borde superior está obliterado por encima de las clavículas al estar en contacto con las partes blandas del cuello y por tanto no existe signo de la silueta, su borde se oblitera (Figura 51).

Aproximadamente el 20 por ciento de los bocios con prolongación endotorácica son posteriores, casi siempre en el lado derecho. Si se disponen entre la tráquea y el esófago, desplazan a éste hacia atrás; a veces, desplazan a la tráquea posteriormente. La presencia de calcificaciones anulares, curvas y groseras se observa en los bocios en un 25 por ciento de casos.

En la TC sin contraste se observa la presencia de una masa conectada con el tejido tiroideo cervical, de atenuación mayor que la de los músculos vecinos merced al contenido intrínseco de yodo en el tejido tiroideo y que puede desplazar las estructuras vecinas. Tras la administración de contraste se aprecia una intensa captación de contraste por la masa por su gran avidez por el yodo; además pueden verse calcificaciones finas o groseras y áreas de menor coeficiente de atenuación que corresponden a zonas de degeneración coloide.


Timoma

Por ser el tumor primario más frecuente del timo y del mediastino anterior me limitaré únicamente a esta patología tímica. La mayoría de casos se diagnostican en la quinta y sexta décadas de la vida y casi la mitad se descubren accidentalmente al hacer una radiografía de tórax por otro motivo. Algunas enfermedades se asocian con la presencia del Timoma como la miastenia gravis, la hipoplasia de la serie roja sanguínea o la hipogammaglobulinemia, aunque lo cierto es que no siempre se acompañan. Aproximadamente un 35 por ciento de pacientes con timoma tienen miastenia gravis y sólo un 15 por ciento de miastenia tienen timoma.

En la radiografía el timoma puede no verse por su pequeño tamaño o bien manifestarse con alteraciones del contorno mediastínico por masas bien definidas que pueden obliterar alguna estructura mediastínica (aorta ascendente o arteria pulmonar en la derecha o la arteria pulmonar izquierda) o simular cardiomegalia por su gran tamaño. En la proyección lateral ocupan el espacio retroesternal en menor o mayor medida según su tamaño. Son masas de densidad de partes blandas y casi una cuarta parte de casos muestran calcificaciones en el seno de la masa o capsulares curvilíneas que se ven mejor con TC. El carácter invasor o no (entre el 35 y el 50 por ciento de los timomas son invasores) de los timomas no puede discriminarse por el aspecto radiográfico ni por la TC; únicamente se decide tras el estudio histológico de la pieza quirúrgica.


Teratoma maduro

De los tumores derivados de las células germinales, sólo un pequeño porcentaje es de localización extragonadal; estos casos se pesentan en el mediastino anterior tanto en niños como en adultos como teratomas benignos o maduros en una proporción significativa, alrededor del 70 por ciento.

Se presentan con igual proporción en hombres y mujeres, más frecuentemente entre la segunda y la cuarta décadas de la vida y la incidencia de los dos sexos en la edad infantil es similar. Son asintomáticos en la mitad de los casos y se descubren de forma incidental.

En la radiografía se muestran como masas de partes blandas, en cualquier nivel del mediastino anterior, muy frecuentemente ocupando el ángulo cardiofrénico. Pueden verse calcificaciones en su interior, centrales o periféricas, y es patognomónico si estos elementos calcificados se identifican como dientes (Figura 52). La TC muestra con nitidez los diferentes coeficientes de atenuación de los elementos que componen la lesión: zonas de atenuación de grasa, calcificaciones (como dientes, curvilíneas de la pared e incluso puede verse hueso maduro) y áreas de partes blandas como tabiques o nódulos (Figura 52c).

Adenopatías

Las enfermedades más frecuentes que se presentan como adenopatías en cualquier localización son el linfoma, las metástasis y las enfermedades granulomatosas como la tuberculosis y la sarcoidosis.

En la radiografía se pueden ver cuando han alcanzado un tamaño que altera el contorno mediastínico o hiliar. En caso contrario no se pueden identificar con precisión. Según la localización de las adenopatías aumentadas de tamaño pueden verse retroesternalmente (cadena mamaria interna), paravertebral, como masa convexa alongada más que esférica por la afectación de varios ganglios contiguos, con aspecto polilobulado y de bordes habitualmente bien definidos hacia el pulmón (Figura 53) o bien como elevación de las líneas paraespinales.

La TC es más sensible que la radiografía en la detección de ganglios afectos (Figura 53c); además informa mejor de la localización precisa de los ganglios aumentados de tamaño, de la afectación de otros niveles ganglionares, de su atenuación, de su comportamiento tras la administración de contraste endovenoso y además nos permite evaluar el parénquima pulmonar como un elemento más para tratar de llegar al diagnóstico correcto.

En la TC, se presentan como imágenes de baja atenuación las adenopatías tuberculosas, las metastásicas y las de los linfomas entre otras. Se presentan como imágenes de alta atenuación las metástasis hipervasculares, la sarcoidosis y otras menos frecuentes (enfermedad de Castleman y el sarcoma de Kaposi). Se puede ver calcio en el interior de las adenopatías en casos de tuberculosis, silicosis, sarcoidosis, amiloidosis, linfoma tratado con radioterapia, y algunas metástasis. La existencia de zonas centrales de menor atenuación central en las adenopatías tras la administración de contraste endovenoso es bastante característica de tuberculosis y metástasis, aunque puede verse en otras enfermedades.

Las adenopatías hiliares se manifiestan con aumento de tamaño de los hilios, que presentan un aspecto redondeado, lobulado y más convexo hacia el pulmón. Pueden ser uni o bilaterales y acompañarse o no de adenopatías mediastínicas, todo depende de la enfermedad de que se trate.

Pueden ser unilaterales cuando se asocia con un proceso infeccioso o neoplásico pulmonar con los signos radiográficos correspondientes. Cuando son bilaterales, la causa más frecuente son los linfomas o la sarcoidosis, sin olvidar las metástasis de un tumor intra o extratorácico. En los pacientes con alteración del estado inmunitario, la tuberculosis puede presentarse con adenopatías uni o bilaterales.

Hernias diafragmáticas

La hernia diafragmática más frecuente es la hernia hiatal, en la que una porción del estómago se introduce en el mediastino a través del hiato esofágico. Por ello se presenta en la radiografía como una masa de partes blandas, con o sin aire, entre el borde posterior del corazón y la columna dorsal inferior (Figura 54). En ocasiones es evidente la presencia de un nivel hidroaéreo en esta localización. La presencia o no de aire depende del estado de distensión gástrico y de la cantidad de aire deglutido.

El tamaño de la lesión depende del volumen del estómago herniado y si es hernia deslizante o rodante (sliding hernia) puede verse de diferente tamaño en unas u otras radiografías. Si es de pequeño tamaño puede no identificarse en el estudio radiológico

La hernia de Morgagni es relativamente frecuente y se presenta como una masa que ocupa el ángulo cardiofrénico derecho siendo muy raras en el lado izquierdo. Su existencia se debe a la presencia de un defecto congénito entre el esternón y las inserciones costales anteriores del diafragma; a su través se pueden herniar el hígado, el colon o la grasa mesentérica. Si la víscera herniada es el colon el diagnóstico es fácil pues en la radiografía lateral es frecuente identificar las asas intestinales con las haustras del colon por detrás del esternón (Figura 50b).

En caso contrario debe hacerse el diagnóstico diferencial entre las masas que pueden ocupar el ángulo cardiofrénico: bolsa grasa epicárdica, lipoma o quiste pericárdico. La TC puede demostrar la presencia de vasos mesentéricos en el seno de la masa grasa cuando se trata de herniación omental. Si es un lipoma no hay vasos. El quiste pericárdico tiene coeficiente de atenuación líquido, no graso.


Mediastino posterior:

La hernia hiatal ha sido descrita en el apartado anterior.


Tumor neurogénico

Son las lesiones más frecuentes del mediastino posterior y representan el segundo tumor mediastínico en frecuencia después del bocio con prolongación endotorácica. Los tipos histológicos más frecuente son el neurofibroma y el schwanoma.

Se ven en la radiografía como una masa en forma de huso o redondeada, de bordes nítidos (es una lesión extrapleural) y de densidad homogénea (Figura 55), si bien en ocasiones pueden verse calcificaciones. El dato clave es que no se ve su borde por completo por su relación con la columna, la localización paravertebral y con los agujeros de conjunción que pueden mostrar cambios reactivos en los cuerpos vertebrales adyacentes: festoneado de los cuerpos vertebrales o ensanchamiento del agujero de conjunción en la proyección lateral. Si el tumor es la variante maligna pueden verse signos de invasión de las estructuras óseas adyacentes con lesiones líticas y destrucción ósea. La TC y la RM proporcionan información adicional útil acerca de la localización, origen y extensión de estas lesiones.


Absceso paravertebral

A pesar de no ser una patología muy frecuente, los signos radiológicos permiten pensar en su diagnóstico. Se presentan como masas paravertebrales con las características de lesiones extrapleurales, con desplazamiento y elevación de las líneas paraespinales por la masa de partes blandas asociada a la infección, la destrucción del disco intervertebral y la afectación de dos cuerpos vertebrales contiguos (Figura 56).

El aspecto es semejante en las espondilitis piógenas o en las tuberculosas, aunque la destrucción parece más rápida en las piógenas y pueden verse imágenes de aire en el hueso y/o en las partes blandas. El diagnóstico de certeza puede obtenerse con el estudio bacteriológico del material obtenido mediante la punción percutánea.


Radiología cardíaca

Se ha descrito en el apartado la anatomía las estructuras anatómicas que conforman los bordes cardiovasculares derecho e izquierdo.

La relación cardio-torácica sirve como orientación del tamaño cardiaco, más en situaciones con una radiografía previa con un corazón aumentado de tamaño en un paciente que mejora de su enfermedad o cuando el tamaño de la silueta cardiaca era normal en una radiografía previa y se observa que aumenta progresivamente en el tiempo.

Hay que tener en cuenta que la relación cardiotorácica es útil cuando la radiografía se ha realizado en bipedestación y en apnea al final de una inspiración profunda. Si la radiografía se ha realizado en decúbito supino, en expiración o en proyección anteroposterior, la silueta cardiaca suele aparecer aumentada de tamaño sin que necesariamente sea real.

Cuando el paciente se encuentra en situación de fallo cardiaco, la silueta cardiaca está aumentada pero no se puede valorar el crecimiento individual de alguna de las cámaras cardiacas.

Si tenemos en cuenta el avance que han supuesto la ecocardiografía, la Resonancia Magnética y otras técnicas en el diagnóstico de la patología cardiaca se entiende que el peso de la radiología directa de tórax haya disminuido de manera evidente.

Crecimiento
de cavidades cardiacas

Aunque se han descrito signos radiológicos del crecimiento de las cavidades cardiacas, los más fiables son los que nos informan del crecimiento de la aurícula izquierda en casos de patología valvular mitral, sobre todo estenosis. La elevación del bronquio principal izquierdo, la mayor abertura del ángulo de la carina, la presencia de un doble contorno cardiaco derecho y la existencia de una prominencia en el borde cardiaco izquierdo, entre la arteria pulmonar y el ventrículo izquierdos son los signos de crecimiento de la aurícula izquierda en la proyección posteroanterior (Figura 57a). En la radiografía lateral (Figura 57b), la mayor prominencia de la porción superior del borde posterior cardiaco y el desplazamiento posterior y superior del bronquio principal izquierdo.

Los signos de crecimiento de las otras cavidades son menos sensibles y menos específicos y son mejor valorados por otras técnicas mencionadas arriba.

En cualquier caso, el crecimiento de una cavidad no debe evaluarse radiológicamente en presencia de fallo cardiaco; en este caso habitualmente todas las cavidades presentan algún grado de aumento de tamaño.
Aumento de tamaño global de la silueta cardiaca

Cuando nos encontramos ante un aumento global del tamaño de la silueta cardiaca debemos pensar en tres probabilidades: polivalvulopatía, miocardiopatía (dilatada, isquémica, etc) o pericarditis. La clínica y la ecocardiografía ayudan a resolver el problema en la mayoría de ocasiones.


Calcificaciones valvulares

Las calcificaciones cardiovasculares más frecuentemente vistas en los estudios radiográficos de tórax son las aórticas, las pericárdicas y las valvulares.

Las calcificaciones aórticas corresponden a depósitos de calcio en las placas de ateroma y pueden verse en cualquier localización aórtica (ascendente, cayado y descendente).

Las calcificaciones pericárdicas son secundarias a un proceso inflamatorio del pericardio; con el paso del tiempo el exudado se organiza y se calcifica. Se suele localizar, en las radiografías, en las cavidades derechas, en el surco aurículoventricular y raras veces en el ventrículo izquierdo; las calcificaciones siluetean el saco pericárdico de forma no continua ni homogénea mejor visualizadas en la proyección lateral y oblicuas.

Las calcificaciones valvulares: las válvulas que con mayor frecuencia se calcifican son la mitral y la aórtica. La calcificación del anillo fibroso de la válvula mitral se debe a un proceso degenerativo, es relativamente frecuente en personas mayores de 60 años y no suele ser la causa de síntomas, excepto si es muy extensa. Radiográficamente se ve como una imagen en forma de boomerang o herradura o en forma de C nunca completa (Figura 58). La causa más frecuente, aunque no la única, de calcificación de la válvula aórtica es la arterioesclerosis.

Para saber si una calcificación valvular es de la válvula mitral o de la aórtica utilizamos en la radiografía lateral una línea recta que se traza desde la carina traqueal hasta el ángulo cardiofrénico anterior: la mitral está por debajo de esta línea y la válvula aórtica por encima.


Signos radiológicos
de fallo cardiaco

La aparición de los signos radiológicos del fallo cardiaco se retrasa respecto a los primeros hechos fisiopatológicos que desembocan en un fallo izquierdo y posteriormente en insuficiencia ventricular derecha.

Los signos radiológicos varían según la fase del fallo; al principio aparecen las líneas A y B de Kerley, más tarde aparece el edema subpleural que se reconoce por un aumento de tamaño de las cisuras interlobares y por una borrosidad de los bordes vasculares, más evidentes en las zonas hiliares pues al ser mayor la presión hidrostática mayor es la trasudación de líquido hacia las vainas peribroncovasculares que justifican la borrosidad de los bordes de los vasos y de los bronquios así como el engrosamiento de la pared de las vías aéreas.

Posteriormente aparece, si el fallo continúa, el edema alveolar que se manifiesta por opacidades pulmonares con las características ya descritas del patrón alveolar que, a veces, se distribuye en "alas de mariposa". La silueta cardiaca está aumentada de tamaño de forma global (Figura 59a). En más de la mitad de los casos, el derrame pleural suele ser bilateral y si es unilateral es más frecuente en el lado derecho. Estos signos radiológicos regresan con gran rapidez (Figura 59b) cuando la función cardiaca recupera la normalidad.






 

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