Abordaje
de la familia ante problemas médicos: la violencia doméstica
Cómo
detectar el maltrato en el ámbito familiar
MALOS
TRATOS A LA PAREJA
Actualmente existe un apasionado
debate sobre cual de los dos sexos maltrata al otro con mayor frecuencia. Las
víctimas de agresiones violentas por parte de su pareja tienen la misma
probabilidad de ser varones que mujeres. Sin embargo, la violencia causada por
los hombres origina muchos más daños, al menos en cuanto a las lesiones
físicas se refiere. Aún cuando las mujeres pueden agredir a sus
compañeros con la misma frecuencia que los varones a sus parejas, éstas
tienen una probabilidad de necesitar asistencia médica tres veces superior,
y es significativamente más probable que sufran trastornos psicológicos,
en comparación con los hombres agredidos... Qué duda cabe que la
violencia ejercida por los varones es mucho más letal, por lo que a continuación
describiremos el ciclo que caracteriza estas relaciones de maltrato.
Origen
y factores de riesgo de la violencia de pareja
Según
Pilar Blanco y cols. (2004), "la violencia contra las mujeres tiene hondas
raíces sociales y culturales y se basa en la creencia ancestral de que
la mujer es propiedad del hombre, quien puede tratarla como juzgue adecuado. Está
vinculada al desequilibrio en las relaciones de poder entre hombres y mujeres
en los ámbitos social, económico, religioso y político, pese
a los indudables avances en las legislaciones nacionales e internacionales a favor
de la igualdad de derechos.
Poco a poco, se va perfilando un marco "ecológico",
que contempla diferentes factores de riesgo que dan lugar a la violencia contra
las mujeres. Sobre la base de una organización social basada en la desigualdad
y el dominio de los hombres sobre las mujeres, que acepta la violencia como forma
de resolver los conflictos, existiría una serie de factores que interactúan
y que pueden favorecer la violencia o proteger frente a ella (Figura
1).
Muchos son los factores implicados en la génesis de la violencia
familiar, de ahí su etiología compleja y multifactorial, y su dificultad
para ahondar en el tema. Sin embargo, ninguno de ellos ha sido demostrado fehacientemente
por investigaciones científicas, llegándose en algunos casos a ser
considerados como contradictorios por los diferentes estudios:
1. Abuso
de alcohol: ¿cuál es la secuencia final, historia de malos tratos
y abuso consecuente de alcohol o a la inversa? Por experiencia clínica
se sabe que gran parte de la violencia familiar está relacionada con el
alcohol por lo que, ante antecedentes importantes de consumo de alcohol (e incluso
de cualquier otra sustancia), los profesionales sanitarios deberían incluir
una valoración adecuada indagando una situación de malos tratos.
El abuso de sustancias y la violencia familiar se producen de manera conjunta
en aproximadamente dos terceras partes de los casos, y por ello es extremadamente
importante que el médico evalúe ambos problemas cuando solo sospecha
uno de ellos. Si el consumo de alcohol es práctica habitual de un familiar
debería interrogarse también acerca de la existencia de violencia
en el hogar. Es muy raro que los pacientes comuniquen malos tratos en la familia
como respuesta a preguntas genéricas. Las preguntas deben ser directas
y específicas. Por ejemplo: "¿Ha habido algún tipo de
violencia entre usted y su esposo?" Ante una respuesta afirmativa se deberá
seguir formulando otras cuestiones acerca del tipo de maltrato ocurrido, heridas
y frecuencia del mismo, necesidad e importancia de su abordaje, etc.
2.
Los antecedentes de violencia en la familia de origen son un factor ampliamente
aceptado como predictor potente de la violencia de género, esto es, el
haber presenciado violencia de los padres o haber sufrido malos tratos en la infancia.
Sería pues recomendable interrogar sobre experiencias de este tipo en la
infancia: "Retroceda a su infancia
¿Cómo resolvían
sus padres las diferencias entre ellos?... ¿Hubo alguien que abusara de
usted física, emocional o sexualmente?".
3. Una baja autoestima,
especialmente en los varones: "¿Qué piensa usted de sí
mismo?".
4. Distribución desigual del poder y el control en
la relación: "¿Participa usted
?" o "¿Tiene
algo que decir cuando se trata de tomar decisiones importantes en su familia?".
5.
Personalidades agresivas, antisociales y hostiles: "¿Qué hace
cuando está enfadado con alguien o con algo?".
6. Ingresos económicos
bajos. Estadísticamente estas familias experimentan violencia familiar
con una frecuencia cinco veces superior que las que perciben ingresos superiores.
7.
Juventud. Las parejas casadas jóvenes, entre 18 - 24 años, presentan
unas tasas de violencia de pareja tres o cuatro veces superiores.
8. Embarazo.
Durante este período se producen múltiples cambios en la pareja,
los cuales pueden hacer proclive la exaltación de la violencia por parte
de ambos miembros de la pareja, aunque la misma predomina en los varones.
El
ciclo de la violencia
Los médicos de familia
deben comprender la dinámica de la relación violenta con malos tratos
y lo que piensan los pacientes atrapados en ella. Walter (1979) describió
el patrón cíclico que caracteriza las relaciones de maltrato, el
cual explica cómo se produce y se mantiene la violencia en el seno de la
familia. El ciclo se desarrolla en tres fases. Después de todo episodio
violento sobreviene la 1) fase de luna de miel, también llamada fase de
la reconciliación y conducta arrepentida. Desaparecen la violencia y la
tensión. El maltratador se disculpa, prometiendo que nunca volverá
a agredir a su víctima haciendo promesas de cambio. Se muestra amable e
incluso, con frecuencia, la corteja con regalos y un comportamiento romántico.
La mujer quiere creerle y, al final, se convence. Una vez que se ha establecido
esta fase hay una gran resistencia a cambiar el estado de las cosas y es probable
que se ignoren las recomendaciones hechas en el Servicio de Urgencias; es en esta
fase cuando muchas mujeres retiran la denuncia que habían hecho previamente.
Esta fase evoluciona invariablemente hacia la 2) fase de acumulación o
escalada de la tensión, en la que poco a poco, el agresor manifiesta irritabilidad
y enfado creándose una acumulación de tensión en la que puede
haber episodios sutiles de malos tratos tales como sarcasmos, gritos, empujones,
tirarse cosas
que termina con el incidente violento. En este periodo la
mujer acepta su papel como causa del problema e intenta modificar su conducta
para evitar la violencia. Aquí se produce la agresión más
destructiva: la erosión de la autoestima de la mujer. La mujer vive en
un ambiente de gran tensión y miedo a medida que su pareja le amenaza y
le aísla. Muchas veces el suceso que lanza a la familia a la siguiente
etapa es desencadenado por la propia mujer que quiere acabar con la escalada.
En este momento, la víctima puede acudir a la consulta del médico
de familia con síntomas emocionales o psicosomáticos. La tensión
sigue aumentando hasta culminar con la 3) fase violenta de agresión y malos
tratos en el que se produce insultos, frases hirientes, apaleamientos, abusos
sexuales,... Después del estallido de violencia, la mujer suele acudir
a un Servicio de Urgencias, demandar cuidados médicos, presentar una denuncia.
En este momento es probable que la paciente acepte una intervención, la
cual debe abordarse antes de que la bondad de la fase de reconciliación
pueda convencer a la víctima, una vez más, de que es probable que
el maltratador cambie su comportamiento. El ciclo entonces comienza de nuevo,
incrementándose en frecuencia y severidad. A medida que pasa el tiempo,
la fase de escalada de la tensión se hace más corta y la fase violenta
se repetirá con mayor frecuencia e intensidad. En este momento, puede que
no exista fase de luna de miel.
Consecuencias
en la salud de la mujer maltratada
Existen investigaciones
que demuestran, que el padecer malos tratos en la relación de pareja tiene
graves consecuencias para la salud, tanto a corto como a largo plazo. Según
la Organización Mundial de la Salud (1999) algunas de estas secuelas serían:
1.
Físicas:
- Dolores crónicos.
- Cansancio.
- Síndrome
del colon irritable.
- Funcionamiento físico reducido.
- Fibromialgia.
-
Problemas gastrointestinales (dispepsias, etc.).
2. Lesiones físicas
traumáticas:
- Fracturas.
- Contusiones y hematomas.
- Rotura
de tímpano.
3. Psicológicas y de conducta.
- Escaso cuidado
personal.
- Ansiedad y depresión.
- Sentimientos de culpa y vergüenza.
-
Baja autoestima.
- Crisis de pánico y fobias.
- Trastornos de alimentación:
bulimia y anorexia.
- Trastornos por estrés post-traumático.
-
Intentos de suicidio.
- Abuso de alcohol, drogas, tabaco y psicofármacos.
-
Trastornos psicosomáticos.
- Conductas sexuales inseguras (no protegidas).
4.
Sexuales.
- Disminución de la libido.
- Anorgasmia.
- Falta de
autonomía sexual.
5. Reproductivas y ginecológicas.
-
Embarazos no deseados.
- Embarazos de alto riesgo y complicaciones.
- Enfermedades
de transmisión sexual, incluida la infección por el VIH.
- Abortos
en condiciones inseguras.
- Infecciones urinarias de repetición.
-
Dolores pélvicos crónicos.
¿Cómo
se presenta en la consulta el maltrato familiar?
Si
aceptamos como cierto que la violencia familiar está infradiagnosticada
por los médicos en general, sería interesante analizar el por qué
ocurre. ¿Cuáles son las dificultades con las que nos encontramos
que nos impiden discriminar los casos de maltrato? Algunas de las respuestas encontradas
fueron las siguientes:
a) Los médicos y las enfermeras nos encontramos
con la diferencia existente entre la situación real de aparición
de casos de violencia familiar en la práctica médica cotidiana y
los datos estadísticos que se manejan al respecto. Apenas tenemos conciencia
de que existan situaciones de maltrato en las familias que acuden a nuestra consulta
y si lo sospechamos, no se encuentra registrado como tal en las historias clínicas.
b)
También nos encontramos con la dificultad para detectar el maltrato psicológico.
¿Cuándo considerarlo? ¿Dónde están los límites?
c)
Cuando se sospecha la posibilidad de que existan situaciones de maltrato en una
familia, lo inmediatamente dificultoso para el sanitario es poder confirmarlo,
por encontrarse con escasas herramientas al respecto.
d) Los profesionales
de la salud reclaman reiteradamente la necesidad de sensibilización y formación
en el tema, puesto que no forma parte ni de los programas de pregrado ni siquiera
de los de postgrado.
Detección
de malos tratos en la consulta
Dos estudios realizados
en centros de medicina de familia revelaron malos tratos en el 22-28 por ciento
de las mujeres (Rath G.D., Jarrat L.G., Leonardson G., 1989; Hamberger L.K., Saunders
D.G., Hovey M., 1992) con una prevalencia durante toda la vida del 38,8 por ciento.
Sólo 6 de las 394 mujeres estudiadas en uno de los estudios habían
consultado a su médico por los malos tratos. Sin embargo, se conoce que
casi la totalidad de las víctimas visitaron a su médico general
en el año siguiente a la agresión y además con un incremento
de la frecuentación de las consultas. La AMA (American Medical Association)
en su 'Guía para el diagnóstico y tratamiento de la violencia doméstica'
(1994) dice: "el médico puede ser la única persona fuera de
la familia a la que una mujer le pida ayuda; estos profesionales tienen una oportunidad
única y la responsabilidad de intervenir".
Aunque existen
algunos signos de alerta que pueden hacer sospechar la presencia de malos tratos
a la pareja, el paso más importante que los sanitarios deben dar es preguntar
a todos los pacientes con algún indicador de riesgo (Tabla 1), si sufren
o han sufrido malos tratos alguna vez. Los malos tratos conyugales se pueden dar
a todas las edades y en todos los grupos sociales. Su frecuencia es mayor que
otras patologías sobre las que se realiza una detección rutinaria
como el cáncer de colon y la hipertensión.
Infinitos pueden
ser los signos y los síntomas que nos muestren la presencia de los malos
tratos en la familia. Apenas unas lesiones identificadas por todos como agresiones
físicas: hematomas, fracturas en nariz y cara, magulladuras, etc., nos
darían la clave casi certera de que estamos ante un caso de violencia familiar,
pero ¿cómo detectar las otras formas de presentación del
maltrato familiar, por ejemplo, el psicológico? Ya se ha comentado que
habitualmente coexisten diferentes tipos de violencia en una misma relación
de pareja, no se trata de actos puntuales sino que se habla de la existencia de
un proceso que se va instaurando y cronificando. Así, por ejemplo, podríamos
describir una secuencia que comienza con maltrato por conductas de control y sumisión,
más adelante maltrato sexual y por último, si los objetivos del
maltratador no son conseguidos, pasarían finalmente a instaurarse los maltratos
físicos.
La lista de signos de sospecha, repetimos, sería
innumerable, como en otros tantos llamados 'problemas ocultos' que asoman también
por nuestras consultas. Así, incluso una actitud, una mirada o un sinfín
de las llamadas 'señales mínimas' nos deben poner vigilantes ante
la sospecha de malos tratos:
o Lesiones físicas.
- Magulladuras,
laceraciones, quemaduras y marcas de mordedura humana.
- Hematomas en diferente
estado evolutivo.
- Fractura de huesos nasales, dientes y mandíbula.
-
Desgarro del lóbulo de la oreja por arrancamiento del pendiente.
- Signos
de violación.
- Abortos, partos pretérmino, o recién nacidos
de bajo peso.
o Síntomas somáticos o psicológicos.
-
Síntomas somáticos múltiples: cefaleas, palpitaciones, quejas
gastrointestinales, dispareunia o dolores crónicos.
- Síntomas
psíquicos: ansiedad, depresión, insomnio.
o Problemas psicosociales.
-
Consumo excesivo de alcohol o drogas.
- Suicidio.
o Actitud de la víctima.
-
Temor, mirada huidiza, sensación de vergüenza, sentimientos de culpa
y/o explicaciones vagas, contradictorias, confusas.
o Actitud de la pareja.
-
Excesivamente despreocupado, despectivo y/o irónico (es habitual que el
culpable acompañe a la víctima).
- Excesivamente preocupado y
solícito.
Además de ésta lista de signos de sospecha,
en la Tabla 2 se señalan algunos de los llamados ¡Signos de alerta!
Claves
para
la detección
El enorme listado de síntomas,
signos, señales de sospecha, señales mínimas que emanan de
la comunicación no verbal no nos llevan a buen puerto si no se acompaña
de actitudes favorecedoras, de sensibilización y formación en el
tema por parte del profesional sanitario, así como del apoyo por parte
de las instituciones. Pero además de todo esto, la detección no
será posible sin el eslabón final de la cadena: el ABORDAJE ante
las mínimas señales de sospecha.
En el estado español
no se conocen estudios de prevalencia sobre violencia familiar en estadísticas
clínicas, lo que nos puede dar una idea de la dificultad que tienen los
profesionales sanitarios para la detección y prevención de los malos
tratos en el seno familiar y también para registrarlo en los historiales
clínicos. Pero sí se sabe que casi la totalidad de las víctimas
visitaron a su médico de familia en el año siguiente a la agresión
y, además, con un incremento de la frecuentación a la consulta del
medico, por lo que sería deseable un notable aprovechamiento de esta circunstancia.
He
aquí algunas claves para detectar el maltrato familiar:
o Mostrar
una adecuada sensibilización hacia el problema de los malos tratos en la
familia, sentando como base la aceptación de que se trata de un problema
de salud y que por tanto nos incumbe.
o Acostumbrarse a realizar una detección
precoz rutinaria preguntando por ello, al igual que hace unos años se comenzó
preguntando por el consumo de alcohol, por las prácticas sexuales de riesgo,
por el consumo de tabaco o por el abuso de sustancias.
o Modificar algunas
actitudes como por ejemplo el evitar prejuicios hacia la persona maltratada porque
no es capaz de abandonar una relación tan destructiva, o hacia el agresor
que nos impida actuar con la mínima competencia.
o Tratar de modificar
barreras institucionales en la medida de lo posible, como por ejemplo, la organización
de la consulta ante la falta de tiempo, disminución de la sobrecarga de
trabajo...
o Conseguir una provechosa formación en el tema.
o Estar
preparados para iniciar un abordaje inmediato ante la presencia de aquellos signos
de alerta sugerentes de malos tratos.
o Llevar a cabo un abordaje psicosocial
en todas estas situaciones.
o Implicación de las enfermeras en la identificación
y el abordaje de la violencia.
Intervención
del
médico de familia
¿Qué puede
hacer el médico de familia en el contexto de su actividad ordinaria en
la consulta? (Figura
2).
En primer lugar es necesaria la sensibilización por parte de
los profesionales: la violencia doméstica es un problema de salud. Existe
una preocupación unánime respecto a la baja detección de
la violencia de pareja en el contexto familiar, pero aún lo es más
acerca de la detección de la violencia hacia al anciano o del maltrato
al niño. Esto origina un retraso considerable en el diagnóstico
con las consecuencias que para la salud estos hechos originan. Si bien es cierto
que todos los profesionales sanitarios deberían implicarse en la detección
de este problema de salud, más específicamente los médicos
de familia son los que han de desempeñar un papel clave por su accesibilidad,
por la alta frecuentación de la población en sus consultas, por
la continuidad y el carácter longitudinal en la asistencia que prestan,
y porque a menudo gozan de la confianza de sus pacientes.
El médico
y la enfermera pueden abordar directamente el tema de la violencia familiar, con
intervenciones facilitadoras y con preguntas sencillas y directas, que son las
que han demostrado ser las más eficaces. A continuación expondremos
algunas de las peculiaridades de la entrevista clínica ante sospecha de
maltrato:
- Ver a la mujer sola, asegurando la confidencialidad.
- Utilizar
el tiempo necesario para la entrevista.
- Observar las actitudes y el estado
emocional (a través del lenguaje verbal y no verbal).
- Facilitar la
expresión de sentimientos.
- Mantener una actitud empática y
de escucha activa.
- Hacerle sentir que no es culpable de la violencia sufrida.
-
Expresar claramente que nunca está justificada la violencia en las relaciones
humanas.
- Abordar directamente el tema de la violencia, con intervenciones
facilitadoras.
- Creer a la víctima, tomarla en serio, sin poner en
duda su interpretación de los hechos, sin emitir juicios, intentando quitar
el miedo a la revelación del abuso.
- Alertar a la víctima sobre
los riesgos que corre.
- Respetar a la víctima y aceptar su ritmo y
su elección.
- Ayudarle a pensar, a ordenar sus ideas y a tomar decisiones.
-
Registrar estos hechos con precisión en las historias.
También
pueden ser utilizados cuestionarios estandarizados para la detección de
violencia doméstica y que han sido ya avalados por la investigación
científica. En
la Tabla 3 se detalla uno de los más conocidos y sencillos de aplicar
en las consultas y que también puede aplicarse a los varones, el Woman
Abuse Screening Tool (WAST).
La forma breve del WAST (Bown J.B. et al.),
la constituyen las dos primeras preguntas, y se ha demostrado que permite identificar
correctamente a un 91 por ciento de las mujeres que sufren malos tratos y al 100
por cien de las que no los sufren. El resto de preguntas aportan un conocimiento
más detallado de la relación.
Cribado
Las
revisiones sistemáticas y estudios de series realizados recientemente encuentran
una gran variabilidad de resultados.
No existe evidencia científica
que apoye el cribado sistemático para detectar violencia familiar, ni a
favor o en contra del empleo de instrumentos específicos de cribado para
la detección de la violencia doméstica. Sin embargo, aunque no existe
consenso respecto a la utilización rutinaria de cuestionarios específicos
para el cribado en la población general, sí se aconseja incluir
algunas preguntas sobre la existencia de maltrato en el curso de la entrevista
clínica que pueden ayudar a la detección, ya que en la mayoría
de las ocasiones la víctima no está dispuesta a dar voluntariamente
información sobre el abuso, y solo confiesa el maltrato si se pregunta
directamente por ello. Es decir, se recomienda a los médicos permanecer
alerta en busca de síntomas de maltrato e incluir algunas preguntas acerca
del maltrato como parte de la historia rutinaria en pacientes adultos.
Se
aconseja que el médico de familia esté alerta ante situaciones de
riesgo, indicios o síntomas de violencia doméstica, porque los pacientes
que consultan por una agresión física son solo una pequeña
parte de los que sufren violencia y muchos acudirán a la consulta, quizás
con síntomas inespecíficos, consultas reiteradas por motivos banales,
quejas somáticas o trastornos psicológicos poco específicos
que ocultan el verdadero problema. De esta manera, estos pacientes exploran nuestra
actitud, nuestra sensibilidad hacia el tema y en función de nuestra respuesta,
expondrán o no su problema.
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