Dilemas
en patología osteoarticular:
Manejo práctico del dolor crónico osteoarticular
últimas novedades
El
dolor osteoarticular crónico representa el síntoma más frecuente
de las enfermedades reumáticas siendo el motivo fundamental por el cual
los pacientes acuden a las consultas médicas y suele acompañarse
de otros síntomas importantes como rigidez e inflamación.
Dentro
de las patologías reumatológicas las entidades que más aparecen
implicadas son básicamente la artrosis, la lumbalgia de cualquier origen,
la fibromialgia y la patología tendinosa crónica sobre todo a nivel
del hombro. A pesar de no haber aparecido en los últimos años ninguna
otra patología causante de este tipo de dolor y de no haberse modificado
los criterios diagnósticos clínicos de patologías como la
fibromialgia, la artritis reumatoide o el síndrome de fatiga crónica,
si que hemos asistido en los últimos tiempos a un importante aumento de
su prevalencia, que en recientes estudios como el EPISER publicado en el año
2001, alcanzan cifras para la fibromialgia del 2,3 por ciento de la población
española mayor de 20 años, presencia de artrosis sintomática
en manos en el 30 por ciento de mujeres mayores de 70 años o gonartrosis
en el 44 por ciento de mujeres con esa misma edad. La explicación a este
incremento en el número de sujetos afectados por dichas patologías
causantes de dolor osteoarticular la hallamos por un lado, en el aumento de la
esperanza de vida que conlleva un incremento de toda la patología degenerativa
causante de dolor y por otro lado al mayor conocimiento por parte de los profesionales
médicos de patologías como la fibromialgia que hace años
apenas se tenían en cuenta en el diagnóstico diferencial de una
persona con dolor osteoarticular de tiempo de evolución, y que por el contrario
ahora es una de las enfermedades que más ha aumentado su incidencia merced
a un mayor diagnóstico médico.
Con respecto al diagnóstico
de todas estas enfermedades no ha habido grandes cambios en los últimos
años, de tal manera que en los criterios clínicos que establecen
la existencia de determinadas patologías permanecen vigentes. Así
criterios antiguos como el de 1990 del American College of Rheumatology en el
caso de la fibromialgia o los de 1987 de esta misma institución para el
diagnóstico de la artritis reumatoide. En cuanto a pruebas de imagen o
analíticas que faciliten el diagnóstico, permanecen como pruebas
fundamentales en el abordaje de este síntoma la radiografía, la
tomografía axial computarizada (TAC), la resonancia magnética nuclear
(RMN) y la gammagrafía. Si es cierto que han aparecido en los últimos
años algunos estudios que comienzan a utilizar la RMN para valorar la progresión
de la lesión artrósica, permitiendo cuantificar de una forma sensible
y reproducible la perdida de cartílago en la artrosis y reduce de forma
considerable el tiempo y el número de pacientes necesarios en los ensayos
clínicos para evaluar los fármacos modificadores de la enfermedad.
También están en estudio biomarcadores en la artrosis como
la proteína oligomérica de la matriz cartilaginosa (COMP) y de los
glucosaminglicanos sulfatados (sGAG) en la valoración del cartílago
articular, sin que por el momento se halla encontrado una buena correlación
entre sus niveles y la lesión anatómica presente en la artrosis.
Por
el contrario donde si hemos encontrado cambios novedosos en los últimos
años ha sido en el campo del tratamiento. Si nos detenemos en la artrosis
como una de las principales causantes de dolor articular crónico podemos
hablar de las recomendaciones en el tratamiento de la gonartrosis y la coxartrosis.
De este modo este mismo año se han publicado las recomendaciones para el
manejo de la artrosis de cadera de la EULAR y lo mismo se editó en el año
2003 para la rodilla. En ambos documentos se establece la necesidad de emplear
tanto medidas farmacológicas como no farmacológicas para el control
del dolor en la artrosis. Entre estas últimas destacan la educación
regular sobre la enfermedad, el ejercicio y la pérdida de peso. En cuanto
a los fármacos se indica que la sustancia que debemos utilizar como primera
opción por su eficacia y perfil de tolerabilidad sea el paracetamol (4
g/día) y en segundo lugar si no hay respuesta se emplearían los
AINE a la dosis mínima eficaz, teniendo estos fármacos mayores efectos
secundarios que el paracetamol pero por contra una mayor eficacia analgésica.
En caso de factores de riesgo gastrointestinal emplearíamos el
AINE con un agente gastroprotector o un inhibidor selectivo de la COX-2. En un
tercer escalón hallamos los analgésicos opioides con o sin paracetamol,
cuando los AINES o los coxibs han sido ineficaces o no tolerados. Un siguiente
paso en el tratamiento del dolor lo representarían los SYSADOA (symptomatic
slow action drug osteoarthritis) que incluye el sulfato de glucosamina, el condroitin
sulfato, la diacereina y el ácido hialurónico. Por último
la EULAR recomienda si fracasan los fármacos anteriores, las inyecciones
intrarticulares de corticoides o la cirugía ya sea mediante osteotomías
o el recambio protésico. En estos mismos documentos se establece la necesidad
de realizar futuras investigaciones para determinar marcadores biológicos
que indiquen la progresión de la artrosis, para establecer el efecto a
largo plazo de los SYSADOA y para reconocer cuales son los más efectivos
programas de ejercicio que reduzcan el dolor y la incapacidad de esta patología.
Además
de novedades en las recomendaciones también hemos asistido al emerger de
nuevos fármacos y a la retirada de otros que en principio parecían
presentar gran utilidad en el tratamiento osteoarticular crónico. De esta
manera encontramos como en el tratamiento del dolor crónico provocado por
las ciatalgias se ha desarrollado la pregabalina con indicación para el
dolor neuropático, con reducción del dolor en la mitad de los pacientes
tratados con dosis de 150 a 600 mg/día. Estudios en el campo de la fibromialgia
nos indican como el agonista de la dopamina pramipexol es capaz de reducir el
dolor en pacientes con esta enfermedad reumatológica como parece demostrar
el trabajo de Holman et al. publicado en julio de 2005 y realizado en un grupo
reducido de pacientes. Otros fármacos prometedores en el campo de la fibromialgia
y que están siendo estudiados actualmente en varios ensayos clínicos
son la pregabalina, el antidepresivo milnacipram y la duloxetina.
Fármacos
novedosos también, pero esta vez en el campo de la artritis reumatoide
lo suponen los antagonistas del TNF (infliximab, etanercept y adalimumab), útiles
para modificar la progresión de esta patología y mejorar el dolor
osteoarticular asociado a la misma, estando indicados en artritis reumatoide refractaria.
Pero
si hay dos grandes novedades en el campo del manejo del dolor crónico osteoarticular
son por un lado el aumento de evidencias en favor de los SYSADOA y por otro lado
la debacle de los coxibs por su falta de seguridad.
Los SYSADOA son las
siglas en ingles de "symptomatic slow action drug osteoarthritis", y
son fármacos capaces de modificar lentamente los síntomas de la
artrosis de manera independiente a los AINE, analgésicos u otras opciones
terapéuticas. Lo componen básicamente cuatro fármacos: La
glucosamina, el condroitín sulfato, el ácido hialurónico
y la diacereina. Cada uno de ellos tiene varios ensayos clínicos y todos
salvo la diacereina han sido objeto de metaanalisis recientes, pudiendo considerar
que estos fármacos tienen un buen efecto en cuanto a la reducción
del dolor articular en artrosis frente a placebo con un grado de evidencia 1,
y que por lo tanto el grado de recomendación de su uso para el tratamiento
sintomático de la artrosis es A en localizaciones como rodilla y cadera.
Sólo la glucosamina se ha enfrentado en un metaanálisis con un AINE,
encontrando un efecto favorable y moderado de aquella para el dolor.
Por
último en este apartado referirnos a las últimas novedades en lo
que respecta a los inhibidores selectivos de la COX-2 (coxibs). Dentro de este
grupo el rofecoxib fue retirado el 30 de septiembre de 2004 del mercado mundial
debido a un incremento del riesgo de eventos cardiovasculares adversos observados
en el estudio de rofecoxib en la prevención de pólipos adenomatosos
del colon (APPROVe) ensayo en el cual 2.586 pacientes fueron randomizados asignados
a rofecoxib (25 mg/día) o placebo con un seguimiento previsto de 3 años.
Este estudio publicado este mismo año en la revista New England Journal
of Medicine, indicó una significativa diferencia de eventos trombóticos
cardiovasculares, tanto coronarios como cerebrales que aparecieron ya a los 18
meses de seguimiento. Así los eventos por 100 pacientes/año con
rofecoxib o placebo fueron de 1,5 y 0,78 respectivamente (RR 1,92, 95 por ciento
CI 1,19-3,,11), lo que llevo a la empresa distribuidora del producto a su retirada
del mercado. Pero este no ha sido el único problema de seguridad registrado
con los coxibs ya que valdecoxib fue retirado en abril de 2005 en USA y la Unión
Europea. Otros fármacos de este grupo como celecoxib y etoricoxib continúan
en el mercado pero han debido realizar modificaciones en sus fichas técnicas
en lo que hace referencia a precauciones y seguridad en pacientes con enfermedad
cardiovascular. El lumircoxib no comercializado en España y que pertenece
a este grupo de moléculas está siendo activamente investigado. El
parecoxib es un fármaco intravenoso que es metabolizado a valdecoxib por
lo que parece que podría seguir el camino de valdecoxib y retirarse.
volver