Abordaje
de la familia ante problemas médicos: la violencia doméstica
Cómo
detectar el maltrato en el ámbito familiar
INTRODUCCIÓN
Violencia
Familiar es una expresión que hace referencia a las conductas amenazantes
o manifiestas, que se supone que tienen consecuencias nocivas para aquellos a
quienes va destinada. Tan antigua, como prevalerte, en la sociedad de nuestros
días, actualmente es considerada como un grave problema de Salud Pública,
por lo que es imposible que los profesionales sanitarios escapemos ante su enorme
influjo. La violencia física de todo tipo se da con más frecuencia
que en ningún otro contexto en la familia (excepto el militar y el policial
en períodos de guerra o de disturbios). Los medios de comunicación
han destapado la 'caja de Pandora' de los malos tratos familiares, consiguiendo
que un problema soterrado desde tiempos inmemorables emerja como vértice
de la más dolorosa actualidad. Organizaciones internacionales como la OMS
y la ONU y gobiernos de diferentes países la han considerado como un problema
de salud de primer orden. Las sociedades norteamericana y europea principalmente,
las más diversas asociaciones, la masa política, y en definitiva
toda la sociedad en su conjunto, se han hecho eco de este acuciante problema,
involucrándose en algunas ocasiones de forma tan exacerbada que, se han
estimulado más las posturas represoras y persecutorias que las rehabilitadoras.
De ahí la necesidad por parte de los sanitarios, de trabajar un enfoque
carente de prejuicios biologicistas y más humanizado del maltrato, lo que
nos permitirá detectar, manejar y rescatar al sistema familiar que sufre
situaciones de malos tratos.
Y no solo eso. Es necesario recordar que la evidencia
señala que la violencia en el ámbito familiar también es
portadora de graves repercusiones en la salud de las personas que la padecen,
tanto en el ámbito físico como psicológico, generando un
gran impacto emocional que acaba por desequilibrar la salud de toda la familia.
La violencia familiar presenta unas cifras de prevalencia muy variables,
la cual varía dependiendo de los diferentes estudios. Sin embargo, en todo
caso parece tratarse de una situación infradiagnosticada, presentando una
variabilidad sujeta en la horquilla del 5-40 por ciento (entre un 10 y un 69 por
ciento según las zonas, en un informe realizado por la OMS). A muchos de
los profesionales de la salud, la lectura de tales cifras puede no acercarnos
adecuadamente a la verdadera magnitud del problema, por lo que quizás sea
más fácil señalar que la prevalencia de la violencia familiar
en los países de nuestro entorno (y muy probablemente en el nuestro) sería
equiparable a la de la Hipertensión Arterial o la del Cáncer de
Mama, por citar algunos problemas de salud con los que trabajamos de manera habitual.
Llegados
a este punto es importante reflexionar sobre la necesidad de una intervención
tanto en la prevención como en la detección y abordaje de este problema
desde los profesionales sanitarios de Atención Primaria colaborando, a
su vez, en una práctica en redes.
Avanzando en esta idea, y haciendo
una apuesta clara en este sentido, se hace imprescindible una revisión
de los puntos clave que conocemos hasta el momento en el vasto problema que nos
ocupa, para sensibilizarnos primero y formarnos después, en el complejo
entramado tema del maltrato familiar.
¿Qué
entendemos por Violencia Familiar?
La literatura está
provista de numerosas definiciones sobre los malos tratos y la violencia familiar
lo cual nos orienta desde ya, acerca de la complejidad y de los infinitos matices
que este problema acarrea. Violencia hace referencia simplemente a una conducta
impuesta físicamente que no pretende causar daño. Malos tratos o
abuso hace referencia a situaciones que son intrínsecamente causantes de
daño. Por citar algunas de las definiciones más comúnmente
utilizadas en la literatura revisada, comenzaremos por la que presenta la OMS,
la cual define la violencia como: "el uso intencional de la fuerza física
o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, hacia otra
persona, o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas posibilidades de causar
lesiones físicas, daños psicológicos, alteraciones del desarrollo,
abandono e incluso la muerte." La OMS incluye la intencionalidad de producir
daño en la comisión de estos actos y además diferencia tres
tipos de violencia: la autoviolencia que incluye el suicidio y la autoagresión;
la violencia interpersonal que incluye la violencia familiar y de pareja (entre
convivientes) además de la violencia comunitaria (agresión por extraños
al medio familiar); y la violencia colectiva que puede ser social, económica
o política.
Así mismo, la violencia familiar ha sido definida
por el Consejo de Europa como: "todo acto u omisión acaecido en el
marco de la familia por obra de uno de sus miembros que atente contra la vida,
la integridad corporal o psíquica, o contra la libertad de otro miembro
de la misma, o que amenace gravemente el desarrollo de su personalidad".
El
término violencia de género, que se equipara con frecuencia en la
literatura a violencia doméstica y a violencia conyugal, hace referencia
a la violencia específica contra las mujeres, utilizada como instrumento
para mantener la discriminación, la desigualdad y las relaciones de poder
de los hombres sobre las mujeres. Comprende la violencia física, sexual
y psicológica incluidas las amenazas, la coacción o la privación
arbitraria de libertad, que ocurre en la vida pública
o privada, y
cuyo principal factor de riesgo lo constituye el hecho de ser mujer. Por tanto,
violencia de género, violencia
en la pareja, violencia conyugal, violencia
doméstica son algunas de las acepciones que enmarcarían a las siguientes
definiciones:
o Aquellas agresiones que se producen en el ámbito
privado en el que el agresor, generalmente varón, tiene una relación
de pareja con la víctima.
o Reiteración o habituación
de los actos violentos.
o Situación de dominio del agresor, que utiliza
la violencia para el sometimiento y control de la víctima.
Por nuestra
parte, nosotras escogeremos la siguiente explicación, como base de sustentación
a nuestro particular enfoque acerca del tema, relacionando el término violencia
familiar, a los malos tratos o agresiones físicas, psicológicas,
sexuales o de otra índole, infligidas por personas del medio familiar y
dirigida generalmente a los miembros más vulnerables de la misma: niños,
mujeres y ancianos. Respecto a la violencia de género, aunque pueden verse
afectados ambos sexos, los casos de malos tratos a los hombres sólo representan,
aproximadamente, un 5 por ciento del problema.
Así pues, nos encontramos
ante un tipo de maltrato, que por darse en un contexto tan privado y tan oculto
como el familiar, ha permanecido escondido desde tiempos inmemoriales, incluso
por muchos familiares, siendo en muchas ocasiones la víctima y el perpetrador
los únicos conocedores del asunto. Respecto a esta característica,
el médico de familia se encuentra, por definición, en un lugar privilegiado
para conocer y detectar las situaciones de violencia que se dan en dicho ámbito,
siendo uno de los escasos colectivos sociales a los que se les permite tener contacto
directo y de primera mano con el íntimo espacio familiar.
Por último,
y antes de entrar en materia, meditemos previamente sobre el tema para añadir
alguna imagen más a la ya fijada foto de mujer golpeada por su marido.
Archivar escenas nuevas como por ejemplo las del niño y el anciano maltratado,
todavía infravaloradas comparativamente respecto a la violencia conyugal,
ampliará nuestro abanico de posibilidades de detección de situaciones
de maltrato familiar. También será provechoso sustituir alguna imagen
antigua por una escena más actual de malos tratos en la familia incluyendo
a ejecutivos, jueces e incluso médicos para pensar en la existencia de
violencia familiar en todos los estratos sociales. Curiosamente, y a pesar del
bombardeo informativo de los medios de comunicación en los últimos
años, los sanitarios todavía no tenemos asumido el maltrato familiar
(al igual que otros problemas de índole psicosocial) como un problema de
salud de enorme magnitud y sobre el que además nos compite su detección
y su abordaje, al menos en buena parte.
Formas de violencia
Aunque
se han descrito como formas de violencia la física, la sexual, la financiera,
la religiosa... etc., genéricamente se suelen citar dos tipos de maltrato:
el físico y el psicológico. Sin embargo esto es difícil de
entender si compartimos que para existir el maltrato físico se requiere
del maltrato psicológico. Los seres humanos no pueden sufrir solo físicamente
ya que sufrir es una experiencia psicológica. Tan es así que, aunque
el maltrato físico se exprese de forma brutal, éste no es más
que la emergente punta del iceberg de un maltrato psicológico que lo engloba
y lo multiplica por diez.
Pero, con la dificultad que entraña conceptuar
el término maltrato, y más específicamente el psicológico,
y con las escasas herramientas desarrolladas para trabajar en ello, ¿cómo
podemos los profesionales sanitarios detectar todo ese mundo soterrado del iceberg
que incluye el maltrato psicológico? Algunas claves serán expuestas
a continuación.
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