Sintomatología
neurológica:
Sindromes vertiginosos
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El vértigo es una sensación
irreal de movimiento del entorno o de uno mismo, generalmente giratorio. Nuestros
enfermos rara vez nos dicen que presentan vértigo, vocablo muy concreto
y técnico, sino que utilizan la palabra mareo, término más
ambiguo y coloquial. Por lo tanto, en esta revisión nos vamos a referir
a este segundo término ya que nuestro razonamiento diagnóstico va
a partir del paciente que nos describe su mareo.
A pesar del enorme avance
en el entendimiento de la fisiopatología de las enfermedades vestibulares
en la última década, estos avances no han tenido un impacto significativo
en el diagnóstico y el tratamiento con drogas en el vértigo y mareo.
Efectivamente la investigación en el área del diagnóstico
del síndrome vertiginoso ha evoluciona muy poco. La anamnesis sigue siendo
el elemento fundamental junto con la exploración clínica. Raramente
es necesaria la realización de otras pruebas como la electronistagmografía,
potenciales evocados, o estudios de neuroimagen, a pesar de que entre un 10-20
por ciento de los enfermos con mareo se quedan sin conocer la causa de ellos.
Nuevas entidades han sido reconocidas recientemente como causantes de vértigo,
alguna como la migraña vestibular (o el vértigo migrañoso)
de una elevada prevalencia.
Tampoco hemos vivido avances importantes en
el tratamiento del vértigo. Seguimos utilizando los viejos medicamentos
para el vértigo agudo, como son los antihistamínicos y las fenotiazinas.
Los diuréticos y la betahistina siguen siendo los medicamentos más
empleados en la enfermedad de Menière a pesar de que una reciente revisión
Cochrane cuestiona la utilidad de esta última. Se siguen ensayando nuevas
técnicas quirúrgicas para esta enfermedad que, en general logran
detener los vértigos, pero sin resultados para la pérdida de la
audición. Las infiltraciones intratimpánicas con diferentes productos
también han suscitado interés y se siguen investigando.
Por
el contrario, si que ha habido grandes avances en otras causas de mareos como
son los episodios presincopales de causa cardiogénica, sobre todo en el
tratamiento de las arritmias, no tanto en lo que a fármacos se refiere
sino a cirugía cardiaca, ablación de vías anómalas
con radiofrecuencia, desfibriladores automáticos implantables en las taquiarritmias
e implantación de marcapasos en la bradiarritmias.
A pesar de que
el mareo es un motivo de consulta muy frecuente que en ocasiones entraña
un auténtico desafío diagnóstico para el médico, no
existe ninguna guía clínica basada en niveles de evidencia, lo que
habla del poco interés que suscita este síntoma, y sólo dos
revisiones Cochrane investigan sobre el tratamiento del vértigo, una que
analiza la eficacia de la betahistina en la enfermedad de Menière y otra
la maniobra de Epley en el vértigo posicional paroxístico benigno
(VPPB). Todavía existen grandes lagunas en el diagnóstico y manejo
de los enfermos con mareo. Un importante paso sería elaborar y definir
criterios diagnósticos para los diferentes tipos de mareos o por lo menos
para los más habituales, de la misma manera que se ha hecho con las cefaleas.
Esto además de facilitar la labor a los clínicos permitiría
una mejor comparabilidad entre los diferentes estudios epidemiológicos
y ensayos clínicos. Otro aspecto importante sería la realización
de estudios epidemiológicos con poblaciones amplias sobre el mareo, sobre
todo a nivel de Atención Primaria que además de clarificar la epidemiología
de los diferentes subtipos de mareos permitiesen determinar la sensibilidad y
especificidad de los datos de la historia clínica, examen físico
y pruebas complementarias en el diagnóstico de estos cuadros.
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