Abordaje de la familia ante problemas médicos: la violencia doméstica
Cómo detectar el maltrato en el ámbito familiar

MALOS TRATOS A LOS NIÑOS Y ABANDONO DE MENORES

Existen diferentes conceptos y criterios a la hora de definir el maltrato infantil en el entorno familiar. Para abordar este problema de una manera didáctica, hemos optado por el concepto de maltrato infantil que hace referencia a acciones u omisiones que van a interferir en el desarrollo integral del niño, que lesionan sus derechos como persona y que son infligidos generalmente por personas del medio familiar. Así, dicho término engloba diferentes formas de abuso o agresión: violencia física, maltrato emocional, abuso sexual, maltrato prenatal y maltrato institucional.

El abandono es la forma de maltrato más frecuente y se define como el incumplimiento de la provisión de las necesidades básicas del niño por parte de los progenitores o del tutor, manifestándose como una insuficiencia en la alimentación; la presencia de penurias en cuanto al vestido y la vivienda se refiere; la privación de atención médica, de enseñanza, de seguridad y de educación. Los signos físicos y conductuales del abandono quedan reflejados en la Tabla 4.

Es difícil realizar una estimación estadística de la frecuencia con que ocurre y esto es así por diversos factores: es un tipo de violencia causada principalmente por los padres o familiares del niño, lo que hace que habitualmente los casos queden ocultos en el contexto familiar; su detección esta supeditada a la capacitación del profesional sanitario que lo evalúe (en el momento actual se aprecia un gran desconocimiento e ignorancia hacia el tema); la insuficiencia de denuncias por temor a las consecuencias jurídicas, así como las diferencias de criterio a la hora de definir el maltrato pueden también modificar las cifras obtenidas en los diferentes estudios epidemiológicos. Diversos autores piensan que solo se detecta entre el 10 y el 20 por ciento de los casos existentes de malos tratos en la infancia, estimándose que la tasa de incidencia de maltrato infantil en España podría estar entre el 5 y el 15 por mil de los niños menores de 18 años. La fiabilidad de estas estimaciones, sin embargo, es dudosa. En EEUU, donde existen más estudios y según parece una mayor notificación de los casos, se sabe que la desatención o negligencia es aproximadamente cinco veces más frecuente que los abusos sexuales, y los malos tratos físicos son el doble de frecuentes. En nuestro país, en cambio, los porcentajes difieren encontrándose una menor incidencia del maltrato físico y sobre todo del abuso sexual, ocupando el primer lugar la negligencia física (79 por ciento), seguida del maltrato emocional (42 por ciento), el maltrato físico (30 por ciento) y el abuso sexual (2-4 por ciento).

La incidencia y la prevalencia de maltrato en general es mayor en los niños, pero las niñas son víctimas de abusos sexuales con una frecuencia dos veces y media superior a la de los varones. El maltrato infantil es más habitual en menores de 2 años y la forma más frecuente es el abandono. El maltrato en edades tempranas no suele denunciarse, y el adulto no suele reconocerse como maltratante. Sin embargo, el maltrato infantil constituye la segunda causa de muerte en menores de 5 años en nuestro país, si excluimos el periodo neonatal. Algunos otros datos obtenidos en nuestro país por la Asociación para los Derechos del Niño y de la Niña (PRODENI) estima que más de 100.000 niños pueden padecer malos tratos, y que un 15.2 por ciento de los niños y un 22.7 por ciento de las niñas sufren abusos sexuales.

Todos estos datos nos dan idea de la relevancia del problema en términos de extensión y gravedad.


Factores de riesgo

Aunque los malos tratos a menores se dan en todo tipo de ambientes socioeconómicos y culturales, algunos niños presentan un riesgo mayor. Entre ellos, los niños que provienen de familias disfuncionales o multiproblemáticas; los hijos de familias monoparentales; los niños con baja autoestima o con problemas físicos, síquicos o conductuales (Finkelhor et al., 1990). El antecedente de malos tratos previos hace que el riesgo de que éstos vuelvan a producirse sea aún mayor.
Así mismo, cuando los padres son adictos a alguna sustancia tóxica, el maltrato comienza en el útero. Una vez que ha nacido, el niño adicto en estado de abstinencia puede tener una conducta que resulte demasiado estresante para unos padres con escasas habilidades parentales. Los padres toxicómanos cometen con más frecuencia malos tratos físicos, abusos sexuales y abandono sobre sus hijos (Bays, 1990).


Clasificación del maltrato infantil (Recomendaciones PAPPS)

Maltrato físico

Cualquier acción no accidental por parte de los padres o cuidadores que provoque daño físico (fracturas, quemaduras, hematomas, mordeduras, envenenamientos, etc.) o la enfermedad que se trasmite al niño o le ponga en riesgo de padecerla.


Abuso sexual

Cualquier clase de contacto con excitación sexual con un menor por parte de un adulto desde una posición de autoridad o poder sobre el niño: contactos sexuales, inducción a la pornografía o a la prostitución.
Maltrato emocional

Cualquier conducta por parte de un adulto del grupo familiar que pueda dañar la competencia social, emocional o cognitiva del niño: falta de demostraciones de afecto, recriminaciones y desvalorizaciones constantes, ridiculización, amenazas, etc.


Negligencia o abandono

Abandono en los cuidados de la salud física y mental del niño: privación de alimentos, cuidados sanitarios, falta de higiene, falta de interés por el desarrollo emocional y educativo del niño.


Maltrato prenatal

Conductas que suponen un riesgo para la embarazada y por tanto para el feto, infligidas por la propia mujer o por otras personas: consumo de alcohol o drogas.


Maltrato institucional

Cualquier actuación procedente de los poderes públicos que vulnere los derechos básicos del menor: en las instituciones de enseñanza, guarderías, hospitales, instituciones judiciales, etc.


Trastorno ficticio inducido (también llamado Síndrome
de Münchausen por poderes)

Es una forma de abuso infantil en la que uno de los padres o el cuidador imponen o inducen en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad. El niño puede ser sometido a múltiples evaluaciones y procedimientos; cuando éste es separado del cuidador, la sintomatología se resuelve.

En la mayoría de las ocasiones las agresiones son mixtas, afectando tanto por acción como por abandono a las esferas físicas y psíquicas. El niño maltratado va a sufrir con frecuencia alteraciones de su desarrollo físico, psicoemocional y social.


Detección
del maltrato infantil

En nuestro medio, el médico de familia o el pediatra asignado a la unidad de Atención Primaria (dependiendo de la organización sanitaria de cada Comunidad Autónoma) se encuentran en un lugar privilegiado para la detección precoz de este problema de salud. Por un lado, por el hecho de mantener un contacto periódico y frecuente con el niño a través del programa de control del niño sano y por otro lado, por su extenso conocimiento de la familia y su contexto. En la actualidad, y a pesar de las características de la Atención Primaria, los casos de maltrato a los niños siguen estando infradiagnosticados y, consecuentemente, infranotificados. El diagnóstico de maltrato infantil puede ser muy difícil. En muchos de los casos, las evidencias del abuso no existen, pero sí las sospechas del mismo. Así pues, el hallazgo del mal trato depende de la capacidad del médico de relacionar los patrones de lesión y de conducta con la historia clínica y los signos físicos del niño y además tener siempre en mente la posibilidad con un alto grado de sospecha incluso durante las visitas más habituales. Los signos de lesiones externas no siempre evidencian malos tratos y, a veces, los datos clínicos son inespecíficos o simulan otro tipo de patología no traumática. Ante una lesión en cualquier niño, es muy importante preguntar por el mecanismo que la ha producido (tanto al niño como a los padres), escuchar detenidamente sus relatos sobre cómo se ha producido y en qué circunstancias, e incluir entre los diagnósticos diferenciales posibles el del mal trato. Seguidamente se procederá a la realización de una exploración física exhaustiva, que incluya los parámetros generales de crecimiento, y un examen detallado de la cabeza a los pies, anotándose la fecha y hora de la exploración ya que determinados signos físicos como hematomas y quemaduras cambian con el tiempo.

1. Antecedentes familiares, incluyendo aspectos psicosociales.
2. Antecedentes de vacunación, alimentación y problemas de salud.
3. Historia de las lesiones, versión del niño y de los padres o testigos.
4. Exploración física completa:
a. Actitud y aspecto del niño (triste, agitado...).
b. Aspecto general, ropas, higiene...
c. Peso, talla y perímetros para comprobar el desarrollo comparado.
d. Exploración física detallada sin olvidar genitales, establecer asimetrías, trastornos de la marcha...
e. Examen de las lesiones: número, tipo, forma, tamaño, color, antigüedad y localización de las lesiones externas. Se deben realizar fotografías.

5. Exploraciones complementarias:

a) Pruebas de laboratorio (sangre, orina, y análisis de tóxicos).
b) Estudio radiológico de huesos largos, cráneo, costillas y pelvis, útil para diagnosticar y datar una lesión esquelética y determinar el tipo de fuerza y mecanismo productor de la lesión.
c) Otras: colposcopio en caso de agresión sexual, TAC si existe TCE, ecografías, exámenes histopatológicos de las lesiones, etc.

6. Valoración de la esfera psicológica.

En los casos de conocimiento de la existencia de maltrato hacia la mujer, cuando ésta tiene hijos menores, debe ponerse en conocimiento del pediatra, y siempre debe hacerse la valoración del niño y de las posibles repercusiones psicológicas por el hecho de ser testigo de la situación de violencia. También se debe explorar la posibilidad de que sea víctima de maltrato. Además, el médico deberá explorar siempre signos de alerta, actitudes, señales o síntomas sugestivos de actos violentos a cualquier niño, pero especialmente se debería hacer hincapié en aquellos que presenten factores de riesgo para el maltrato.

Signos y señales
de alerta de maltrato infantil

Actitud y comportamiento del niño

- Niño desconfiado, asustado, sobresaltado, que hace ademán de defensa protegiéndose la cara con las manos o los brazos, o cerrando los ojos cuando se acerca el profesional sanitario.
- Indiferencia, apatía, tristeza, mirada baja, evitación de la mirada hacia el adulto.
- Retraso mental aparente o real, fracaso escolar.
- Enuresis o encopresis.
- Trastornos de la personalidad y del comportamiento, neurosis, psicosis, intentos de suicidio.
- Respuestas evasivas, cortas y con monosílabos, intentando justificar o involucrar a las figuras parentales.


Señales de abandono físico

- Desnutrición, deshidratación.
- Retraso pondoestatural, principalmente en el primer año de vida, delgadez excesiva, generalmente el peso se afecta más que la talla.
- Occipucio plano, postura pasiva de ancas de rana.
- Higiene deficiente, restos de heces secas adheridas a la piel, parásitos, dermatitis de pañal importante.
- Carencia de cuidados básicos de salud, como falta de vacunaciones, enfermedades crónicas no tratadas, caries dentales intensas y precoces.
- Alteraciones dérmicas inespecíficas: micosis, señales de rascado, infecciones, heridas sobreinfectadas.
- Hambre constante, ropa inadecuada...


Cuadro de lesiones

o Lesiones externas en piel y mucosas:
- Contusiones, hematomas en diferentes estadio evolutivo.
- Heridas.
- Alopecias.
- Quemaduras.
- Mordeduras.
o Lesiones musculares:
Hematomas intramusculares, desgarros o arrancamientos ligamentosos.
o Lesiones osteoarticulares:
Las fracturas son las lesiones por maltrato más frecuentes después de las contusiones, apareciendo también fisuras, luxaciones y derrame. (Se ha descubierto que el 56 por ciento de las fracturas de los lactantes no son accidentales). Las fracturas metafisiarias de los huesos largos se consideran diagnósticas de malos tratos. En todos los niños menores de 2 años en los que se sospeche abandono o malos tratos físicos está indicado realizar una serie ósea completa mientras que en los mayores de 5 años pueden solicitarse otras técnicas más específicas.
o Lesiones del sistema nervioso central:
La mayoría de las muertes debidas a malos tratos son secundarias a lesiones intracraneales, destacando las cerebrales y las fracturas de cráneo. Los hematomas subdurales se producen en los traumatismos craneales y como consecuencia de violentos zarandeos (síndrome del niño sacudido).
o Traumatismos viscerales:
Las lesiones abdominales, tras las craneales, son la segunda causa de muerte en los niños que han sufrido malos tratos. Con frecuencia las lesiones afectan a varios órganos.
o Órganos de los sentidos:
- Lesiones óticas _ rotura timpánica, hemotímpano (típico tras una bofetada), oreja del boxeador, oreja en coliflor.
- Lesiones oculares _ hematomas periorbitarios, hemorragias conjuntivales, abrasión corneal, hipema, luxación del cristalino, hemorragias vítreas, desprendimientos de retina, hemorragias retinianas que acompañan al hematoma subdural en el síndrome del niño sacudido.
- Lesiones nasales _ epistaxis, fracturas.
- Lesiones bucales _ traumatismos labiales, rotura del frenillo (apretón del biberón), fracturas dentarias, traumatismos faríngeos posteriores, obstrucción de la vía respiratoria.

4. Intoxicaciones no accidentales
- Sedantes, alcohol y drogas.
Además de esta lista de signos de sospecha, en la Tabla 5 se señalan algunos de los llamados ¡Signos de alerta!

Abusos sexuales
en la infancia

Los niños rara vez explican claramente lo ocurrido y es todavía menos frecuente es que relaten de forma espontánea historia de abusos sexuales. Es más, lo habitual es que no lo hagan nunca. El secreto, la vergüenza y la tendencia de los agresores a sobornar o amenazar a las víctimas de abusos sexuales infantiles son factores que contribuyen a que se produzca el silencio. Sobre la base de estas peculiaridades sería recomendable solicitar a los médicos un alto grado de preocupación y un umbral relativamente bajo para la notificación de cualquier sospecha existente.

Hay diversos signos de comportamiento, de conductas, físicos y de laboratorio que aun siendo inespecíficos podrían sugerir abusos sexuales. Sin embargo, según la mayoría de expertos hay determinados signos cuya presencia es en sí diagnóstica de los abusos sexuales, aún en ausencia de una historia clínica indicativa: lesiones genitales agudas características con una insuficiente explicación convincente, y enfermedades de transmisión sexual confirmadas por laboratorio y fuera de período neonatal.

Signos y señales
de alerta de abuso sexual

- Actitud del niño, lenguaje, conocimiento, conducta y comportamiento.
- Lesiones y hemorragias en zona anal y genital o cercanías, condilomas acuminados, hiperpigmentación de la zona, contracción o dilatación anal refleja.
- Ropa interior rasgada, manchada o ensangrentada.
- Dificultades para andar y sentarse.
- Dolor o picor en el área genital.
- ETS, herpes genital, sida.
- Detección de espermatozoides, hasta las 72 horas posteriores.
- Embarazo.

El abuso sexual en los niños a menudo tiene repercusiones psicológicas graves. Los adolescentes que han sufrido abusos sexuales tienen mayor tendencia al abuso de sustancias como alcohol o drogas y también tienen una mayor incidencia de intentos de suicidio. Además, también pueden sufrir secuelas en etapas posteriores de sus vidas que en ocasiones se presentan en la consulta bajo el aspecto de "signos y síntomas inespecíficos". Sería por tanto muy recomendable que el médico de Atención Primaria interrogase cuidadosamente acerca de antecedentes de abusos sexuales en la infancia ante pacientes que presenten signos y síntomas como los descritos a continuación:

- Somatizaciones persistentes en el tiempo (dolor pélvico, síndrome del intestino irritable, fibromialgias...).
- Disfunciones sexuales.
- Abuso de sustancias.
- Baja autoestima, depresión, sentimientos de culpabilidad.
- Conductas autodestructivas, intentos de suicidio.
- Dificultad para las relaciones íntimas.
- Múltiples intervenciones quirúrgicas, hospitalizaciones, hiperfrecuentación en las consultas de Atención Primaria.
En España, los profesionales de la salud tienen la obligación de notificar los casos de sospecha o conocimientos de abusos sexuales infantiles a las autoridades legales o al organismo de protección infantil, y deben notificarse todos los casos en que se hace una afirmación clara al respecto o hay signos altamente sospechosos en la exploración física. De todas maneras, aunque es responsabilidad del clínico proteger al niño, no es su función acusar o identificar a un sospechoso.

Por último destacar que el maltrato infantil acarrea consecuencias incluso a muy largo plazo, apareciendo una mayor probabilidad de sufrir violencia en las relaciones de pareja, y también con los propios hijos, ya sea como víctima o como agresor, por tolerancia hacia este tipo de conductas, o por haber incorporado los patrones de víctima o agresor (violencia trasgeneracional).






 

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