Dilemas
en patología osteoarticular Manejo práctico del dolor crónico osteoarticular
REVISIÓN
TEÓRICA DEL DOLOR Y CASO CLÍNICO
El
dolor es una de las causas de consulta más frecuentemente realizadas en
Atención Primaria (A.P.) y en concreto por causas que afectan al aparato
locomotor. Se calcula que el 80 por ciento de las visitas a los médicos
es por problemas relacionados con el dolor, lo que supone un importante problema
para los servicios sanitarios.
La International Association for the Study
of Pain (IASP) define el dolor como "una experiencia sensorial y emocional
desagradable con daño tisular o potencial o descrito en términos
de dicho daño", lo que remarca la experiencia individual de este.
No
todas las personas perciben el dolor de la misma forma ante una misma intensidad
sensitiva dolorosa, ya que este es producto de dos situaciones, en muchos casos
relacionadas: una alteración sensorial de causa orgánica sobre los
receptores del dolor y una modulación emocional de éste estímulo
sensorial. Además la tolerancia al dolor y la forma de manifestarlo está
condicionada por factores personales y culturales.
Existen diversos tipos
de receptores sensitivos en el cuerpo humano entre los que se encuentran los nociceptores,
mecanorreceptores, quimiorreceptores, termorreceptores y propiorreceptores; de
todos estos sólo la estimulación de los nociceptores son capaces
de producir dolor. Diferentes estímulos son capaces de actuar sobre los
nociceptores provocando dolor, son receptores polimodales, por eso estímulos
mecánicos, químicos o eléctricos pueden desencadenar el dolor.
Existen
diferente número de terminaciones nerviosas en los tejidos, son abundantes
en las vainas nerviosas, los vasos sanguíneos, la fascia de los músculos,
el periostio, la cápsula articular o la fascia cutánea profunda
y menores en la membrana sinovial, la grasa o el músculo, no existiendo
en el hueso compacto o el cartílago articular.
Al analizar un dolor
interesa conocer la localización, su intensidad, irradiación, tiempo
de evolución, patrón (continuo o no), causas que lo modifican o
clínica acompañante (parestesias, etc.).
El dolor se ha clasificado
para su estudio en diferentes tipos: superficial, profundo, radicular y referido;
con esto se puede localizar frecuentemente la zona alterada. El dolor superficial
suele ser de características agudas o punzantes, siendo generalmente de
localización precisa; el dolor profundo suele ser más difuso, localizándose
en ocasiones lejos del lugar donde se encuentra la afectación que provoca
el dolor; el dolor referido es un dolor de características parecidas a
las del dolor profundo pero que se manifiesta físicamente en un lugar diferente
del sitio donde se encuentra la afectación, presentando generalmente una
distribución segmentaria; el dolor radicular puede presentar características
superficiales o profundas.
El dolor agudo es el que presenta una duración
menor de 6 semanas, siendo crónico si supera este tiempo, algunos autores
ponen en tres meses la barrera diferenciadora.
Las características
del dolor pueden también orientarnos hacia un origen articular o periarticular,
el dolor articular suele ser generalizado, no bien localizado y profundo, apareciendo
la sintomatología dolorosa tanto con la movilidad activa como con la pasiva;
el dolor periarticular sin embargo suele ser más preciso y superficial,
apareciendo el dolor a la movilidad activa pero no a la pasiva (Tabla
1). El dolor de origen degenerativo generalmente aumenta con la actividad
física, mejorando con el reposo, presentando generalmente dolores y derrame
en las articulaciones afectas sin otros síntomas inflamatorios como calor,
no suelen aparecer tampoco ruidos importantes pero si deformidades y rigidez de
poca duración, principalmente tras reposo importante; el dolor de características
inflamatorias suele persistir con el reposo, apareciendo rigidez más duradera,
puede aparecer derrame sinovial y calor en las articulaciones afectas, generalmente
sin deformidades importantes. Ante la presencia de un dolor sin relación
con la actividad física, generalizado o no, con astenia por la mañana,
sin sintomatología inflamatoria, ni degenerativa y con clínica muy
histriónica se debe descartar un dolor simulado.
El dolor de origen
crónico puede conllevar efectos tanto fisiológicos como psicológicos
o conductuales en el paciente y en el entorno de este, lo que acentúa el
costo socioeconómico, para algunos el dolor cuando pasa a ser crónico
se convierte en una enfermedad en sí mismo, ya que muchos no manifiestan
ni las respuestas autonómicas ni el patrón neuroendocrino característico
del dolor agudo; aparecen otros cambios, muchos producidos por la inactividad
que el dolor crónico produce, como la pérdida de masa osteomuscular,
la disminución de la coordinación motora, la fibrosis o la rigidez
articular; todo esto puede llevar también a un aumento de la frecuencia
cardiaca basal, a una alteración de la función respiratoria restrictiva,
a la disminución de la motilidad y de la secreción gastrointestinal,
a la retención urinaria, desnutrición o al aumento de las infecciones,
también puede producirse alteraciones en el sueño, en el ánimo
con aparición de depresión, confusión o alteraciones en la
función sexual.
Caso clínico
Mujer
de 70 años que acude a la consulta de A.P. por presentar dolor en ambas
caderas, aunque de forma más intensa en la izquierda, acompañado
en las últimas semanas de dolor a nivel de la rodilla izquierda. Antecedentes
familiares de diabetes mellitus tipo 2 en padre y fractura de cadera en madre
a los 65 años. Antecedentes personales: jubilada, de profesión camarera,
fumadora de 20 cigarrillos/día desde hace 40 años, bebedora de alcohol
de aproximadamente 15 g/día, hipertensión arterial de grado 1, de
25 años de evolución, en tratamiento con medidas higiénico-dietéticas
y enalapril 20 mg/día con buen control, menarquia a los 12 años,
menopausia fisiológica a los 52 años (G2 A0 P2). El dolor en ambas
caderas es de larga evolución, con periodos asintomáticos de diferente
duración, el dolor se irradia por la zona inguinal y parte interna del
muslo y lo localiza de forma bastante precisa. Refiere también dolores
en la espalda desde hace varios años. El dolor se le presenta en reposo
pero empeora con la movilidad, incapacitándola para la vida activa. El
dolor no se calma del todo cuando se toma sus pastillas para los dolores (ácido
acetilsalicílico 500 mg) pero nota mejoría breve. El dolor le despierta
en ocasiones por la noche, sin presentar otras alteraciones significativas. En
la exploración física se encuentra leve escoliosis con incremento
de la cifosis torácica sin dolor a la palpación de las apófisis
espinosas. El análisis de sangre y orina están dentro de la normalidad,
incluyendo proteinograma. En la radiografía de columna toracolumbar anteroposterior
y lateral: se observan signos de desmineralización generalizada, disminución
de 30 por ciento del muro anterior del cuerpo vertebral de T7. En la radiografía
de cadera derecha e izquierda, osteopenia radiológica, deformidad en ambas
cabezas del fémur con existencia de osteofitos, estrechamiento del espacio
interarticular, en el lado izquierdo se encuentra también deformación
importante del cotilo.
Se trata de una mujer, fumadora, bebedora, hipertensa,
con un dolor bastante selectivo de características musculoesqueléticas
en columna y ambas caderas principalmente en la izquierda, sin otra clínica
acompañante. Presenta un aplastamiento vertebral en la radiografía
de columna.
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